La forclusión del Nombre-del-Padre es, en palabras del propio La- can “el defecto que le da a la psicosis su condición esencial en la es- tructura que la separa de la neurosis” (Lacan, J. 1957. p. 260). Volcán- dolo a las categorías topológicas establecidas en su teoría, este defecto podría deletrearse de la siguiente manera: el significante que ha sido rechazado [forcluido] en el orden simbólico, reaparece en lo real, en forma, verbigracia, de alucinación.
El resultado fundamental y radical de la forclusión sobre la estruc- tura se manifiesta en el cambio de lugar del significante y, sobre todo, en el estatuto primordial de lo que es excluido: “el Padre como símbolo o significante del Nombre-del-Padre, cuyo significado correlativo es el de la castración” (Chemama, R. y Vandermersch, B., 2010).
Es importante, en este punto, explicitar que no se trata de la falta del padre real, sino de la ausencia o carencia de la función simbólica del padre, esto es, del significante que introduce el corte, el límite, la ley; en otras palabras, la castración2. El advenimiento del padre simbó-
lico es, por tanto, precario o no tiene lugar como tal, de forma que el significante Nombre-del-Padre, encargado de inaugurar la cadena sig- nificante en el sujeto, no logra sustituir al significante del deseo de la Madre, de cuyo resultado se tiene que el sujeto permanece cautivo de una relación dual de inmediatez con la madre, que es excluyente y no admite un tercer elemento, por lo que no hay referencia a la instancia paterna.
Cuando la madre orienta su deseo hacia un tercero -el padre-, el niño descubre que la madre desea otra cosa (el falo) más allá de él mismo; cuando, merced a las ausencias y presencias de ésta, descu- bre que su deseo (el de ella) obedece a una falta que remite a ese ter- cer elemento, externo a la diada que han conformado, se desanuda la célula Narcisismo-Madre Fálica y se abre, entonces, el campo a la instauración de la operación simbólica de inscripción del significante del Nombre-del-Padre y de la Metáfora Paterna3. En esta operación,
que funda la estructura subjetiva, es la madre y su palabra la que de- termina la apertura hacia la sustitución significante que constituye el paso hacia el ingreso al orden simbólico, sustitución que es producto
2 “Tratemos de concebir ahora una circunstancia de la posición subjetiva en que, al llamado del Nombre-del-Padre responda, no la ausencia del padre real, pues esta ausencia es más que compatible con la presencia del significante, sino la carencia del significante mismo”. Lacan, J.“De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de las Psicosis” (1957) En “Escritos II”. 1975. Pg. 243.
3 “A través de la metáfora paterna, la función del padre introduce, en primera instan- cia, al niño en el registro que garantiza la autentificación simbólica; basta con que el significante amo Nombre-del-Padre no advenga en el proceso de esa sustitución metafórica, para que toda la relación que el sujeto mantiene con el orden simbólico resulte proporcionalmente perturbada”. Dor, Joël, “Introducción a la lectura de Lacan II” (1985) 2003. Pg. 30.
de una operación metafórica, y que consiste en reemplazar por el sig- nificante Nombre-del-Padre, a ese otro significante que es el deseo -loco- de la madre.
La carencia o falta del significante Nombre-del-Padre, trae como consecuencias, la imposibilidad o precariedad en el ingreso del sujeto al orden simbólico y al lenguaje, el no establecimiento del falo como significante primordial, y un fallo fundamental en la articulación de los tres registros. El fracaso de la represión primaria, a causa del no atra- vesamiento del complejo de Edipo determina la ausencia del sujeto barrado ($), sujeto del inconsciente, o sea del sujeto tachado por el significante de la Castración (Φ) (Dor, J. 1985, p. 29). La forclusión se presenta, entonces, como una grave alteración del orden simbólico y supone la no realización de la afirmación primordial (la Bejahung freu- diana) y la expulsión fuera del sujeto de aquello que debió ser simbo- lizado (la castración).
En su texto “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posi-
ble de las Psicosis” (1957), Lacan es enfático al señalar que la forclu-
sión implica un agujero en la estructura subjetiva, en el lugar donde debería ser convocado el significante fundamental: “La Verwerfung será pues considerada por nosotros como forclusión del significan- te. En el punto donde, ya veremos cómo, es llamado el Nombre-del- Padre, puede pues responder en el Otro un puro y simple agujero, el cual por la carencia del efecto metafórico provocará un agujero correspondiente en el lugar de la significación fálica”(p. 244), de esta forma y, puesto que el padre simbólico no puede desempeñar su fun- ción, no hay un corte, un límite, un “punto de almohadillado” que enlace significante y significado, de manera que el significante, como puro significante, campea en una remisión infinita, vaciado de sig- nificación; vale decir, entonces, lo que habla es lo real: El sujeto es hablado en la psicosis.
La Psicosis se despliega en el campo del significante y toda la feno- menología que la acompaña se inscribe en el registro del lenguaje: “el registro de la palabra crea toda la riqueza de la fenomenología de la psicosis, allí vemos todos sus aspectos, descomposiciones, refraccio- nes. La alucinación verbal, que es fundamental en ella, es precisamen- te uno de los fenómenos más problemáticos de la palabra” (Lacan, J. 1956, p. 57).
Para Lacan, como lo señala en el post-scriptum de su “Cuestión pre-
liminar” el desencadenamiento de la psicosis, el punto en el que el
agujero constitutivo de la estructura psicótica se manifiesta de lleno en la forma del deliro y la alucinación, tiene lugar cuando el sujeto es convocado por “un padre real, no en absoluto necesariamente por el padre del sujeto, por Un-padre”, esto es, que ese Un-padre, venga a ocupar el lugar donde el sujeto no ha podido llamarlo antes. Ese lugar sería, pues, el lugar tercero, el que vendría a ocupar ese Un-padre en la relación imaginaria establecida y cerrada entre el yo y su objeto (a´), y que sería la causa por la que la endeble armazón establecida dentro de la estructura psicótica del sujeto, se precipitaría en la deriva imagi- naria del brote. La falta del Nombre-del-Padre en el lugar al que ha sido emplazado, descubre el agujero que abre el significado y se “inicia la cascada de los retoques del significante de donde procede el desastre creciente de lo imaginario, hasta que se alcance el nivel en que signi- ficante y significado se estabilizan en la metáfora delirante” (Lacan, J. 1957, p. 262).
A continuación presentaremos el caso del poeta colombiano Raúl Gómez Jattin y, tomando como base el andamiaje teórico psicoanalí- tico del que hemos procurado ofrecer una pequeña y sintética reseña en las líneas que precedieron, trataremos de poner de manifiesto las circunstancias que llevaron al encuentro con ese padre real que pro- pició el desencadenamiento de su psicosis, y la consiguiente articu- lación de la metáfora delirante, en el lugar donde debería ejercer su función la metáfora paterna; así mismo intentaremos ubicar algunos puntos de anclaje relacionados con la historia de vida del poeta que nos permiten entrever también la preexistencia de la psicosis como estructura en su organización psíquica, tratando de establecer una diferenciación con algunas de las propuestas clínicas psiquiátricas de las que tuvimos noticia a este respecto y que caracterizan su “enfer- medad”, como una desafortunada coincidencia de factores ambien- tales y circunstanciales, entre los que cuentan la muerte del padre y el consumo de drogas, como el origen y la causa fundamental y primera de su esquizofrenia.