Por más que el Grupo de Reflexión Educación-Formación de la Comisión Europea tome mil precauciones oratorias para asegurarnos que el objetivo de ofrecer un nivel de enseñanza general para la mayoría “debe ser conservado” (pero no desarrollado), que la Escuela debe “seguir desempeñando su papel de crisol social”, que las niñas y niños de medios desfavorecidos deben tener la misma formación que los demás “cuando las condiciones lo permiten”, tras esas ligeras aseveraciones, se va al meollo de la cuestión: “Cuando el resultado es insuficiente se debe intentar aplicar una mayor flexibilidad, ya sea a partir de métodos pedagógicos específicos, de enseñanzas específicas, o reconsiderando la cuestión de las repeticiones”183
.
A falta de nuevos medios y a la vista de lo que hemos podido constatar más arriba, se puede temer que los “métodos pedagógicos específicos” se conviertan en una reducción de los objetivos. Las “enseñanzas específicas” son evidentemente las enseñanzas profesionales o la enseñanza en alternancia. En su Informe sobre el empleo, de 1997, la Comisión Europea es bastante explícita: “Para los que tienen dificultades para seguir estudios de tipo general, se debería elaborar una más amplia gama de posibilidades en el ámbito de la formación profesional, preferiblemente integrando en ella una experiencia de trabajo”184. Se ve
perfectamente cómo la “diversificación” esconde en realidad una jerarquización. En cuanto a la propuesta de “reconsiderar la cuestión de las repeticiones”, todo lleva a creer que se tratará, de hecho, de sustituir la selección a través del fracaso por una selección más directa, y por lo tanto aún más apremiante, acompañada por una rebaja de los objetivos.
En los diversos países europeos, se puede observar a través de múltiples signos, el final de una cierta concepción de la masificación de la enseñanza, la suspensión del proceso de elevación general de los niveles de instrucción en beneficio de una mayor diversificación, es decir, de un estiramiento de las formaciones. En 1996, por primera vez desde hacía 10 años, el número de personas que obtuvieron el título de Bachiller bajó en Francia, pasando del 63% al 61% de un tramo de edad185. Es más: en el seno de ese mismo grupo de bachilleres, la desigualdad se incrementa. En 1995, el 64% obtenían un “bac” de tipo general. En 1996, sólo lo logró un 55,7%. En cuanto a los bachilleratos de tipo “profesional”, pasaron del 6,3% al 15,7%.
En Alemania, el gobierno federal decidió permitir a los jóvenes que estaban matriculados en la enseñanza en alternancia (el sistema “dualista”) elegir entre más o menos clases de formación teórica, creando así una jerarquía nueva incluso en el seno de este escalón inferior de las enseñanzas186. El antiguo presidente federal, Roman Herzog, defiende “una diferenciación lo mayor posible, también en la oferta de enseñanzas”187
.
El nuevo ordenamiento educativo español plantea multitud de filtros académicos en la enseñanza obligatoria y posobligatoria, lo cual unido a la drástica disminución del número de becas y ayudas contribuirá sin duda a apartar cada vez a más jóvenes de los estudios.
En Suiza se asiste a un alza generalizada de los derechos de matrícula en las universidades. Entre 1991 y 1995, estos pasaron de 450 a 1.050 francos suizos (280 a 650 euros). El rector de la Universidad de Zurich está pensando en hacer aumentar esos gastos de matrícula a 3.000 o incluso a 5.000 francos suizos en los próximos años (1.800 a 3.000 euros). “Hace diez o quince años”, señalan Philippe Martin y Gian Franco Pordenone, “el mero hecho de sugerir unas matrículas tan caras habría levantado una oleada de indignación”188. Pero hoy la tendencia se extiende incluso a la enseñanza secundaria. En el cantón de Vaud, el precio de la tasa de matrícula en el Gymnase (secundaria superior) se ha duplicado (de 720 a 1.440 francos suizos) en 1993. De forma paralela, los cantones suizos dedicaron, en 1992, un tercio menos a becas que en 1980189.
Y cuando un gobierno no hace bastante rápido lo que se le dice, las instancias internacionales se lo reprochan enseguida. Ese fue el caso de Suecia, cuyo sistema educativo fue ampliamente criticado en un informe de la OCDE, por su “incapacidad” para producir una mano de obra altamente cualificada, “capaz de adaptarse a las nuevas necesidades”. La OCDE apuntaba explícitamente “el número de años de escolarización” (considerado demasiado alto), “la lentitud de la transición de la enseñanza secundaria a la enseñanza terciaria” y “la longitud de los estudios de tercer ciclo”190
. Es decir, que para el organismo de control del capitalismo mundial, Suecia ofrece demasiada escuela para todos y no cuida bastante a las elites de la nación.
Diversificación, pues, rima con selección y orientación. Mientras que durante tres décadas la tendencia dominante era la de retrasar la edad a la que se debía “elegir”, la de aplazar el momento de la orientación hacia una rama o especialidad y la de incitar a los jóvenes a continuar los estudios generales, esta tendencia parece invertirse hoy en día. El Libro Blanco europeo sobre el crecimiento, la competitividad y el empleo considera que la “educación podría ser racionalizada ofreciendo un periodo más corto de enseñanza general, mejor adaptado a las
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necesidades del mercado y favoreciendo la enseñanza profesional como alternativa a la universidad”191
. La intensificación de la selección puede ocultarse perfectamente tras políticas que pretenden en apariencia reducir el fracaso escolar: prohibición de repetir curso, reducción de los niveles exigidos. En otros casos, las políticas que favorecen la repetición de curso asociadas a una atención escolar devaluada persiguen que el alumnado abandone cuanto antes el sistema educativo para echarles en brazos de una formación basura —a veces privada—, que acabará en un empleo basura. En la práctica, se reduce el nivel para todas las personas en la escuela. Y se deja, por lo tanto, que sean las prácticas educativas de las familias las que establezcan las diferencias, agrandando así la desigualdad de oportunidades entre niños y niñas de diferentes orígenes sociales.