EL ESTABLECIMIENTO DE UN NUEVO ORDEN EN LOS ANDES Avanza negra neblina, /del norte viene, / trae aire de muerte/ a paso de espada y cruz.
2.3. La formación de la base servil
Al intentar entender lo que significó para los grupos racializados la institucionalización de la diferencia, resulta difícil interpretar tales políticas como un intento de incorporarlos en condiciones justas al sistema español. Considerarlos vasallos70 sería ignorar los abusos cometidos y negar la paulatina usurpación de las tierras a quienes anteriormente fueron sus propietarios. Por otra parte, las intenciones que pueden haberse dirigido desde la metrópoli muy difícilmente pudieron ser acatadas en las colonias, por cuanto, como hemos mencionado, los grupos privilegiados habrían gozado de una autonomía que les permitió
abusar de su condición. Es pertinente, por tanto, considerar al grupo racializado en bloque
como la base servil71 del Estado Colonial, sin olvidar, desde luego, que los grupos provenientes de África si tuvieron el reconocimiento jurídico de esclavos.
Bajo esas condiciones, el reconocimiento institucional de las diferenciaciones habría
promovido identidades que asimilen los roles serviles en el gruporacializado, provocando
una desvinculación comunitaria que los lleva a una lucha por escapar o mitigar las condiciones de explotación del sistema colonial, mediante un proceso de individualización y enajenación72.
Impuesta la diferencia en el nuevo Orden, el Estado Colonial presta las garantías para que el sujeto privilegiado acuda a las
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permitió asignar roles esclavistas74; desde luego que también el Estado Colonial proveyó al
grupo privilegiado de esclavos africanos75 para reforzar la fuerza de trabajo que fomentó el poder económico de la aristocraciacolonial76.
Debido a la indisposición del noble para los trabajos forzados, ya que sus labores deben orientarse a su misión de difundir la palabra de Dios y civilizar a los salvajes, se justifica la asignación de roles serviles en el conglomerado racializado para evitar aquellas tareas consideradas
Español habría invadido la comunidad indígena para forzar al mitayo a condiciones serviles bajo la dirección del terrateniente español79.
Desarraigado el negro e intervenido el indígena, se encuentran ahora bajo la disposición del grupoprivilegiado; dejando a lo blanco no solo como referente de verdad y poder, sino que también ha logrado que los roles serviles sean asignados desde la mirada de quien detenta ese poder: una asignación de un mandato simbólico, de tal forma que, quienes realizan las tareas consideradas
40 Bajo este esquema, el tributo desencadenó cambios a nivel social, económico, político y cultural en los Andes; de tal forma que, las diferenciaciones resultantes devinieron identidades estructurales que perduraron más allá del período colonial80: el blanco
alejarse de su colectividad para doblegarse ante las ambiciones del terrateniente85. En esa
forma, el racializado se encuentra sujetado simbólicamente a una posición en detrimento,
42 1989: 37), se encuentran ahora facultados por ellos mismos para construir su propio beneficio87. Con el consentimiento institucional y motivado por su deseo, este grupo privilegiado puede al fin ver en la hacienda una materialización de la tan ansiada autonomía88.
Es entonces que la hacienda puede ser entendida como la oportunidad histórica del blanco
para poder eludir su compromiso con la divina misión de sus antecesores, e inscribirse en una búsqueda desmedida de poder y reconocimiento. Esta atribución sería posible ya que la instauración de la diferencia ha permanecido, de manera estructural, en la conciencia del
amo, quien ahora reclama el derecho promulgado en el Requerimiento89 de su padre para
justificar la explotación y control absoluto sobre la masa servil. Bajo esa perspectiva, y concordando con Frank Salomon, es posible entender cómo el terrateniente inicia
La supuesta igualdad jurídica92, que se pregona en el concertaje93, resulta desdibujada por
la manipulación que se permite hacer el latifundista94 para explotar al racializado; dicha facultad, basada en su condición privilegiada gracias a la perpetuidad de la diferencia al interior de la hacienda, habría trascendido la estructura temporal de la Colonia y permanecería viva en la conciencia del terrateniente95. Más aún, aquel poder de decidir
sobre la vida del Otro, en ese espacio autónomo, se presenta como síntoma ante el armónico relato del período colonial, y toma una forma, en tanto que evidencia viva,
cuando asistimos a la presencia del peón: como materialización de ese poder desmedido.
Esta facultad de manipular la vida muestra una vinculación automática entre la identificación del terrateniente con una jurisdicción particular. Pero esta conexión habría
trascendido el período colonial en la memoria del blanco: Olaf Kaltmeier lo caracteriza en
la hacienda republicana, a través de la definición foucaultiana de biopolítica96 para referirse al dominio, promovido desde el Estado, que faculta de un poder soberano al
hacendado sobre la vida de los indígenas. (2008: 18). Este derecho, en el contexto de la Colonia, se reconoce, siguiendo a Foucault, en la forma representada por la espada:
44 Ante ello, podemos advertir una contradicción entre el ejercicio irracional de ese poder con la moral cristiana predominante en esa época: con aquellos cánones que hablan de caridad, amor y atención al necesitado. A pesar de la contradicción, el terrateniente logra una identificación con esa soberanía, evadiendo su compromiso moral, gracias a que su posición privilegiada se encuentra sustentada en la asignación de su rol primigenio, como indicativo de autoridad y verdad. No obstante, la atribución soberana del blanco se debe también a la conexión con el interés real del nuevo Orden, como objeto de deseo del
imperio y también particular del latifundista: riqueza y reconocimiento; de tal forma que,
ese interés le habría permitido atravesar la fantasía moral de la evangelización para buscar la satisfacción de su deseo: deseantes, Corona y aristocracia local, han expuesto lo inútil e innecesaria de su misión.
Por otra parte, el indígena habría experimentado un desconocimiento hacia sus referentes
de autoridad, ya que aquellos líderes que otrora fueron objeto de su reconocimiento, ahora se encuentran alineados con el poder blanco para abusar de la autonomía con la que cuentan en el espacio de la hacienda, a través de la estructura de explotación privada del obraje98. Ese desconocimiento implica también un proceso de
Pero además, dicha identificación significó también una atribución de aquel poder soberano arrogado al terrateniente transmitido también a la figura del ayudante noindio al interior de la hacienda. Dicha figura podemos encontrarla en los roles de mayordomos y arrendatarios de la hacienda republicana descrita por Olaf Kaltmeier, quienes tendrían, consiguientemente, facultades para agredir y violar, en un poder que se ejerce sobre la vida del indígena (2008: 41). Con ello, la hacienda habría promovido la atribución de la
aristocracia terrateniente como soberana, en virtud de la posesión de los medios de
producción y su distinción social simbólica en tanto que blanco, como argumento
facultativo que les permite decidir la suerte de los serviles; mientras que, otro grupo se beneficia de una prolongación de ese poder soberano, como empleado de la hacienda, y
ocupando un lugar de blanqueado en la red simbólica. Estas distinciones facultaron a los
propietarios y sus empleados al libre ejercicio de la violencia irracional, a fin de reprimir cualquier intento de desconocimiento de dicha atribución100.
Más aún, la institución de la hacienda significó la perpetuidad de los roles serviles en el
indio y negro: siguiendo a Manuel Miño Grijalva, esta continuidad significó el paso de
mitayo acosado por hacendados y obrajeros, a peón alejado de la comunidad y permanentemente retenido en la autonomía de la hacienda (Ayala ed., 1991: 74)101. Esta asignación de roles serviles representa, en el orden simbólico, una asimilación de mandatos inhumanos en las identidades de aquellos que han sido objeto de racialización al interior de la hacienda. De ahí que el peón vino a ser considerado como un animal más en este reducto102: ajeno a la justicia del Orden impuesto103 y sometido al referente blanco en el
100 Olaf Kaltmeier nos recuerda que aún en el período democrático, siendo presidente León Febres
Cordero, los terratenientes continuaban ejerciendo la violencia irracional, cuando una familia de hacendados habría acudido a la contratación de paramilitares para someter las demandas indígenas en Yanaurco (2008: 116).
101 Desde luego que esta sujeción, según Hugo Arias, fue facilitada institucionalmente a través de la
prisión por deudas, que forzaba a los conciertos a trabajar indefinidamente bajo la antojadiza voluntad de los terratenientes (Ayala ed., 1991: 210)
102 El trato inhumano se mantiene como herencia de esta diferenciación promovida desde la
hacienda. Olaf Kaltmeier recoge el testimonio del dirigente Rafael Quintero, quien describe las agresiones irracionales dirigidas sobre los indígenas en la hacienda del siglo XX, donde, desde luego la impunidad y la posibilidad de reclamar esas agresiones muestra el poder autónomo que se ejerce en ese espacio de explotación privado:
46 universo simbólico. Es por ello que la presencia del peón sugiere la constatación del resultado de esta diferenciación promovida en el proyecto
Por su parte, la diferenciación originaria establecida con la separación de las repúblicas
toma de momento una condición ontológica. El sujeto privilegiado justifica su condición
48 degradando los principios que motivaron su viaje, y evidenciando sus sentimientos más escondidos por lo que tiene en frente: esta conducta logra una autonomía en la hacienda privada del terrateniente, donde ejerce un poder soberano sobre el racializado.
Resultado de las atribuciones del blanco, se encuentra un eco en un nuevo sujeto que se va
configurando en el universo simbólico. El blanqueado, ayudante del sujeto privilegiado, apuntando a la aprobación del referente y negando su origen, se encuentra inicialmente en
los caciques que forman parte de la burocracia tributaria, y se prolonga en el mayordomo y