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Un fenómeno polivalente: el carácter multidimensional y multifuncional de la AUP

2. CULTIVANDO LA CIUDAD: AGRICULTURA URBANA Y PERIURBANA (AUP)

2.2 Un fenómeno polivalente: el carácter multidimensional y multifuncional de la AUP

El término multifuncional se utiliza en referencia a la agricultura desde hace tiempo para indicar su carácter heterogéneo y complejo, en el que los diversos elementos no están simplemente yuxtapuestos sino interactuan mutuamente, dependiendo del contexto específico, en un proceso unitario. Esta visión de la agricultura se debe, sin duda, a los progresos logrados en las últimas décadas en la ecología agrícola y ecología del paisaje - progresos que han permitido describir la naturaleza compleja de los ecosistemas agrícolas y su interacción constante con los ecosistemas naturales a nivel biocenótico (Farina, 2001) - y encuentra su máxima definición en la perspectiva indicada por la agroecología (Altieri, 1987; Gliessman, 2006; Wezel, 2009), que ha permitido liberar la agricultura de una perspectiva puramente reduccionista48.

Este cambio de visión se ha impuesto progresivamente también a nivel institucional. De hecho, varias organizaciones internacionales como la FAO y la OCDE subrayan hoy en día como la agricultura y el uso de la tierra tienen un impacto sobre el bienestar social que no se limita a la producción de alimentos, sino que abarca una

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La agroecología nace con el objetivo de estudiar las interacciones entre los sistemas naturales y agrícolas y los sistemas económicos y sociales. Por lo tanto, su enfoque es intrinsecamente interdisciplinario, y se relaciona con saberes y conocimientos procedentes de la agronomía, ecología, sociología, geografía,

economía... En este caso, el sufijo "ecología" debe ser concebido en un sentido general, y también incluye el desarrollo cultural, económico y socio-político (Altieri, 1987; Daadgard et al, 2002; Weetzel, 2009).

serie de funciones estratégicas para el equilibrio ecológico, social, político y económico y de servicios ecosistémicos (Aguglia, Henke, Salvioni, 2009; Colding, Barthel, 2013)49. La estrecha integración ente agricultura y territorio es un elemento clave en este sentido, ya que muestra concretamente el intercambio que existe entre la agricultura y otras actividades sociales y económicas/productivas. La imagen que surge de esta nueva visión de la agricultura es la de un sistema/proceso abierto y permeable, en constante diálogo con el contexto en el que va a operar (Lovell, 2010; Zasada, 2011).

Este carácter de la agricultura entendida como un conjunto polivalente se refleja obviamente en la agricultura urbana y periurbana, con una intensidad incluso más significativa de aquella propia de la actividad agrícola en las zonas rurales (Duran y Van Huleynbroeck, 2003)50. De hecho, la densidad de los intercambios que ofrecen las áreas urbanas y periurbanas (Zasada, 2011) implica una interacción considerable, en términos de frecuencia e intensidad de las distintas funciones. Y se crea así un nuevo paradigma interpretativo en que las distintas funciones y dimensiones se entrelazan constantemente (ver Figura 8).

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Millenium Ecosystem Assessment define los “servicios ecosistémicos” (ecosystem services) como

aquellos beneficios que la gente obtiene de los ecosistemas. Esos beneficios pueden ser de dos tipos: directos e indirectos. Se consideran beneficios directos la producción de provisiones –agua y alimentos (servicios de aprovisionamiento) , o la regulación de ciclos como las inundaciones, degradación de los suelos, desecación y salinización, pestes y enfermedades (servicios de regulación). Los beneficios indirectos se relacionan con el funcionamiento de procesos del ecosistema que genera los servicios directos (servicios de apoyo), como el proceso de fotosíntesis y la formación y almacenamiento de materia orgánica; el ciclo de nutrientes; la creación y asimilación del suelo y la neutralización de desechos tóxicos. Los ecosistemas también ofrecen beneficios no materiales, como los valores estéticos y espirituales y culturales, o las oportunidades de recreación (servicios culturales)

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Concretamente, la agricultura urbana y periurbana se diferencia de aquella rural principalmente por dos elementos: la dimensión de las áreas cultivadas y los recursos humanos empleados. La disponibilidad de tierras representa sin duda el factor de limitación más importante. Eso supone que la agricultura urbana, para ser economicamente ventajosa, tiene que aumentar los rendimientos por superficie y favorecer una mayor coordinación y cooperación entre los operadores/trabajadores, así como un un mayor intercambio a nivel social y económico con el contexto urbano en que se situa (Orsini et al, 2013).

Tal y como se evidencia en la figura 8, las diferentes funciones interactúan simultáneamente, dando lugar a un proceso cuya evolución depende de muchas variables. Esto sin duda explica la gran variedad de formas que carácteriza este tipo de agricultura en el mundo, ya que a cada situación y contexto corresponde a un desarrollo particular del fenómeno determinado por funciones de interacción peculiares. Pero, a pesar de las diferencias contextuales, cabe destacar también una coeherencia sustancial del fenómeno, que se muestra en su capacidad de generar una amplia serie de servicios y otro paradigma de uso y manejo del espacio urbano y periurbano (Mougeot 2006; Lang, 2006; Arosemena, 2012; Ortega-Cerdá, Rivera Ferre, 2010).

Figura 8 - Distintas funciones de la agricultura urbana y periurbana (Fuente: elaboración propia)

Precisamente por estas carácterísticas, la agricultura urbana y periurbana se ha convertido en una realidad importante en todas las latitudes, ya resulte de una contingente necesidad de la población de proveer a su propio abastecimiento, ya resulte de un proyecto económico y socio-político o de programas más complejos de manejo del medio ambiente urbano y periurbano. Desde este punto de vista, el creciente reconocimiento institucional de su multifuncionalidad parece responder a una tendencia mundial que asigna a la agricultura urbana y periurbana un papel importante en la planificación y gestión de problemas complejos con respecto al espacio urbano y a las zonas de franja entre ciudad y campo. Y de hecho, como recuerda Mougeot (Mougeot 2000), y como afirman muchos científicos e investigadores sensibles a la naturaleza compleja de los problemas urbanos y a la necesidad de considerarlos con un enfoque interdisciplinario (Koont, 2009; Lovell, 2010; Orsini et al. 2013), ese tipo de agricultura no debe ser visto como un problema o necesidad que hay que resolver, sino como un recurso para contribuir a la

resiliencia (Chelleri, 2012; Colding, Barthel, 2013) de la ciudad y a una perspectiva de autonomía y desarrollo local sostenible.

En este sentido, la propuesta de una mayor integración de la agricultura en la planificación urbanística parte del concepto de multifuncionalidad del suelo, mostrando cómo ese tipo de agricultura, además de ser funcional para la producción de alimentos, genera importantes beneficios socioeconómicos y ecológicos para el conjunto de la población. Tal integración es coherente también con el modelo de ciudad compacta como estrategia de sostenibilidad (De Bon, Parrot, Moustier, 2010; Ortega-Cerdá, Rivera Ferre, 2010) e implica muchos cambios a nivel de planificación y manejo urbano.

Desde el punto de vista ecológico/ambiental, la integración de la agricultura urbana y periurbana en la ciudad supone un importante ahorro energético en la producción alimentaria al reducir la distancia entre el espacio de producción y el espacio de consumo de alimentos. Al mismo tiempo, la actividad agrícola puede contribuir al desarrollo de mallas verdes, corredores ecológicos y microclimas peculiares,

garantizando una mejor protección de la biodiversidad, a la vez que permite el reciclaje/reutilización de residuos orgánicos urbanos mediante la producción de compost y la disminución de los transportes y de la energía necesaria para la distribución y el almacenamiento de los productos.

Desde el punto de vista productivo y económico, podemos evidenciar la promoción de técnicas más eficientes y de alto rendimiento, la creación de fuentes de empleo e ingresos, la provisión de alimentos de calidad para la población urbana, y el desarrollo de redes de producción y consumo local capaces de contribuir a una redefinición del sistema agroalimentario urbano desde una perspectiva distinta con respecto a la dominante, orientada a fortalecer la seguridad y soberanía alimentaria, a crear economías más justas y sostenibles (menores externalidades ambientales, mayores beneficios para los productores/ahorro para los consumidores), y favorecer la autoproducción y el autoabastecimiento51.

Estos elementos se entrelazan constantemente con otras funciones a nivel social y político. Entre ellas, como indicado en la figura 8, podemos destacar la promoción de la inclusión social y de una cultura solidaria y cooperativa, la revitalización del sentido de comunidad y pertenencia (extremamente importante en contextos urbanos/metropolitanos dominados por la desagregación social y comunitaria) (Zasada, 2010; Lovell, 2010; FAO, 2014) y más en general la promoción de aquel "derecho a la ciudad" mencionado en la primera parte del presente trabajo (Lefèbvre, 1998; Harvey 2013) y de actividades orientadas a la participación y a la producción colectiva del espacio urbano y periurbano.

Todo eso evidencia una vez más la extrema complejidad de ese tipo de agricultura así como su papel en la posible transformación de la realidad a partir de perspectivas nuevas y en muchos sentidos antitéticas a aquellas dominantes. Desde este punto de vista, la multifuncionalidad y la capacidad de operar en múltiples dimensiones

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Los beneficios sociales, económicos y ecológicos de la agricultura urbana muestran la necesidad de considerar esta actividad como una “infraestructura esencial” para la planificación urbanística. Esta idea es coherente con la de los “Paisajes Urbanos Productivos Ininterrumpidos” (CPUL, “Continuous Productive Urban Landscapes”) (Viljoen, A. Y Bohn, K. (2006)

propias de la agricultura urbana y periurbana parecen ser elementos determinantes a la hora de impulsar y poner en marcha paradigmas urbanos y agroalimentarios radicalmente distintos con respecto a modelo impulsado durante las últimas décadas por el capitalismo en su forma neoliberal.

2.3 Visión panoramica del fenómeno: difusión en el mundo, diferencias y