• No se han encontrado resultados

FIGURAS RETÓRICAS (CUARTA PARTE)

En virtud del hecho de que se encuentran numerosas y diversas figuras de retórica en las Sagradas Escrituras, y en el entendimiento de que las figuras empleadas aclaran a me o os pasajes más obscuros y difíciles, se añade esta parte para estudiar algunas figuras de retórica que no fueron consideradas en lecciones precedentes.

PROVERBIO

Este vocablo procede de las palabras latinas pro que significa antes y verbum que quiere decir palabra. Se trata de un dicho común o adagio. El proverbio se ha definido como una afirmación extraordinaria y paradójica. Los proverbios del Antiguo Testamento están redactados en su mayor parte en formas poéticas, consistentes en dos paralelismos, que generalmente son sinónimos, antitético s o sintéticas. El libro de los Proverbios contiene gran variedad de proverbios, adivinanzas, enigmas y dichos obscuros. En este último sentido de palabra se usa el proverbio por dos veces consecutivas en Juan 16 (25, 29). En Juan 10:6 tenemos la misma palabra griega, mas allí ha sido traducida como parábola. En Lucas 4:23 el griego dice proverbio y la versión castellana refrán. Algunos proverbios son parábolas abreviadas o condensadas, otros, metáforas, otros símiles y otros se han extendido hasta formar alegorías.

En su Introducción al libro de los proverbios, escrito en hebreo, el Dr. T. J. Conant hace el siguiente comentario: "La sabiduría ética y práctica más remota de la mayoría de los pueblos de la antigüedad se expresaba en muchos agudos, breves, expresivos y enérgicos. Involucraban, en pocas palabras, el resultado de la experiencia común, o las consideraciones y observaciones individuales. Pensadores y observadores algunos, acostumbrados a generalizar los acontecimientos experimentales, y a razonar en base a principios básicos, expresaban el resultado de sus investigaciones mediante apotegmas o sea dichos breves y

sentenciosos, los cuales comunicaban alguna instrucción o pensamiento ingenioso, alguna verdad de carácter moral o religioso, alguna máxima relativa a la prudencia o conducta, o a las reglas prácticas de la vida. Todo esto era manifestado mediante términos destinados a despertar atención, o estimular el espíritu de investigación o las facultades del pensamiento, y en forma que se fijaba con caracteres indelebles en la memoria. Se convirtieron así en elementos integrantes de la forma popular de pensar, tan inseparables de los hábitos mentales del pueblo como el poder mismo de percepción."

El propósito de los proverbios es afirmado así en la introducción al Libro de los Proverbios (1: 2-6): "Para entender sabiduría y doctrina; para conocer las razones prudentes; para recibir el consejo de la prudencia, justicia, y juicio y equidad; para dar sagacidad a los simples, y a los jóvenes inteligencia Y cordura. Oirá el sabio, y aumentará el saber; y el entendido adquirirá consejo; para entender parábola y declaración; palabras de sabios, y sus dichos obscuros." Ejemplos: "Médico cúrate a ti mismo." (Lucas 4:23). Este debe de haber sido un dicho común en Nazaret. Se aplicaba al principio a médicos atacados de enfermedades físicas, quienes trataban de curar de ellas a otros. Jesús comprendió que sus antiguos conocidos de la ciudad de Nazaret, motivados por la incredulidad, emplearían esas palabras contra él, si no realizaba en Nazaret milagros tan maravillosos como los que había efectuado en Capemaum. El Señor respondió a sus pensamientos, que no se habían trasuntado aún en palabras, con otro proverbio, que constituye una defensa propia: "No hay profeta en su tierra." Esta parece ser la interpretación condensada del proverbio que dice: "No hay profeta deshonrado sino en su tierra, y entre sus parientes, y en su casa." (Marcos 6:4; Mateo 13:57). Jesús demuestra la verdad de su declaración al referirse a la historia de Elías (1 Reyes, capítulos 1 7 Y 18) Y de Elíseo (2 Reyes 5:1-14).

Contra los maestros apostatas y reincidentes que sembraban la mina en aquella época, el apóstol Pedro emplea con grandes resultados dos hechos, que todos debían de haber observado, condensados en un proverbio, a saber: "El perro se volvió a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno." (2a Pedro 2:22). La interpretación es evidente, y no es difícil encontrar ejemplos para ilustrar la verdad, aun en nuestros días. (Compare Proverbios 26: 11, donde la primera parte de este doble proverbio se aplica con respecto a un necio y su necedad.)

Advertencias: (1) Se debe tener mucho cuidado en lo que respeta a la interpretación de proverbios, y en particular, en lo referente a aquéllos que no son fáciles de entender e interpretar. Quizá estén basados en hechos y costumbres que se han perdido para nosotros. (2) Dado que los proverbios pueden ser símiles, metáforas, parábolas, o alegorías, es bueno determinar a qué clase pertenece el proverbio al interpretarse. Figuras diferentes pueden combinarse para formar un proverbio. Por ejemplo, en Proverbios 1 :20-33, se personifica a la sabiduría y se ofrece el proverbio en la forma de una parábola con su aplicación. Lea también Eclesiastés 9:13-18. (3) Estudie, el contexto, es decir, los versículos que preceden y siguen al texto, los cuales son a menudo la clave de la interpretación, como sucede en los casos antes mencionados. (4) Cuando hayan fracasado todas las tentativas destinadas a aclarar el significado, es mejor quedar a la expectativa hasta que se reciba más luz sobre el asunto. (5) No emplee como prueba textos, proverbios u otras Escrituras, cuyo significado no pueda determinar, aunque ellos parezcan favorecer la doctrina que usted mantiene. (6) Aproveche la ayuda que proporcionan los comentaristas eruditos en el estudio de las Sagradas Escrituras, que conocen los idiomas originales y que pueden proporcionar las

conclusiones a que arribaron los eruditos sagrados más famosos. (7) Por sobre todas las cosas, ore pidiendo la iluminación divina.