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Toda época imprime sus huellas a las revoluciones sociales que acon tecen en tal tiempo histórico. Ello es válido también para los procesos de liberación nacional. Lenin subrayó esta idea al afirmar: «La época de 1789 a 1871 es una época especial en Europa. Esto es indis cutible. No se puede comprender ni una sola guerra de li- beración nacional, especialmente típicas de aquellos tiempos, sin comprender las condiciones generales de la época».1

Las revoluciones de liberación nacional de la fase premono polista del capitalismo formaron parte de las grandes transfor maciones anti feudales, de contenido democrá- tico-burgués; el carác ter social capi talista predominante en ellas y, por consiguiente, las ta reas que les correspondió desenvolver, eran inherentes al des plie gue mundial de aquel sistema. Ya desde entonces, sin dejar de considerarse dentro del curso de expan- sión y desarrollo de la formación socio económica capitalista, los procesos de libe ra - * Tomado de Manuel Piñeiro Losada: «La crisis actual del imperialismo y los procesos re- volucionarios en América Latina y el Caribe», Che Guevara y la Revolución Latinoamericana, Ocean Sur, México D. F., 2006, pp. 238-277. Ponencia presentada en la Conferencia Teórica Internacional «Características generales y específicas de los procesos revolucionarios en América Latina y el Caribe», La Habana, 26 al 28 de abril de 1982.

1 Vladimir Ilich Lenin: «Sobre la caricatura del marxismo y el economismo imperialista», Obras Escogidas en doce tomos, Editorial Progreso, Moscú, 1976, t. 6, p. 69.

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ción nacional anticoloniales encerraban particularidades pro pias, condicionadas por el carácter de la dominación externa, las circunstancias históricas y la configuración económica y socio lógica específica de esos países. De tal suerte, el factor nacio nal representó el ingre diente peculiar, distintivo de aquellas revoluciones, mientras el sustrato más general fue la inser ción de dichos países al sistema capitalista.

A tenor de esa doble función, las múltiples experiencias de las luchas emanci- padoras del siglo xix en nuestras tierras, nos pre vienen del equívoco de pretender igualarlas a las revoluciones europeas de aquel período histórico.

Ni entonces ni ahora es válido aplicar de forma mecánica, sin distin ciones, el concepto general de un tipo de revolución a cada situación específica. Aquí, como quizás en ninguna otra circuns tancia, se cumple el tan conocido aserto marxista- leninista: el alma del marxismo es el análisis concreto de la situación concreta.

En nuestra época, las revoluciones de liberación nacional también presentan ca- racteres peculiares, determinados por la crisis general del capitalismo, la existencia de un poderoso campo socialista en desarrollo y la confrontación histórica entre am- bos sis temas. Ello origina grandes diferencias entre las actuales luchas de liberación nacional y las del período premonopolista del capitalismo. Si el imperialismo crea y sustenta la opresión de las naciones con nuevas relaciones de dominación —que tienen su centro en el capital monopolista y el capital monopolista de Estado—, las revoluciones a que da lugar en los países subdesarrollados tienen como aspecto fun- damental la destrucción de esas premisas y, por ende, su primer rasgo distintivo es su carácter antimperialista.

Al mismo tiempo, y por su propia naturaleza antimperialista, las revoluciones de liberación nacional contemporáneas son esla bones del proceso de la transición del capitalismo al socialismo. De ahí nacen, precisamente, las más importantes peculia- ridades de esas revoluciones, tanto por sus objetivos, composición social y tareas, como por su rumbo histórico estratégico. Son más avanzadas que sus prede cesoras y mantienen con ellas una continuidad que culmina en una superación dialéctica.

Las realidades materiales predominantes las mueven, en un plazo u otro y con formas múltiples, a la liquidación de las bases de toda la opresión. Es la solución ine- vitable de los países depen dientes ante la encrucijada en que los coloca el sistema de explotación imperialista.

De tal modo, las revoluciones de liberación nacional de nuestros tiempos tienen un profundo contenido social que las convierte en hechos de alcance mundial. Ellas son parte indivisible de un único proceso revolucionario internacional, en el que la contradicción fundamental —socialismo vs. capitalismo— es a la vez agudizada por el avance de aquéllas.

Su curso antimperialista y su tendencia anticapitalista las ubica entre las fuerzas principales de transformación del régimen burgués, junto al sistema socialista mun- dial y al movimiento obrero internacional.

La crisis actual del imperialismo y los procesos…

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49 Las revoluciones de liberación nacional y social de América Latina y el Caribe, son expresión nítida y elementos constituyentes de esas circunstancias generales.

Por otro lado, ellas encierran modalidades significativas en re la ción con los ac- tuales procesos de liberación de África y Asia. Nuestras revoluciones, como las de África y Asia, avanzan también por el camino histórico mundial que se inició en octubre de 1917 y forman parte de los tres continentes subdesarrollados que se en- frentan al imperialismo. Pero, a causa de las premisas materiales originadas por la dominación capitalista en nuestras tierras —de un nivel de desarrollo medio superior al de África y Asia—, se han creado mejores condiciones para un avance más inten- so y radical de las revoluciones. Éstas, en su curso dialéctico, en una primera etapa adoptan tareas de contenido democrático, popular y antimperialista y tienden, en su desarrollo —como parte indisoluble de su propio proceso y acorde con su carácter histórico general—, a realizar tareas netamente socialistas.

En tal sentido, la Plataforma Programática del Partido Comunista de Cuba ex- presa:

No existe una barrera infranqueable entre la etapa democrático-popular y antim- perialista y la etapa socialista. Ambas forman parte, en la época del imperialismo, de un proceso único en el que las medidas de liberación nacional y de carácter democrático —que en ocasiones tienen ya un matiz socialista— preparan el terreno para las netamente socialistas. El elemento decisivo y definitorio de ese proceso es la cuestión de quiénes lo dirigen, en manos de qué clase se encuentra el poder político.2

Así pues, los procesos de liberación nacional y social de este conti nente tienen que enfrentar en forma directa e inmediata al imperia lismo, en especial al norteamerica- no, en tanto sistema de domi nación condicionante de la fisonomía del capitalismo en América Latina y el Caribe. Aquí han madurado Estados nacionales bur gueses que se constituyeron hace más de ciento cin cuenta años, no obstante sus deforma- ciones, en la mayoría de nuestros países. En estas tierras existe una formidable varie- dad de experiencias de luchas nacionales y clasistas, las cuales dieron su fruto más com pleto con la victoria de la primera revolución socialista del hemis ferio, muestra inequívoca del grado de madurez alcanzado por estas sociedades. En Nuestra Amé- rica, el proletariado —agente histórico principal de la nueva sociedad— es la fuerza social más importante, no solo por su valor cualitativo sino por su número en varios países de la región, sin disminuir la extraordinaria signi ficación del campesinado pobre y demás fuerzas populares. Finalmente, y para citar otro factor relevante,

2 Partido Comunista de Cuba: Plataforma Programática, Departamento de Orientación Revo- lucionaria, La Habana, 1976, p. 39.

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el dominio externo es ejercido en este continente por la potencia imperialista más pode rosa, que además le atribuye un carácter geopolítico estratégico para sus intere- ses globales, haciendo así más difícil —pero tam bién más radical y apremiante— la liberación de nuestros pueblos.

Esas realidades no han dejado de expresarse contradictoria mente —con avances y retrocesos— durante los últimos veinti cinco años, pero al final de la década pasa- da y en forma creciente en los comienzos de ésta, nuestra región presenta el mayor nivel de aceleración del movimiento revolucionario de las áreas sub desarrolladas e incluso a escala mundial.

De lo anteriormente expresado se desprende una original combina ción de tareas democrático-populares y de reivindicaciones eco nó micas, políticas y sociales, todas las cuales favorecen el his tórico curso socialista de la revolución; tareas antimperia- listas de liberación nacional junto a las de consolidación del poder de los obreros, campesinos y demás capas trabajadoras contra la explo tación latifundista y capita- lista. Se trata, en resumen, de una imbricación compleja y dinámica, de un entreteji- do de lucha de clases y el combate antineocolonial o anticolonial en algunos países. Refiriéndose a la experiencia de Cuba, el comandante en jefe Fidel Castro afirmó en el Informe Central al I Congreso del Partido Comunista de Cuba: «Nuestra libera- ción nacional y social estaban indisolublemente unidas, avanzar era una necesidad histórica, detenerse, una cobardía y una traición que nos habría llevado de nuevo a ser una colonia yanqui y esclavos de los explotadores».3

Vale la pena indagar en las realidades materiales e históricas que explican la intensidad, extensión, profundidad y perspectivas de la actual lucha de clases en nuestras sociedades, para identificar los factores objetivos y subjetivos que moti- van la presente crisis estructural del capitalismo en el continente, el auge de varios procesos revolucionarios y el incremento del movimiento comba tivo de las masas populares.

La crisis del capitalismo y los procesos revolucionarios en

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