Cuba es una nación cuya historia y actuación en el campo internacional durante el pasado siglo y en lo transcurrido del presente, le conceden un lugar destacado en los acontecimientos mundiales. Característica esencial de la Revolución Cubana es su ideal solidario y su praxis internacionalista, porque su causa es la misma de todos los países coloniales y neocoloniales que luchan contra el imperialismo, por la emancipación nacional y el progreso social, y esta consideración está sólidamente articulada a la propia historia del país.
La historia
Cuba se constituyó en nación como resultado de un proceso de transculturación y luchas en el que cristalizó una nacionalidad mestiza, nacida de inmigrantes econó- micos y esclavos. Su suerte estuvo siempre vinculada a los acontecimientos interna- cionales, y la insularidad de su geografía, le hizo ver y comprender a sus habitantes la vecindad y cercanía del mundo.
Los pobladores de la Isla Grande, cuando aún pugnaban por constituirse en na- ción, pelearon por la independencia de los Estados Unidos, se estremecieron y be- neficiaron con la Revolución Haitiana y sus primeros revolucionarios, conspiraron con Simón Bolívar y los padres de la primera independencia americana, y ya en tan temprana época encontraron la hostilidad y los apetitos anexionistas de los pri- meros gobernantes de la república que al Norte habían ayudado a independizar.1
1 Véase Felipe de J. Pérez Cruz: «¿De qué Bicentenario hablamos?», Docencia, Lima, Año VIII, No. 24, mayo 2008, p. 6.
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Felipe de J. Pérez CruzTreinta años de luchas por una independencia que logró mediatizar el ya indeseable gobierno estadounidense, consolidó sin embargo la tradición de solidaridad de los pueblos de América y del mundo, con la lucha emancipadora cubana, y la actuación internacionalista de los patriotas cubanos con las causas más justas de su época.
«Patria es humanidad»2 definiría el Héroe Nacional, José Martí, creador en 1892
del primer partido antimperialista en la historia mundial, el Partido Revolucionario Cubano (PRC) constituido para conquistar la libertad de Cuba y Puerto Rico y, con la independencia de nuestros dos territorios antillanos, evitar a tiempo la expansión de los Estados Unidos por América Latina.
El legado martiano sería retomado por los revolucionarios cubanos en el Siglo xx. Se trata de la aparición de un nuevo conjunto de circunstancias y sujetos revolucio- narios, que desde las demandas de rescate de la patria neocolonizada, la irrupción combativa del movimiento obrero y la lucha social de las masas, el antinjerencismo y antimperialismo, van a retomar y enriquecer la tradición solidaria e internaciona- lista. Los cubanos no son ajenos a la Revolución Mexicana. Desde 1910 ella tiene una presencia nítida en el curso de las ideas políticas, la Reforma Universitaria y el de- sarrollo de la cultura nacional. Tampoco el país se mantiene fuera del impacto tras- cendental de la Revolución de Octubre de 1917. Después del Partido Revolucionario Cubano, el Partido marxista y leninista, fundado en agosto de 1925, sería el primer partido internacionalista de la época republicana.
Julio Antonio Mella, uno de los fundadores del primer Partido Comunista de Cuba y el más esclarecido dirigente marxista cubano de su época, sería el impulsor del nuevo momento de solidaridad e internacionalismo. Así, Mella funda La Liga Antimperialista de las Américas, y apoya decididamente la resistencia antiyanqui de Augusto C. Sandino.3
Para Mella, Martí «tuvo sin duda alguna, el concepto del internacionalismo»: «In- ternacionalismo significa, en primer término —definirá el joven líder comunista— liberación nacional del yugo extranjero imperialista y, conjuntamente, solidaridad, unión estrecha con los oprimidos de las demás naciones».4 Más de mil combatientes
parten de nuestro país para incorporarse a las brigadas internacionales que defen-
2 José Martí: Obras Completas, Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1963-1966, t. 5, p. 468. 3 Véase Felipe de J. Pérez Cruz: «Julio Antonio Mella y los fundamentos del marxismo en
Cuba», Contracorriente año 3, número 7, La Habana, pp. 27-55; véase también Daniel Kers- ffeld: La recepción del marxismo en América. El caso de la Liga Antimperialista de las Américas. Tesis para obtener el Grado de Doctor en Estudios Latinoamericanos, Universidad Nacional Au- tónoma de México, México D. F., 2007.
4 Julio Antonio Mella: «Glosas al pensamiento de José Martí», Instituto de Historia del Movi- miento Obrero y la Revolución Socialista de Cuba: Documentos y Artículos, Editorial de Cien- cias Sociales, La Habana, 1975, pp. 272-273.
Cuba: solidaridad e internacionalismo socialistas
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165 dían a la República Española frente a la agresión fascista.5 En el Ejército Rojo y enlas fuerzas navales y expedicionarias estadounidenses, los cubanos participan en la lucha antifascista durante la Segunda Guerra Mundial.6
La tradición internacionalista es una de las fuentes nutricias de la generación que lleva adelante la última etapa de la liberación cubana. El joven Fidel Castro ratifica su latinoamericanismo antimperialista en la solidaridad con los patriotas que lideraba Pedro Albizu Campos y la fundación del Comité de Solidaridad con la Independencia de Puerto Rico. Luego lo encontraremos en la fracasada expedi- ción de Cayo Confites, dispuesto a ir a pelear contra el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo. De estos anhelos libertarios nace su primera gira latinoamericana, para la organización del Congreso Latinoamericano de Estudiantes en la Bogotá de 1948, donde lo sorprende el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán y el estallido de ira del Bogotazo. Entonces no dudará de ponerse al lado de sus compañeros estudiantes y trabajadores, y participar en la resistencia armada.7
Fiel a sus ideas martianas, en el programa nacional liberador de La Historia me
absolverá Fidel Castro proclama que: «Cuba debía ser baluarte de libertad», tierra de
solidaridad con todos los perseguidos por las tiranías que oprimían a las naciones hermanas.8 Mientras guardan prisión Fidel y la mayoría de los sobrevivientes de
la masacre que ejecuta la dictadura contra los asaltantes al Cuartel Moncada en la mañana y días posteriores al 26 de julio de 1953, Antonio (Ñico) López y un gru- po de combatientes que lograron evadir la represión, van a dar su solidaridad a la Guatemala de Jacobo Arbenz. En enero de 1954, Ñico López conoce en Guatemala a Ernesto Guevara de la Serna, a quien el joven cubano rebautizaría para la historia americana como Che. Apenas un año después —julio de 1955—, Che conoce a Fidel en México, y se integra a la expedición del Granma.