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Fin a la disputa, la posesión del eidolon : Helena Euripidea

II. LA FIGURA MÍTICA DE HELENA

3. Versiones paradigmáticas de la figura de Helena

3.3 Fin a la disputa, la posesión del eidolon : Helena Euripidea

Desde Homero hasta la época trágica, se conserva un mismo relato que se usa con fines distintos. A pesar de la importancia que tomó el modelo homérico, junto a esa versión existía también en el mundo antiguo una segunda versión, aunque basados en premisas similares, toman desarrollos distintos268.

Según esta otra versión, Helena nunca abandonó el palacio de Esparta. A Troya llegó una imagen ficticia, un eidolon, por la que los griegos y los troyanos habrían combatido.

265Elogio § 48. 266Elogio §§ 49-50. 267 Elogio §§ 54-57.

Helena permaneció alejada del escenario de la guerra, en tierra egipcia, siendo la huésped respetada de un soberano local manteniéndola a su lado, y sólo muchos años después, al regreso de la guerra de Troya, habría sido restituida a su legítimo esposo, Menelao269. La obra literaria más famosa en la que se narraba esta historia es Helena, obra escrita por Eurípides en su vejez, pero, según manifiestan Bettini y Brillante, la tragedia se limitaba a retomar una versión más antigua, contenida en la poesía de Estesícoro, también junto a estas dos narraciones, Herodoto le da un amplio tratamiento al tema270.

La filología clásica, ha buscado aclarar el origen de este segundo relato, dando lugar a la reflexión sobre la originalidad de Estesícoro como su autor. Brillante entiende que podría existir una versión anterior de la que él también se sirvió271, ya que “parece improbable que un poeta arcaico introdujera por propia iniciativa una versión del mito tan distinta a la tradicional”272. Además, se considera que raramente se introducen innovaciones que lleguen a contradecir en puntos decisivos los datos de un relato tan famoso presente en la tradición épica273. Lo cierto es que dicha versión existe, y que aporta para su análisis un aspecto valioso y totalmente novedoso por el cual se logran resolver los problemas morales que surgen en torno a la figura de la mujer más bella sobre la tierra, Helena. Aunque Estesícoro trató el mito de la guerra de Troya en varias obras, conocidas por algunos fragmentos de tradición indirecta, y otros breves textos papiráceos, que permiten completar el escaso conocimiento del pensamiento del poeta274, la tendencia es a reconocer que él acuñó esta versión ‘novedosa’, pero no desconocida del todo. La forma en que la tradición se la atribuye al poeta le confiere tal importancia, que se lo considera el relato más acertado y divergente de la variante homérica.

Brillante expone que,

en la obra más antigua que llevaba el título de Helena, el poeta narraba los hechos según la versión más conocida. Esta obra contenía el rapto de Teseo, el

269 Cfr. Ibídem. 270 Cfr. Ibídem. 271 Cfr. Ibídem, p. 118. 272 Ibídem, p. 117. 273 Cfr. Ibídem, p. 118. 274 Cfr. Ibídem.

juramento de los pretendientes a su mano, las bodas con Menelao, y, quizás el encuentro con Paris y la huida a Troya275.

Le siguieron otras dos obras, conocidas como Palinodia, en las que se presentaba de modo diferente el desarrollo de los hechos, con la necesidad de disipar toda duda sobre la inocencia de Helena276. En esta versión llegó a Troya una imagen de la heroína, mientras que la verdadera Helena habría permanecido en Egipto durante la guerra de Troya hasta su reencuentro con Menelao y el regreso a Esparta277. Estesícoro se vio obligado a realizar esta nueva versión del tema debido a la ceguera, causada por el resentimiento de Helena a la que él había acusado injustamente de adulterio278.

Brillante sostiene que es probable que la primera palinodia resultase insuficiente para defender la inocencia de Helena, precisamente porque, aunque no hubiera llegado a Troya, sí había abandonado por voluntad propia la casa de su esposo siguiendo a Paris hasta Egipto. Por tal insuficiencia Estesícoro vuelve sobre el tema, y exime a la heroína de toda culpa, afirmando que no había seguido a Paris ni a Troya, ni a Egipto, con lo cual le restituye la buena fama a la que aspiraba279.

Eurípides retoma este modelo estesicoreo en su tragedia denominada Helena280, representada por primera vez en el año 412 a.C. en Atenas. Sobre la base de las versiones antecedentes, Eurípides construyó una trama bastante variada y rica en acontecimientos, que impresionó al público de la época281.

La tragedia se construye en dos partes. El reencuentro de los dos esposos en Egipto enlaza ambas partes, continuando con los preparativos para la huida que concluye con la salida de Egipto y el retorno a su patria282. El prólogo de toda la obra, se inicia con palabras de Helena que vive en el palacio de Proteo, adonde fue llevada envuelta en una nube por Hermes. En el episodio primero aparece Menelao, náufrago revestido de harapos. Un segundo prólogo se refiere al modo en que Menelao llega hasta allí salvando a su esposa, ocultándola en una gruta, pero luego es confundido al enterarse por parte de una anciana que Helena mora en el palacio. El siguiente episodio recoge el reconocimiento mutuo de 275 Ibídem. 276 Cfr. Ibídem, p. 120. 277 Cfr. Ibídem, pp. 118-119. 278 Cfr. Ibídem, p. 119. 279 Cfr. Ibídem, p. 121.

280 Cfr. EURÍPIDES. Tragedias III. Introducciones, traducción y notas de Carlos García Gual y Luis

Alberto de Cuenca y Prado. Madrid: Gredos, 1979. pp. 19-77. (En adelante Helena).

281 Cfr. Bettini y Brillante. Op. cit., p. 127. 282 Cfr. Ibídem.

los esposos y la preparación de la huida, con la ayuda de Teónoe, hermana de Teoclímeno, y célebre profetisa. Teoclímeno pretende desposar a Helena por la fuerza. En el episodio posterior Helena se presenta ante Teoclímeno con un falso náufrago, Menelao, haciéndole creer que ha cedido al matrimonio porque lo ama, y sugiere que, muerto Menelao, conviene ofrecerle los ritos debidos en el mar a cierta distancia de la orilla, siendo esa la ocasión para huir. Teoclímeno, tras la huida de los esposos, al saberse traicionado, quiere matar a su hermana Teónoe, pero los Dioscuros, hermanos de Helena, calman al rey Teoclímeno y dan una explicación etiológica: Helena, tras morir, será una diosa y Menelao pasará a la isla de los Bienaventurados283.

El argumento utilizado en este caso para liberar a Helena de la culpa de su actuar inmoral considera que en la competición de belleza entre las tres diosas, Paris, al asignar la victoria a Afrodita, había desencadenado el resentimiento de Hera, de modo que ésta no le entregó a Paris a la verdadera Helena, sino una especie de imagen viviente que era en todo similar a Helena, pero que, sin embargo, no era más que “una vana apariencia”284. El engaño tuvo éxito, Paris llevó consigo a Troya el eidolon de la mujer, cambiándolo por la verdadera Helena, que esperó a su esposo en Egipto durante diecisiete años; los que dan como resultado si a los diez de la guerra troyana se añaden los siete que Menelao pasó vagando por el Egeo.

Mientras vivió Proteo, el viejo y sabio rey de Egipto, Helena se había visto compensada con una relativa tranquilidad; pero después de la muerte de Proteo, debe enfrentarse al hostigamiento de Teoclímeno, el hijo heredero, que quiere hacerla su esposa por la fuerza285. En este momento se sitúa la mencionada llegada de los griegos, y la intervención de Menelao que da un nuevo giro a la acción.

Menelao, que cree llevar consigo de vuelta a la verdadera Helena después de su triunfo sobre Troya, se ve obligado por un naufragio a pedir asilo en tierra egipcia. Ha escondido a Helena en una gruta a fin de evitar cualquier inconveniente que surgiera en torno a la belleza de Helena286. En realidad, oculta en una gruta, sin su advertencia ni la de ninguno de sus compañeros, se encuentra la ‘imagen’ que Paris había llevado a Troya. Es el curso

283 Cfr. LÓPEZ FEREZ, Juan Antonio. Historia de la literatura griega. Madrid: Cátedra, 1988. pp.

370-371.

284 “Pero Hera, ofendida por no haber vencido a sus rivales, convirtió en vano viento mi unión con

Alejandro, y no fui yo lo que abrazaba el hijo del rey Príamo, sino una imagen viva semejante a mí que la esposa de Zeus había fabricado con aire celeste. Y él creyó que me poseía, vana apariencia, sin poseerme”. Helena, §§ 30-37.

285 Cfr. Bettini y Brillante. Op. cit., p. 128. 286 Cfr. Ibídem.

que toma la narración, el que sirve para comprender la problemática que genera la existencia de dos Helenas, el eidolon Helena y la verdadera Helena.

El conflicto surge cuando la verdadera Helena se encuentra con Menelao, después de tantos años separados. Ella intenta evidenciar, en razón de su inocencia, que es la verdadera Helena y que nunca le fue infiel. “El único personaje que conoce toda la situación es Helena, la verdadera protagonista del drama, que, sin embargo, ni siquiera tiene crédito y ve impedida cada iniciativa suya por la presencia del eidolon”287. Lo cual lleva a pensar, y lo que realmente sucede, es que se llegará a una clarificación sólo gracias a la intervención del eidolon.

El eidolon, después de la llegada de Menelao a Egipto, ya ha cumplido la función asignada por los dioses, de modo que puede desaparecer disolviéndose en el aire288, sin embargo, Helena no se ha librado de la mala fama que se le adjudicó por su ausencia en Esparta.

El nombre de Helena evoca, [...] no sólo al personaje real, sino también a su imagen, el eidolon que aquí desempeña las funciones clásicas de ‘doble’: una segunda persona en todo similar a la primera que, superponiéndose y sustituyéndola, genera confusión y desconcierto289.

Brillante, sugiere que Helena se encuentra negada de su propia identidad, y señala que entre la Helena que se está viendo con los propios ojos y la imagen que se conserva en la mente se juega parte de la experiencia perceptiva, por lo que el conflicto que surge tiene que ver con discernir si se debe confiar en las sensaciones o en la propia razón, ya que no es posible distinguir entre dos imágenes perfectamente iguales, entre la experiencia pasada y la presente290. Tal confusión, se fundamenta en que ninguno de los griegos llegados a Egipto, entre ellos Menelao, pueden confiar plenamente en sus percepciones visuales. La

287 Ibídem pág. 129

288“Tu esposa ha desparecido en las profundidades del éter. El cielo la mantiene oculta, después que

hubo dejado la sagrada caverna donde la guardábamos. Tan sólo dijo: Desventurados frigios y vosotros, aqueos todos, por mi causa, y merced de las maquinaciones de Hera, habéis muerto a orillas del Escamandro, creyendo que Paris poseía a Helena, a quien nunca ha poseído. Ahora que ya ha pasado el tiempo prescrito y he cumplido fielmente lo fijado por el destino, debo volver al cielo, mi padre. Pero la desdichada Tindáride ha padecido injustamente una funesta reputación”.Helena §§ 607-615.

289 Bettini y Brillante. Op. cit., p. 131. 290 Cfr. Ibídem, p. 132.

semejanza, entre la imagen que se conserva oculta en la gruta y la real Helena, impresiona291.

Cualquiera de los personajes que se encuentre en este conflicto, entre las dos imágenes, tenderá naturalmente a refugiarse en la experiencia pasada, ya que es preferible no dudar de la validez de una serie de hechos acumulados en el tiempo, que fiarse de una visión momentánea y de un encuentro ocasional292. Menelao, particularmente, se encuentra en un conflicto mayor, tiene dos esposas totalmente iguales entre sí. Este es el momento de mayor tensión del encuentro293. Lo que es objeto de la percepción visual es lo que provoca juicios contrapuestos. Por la visión de Helena ya se han desencadenado innumerables conflictos, y aun los sigue generando.

Para que la situación se aclare será necesaria la intervención del eidolon, no porque sea más creíble, sino porque al desaparecer se acaba con la duplicidad inatacable racionalmente, llevando la acción a un conflicto nunca resuelto294. Helena recupera su identidad personal.

Helena tuvo que medirse con la imagen de sí misma que la sigue a todas partes. Todo lo que se dice de Helena - y en realidad se refiere al eidolon- recae sobre la Helena real, que se ve continuamente obligada a defenderse de las acusaciones infamantes que la circundan295.

Aun así, los responsables siguen siendo los dioses, Hera en particular, pero también su propia belleza296, considerada como el origen de todos los males:

un prodigio es también toda mi vida, y ello por culpa de Hera y a causa de mi belleza. ¡Ojalá esta belleza pudiera borrarse como se borra una pintura, y los rasgos de mi cara se volvieran horrendos en vez de hermosos!297.

291 “Tienes el cuerpo igual que Helena, pero tu corazón no es como el suyo, sino muy diferente.

¡Perezca ella de manera vil y no regrese jamás a las orillas del Eurotas! En cuanto a ti, mujer, que seas siempre muy feliz”. Helena, §§ 160-163.

292 Cfr. Bettini y Brillante. Op. cit., p. 132. 293 Cfr. Ibídem.

294 Cfr. Ibídem, p. 134 295 Ibídem, p. 135.

296 “¡La misma belleza que hace felices a las demás mujeres, a mí me ha perdido!”. Helena, §§ 304-

305.