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Fijar límites claros y firmes en los primeros días

Cuándo. Los límites en un aula se fijan en las primeras semanas/días, y se mantienen bastante estables durante el resto del curso, salvo circunstan- cias especiales (incorporación o exclusión de un alumno muy problemático, por ejemplo).

Cómo. Dado que la mayoría de conductas en el aula tienen carácter táctico, su aparición y mantenimiento dependen de la utilidad funcional que tengan para el sujeto: se afianzan los comportamientos que reportan al su- jeto consecuencias gratificantes y se extinguen los que no sirven para tal fin. En función de ello, la fijación de límites se produce mediante un proceso táctico que consta de tres fases:

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Propuesta inicial de límites. El profesor intenta establecer unos lí-

mites iniciales, generalmente mediante la propuesta de normas («no toleraré que en mi clase haya ningún alumno sin material»).

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Incumplimientos tácticos. Ante esta propuesta inicial de límites, algu-

nos alumnos realizan incumplimientos tácticos de tanteo, con el fin de modificar los límites iniciales y comprobar la reacción del profe- sor (algún alumno no saca/trae el material para ver «qué pasa»).

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Respuesta a los Incumplimientos Tácticos de los Alumnos. El pro-

fesor reacciona ante los incumplimientos tácticos intentando re- cuperar los límites inicialmente propuestos con mayor o menor eficacia. El grado de eficacia de dicha reacción es la que determi- na si la conducta en cuestión será tolerada o prohibida para el resto del curso, incorporándose a los límites definitivos. En el ejem- plo propuesto, si el profesor consigue que el alumno saque el ma- terial, los alumnos entenderán que con dicho profesor no se podrá estar sin material, pero si no lo consigue, se habrá instaurado una norma implícita que dirá que se puede estar en dicha clase sin sacar el material.

Dado que los problemas son en su mayoría previsibles y recurrentes año tras año, conviene que el profesor prepare anticipadamente (mejor colecti- va que individualmente) estrategias-reacciones eficaces contra los más que probables incumplimientos con que se va a encontrar («a falta de intuición, ten previsión»). Si se tiene la percepción de que no se pueden establecer los lí- mites deseados de ningún modo, se debe pedir ayuda a otros compañeros cuanto antes y sin complejos, antes que claudicar y ceder el poder a los líde- res negativos.

Tratar los resfriados evita pulmonías: atajar las rutinas perturbadoras con prontitud y firmeza

La mayoría de situaciones que alteran el desarrollo de las activida- des escolares suelen ser de poca gravedad y alta frecuencia (llegar tarde a clase, no sacar el material, molestar a los compañeros o desobedecer las indicaciones del profesor). Son las rutinas perturbadoras, es decir, aquellas conductas que inciden negativamente en la marcha de la clase y aparecen de forma recurrente, ligadas por lo general a la desmotivación, el aburrimiento y la ausencia de éxitos académicos. Aunque no son vio- lentas ni atentatorias contra la integridad de los demás, dificultan el tra- bajo escolar, por lo que conviene detectarlas y atajarlas con prontitud y firmeza, pues así se ahorran muchas intervenciones futuras, además de que indirectamente también acaban por disminuir las conductas de mayor gravedad.

Los hábitos positivos se encargan de mantener el orden, pues meca- nizan las conductas hasta convertirlas en rutinas ejecutadas sin mucho esfuerzo, aunque haya que salvar ciertas resistencias hasta que se con so - lidan.

Algunos hábitos/rutinas que conviene instaurar en los primeros días son los siguientes:

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Disposición de mesas favorable al trabajo y la atención.

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Puntualidad de alumnos y profesor.

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Todos los alumnos con el material.

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Conseguir la atención de todos antes de empezar.

Si se consiguen asentar estos y otros hábitos positivos habremos redu- cido significativamente oportunidades de distracción y disrupción, y se habrá extendido la sensación de estar en una clase ordenada y dispuesta para el trabajo.

Estar atentos a las normas implícitas y asegurar la efectividad de las normas explícitas

Las normas son la principal herramienta para fijar límites y crear cauces que permitan un buen ambiente de trabajo. Hay dos tipos de normas:

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Explícitas. Son las que están redactadas por escrito y supuestamen-

te regulan la convivencia. Su efectividad depende, entre otros, de los requisitos que se enumeran a continuación:

- Pocas. Un repertorio muy extenso de normas complica su ope- ratividad, por lo que conviene seleccionar de antemano unas pautas básicas de funcionamiento que puedan ser remarcadas de forma diferenciada a principios de curso y recordadas a lo largo del mismo regularmente. Deben regular sólo aquellos comportamientos que afecten significativamente a la convi- vencia.

- Eficaces. Lo son cuando evitan/resuelven problemas. En caso contrario, son rituales inútiles que hay que sustituir por otras normas más operativas.

- Claras. No deben dejar lugar a dudas sobre lo que pretenden, para lo cual han de referirse a conductas concretas, evitando ambi- güedades.

- Formuladas en positivo. Mejor indicar lo que se debe hacer que prohibir lo que no se debe hacer.

- Cumplidas. Cualquier norma que se establezca ha de cumplirse a toda costa, ya que si una norma explícita se incumple sistemáti- camente, se convierte en otra implícita de signo contrario: si una norma dice que hay que ser puntual y se consiente la impun- tualidad, los alumnos acaban entendiendo que la norma dice que «se puede llegar tarde». Es preferible no incluir normas que no se puedan hacer cumplir, antes que admitir su incumplimien- to habitual.

- Flexibles. Cuando no cumplan la función para la que se han for- mulado, deben modificarse o ser sustituidas por otras.

- Unificadas. Conviene que sean las mismas para todas las materias y que todos los profesores de un mismo equipo las apliquen con el mismo rigor.

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Implícitas. Son las que, sin estar formalmente reflejadas por escri-

to, acaban convirtiéndose en reglas presuntamente convenidas que realmente deciden el clima de la clase mediante la rutina y las conductas tácticas de tanteo. Cuando se detecta que una norma implícita está distorsionando el clima de clase, se debe reconvertir en una norma explícita que recupere los límites deseados.

El sistema de diques

La efectividad de las normas depende en gran medida de las conse- cuencias de su incumplimiento (y si no…) y de su cumplimiento (y si sí…).

Si del incumplimiento deliberado de una norma no se deriva sistemática- mente una consecuencia negativa para el sujeto, la norma perderá su eficacia y acabará por incumplirse. Del mismo modo, hay que aplicar con- secuencias positivas tras el cumplimiento de una norma si se quiere afianzar ésta. Enseñar a asumir consecuencias es educar la responsabilidad, una competencia socioemocional básica para desarrollar la madurez del individuo.

Las consecuencias (en adelante, YSN: y si no…) deben estar escalona- das como un sistema de diques: si un profesor aplica un YSN en solitario (una advertencia, un compromiso) y no funciona, deben tomar el relevo su- cesivamente el tutor, el equipo directivo y el consejo escolar, aplicando me- didas escolares cada vez de mayor calado. En esta cadena de consecuencias, cualquier eslabón que no funcione, debilita al anterior. Una posible cadena de YSN viene dada por la siguiente gradación:

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Advertencias del profesor.

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Compromisos ante el profesor.

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Advertencias de otro agente escolar (tutor, jefe de estudios).

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Compromisos ante otros agentes (jefe de estudios, director, padres).

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Sanciones escolares.

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Advertencias de otras entidades sociales (departamentos municipa- les de educación, asistentes sociales, gabinetes psicopedagógicos externos…).

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Medidas sociales. Agentes sociales externos (por ejemplo, ayunta- mientos u ONG) aplican medidas formativas y correctoras fuera del contexto escolar para atajar aquellas actitudes inmunes a las medi- das escolares, y que invaden la problemática social sin llegar a lo penal/policial.

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Medidas judiciales y policiales.

En esta cadena de YSN es indispensable tener en cuenta lo siguiente:

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La conexión entre eslabones, que debe ser fluida, planificada y sencilla.

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La inexistencia de zonas ciegas, es decir, de agentes que no ac- túan («si falta un peldaño, se resiente toda la escalera»). El esla- bón «medidas sociales» suele ser una zona ciega en la que habitualmente reina la impunidad por la ausencia de medidas correc- toras, lo que debilita a los eslabones anteriores de la cadena: los escolares.

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La evitación de la impunidad. Tal como se ve en el apartado refe- rente a las medidas punitivas, hay que dejar claro al alumno que de las tres vías posibles, no se consentirá de ningún modo que siga la de la impunidad (seguir haciendo lo mismo y que no le pase nada) y, que por lo tanto le conviene optar por el cambio (responsabilidad creativa) si no quiere tener que asumir consecuencias punitivas (res- ponsabilidad inhibidora).