• No se han encontrado resultados

Finalidad del saber

In document Historia de La Filosofía Franciscana (página 159-166)

Capítulo II. —San Buenaventura

III. L M unidad del saber

4. Finalidad del saber

Según Bacon, las ciencias deben ser analizadas y valoradas en una doble dimensión: su estructura interna o las notas que las definen, y su incidencia externa o sentido funcional y práctico. Esto significa que un simple y abstracto análisis de la

estructura interna

del saber no puede ofrecernos, de por sí, el sentido y el alcance del saber en su totalidad. Pues si quedamos encerrados en lo

interno

de las formas plurales del saber nunca descubriremos el horizonte común de todas las disciplinas y de la multiplicidad de los saberes.

El saber, como el conjunto de todas las disciplinas, no tiene en sí mismo la razón última. Su propia finalidad no está en él, sino que se encuentra en algo extrateórico: en el bien de la sociedad sagrada y profana. Este principio de la valoración del saber en relación con los fines implica un análisis crítico de los saberes vigentes: teología, filosofía y ciencias naturales. De este modo, a la historia real de los distintos saberes se las cita al tribunal del deber-ser, es decir, de la moral.

La ciencia, pues, no es útil o sirve para muy poco si no se pone al servicio del bien. En este servicio al bien reside lo que Bacon llama la belleza, la utilidad y la magnificencia de la ciencia. Y enumera cinco objetivos fundamentales: ejercitar la enseñanza en las facultades de estudio; organizar todas las cosas en bien espiritual de la cristiandad y en su salvación eterna; fomentar los bienes naturales de la cristiandad, como la salud,

111. ha unidad del saber 133

la prolongación de la vida, los bienes económicos, las buenas costumbres, la temperancia, la justicia y la paz; promover la conversión de los infieles; y por último, combatir a los reprobos con las armas de la sabiduría y no con las armas de la guerra 14.

La crítica que hace Bacon a la teología de su tiempo consiste en decirle que no tiene eficacia práctica y que, al reducirse a un interés puramente especulativo, se ha vaciado de sabiduría. En la

Carta

a Clemente IV se subraya que el saber filosófico posee una gran utilidad cuando se orienta a un fin bueno, si ayuda a la teología y a las otras disciplinas; y, sobre todo, si se pone al servicio de la causa de Dios y de los hombres. Pero «la filosofía, considerada en sí, no vale nada» 15. Bacon se aparta radicalmente de la tesis aristotélica del saber como pura especulación, y se decide franciscanamente por la acción y la práctica.

La opción ética de un saber como instrumento-para tiene su coronación y culminación en una filosofía moral: «La filosofía especulativa se ordena a su fin» y «la moral es el fin de todas las partes de la filosofía» 16.

La instrumentalidad de la ciencia y del saber que presenta el Doctor Admirable no hay que interpretarla de un modo reductivo y simplicístico. No se trata de aplicar mecanística- mente el principio de que a

toda

causa debe corresponder necesariamente

un

efecto. No se pretende con ello vincular un efecto o una repercusión práctica al

acto

del saber, como si a cada momento del saber y de cada disciplina correspondiera

puntualmente

un efecto o una reacción.

La dinámica que sustenta la doctrina baconiana consiste en una visión operativa de la totalidad. Cada

acto

del conocer se involucra en una disciplina y cada

disciplina

se integra en el todo. Se tiende hacia la

universalidad

de todo el saber, y desde esa universalidad de la ciencia se proyecta al reino de los fines o a los fines prácticos

universales.

Bacon se mueve en el universo de los

principios,

pero no desligados de lo real concreto, porque esos

principios universales

son operativos y se hacen reales en la

14 Compendium studii philosophiae, pp.394-395. En el Opus Maius I, p.l, se

contiene el mismo esquema de finalidades: servicio a la Iglesia, renovación de la cristiandad, conversión de los infieles y represión de los reprobos.

134 GIII. Rogelio Bacon

praxis

cotidiana. Pero desde esa praxis cotidiana se exige la clarificación y la vigencia de los grandes principios.

Con gran visión anticipadora, Rogelio se adelantó a la dialéctica moderna de la teoría y de la praxis, que ha sido tan determinante en la teoría marxista.

IV. LAS CIENCIAS

Si el acercamiento del hombre al mundo natural se hace por simpatía y afinidad constitutiva, los medios para conocerlo y explicarlo son fundamentalmente dos: la

deducción,

o el uso de la

razón,

y la

observación,

en cuanto

experiencia

y

experimentación.

La dimensión racional y la dimensión experimental deben aunarse para poder comprender el mundo de la naturaleza.

No es la curiosidad la que domina el pensamiento meditativo y buscador de Rogelio, sino el deseo de una profunda comprensión naturalística del mundo y sobre todo de los cuerpos humanos después de la resurrección, incluida la misma resurrección de Cristo. Para ello no duda en recurrir a la astrología, a la alquimia, a la medicina y a la física. Bacon tiene una pasión particular por lo concreto, siguiendo con ello la línea genuinamente franciscana. De ahí la urgencia de recuperar la dimensión experiencial y experimental para no quedar en lo puramente abstracto de los principios deduci- bles.

Para el franciscano inglés, lograr un descubrimiento científico consiste en encontrar una explicación racionalmente plausible de fenómenos o hechos que antes no la tenían y, por eso, eran relegados al mundo de lo mágico o de lo sobrenatural. Sólo se logrará una concepción positiva del método científico si se superan los prejuicios mentales y de escuela. Es necesario que el hombre científico posea total apertura intelectual, que se interese por lo nuevo y que dé crédito a la realidad creyendo incluso en los fenómenos aparentemente más inverosímiles. Sin embargo, aquello que inicialmente se ha aceptado de un modo acrítico debe ser sometido a las técnicas experimentales disponibles y a un juicio de experimentación y de verificabilidad. Sólo después de una larga y fatigosa experimentación y expli

IV Las áencias 135

cación racional se puede aceptar un hecho o un fenómeno como

algo científicamente demostrado

\

1. La experimentación

Sobre la naturaleza del saber científico escribe Bacon, siguiendo a Aristóteles: «Dos son los modos de conocer: se conoce o por medio del razonamiento o por medio de la experiencia. El razonamiento nos conduce a la conclusión y nos constriñe a admitirla, pero no está en grado de darnos certeza ni logra alejar la duda aquietando la mente en la intuición de la verdad, sino cuando consigue encontrarla mediante la experiencia. Por tanto, no basta el solo razonamiento, ya que es necesaria también la experiencia directa» 2. Nada del mundo natural puede presentarse como cierto,

seguro y definitivo si no ha sido experimentado.

Esta intuición por lo concreto y la revalorización de lo singular anticipa la línea filosófica de Duns Escoto y de Guillermo de Occam. La concepción baconiana del saber científico trastrueca la corriente cultural de su tiempo. Al saber sistemático y puramente teórico de las grandes

Sumas

de Alejandro de Hales, de Alberto Magno y de Tomás de Aquino se oponen las experimentaciones de Roberto Grosseteste, de Pedro de Maricourt y de Adán de Marsh, que se dedicaron a las ciencias experimentales y que estudiaron el magnetismo, las propiedades de las hierbas, la fusión de los metales, la alquimia, etc. 3.

1 Opus Maius II, p.202.

2 Opus Maius II, p.168.

3 Opus Tertium, p.47. Según Bacon, únicamente Grosseteste y Adán de Marsh son

«perfecti clerici». Opus Tertium, p.70 y 75. El ataque que hace Bacon a las autoridades de las grandes Sumas se basa en que se sirven de las traducciones latinas de las obras de Aristóteles. Pero esas traducciones latinas eran muy malas y cada intérprete podía sacar las conclusiones que quisiera. Si dependiera de Bacon, dice él mismo, «haría quemar todas las obras de Aristóteles, porque el estudio dedicado a ellas no es otra cosa que una pérdida de tiempo, fuente de nuevos errores y un modo de propagar la ignorancia».

Compendium studii philoso- phiae, p.469. Aquí se anticipó a las fuertes críticas de los

humanistas renacentistas contra la «nariz de cera» del Aristóteles medieval. Cfr. P.

GASSENDI, «Exercitatio- nes paradoxicae adversus Aristóteles», en Opera omnia (Lyon 1658),

vol. III, p. 1107A: «Aristóteles habet nasum cereum, cum in quamcumque volueris partem nullo negotio possit detorqueri».

136 C. III Rogelio Bacon

En la perspectiva científica baconiana tienen las matemáticas un puesto privilegiado como instrumento necesario para comprender las demás disciplinas. «Las matemáticas no sólo son útiles, sino además absolutamente necesarias en todas las otras ciencias» 4. El hombre contemplativo y puramente racional debe ceder el puesto al hombre experimentador. El nuevo sabio es el «señor de los

experimentos», porque fundamenta empíricamente sus

conocimientos experimentales y a él corresponde el puesto de las cátedras y de la enseñanza. El verdadero saber es aquel que se adquiere a través de la larga y difícil experimentación siempre nueva y abierta, no aquel conocimiento cerrado y concluido que se ofrece en los sistemas convencionales de la pura y simple razón.

En la

parte sexta

del

Opus Maius

se acentúa la función de la experiencia como algo fundamental e insustituible para todas las formas del saber: «Sin experiencia nada se puede conocer suficientemente» 5. La experiencia está en la base de cualquier ciencia. La experiencia es una de las raíces de la sabiduría y, lo mismo que las matemáticas, es «puerta y llave de todas las ciencias». Entre experiencia y matemáticas hay un vínculo íntimo e interdependiente. Por esta conjunción profunda entre experiencia y matemáticas, todo saber efectivo y real es siempre

matemático

y

experimental.

La experiencia es el terreno necesario en donde deben encarnarse las leyes matemático-geométricas. Y lo mismo que la filología es la filosofía misma que inicia, así la experiencia es el saber inicial. La experiencia es, pues, saber en cuanto ya está vinculada o en vía de vincularse con el saber racional.

Bacon usa frecuentemente la expresión

scientia experimentalis,

pero no debe entenderse en el sentido moderno de

ciencia experimental.

El

concepto moderno de

experimental

se refiere a un método de

verificación mediante técnicas de reproducción artificial matemáticamente mensurables y simbólicamente re- producibles. Es sugestivo, pero no ajustado a la realidad, hacer una lectura

modernizante del concepto baconiano de

experientia

y hacerle

precursor de Francisco Bacon, Galileo y de otros científicos modernos 6. La

scientia experimentalis

baconiana no

4 Opus Maius I, p.108. 5 Opus Maius II, p.167.

6 Cfr. J. KUPFER, «The Father of empirism: Roger not Francis», en Vivarium 12 (1974), pp.52-62; A. AGUIRRE y RESPALDIZA, La ciencia positiva en el siglo XIII.

/K Las ciencias 137

está en la línea del principio de verificación moderno. Rogelio recurre a la experiencia no para verificar o desmentir la verdad de una proposición o de un aserto, sino para certificar verdades y certezas psicológicamente admitidas. La experiencia baconia- na es el fundamento de la

certificación

íntima y vivida: «Es necesario que todo sea

certificado

por vía de experiencia» 7. Pero la experiencia es

doble: la experiencia

externa

(del alma) y la experiencia

interna

(del

alma) 8. Por eso la experiencia no puede reducirse al

experimentalismo físico, sino que se entiende y se explica desde la amplia experiencia humana, mundana y religiosa. La experiencia es la ciencia de la certeza porque está

certificada

por la ciencia experimental.

Rogelio cuestiona la concepción de la ciencia aristotélica, al mismo tiempo que ofrece una nueva ciencia fundada y apoyada sobre la intuición del singular y sobre la experiencia vivida y

comunicada 9. 5

2. Matemática y física

La concepción baconiana de la ciencia está fundada, sostenida y articulada en una visión unitaria, arquitectónica y piramidal de los diversos saberes. En la

Carta

a Clemente IV usa la imagen bíblica del

árbol

para representar las diversas disciplinas. En el

Opus Maius

10 usa

la imagen del

edificio

como símbolo del saber, en donde hay fundamentos, partes, vanos y accesos. En esa visión arquitectónica e interdependiente de las diversas disciplinas la matemática tiene el oficio y la misión de ser «la puerta y la llave de todas las ciencias», es decir, constituye el fundamento teórico intrínseco del saber.

Rogelio subraya que sólo se podrá descubrir la unidad intrínseca de todos los saberes cuando seamos capaces de patentizar ese principio común a todos ellos. Ese principio

Roger Racon (Barcelona-Buenos Aires 1935); W. FROST, Racon und Naturphilosophie (München

1935).

Opus Maius II, p.169. 8 Opus Maius II, p.169.

9 Cfr. F. ALESSIO, Mito e scien^a in Ruggero Racone; Fr. BOTTIN, Introducción a la traducción

italiana de «La scien^a sperimentale» de R. Racone (Rusconi, Milano 1990), pp.7-41; S. C. EASTON,

Roger Racon, pp. 167-191; R. CARTÓN, L’expériencephysique che% R. Racon; L’expérience mystique de

l'illumination intérieur che\ R. Racon (París 1924).

138 C III. Rogelio Bacon

común unitario se llama

racionalidad,

y viene a identificarse con la racionalidad matemática. Como dice F. Alessio, «no hay posibilidad alguna de duda que para Rogelio la

Ratio

es en sí y por sí, en forma

eminente y determinant} sima, racionalidad

matemática.

En lo que se

refiere a las ciencias en su conjunto es verdad que

en el principio es la

Razón,

pero es necesario añadir que la Razón es y se resuelve en matematicidad y que la matematicidad representa la forma y el contenido mismo más alto, más propio y constitutivo de la

Ratio.

Esta ecuación exacta entre matemáticas y razón significa esto: el hecho que todas las ciencias son formas plurales de Razón, y en cuanto se refiere a su fundamento común teórico, todas las ciencias son, desde el mismo punto de vista, formas plurales de matematicidad» n. Esta orientación matematizante de la razón y de las ciencias sigue la trayectoria marcada por R. Grosseteste, y tendrá notables consecuencias en la interpretación y en la valoración de las ciencias de entonces.

La primera consecuencia de la visión matematizante está en invertir el orden tradicional: primero era el

Trivio

(gramática, retórica y lógica) y después el

Quadrivio

(aritmética, geometría, música y astronomía). Con la importancia dada a la matemática, el

Quadrivio

es prioritario y fundamental en la estructuración unitaria y armónica de los saberes.

Pero, en este nuevo orden, el

Trivio

no sólo queda desplazado del primer puesto, sino que incluso es vaciado de contenido, pues sus «artes sermocinales» se cambian de lugar. La retórica pasa a la filosofía moral y la lógica a la música («es necesario que la lógica

mendigue la fuerza de la música») 12 y principalmente a la

matemática, pues «toda la fuerza de la lógica depende de la matemática» °. Sólo queda la gramática, que, en cuanto filología, constituye un momento propedéutico para todas las ciencias.

Otra consecuencia consiste en replantear y revisar la prioridad entre la autoridad de Aristóteles, siguiendo el modelo lógico- aristotélico, y la autoridad de Euclides, siguiendo el modelo matemático-euclideano. Es sabido que en el Medievo prevaleció con mucho el modelo silogístico de Aristóteles sobre

11 F. ALESSIO, Introdu-^ione a Ruggero Bacone, p.63; sobre esta problemática y sus

consecuencias cfr. pp.61-107.

In document Historia de La Filosofía Franciscana (página 159-166)