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FISICA Y METAFISICA

En la época en que Descartes publicó el Discurso, en 1637, po­ dríamos suponer que ya hubiera aclarado cómo deben relacionarse con éste las diversas disciplinas con las que está familiarizado. Aunque sea crítico a esta alturas respecto a cómo los especialistas en distintas disciplinas han proseguido sus trabajos, y tenga apa­ rentemente ideas bastante definidas acerca de cómo deben corre­ girse sus errores, sin embargo asume que, al menos en cuanto a la relación entre filosofía y física, estas disciplinas, rejuvenecidas, de­ ben continuar interactuando según preconizaba la tradición esco­ lástica.

Esto está especialmente claro en las dos primeras partes del

Discurso, donde reflexiona sobre el cuerpo de conocimiento que

rechaza y sobre el método que recomienda para descubrir las alter­ nativas al mismo. La filosofía tradicional, según su estimación, está demasiado plagada de teorías incompatibles, de forma que la mayo­ ría de ellas carece de valor; y esto se puede aplicar al resto de las disciplinas. A pesar de ello, Descartes todavía asume que la filoso­ fía debe proporcionar algún tipo de fundamento al resto de las otras ciencias.

No diré nada acerca de la filosofía, excepto que, viendo que ha sido cul­ tivada por los más excelentes pensadores que han vivido a lo largo de varios siglos, y que a pesar de ello no encontramos nada en ella que no sea motivo de controversia y sea, por tanto, dudoso, no pretendo encontrar yo nada

4. Física y metafísica 89 mejor en esto que los demás. Y considerando cuántas opiniones diferentes sobre el mismo tema podemos encontrar, las cuales son defendidas por perso­ nas instruidas, a pesar de que tan sólo una pueda estar en lo cierto, he consi­ derado todo aquello que aparece sólo como plausible como si fuera falso. Por tanto, en lo que respecta a las otras ciencias, desde el momento que toman

sus principios de la filosofía, he decidido que nada sólido puede construirse

sobre fundamentos tan débiles (V I, 8-9; las cursivas son mías).

La misma suposición aparece claramente en la Parte II , en la que Descartes propone cuatro reglas para mejorar la fiabilidad tanto de la filosofía como de las otras ciencias:

Habiendo advertido que sus principios (es decir, los principios de todas las ciencias aparte del álgebra) deben ser todos tomados de la filosofía, en la cual nada cierto he encontrado todavía, he pensado que debiera intentar establecer antes que nada unos principios (V I, 21-22).

E s un tema constante en los escritos cartesianos, y aunque el lenguaje en el que se expresa es ligeramente distinto, según el con­ texto, en la mayoría de los casos no se trata sólo de que se atribuya a la filosofía la tarea de proporcionar fundamento a las otras cien­ cias, sino que éstas son supuestamente deducidas a partir de la metafísica o demostrados a partir de principios filosóficos. Esta tesis provoca alguna que otra sospecha acerca de la importancia de la evidencia experimental en la ciencia cartesiana, al menos en lo que respecta a los primeros principios o leyes básicas, ya que si Descartes quiere decir efectivamente lo que parece decir, entonces la principal garantía de las leyes de la naturaleza proviene, a priori, de los principios metafísicos a partir de los que las mismas se de­ ducen; las referencias a la experiencia que aparecen en el enunciado de las leyes deben tomarse como meras ilustraciones de cómo las leyes se aplican a la experiencia más que como a una justificación a posteriori. De ser éste el caso, la ciencia cartesiana sería signifi­ cativamente a priori; y si asigna algún papel a la experiencia a la hora de probar o corroborar hipótesis, éste sólo puede ser en un estadio considerablemente posterior de la construcción de una teo­ ría, cuando las leyes de la naturaleza son aplicadas para explicar los fenómenos naturales concretos.

Me gustaría reexaminar hasta qué punto las suposiciones bási­ cas de la física cartesiana son derivadas por Descartes a partir de bases metafísicas y también aclarar el sentido en el que Descartes afirma haberlas justificado de este modo. Las pruebas documentales que aparecen en los textos muestran que Descartes no tenía en mente una clara relación exclusivamente lógica cuando sugiere re-

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petidamente que la física es deducible de la metafísica \ En mi intento de aclarar la posición de Descartes, investigaré brevemente la distinción cartesiana entre física y metafísica en el $ 10. La sec­ ción siguiente repasa las diversas formas en las que Descartes des­ cribe la dependencia de la física respecto de la metafísica y su­ giere varios modelos lógicos a los que puede asimilarse el lenguaje vago o impreciso que emplea. Por último, en el § 12 llevo a cabo una detallada revisión de la forma en que Descartes garantiza en realidad los principios fundamentales de su física en Le Monde y los Principia. Superponiendo los modelos lógicos propuestos en el $ 11 al procedimiento real de Descartes, tal y como se descri­ be en el $ 12, encontramos que la física depende de la metafísica de muchas formas distintas, y ninguna de ellas es equivalente a la simple deducción lógica de la física a partir de la metafísica. A pe­ sar de todo, describir esta multifacética relación como una deduc­ ción es consistente con la vaga interpretación de la «deducción» propuesta en el $ 8.

§ 1 0 . La distinción cartesiana entre física y metafísica

No es fácil trazar una línea de demarcación entre física y me­ tafísica, tanto en Descartes como en la física contemporánea1. Ni es precisa tal marcada distinción para estudiar la materia que nos ocupa. Descartes supone que es posible distinguir suficiente­ mente entre física y metafísica, e incluso distinguir dentro de la pri­ mera entre los presupuestos básicos de la física y la articulación de estos presupuestos o principios en la explicación de los fenómenos naturales concretos. Es esta colección de distinciones la que se en- * 3

* Entre los autores recientes que entienden a Descartes como si dedujera de la metafísica las leyes básica de la física están A. Kcnny en, Desearles:

A Study of bis Philosopby, pp. 206-213; E. McMullin, «Philosophies of

Nature», New Scholasticism, 63 (1969), 44; E. J . Alton, The Vortex Tbeory

of Platielary Moliotis, p. 4; Bcrnard Williams se acerca más a la posición que

yo defiendo, pero aún no lo hace del todo en su Descartes, p. 268: «Hay lugar para la sugerencia (no puedo ir más allá) de que Descartes no contem­ pló sus leyes básicas de la naturaleza, o todas ellas, ni como intrínsecamente auto-evidentes, ni tampoco como dcrivablcs mediante un razonamiento com­ pletamente lógico de premisas metafísicas auto-evidentes».

3 Para la interconexión entre la base física y la metafísica, véase, por ejemplo, J . W. N. Watkins, «Mctaphysics and thc advancc of science», Brilish

Journal for tbe Philosopby of Science, 26 (1975), 91-121; N. Maxwell, «The ra-

tionality of scicntific discovery», Philosopby of Science, 41 (1974), 123-53, 247-95; L. Sklar, «Inertia, gravitation and mctaphysics», Philosopby of Science 43 (1976), 1-23; G . Buchdal, Mctaphysics and the Philosopby of Science, cap. 1.

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cuentra implícita en la descripción metafórica del proyecto cientí­ fico como el árbol del conocimiento. Esta metáfora aparece en el Prefacio a la edición francesa de los Principia.

Así, la filosofía, como un todo, es como un árbol cuyas raíces fueran la metafísica, el tronco la física, y las ramas el resto de las ciencias. Estas se reducen a tres principales: la medicina, la mecánica y la moral (IX-2, 14).

Esta vaga división de disciplinas es aclarada, hasta cierto punto, en el texto de los Principia, cuya parte II contiene varias leyes generales o principios, los cuales, según Descartes afirma, son apli­ cables a los fenómenos físicos, y bastan para explicarlos. La metá­ fora del árbol sugiere también la unidad orgánica de los Principia, y esta unidad es explicada por Descartes como la conexión deductiva entre la raíz, el tronco y las ramas. Si pudiéramos suponer que no hay ningún problema implícito en la manera que tengamos de mo­ delar la distinción entre el tronco y las ramas sobre el texto de los

Principia, o que al menos, sean cuales fueran los problemas que

surjan al hacer esta distinción, son independientes de la materia que estamos discutiendo, entonces podremos dedicar nuestra aten­ ción a descifrar la metáfora del árbol centrándonos en dos aspectos:

a) la distinción entre metafísica y física, representados por la raíz

y el tronco, y b) la conexión entre metafísica y física, representada como una relación deductiva o, siguiendo el lenguaje metafórico, una singular relación de dependencia, análoga a la conexión entre la raíz y el tronco.

Descartes caracteriza a la metafísica como objeto de estudio, como el tipo de evidencia que es suficiente para verificar los enun­ ciados metafísicos, o por su papel fundamentador en comparación con otros tipos de conocimiento. Esto último — la metafísica como una búsqueda de primeros principios— parece ser el criterio más básico; de hecho los tres criterios son interdependientes. Así, el Prefacio a los Principia explica que la filosofía debe empezar por «la investigación de estas causas primeras, esto es, los principios» (IX-2, 8) y debe «sacar a la luz las causas primeras y los principios verdaderos de los que pueda deducirse cualquier explicación de todo aquello que somos capaces de conocer» (ibid., 5).

El uso del término «principio» aquí está sujeto a la habitual ambigüedad entre principio en sí y principio como proposición. Esto está especialmente claro cuando Descartes se pregunta acerca de la naturaleza «de la cause ou du Principie» (IX-2, 8) que hace que los objetos parezcan empujados por la gravedad hacia la super­ ficie de la tierra. ¿E s la causa en cuestión un fenómeno natural, tal

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como una fuerza gravitacíonal, o se trata de un principio que des­ cribe la acción de tal fuerza y proporciona, por tanto, un punto de partida para una explicación científica? Descartes intenta aclarar esta ambigüedad en una carta a Clerselier de 1646, pero la propia aclaración está comprometida por la misma ambigüedad:

Tan sólo añadiré que la palabra «principia» puede entenderse de muy diversas formas. Una cosa es buscar una noción común tan clara y general que pueda servir como principio para probar la existencia de todos los seres, los Enlia, que descubramos más tarde; y otra, buscar un ser cuya existencia es conocida por nosotros mejor que ninguna otra cosa, de modo que pueda servir como principio para descubrir el resto (IV , 444; en cursiva en el original).

En el párrafo inmediato da dos ejemplos, pero ambos son proposiciones;

En el primer sentido, puede decirse que «no es posible que algo sea y no sea al mismo tiempo» es un principio... En el segundo sentido, el pri­ mer principio es que nuestra alma existe, ya que no hay nada cuya existencia sea mejor conocida para nosotros.

El desliz de la exposición de Descartes es comprensible y no supone un detrimento de la postura que mantiene. Uno de los sen­ tidos de «principio» se refiere a las proposiciones que son garanti­ zadas como ciertas; el otro significado del término se aplica a cosas cuyo conocimiento es básico para la comprensión de cualquier otra cosa. En este último sentido, conocer la existencia del alma es bá­ sico para Descartes y por tanto el alma es un principio. Sin embar­ go, cualquier enunciado de conocimiento sobre estos principios- cosas se expresa mediante proposiciones, y tales proposiciones tam­ bién funcionan para Descartes como principios de conocimiento a pesar de que no sean autoevidentes. Lo que tienen en común estos dos tipos de proposiciones — es decir, nociones comunes autoevi­ dentes y enunciados de conocimiento sobre cosas-principio— es que actúan como presupuestos básicos en la construcción «deductiva» de la ciencia. Esta ambigüedad en el término «principio» será em­ pleada más tarde a la hora de descifrar los argumentos a favor de las leyes de la naturaleza en la Parte II de los Principia.

Con «principio» en el sentido de objeto, Descartes describe invariablemente la metafísica como el estudio de Dios y el alma, esto es, de «las cosas inmateriales o metafísicas» (IX-2, 10) \ Esto 3

3 Cf. Descartes a Mersenne, nov. 25, 1630, donde menciona «un pequeño tratado de metafísica.., cuyos principales objetivos consisten en probar la existencia de Dios y de nuestra alma cuando se halla separada del cuerpo»

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indica que la naturaleza metafísica de sus estudios es función de la inmaterialidad del objeto que estudia; sin embargo, ya que el estudio de Dios y del alma actúa en el proyecto cartesiano como base de la fiabilidad de todos los enunciados de conocimiento, el estudio de Dios y del alma es igualmente metafísico en la medida en que proporciona los primeros principios — en el sentido de pro­ posiciones— del conocimiento. El sentido doble del estatus de tal estudio se ve claro en el prefacio a los Principia, cuya parte I es presuntamente acerca de «la metafísica, que contiene los principios del conocimiento, entre los cuales se encuentran la explicación de los principales atributos de Dios, de la inmaterialidad de nuestras almas, y de todas las nociones simples y claras que están en nos­ otros» (IX-2, 14) \

Por tanto, la metafísica para Descartes abarca los primeros prin­ cipios del conocimiento, es decir, aquellas verdades que debemos conocer como condición previa a cualquier posibilidad de conoci­ miento — y éstas incluyen el conocimiento de Dios y del alma— y aquellos axiomas o nociones primeros que son conocidos me­ diante la luz natura] de la razón, independientemente de la expe­ riencia. Estos principios tienen prioridad lógica sobre todos los de­ más que son cognoscibles sin la ayuda de la revelación divina; y son conocidos mediante la luz natural de la razón sin la partici­ pación de la evidencia experimental* y actúan como fundamento de todos los demás enunciados de conocimiento. Para referimos más fácilmente a ellos los denominaremos principios metafísicos o principios-M.

Aparte de estos principios fundamentales que se presuponen en cualquier enunciado de conocimiento, Descartes necesita algunos otros principios sobre la naturaleza de la materia para acometer la explicación de fenómenos tan diversos como la lluvia, el magne­ tismo, la refracción óptica, la circulación de la sangre, etc. Así, los principios-M actúan en cierto sentido como fundamento de la físi­ ca, lo son en el mismo sentido de la moral o de las matemáticas, y de lo que se trata es de lograr otros principios que sean especí­ ficos de la física, y éstos son los que llamaremos principios físicos o principios-F. * 4 5

(I, 182); Descartes a Mersenne, marzo, 1636 (I , 339); Carta de Introducción a las Meditaciones (V II, 1).

4 Para las nociones comunes y las verdades eternas, véase más arriba. 7;

Principie, IX-2, 35; VIII-1, 23; Le Monde, X I, 47; Conversation whit Bar­ man, Cottingham, p. 34.

5 Descartes concede que adquirimos los conceptos que usamos en las dis­ cusiones metafísicas por medio de la experiencia, Conversation whit Barman, página 3.

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La siguiente lista no pretende ser exhaustiva, pero incluye un ejemplo representativo de los presupuestos básicos sobre la mate* ría y el movimiento que Descartes presenta explícitamente como primeros principios de la física:

F l : La esencia de la materia es la extensión. (Por tanto, la ma­ teria es divisible indefinidamente, el espacio es idéntico a la mate­ ria, etc.)*.

F2: Hay tres tipos básicos de partículas materiales, y éstas son caracterizadas por sus propiedades geométricas y su cantidad de movimiento (IX-2, 128-9).

F3: El principio de inercia: «Cualquier cosa, en tanto que es simple e indivisible siempre permanece en las mismas condiciones sin cambio a no ser que intervengan fuerzas externas» (V III-1, 62).

F4: El principio del movimiento rectilíneo: «Ninguna porción de materia, considerada en sí misma, tiende a continuar su movi­ miento de forma curva, sino que lo hace en línea recta» (V III-1, 63). F5: El principio de conservación de la cantidad de movimiento: «Cuando un cuerpo en movimiento se encuentra con otro, si éste tiene menos fuerza para continuar en línea recta que el otro para oponérsele, entonces es reflejado hacia otro lugar manteniendo su movimiento, aunque pierda la dirección del mismo; sin embargo, en caso de tener más fuerza que el otro objeto, entonces lo mueve consigo mismo y pierde tanto movimiento como le transmite al otro cuerpo» (VIII-1, 65).

Empleando estos cinco principios-F como ejemplo de estudio y suponiendo el modelo aproximativo de trabajo de la metafísica que hemos delineado anteriormente, la cuestión que tenemos entre manos puede formularse ahora de forma más precisa: /en qué sentido afirma Descartes deducir lógicamente estos principios-F de los principios-M, y hasta qué punto lleva a cabo este proyecto con éxito?

§ 11. Física derivada de Metafísica

P. Costabel ha argumentado que la visión de Descartes de la relación entre la física y la metafísica varía desde una visión pro­

* Vid. Principia, Pane I, liii y Parte II , iv-xii; en una carta a More, fe­ brero 5, 1649, Descartes escribe: «Además, no estoy de acuerdo con Jo que usted muy benévolamente concede, a saber, que el resto de mis opiniones podrían sostenerse incluso si lo que he escrito sobre la extensión de la ma­ teria fuese refutado. Pues es una de las más importantes y, en mi opinión, mejor fundadas de mi física» (V, 275).

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visional y relativamente poco clara que aparece en su correspon­ dencia temprana, hasta una visión más estricta que se manifiesta en Las Meditaciones y en los Principia'1. Quizá es más plausible que la aparente rigidez o falta de claridad se encuentren tanto en la correspondencia privada como en su teoría pública. Para intro­ ducir la discusión de este problema sería útil examinar textos de las distintas obras publicadas, así como de distintos períodos de la vida de Descartes. La diversidad de formas en las que se expresa esta relación física-metafísica proporciona una evidencia lo suficien­ temente fuerte como para pensar que las indicaciones textuales no favorecen una interpretación única de la relación en cuestión.

Ya en 1630 Descartes indica que la física que proyecta debe depender, en cierto sentido, de un fundamento metafísico. En ese año escribe a Mersenne (15 de abril) a propósito de la metafísica:

Aquí es donde he intentado comenzar mis estudios; y puedo decirle que no he sido capaz de encontrar fundamentos sí no es buscando en esta di­ rección (I, 144).

El Discurso vuelve sobre el tema, en los textos citados ante­ riormente, con la sugerencia de que las otras ciencias toman pres­ tados (empruntent) sus principios de la filosofía (V I, 8-9, 21-22); aunque también hay una indicación bastante diferente, en la Par­ te VI, acerca de que los primeros principios de la física son tan auto-evidentes que Descartes podría ofrecer una demostración de los mismos si esto fuera necesario (V I, 68). En cualquier caso no indica si la demostración implicaría una derivación lógica de los principios a partir de otros principios metafísicos más generales, o si ésta se haría por otros medios.

Al principio de la Meteorología hay un interesante giro en el lenguaje de la demostración de los primeros principios de la física. En éste, Descartes escribe:

Es cierto que, ya que el conocimiento de estas cosas depende de los principios generales de la Naturaleza, según creo, los cuales aún no han sido explicados (expliqués), debo emplear algunos presupuestos al principio tal y como he hecho en la Dióptrica. Sin embargo, intentaré hacerlos tan simples y sencillos que no encuentren dificultad para creer en ellos incluso a pesar

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