3 La tradición manuscrita de Calila e Digna
3.1 Los manuscritos castellanos
3.1.1 La fecha de la traducción
Sólo dos frases nos dicen algo sobre la fecha de la traducción. El colófono del ms. A nos proporciona el año 1299, es decir el año 1261 después de Cristo. No puede ser éste el año de la traducción porque el mencionado infante Alfonso ya había subido al trono en 1252 después de Cristo, y por lo tanto ya no era infante, sino rey. Encontramos la segunda huella en el libro de Sarmiento indicando el año 1389, es decir el año 1351 según la era cristiana. Existen dos problemas con esta fecha: el infante y rey posterior, Alfonso X, ya murió en 1284 y, además, Raimundus Biterris – como se puede probar – había utilizado la traducción castellana para elaborar su versión latina en el año 1313254. Ya Gayangos (1860, 4) propuso un ajustamiento posible de las fechas atestimoniadas: según él, en cuanto a la fecha del ms. A, el copista se equivocó en la década; y en el manuscrito descrito por Sarmiento está un error en el centenar. Por lo tanto, tomando el centenar del ms. A (1261) y la década del ms. B (1351), llegó al año 1251 después de Cristo, un año antes de la subida al trono del rey Alfonso X, el Sabio, cuando aún era infante. Esta fecha ha sido generalmente aceptada.
Sin embargo, Solalinde (1917, 6)255 dudó de la paternidad literaria del Rey Sabio y la fecha de la traducción, advirtiendo que
253 Citado según Cacho/Lacarra (1984, 15). 254 Véase 2.2.
“la enorme fama alcanzada por el sabio monarca, […] atrajo hacia él la atribución de obras anónimas ya por el solo antojo del copista firmante del códice, ya por el más inteligente deseo de dar autoridad a las obras salidas de manos ignoradas”,
y que
“Alfonso X no aprovecha esa traducción en su “General Estoria” o historia universal, redactado hacia 1270, donde da a conocer otro texto distinto del capítulo I del CALILA, y de existir aquella sin ningún género de duda la hubiera aprovechado, sin tener que recurrir a otra nueva. Quizá por esta misma razón haya que rectificar también la fecha de 1251 que da la nota final que discutimos,y adelantarla en unos treinta años más.”
No obstante, Keller/Linker (1967, XXI) se oponen a la primera advertencia señalando que en el entorno del Rey Sabio apreciaba mucho las escrituras sapienciales del Oriente256, razón para ellos de creer en la paternidad alfonsí. Además opinamos que el año de la traducción de 1251 – un año antes de la subida al trono de Alfonso257 – armoniza bien con el propósito del libro, es decir, enseñar astucia etc. a los infantes jóvenes para que aprendan a actuar como gobernantes. Asimismo, el prólogo del
Lapidario nos quiere sugerir que el infante don Alfonso estuvo en Toledo en 1245,
donde consiguió el manuscrito árabe del Lapidario de las manos de un judío258. Si damos crédito a esta fuente, sabiendo así que el infante don Alfonso ya se distinguió por su actividad científica y lingüística, ¿por qué no podemos suponer que el infante también consiguió el libro árabe de Kalīla wa-Dimna, a lo mejor, también en Toledo?
Sea como fuere, creemos asimismo que la traducción se realizó bajo el mandato del posterior rey Alfonoso X, el Sabio259.
En cuanto a la segunda advertencia de Solalinde hay que notar que sí, la versión de la misión de Burzōy en la India, así como está contada en la General Estoria, difiere del cuento de nuestros manuscritos castellanos. Principalmente, hay una diferencia en el protagonista inicial que lee en sus libros algo sobre las hierbas maravillosas de la India:
256 Véase 2.1.1.
257 Don Alfonso ciertamente contó con la muerte de su padre, Fernando III, por la enfermedad del último.
Véase Menéndez Pidal (1977, II cap. 1060ss.), dónde en muchas ocasiones se habla de los defectos físicos del rey Fernando III.
258 Rodríguez (1981, 19). Además, otro judío del equipo de traductores alfonsíes terminó la traslación en
el año 1250.
259 Hottinger (1958, 171) concluye que “als einziges sicheres Datum bleibt uns (als “terminus ante quem”)
1305, das Jahr der Fertigstellung des ersten Teils von Raymond v. Béziers Uebersetzung des altspanischen Textes (vgl. G. Paris, in Histoire littéraire de la France vol. xxxiii).” Así llega a la fecha de 1300 para la traducción del texto del árabe al castellano señalando que el texto que se encuentra en la General Estoria (véase más abajo) parece más antiguo que la versión que encontramos en los manuscritos castellanos. Con eso tiene razón sin duda alguna. Sin embargo, los dos manuscritos castellanos no son del s. XIII, sino más tardío (véase 3.1.2), por lo tanto ya nos encontramos ante dos textos modernizados por sus copistas. Por eso, no reconocemos como prueba de la fecha el estilo lingüístico de los textos. Esta prueba solamente se puede aplicar a la cronología relativa de los dos manuscritos castellanos.
en la General Estoria es el rey mismo, en nuestros manuscritos es el médico Burzōy. Pero como manifiestan Cacho/Lacarra (1984, 17)
“no es una reproducción memorística del pasaje correpondiente del Calila anteriormente traducido (como suponía G. Cirot)260 ni una versión más literaturizada (en opinión de G. Menéndez Pidal)261,
sino una traducción que retoma una versión distinta del mismo prólogo.”
Somos de la misma opinión que Cacho/Lacarra señalando que en la traducción latina de Juan de Capua es también el rey quien descubre la existencia de las hierbas maravillosas262, hecho que seguramente se remonta a una versión árabe distinta que había servido como modelo para el traductor hebreo.
Otro aspecto del colófono del ms. A ha llamado la atención de los eruditos, a saber, que fue sacado del arauigo en latyn e rromançado. Así se ha sospechado que la traducción se había realizado a través de una intermediaria latina, y no directamente del árabe. A más tardar, desde la edición de Alemany (1915) sabemos que se tradujo directamente del árabe263:
“Las palabras sacado del arávigo en latín e rromançado, dieron motivo a sospechar si la versión castellana no procedía de la árabe directamente, sino por intermedio de otra latina, hecho que no puede admitirse ni admitirá por cierto quien se fije en el cotejo que en la presente edición hacemos de ambas versiones, la castellana y la árabe. En el pasaje citado sobra la conjunción e, que no se lee en el título de la copia perdida, citada por Sarmiento, y suprimida dicha conjunción, el texto viene a decir que la obra se tradujo del árabe al latín romanzado; es decir, al latín romance de castilla, o sea al romance castellano.”264
Apoyamos esta opinión, sobre todo por el cotejo de los manuscritos castellanos con el manuscrito árabe P18, el cual hay que suponer muy cercano al modelo árabe utilizado por los traductores alfonsíes. Véase s.v. abnue, anxahar y tittuya del análisis lexicológico para algunas pruebas de que el texto se tradujo directamente del árabe.