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Los objetivos de la descentralización

In document Los Nuevos Amos de La Escuela (página 38-40)

¿Por qué descentralizar? ¿Por qué hacerlo hoy? La autonomía de las escuelas persigue, a decir verdad, varios objetivos simultáneos. Se pueden distinguir al menos cuatro:

1. Mantener el presupuesto de enseñanza bajo control, delegando la gestión de la austeridad en niveles inferiores.

2. Romper las resistencias al cambio. 3. Asegurar un desarrollo diferenciado.

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4. Permitir e imponer una adaptación rápida a las expectativas de las empresas.

Este cuarto aspecto es, con mucho, el más importante y merece un capítulo aparte. Veamos de todos modos los otros tres aspectos rápidamente.

En primer lugar, la autonomía permite reducir los gastos de enseñanza o al menos frenar su crecimiento, al obligar a los centros escolares a una gestión financiera austera. O para decirlo en el lenguaje estereotipado de los eurócratas: “más eficacia —tanto respecto a la definición de las necesidades como a la gestión de los recursos— en la resolución de problemas”87

. Muchos países europeos buscan en efecto la reducción del gasto público con el fin de poder limitar la presión fiscal y parafiscal y, de esta manera, favorecer la posición competitiva de las empresas nacionales. Una mayor autonomía presupuestaria de los centros escolares aparece como un medio de presionar a cada escuela para que busque las vías que le permitan limitar sus gastos a lo estrictamente necesario. La Comisión Europea estima así que se debe “aumentar la productividad y desarrollar la eficacia del sistema de enseñanza”88

. Cooperaciones internacionales se ponen en marcha con esta finalidad. Así, en 1997, por iniciativa de la firma de auditorías y asesores fiscales Arthur Andersen, 700 educadores, profesores, responsables de educación, directores de escuelas y hombres de negocios procedentes de cuarenta países diferentes se reunieron en Saint-Charles (cerca de Chicago) para estudiar “cómo aplicar a la escuela las técnicas modernas de gestión de empresas”89

. Ahorrar: ese es sin duda el objetivo más claramente percibido por el profesorado tras el proceso de desregulación. Por una razón muy simple: afecta directamente a sus empleos, a sus derechos y a sus condiciones laborales. De tal manera que algunos responsables sindicales se limitan a no ver más que este peligro en la autonomía de las escuelas y a dejar de lado los otros...

En ese sentido, la descentralización puede también ser muy útil para romper la unidad de acción del profesorado y debilitar así la principal fuerza de resistencia al desmantelamiento de la Escuela pública. Es a esta “burocracia sindical” a la que Claude Allègre había querido atacar desde su toma de posesión. Ahora, Luc Ferry ha tomado el relevo.

El pago del profesorado “según sus méritos” es otra manera de romper su solidaridad. En Gran Bretaña, el laborista David Blunkett provocó el entusiasmo de la prensa conservadora al desbloquear mil millones de libras durante dos años para “recompensar al profesorado que lograse probar sus méritos durante entrevistas de evaluación con sus directores”90

. En Suiza, experiencias de este tipo han sido llevadas a cabo en el pequeño cantón de Schwytz, en el que cada profesor de Gymnasium (instituto) tuvo que escoger un “perfil” además de sus atribuciones habituales: responsable informático, responsable de los contactos con las familias, etc. A finales de curso tuvo lugar una evaluación sobre la cual se calculó una parte del salario. Todo el sistema está gestionado por una sociedad privada91.

Una ministra belga gustaba de comparar la Escuela pública con un “pesado trasatlántico” sin esconder su preferencia por una “flotilla de pequeños barcos fáciles de manejar”92

. La imagen es bonita y pone involuntariamente el dedo en la llaga del tercer aspecto de la autonomía: todos los pasajeros de un transatlántico llegan con certeza al mismo puerto, mientras que los barcos pequeños corren el riesgo de seguir rumbos bastante diferentes. ¿Corren el riesgo? En las mentes de los responsables políticos y económicos del Viejo Continente, no se trata de un riesgo sino de una voluntad deliberada. La autonomía permite precisamente este desarrollo desigual, esta jerarquización de las escuelas y las ramas de enseñanza, esta selección más

estricta a la que nos hemos referido ya. Jacques Delors, por ejemplo, defiende “un sistema más flexible que permita la diversidad de los curricula” en el que por otra parte se dé “una respuesta válida a las cuestiones planteadas por la inadecuación entre la oferta y la demanda de trabajo”93

. En Alemania, la reforma de la enseñanza superior que, en 1997, amplió la autonomía de los centros, pretendía entre otras cosas “hacer posible una más estricta diferenciación de los estudios”94

.

Este “desarrollo desigual” que implica inevitablemente una mayor jerarquización de las formaciones es el aspecto del movimiento de descentralización que a las autoridades les gusta menos reconocer. Unas veces lo niegan rotundamente. Otras lo recubren con frases hipócritas sobre “el fomento de la diversidad de talentos”95.

A veces afirman incluso que esta diferenciación “permitiría reducir el fracaso escolar”. Se sobreentiende por lo tanto que las dificultades de aprendizaje se deben por lo general a una mala orientación, es decir, a una incapacidad propia del alumno o alumna. Aquí tenemos de nuevo la teoría de las dotes y las capacidades...

Pero todo esto no es más que algo secundario. La razón de ser principal de toda descentralización, lo que hace de ella un elemento esencial en el contexto de las relaciones de producción capitalistas y de sus nuevas características, es la capacidad de las escuelas autónomas para adaptarse más espontánea y rápidamente a las expectativas cambiantes de los empresarios. Veamos esto más detalladamente.

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