CAPÍTULO VIII VALORES INFANTILES
8.1-FORMACIÓN Y CARACTERIZACIÓN DE LOS VALORES EN LA ESCUELA Y EN EL HOGAR.
El problema de la formación de los valores tiene mucha actualidad por las propias necesidades del desarrollo social en este mundo globalizado. Variados son los enfoques que tratan de buscar una explicación a tan complejo problema, el cual puede ser conceptualizado desde diferentes ciencias al ser concebido desde el paradigma de la complejidad, pues todo intento de simplificarlo corre el peligro de desnaturalizar su propia esencia. En este capítulo del libro se intenta ofrecer diferentes criterios teóricos y metodológicos sobre la investigación y la práctica educativa en la formación de valores en la escuela y en el hogar con un enfoque psicopedagógico.
8.1-FORMACIÓN Y CARACTERIZACIÓN DE LOS VALORES EN LA ESCUELA Y EN EL HOGAR.
Formación de valores en la escuela y en el hogar.
No hay nada más dañino en las ciencias en general y en las psicopedagógicas en particular que pretender simplificar un fenómeno complejo por esencia.
El caso de la formación de valores constituye un buen ejemplo de ello, pues en no pocas ocasiones se ha pretendido investigarlos, e incluso aplicar criterios que, en aras de las urgencias de la práctica educativa, han provocado su vulgarización, y por ende, errores en su pretendida formación con los consiguientes resultados totalmente opuestos a los esperados. O sea, la vía más rigurosa y científica de profundizar en el mundo de la educación de los valores dentro del proceso formativo, es partir de posiciones epistemológicas que reafirman su carácter multifacético, complejo y contradictorio.
Multifacético porque posee muchas aristas, las cuales debes tener en cuenta en su interpretación, investigación y en la práctica profesional pedagógica.
Complejo porque no lo puedes reducir a los elementos que lo integran o intervienen en su formación, so pena de perder su propia esencia.
Y contradictorio porque con mucha frecuencia se obtienen resultados empíricos y teóricos que se niegan entre sí, lo que dificulta la obtención de regularidades fácilmente aplicables a la práctica.
Lo afirmado hasta ahora exige, ante todo, dejar bien delimitadas las posiciones teóricas de las cuales se parten para una conceptualización de este problema que evite los riesgos de la simplificación, del empirismo y de la vulgarización en la formación de los valores.
¿De qué posiciones teórico - metodológicas debes partir? El estudio científico de los valores debe preceder a su investigación y a su educación en los niños y niñas.
Se pueden considerar los siguientes elementos:
¿En qué sujetos deseas educar valores? Ante todo es imprescindible el enfoque ontogenético porque en tu caso educas niños y niñas. La etapa infantil plantea determinadas características generales que debes conocer y constatar si cada hijo tuyo es portador de ellas o no.
¿Qué valores posee el niño o la niña? Debes asumir que el niño trae de los niveles educativos por los que ha transitado en la escuela un nivel de desarrollo de su personalidad, y por tanto, determinados valores, los cuales hay que conocer antes de plantearse educarlos.
¿Cuál es su nivel de motivación? Como parte del diagnóstico inicial a cada hijo tuyo debes conocer el motivo o los motivos que lo impulsaron a seleccionar esa actividad que él realiza en un momento determinado y no otra.
¿Cuáles valores educar? Ante todo debes delimitar los valores trascendentes, los esenciales, de acuerdo con el modelo de hombre o mujer que quieras formar, para evitar de esa forma concentrar las influencias y no perder esfuerzos ni tiempo al intentar educar demasiados valores al unísono. Además, debes compatibilizar el enfoque analítico de los valores: considerarlos cada uno por separado, con el enfoque sintético: buscar la condicionalidad interna entre ellos, porque algunos se presuponen, al estimular la aparición de otros.
¿Cómo concebir a la personalidad de los niños y niñas? Es necesario adoptar una concepción científica de la personalidad de los niños y niñas porque las influencias educativas están dirigidas a formar una persona con determinadas características personales, dentro de las cuales se insertan los valores, concretados como cualidades de la personalidad que autorregulan conscientemente su conducta de manera permanente. Al valor hay que vivenciarlo, o sea, conocerlo y sentirlo como importante por parte del que lo posee, de lo contrario no se forma ni llega a regular la conducta.
¿De cuáles principios psicopedagógicos partir? La ausencia de principios que guíen la práctica educativa provoca un desmedido empirismo que lastra cualquier esfuerzo por obtener resultados en la educación de valores. Los siguientes principios son fundamentales:
Personalidad Holística y Configuracional. Unidad de la Actividad y la Comunicación. Unidad de lo Cognitivo y lo Afectivo. Unidad de las Influencias Educativas. Unidad de lo Colectivo y lo Individual. Unidad de lo Instructivo y lo Educativo.
Estos principios permiten diseñar el hogar de una manera más coherente y efectiva.
Caracterización de los valores en la escuela y en el hogar.
Existen diversas definiciones acerca de los valores, algunos autores lo consideran como el “significado social que se le atribuye a objetos y fenómenos de la realidad en una sociedad dada” (Rodríguez, 1993, p. 48), otros plantean que es una “energía moral de quien, dominando el temor y las otras tendencias inhibidoras de la acción, se muestra decidido y constante en las situaciones difíciles.” (Foulquié, 1976; p. 403).
En el Diccionario Filosófico de Rosental y Ludin se plantea que los valores no son más que las “propiedades de los objetos materiales y de los fenómenos de la conciencia social...” (Rosental, 1973; p. 477). La mayoría de los autores coinciden en afirmar que el valor es “la significación del objeto para el sujeto, o sea, el grado de importancia que tiene la cosa para el hombre que se vincula con ese objeto”. (Álvarez, 1995, p. 73). Los valores “caracterizan el significado de uno u otros para la sociedad, para la clase y para el hombre”. (Rosental, 1973; p. 477). “Los objetos materiales constituyen valores de distinto género porque hacia ellos se orientan los diversos intereses (material, económico, espiritual) del hombre”. (Rosental, 1973; p. 477). Ahora bien, “el valor no es objetivo solamente, ni subjetivo, es una dialéctica de los dos elementos” (Álvarez, 1995; p. 73), y se forma “en el proceso de la actividad práctica en unas relaciones sociales concretas” (Rodríguez, 1993; p. 48).
En este libro se parte de considerar el valor como un reflejo cognoscitivo a través de percepciones, representaciones, conceptos y proyectos de la realidad objetiva en la personalidad del niño, con una orientación afectivo - motivacional.
Ejemplo:
Patria: Realidad objetiva.
Patriotismo: Reflejo de la realidad objetiva (Patria) en el niño. El niño responde a ese valor, es Patriota.
El valor se forma y se fortalece sólo en la interacción sujeto - objeto y sujeto - sujeto, o sea, en la actividad y en la comunicación. De manera que debes fortalecer el intercambio afectivo con tus hijos, en el hogar y fuera de él.
EDUCACIÓN DE LOS VALORES
ACTIVIDAD COMUNICACIÓN (sujeto - objeto) (sujeto - sujeto)
Sólo si el niño refleja al objeto que le satisface y se orienta afectiva y motivacionalmente hacia él, convierte a ese objeto en un valor. Los objetos, teniendo en cuenta que existen independientemente del sujeto, se convierten en valores a medida que el niño entra en relación con ellos.
Ahora bien, el niño tiene diversas necesidades: Afectivo - motivacionales. Económico - laborales. Morales. Sexuales. Estético - culturales. Socio - políticas. Técnico - profesionales.
En su interacción con un determinado objeto o persona, el niño va descubriendo cómo se relaciona con sus diversas necesidades. Surge entonces la actitud hacia ese objeto, persona o institución, en dependencia de cómo esa realidad satisface o frustra sus diversas necesidades. El valor es el objeto de la actitud y es un motivo de la actividad.
NECESIDADES INTERACCIÓN ACTITUD (sujeto - objeto) (sujeto - sujeto) MOTIVO DE LA ACTIVIDAD Ejemplos:
Ante una pregunta al niño de si es responsable o no, él puede responder que sí lo es, y, sin embargo, no actuar con responsabilidad ante las tareas estudiantiles o del hogar.