2. La amistad y sus valores
3.2 La formación: la traducción
Otra manifestación de la Academia es la traducción, como ayuda al estudio. Aunque en este caso su ejercicio ocupará toda su vida. En el caso de Blanco-White, su tarea como traductor cobra mayor importancia en los últimos años de su vida con sus publicaciones en el Mensajero de Londres o Variedades.
La traducción debe ser considerada estudio. Un ejemplo de ello es el concurso literario sobre la obra de Milton El Paraíso perdido que la Academia promovió y convocó. Vieron en la traducción la posibilidad que veía su tiempo. Incluso la misma traducción puede considerarse en ciertos casos ejercicio de amistad entre el traducido y el traductor o entre las naciones. Siempre es ejercicio de sociabilidad en la gran tertulia del mundo. La traducción es un influjo amistoso de una nación sobre otra. Mantiene la igualdad entre los dos.
Nuestros autores, como hombres cultos, sintiendo la necesidad de superar las limitaciones que se encontraban en la producción patria, estaban interesados en conocer la producción cultural de los países vecinos. Francia esté muy presente en la vida cultural de este siglo, de manera especial en los dos primeros tercios del siglo. Señalemos que su presencia no es única, puesto que debemos considerar a toda Europa como creadora de cultura y exportadora de la misma. Nos encontramos con la presencia de Alemania, Inglaterra e Italia.
Quizás debiéramos hablar con mayor propiedad y afirmar que más que presencia o influencia de unos países sobre otros, estamos ante la influencia de unos hombres sobre otros. Debiéramos aplicar el principio de sociabilidad a la gran tertulia del mundo, para encuadrar justamente el ejercicio de traducir y su efecto la obra traducida. La primera realidad digna de ser reseñada es que la España del setecientos se nos presenta como un país abierto a la influencia de sus vecinos. Ha superado la cerrazón de la contrarreforma. Ha comprendido que no es tiempo de buscar la salvación por sí sola. O al menos lo han comprendido la elite de los literatos, de los hombres con cultura. He aquí una de las causas para que en esa gran tertulia también participe España, y en ella escuchará y discutirá con un Locke, un Descartes, un Voltaire, un Kant, un Pope, un Burke, un Condillac, un Batteux, etc.
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Otra realidad digna de ser tenida en cuenta es el cambiante panorama literario con cuatro marcadas direcciones: una primera anclada en el barroquismo y lo tradicional, una segunda que se deriva del Neoclasicismo francés y gusta de lo italiano; la ilustrada o de crítica e investigación, y la de la sensibilidad. Nos situamos en un siglo en movimiento. Sirva como ejemplo de esta situación las famosas polémicas que se dan entre los escritores.
La primera consecuencia de ello es la búsqueda de legitimación de las ideas propias en otras culturas. En la segunda mitad del siglo la influencia preeminente es la francesa con su Ilustración, pero no la única. Alemania se hace presente con su música. Inglaterra comienza a ser una nación admirada. Con la llegada de la Revolución Francesa todo cambia:
Estos reformadores, desde Jovellanos hasta Cabarrús, incluyendo a Cadalso, no querían alterar el orden establecido. Creyeron que por medio de la educación conseguirían las reformas deseadas. Nunca se propusieron crear nuevas instituciones, sino la utopía tan hispánica de crear nuevos hombres. La revolución francesa significaba un cambio demasiado violento; el pueblo se había sublevado, y los “revolucionarios” españoles le tenían un desprecio muy grande a aquel “vulgo idiota” como para admitir la soberanía popular que personalizaba la revolución (Zabala 1966: 56).76
Señalemos como ejemplo de ello, aunque ya en el siglo siguiente, las polémicas de Blanco con Quintana por la Constitución de Cádiz. Los dos liberales, pero Blanco más radical.
La Revolución Francesa había puesto en marcha una idea política no sólo pensando en Francia sino también en los países vecinos. Esta elite cultural se siente amenazada ante la posibilidad de que estas ideas lleguen a España. Los ilustrados españoles se ponen a la expectativa; “y una vez más utilizará[n] la poesía, el medio artístico, para contrarrestar la fuerza que pudiera desencadenar la revolución en la España del momento. Una vez más la poesía es arma didáctica, e instrumento de control” (Zabala 1966: 56). Poco a poco van acercándose a Inglaterra, de manera especial a partir de 1794 por las luchas con Francia, y así al final de siglo nos encontramos a Jovellanos, Blanco White y Quintano relacionados con Lord Holland.
En este contexto se subraya de manera especial la doble característica que adorna el ejercicio de la traducción, una ad intra y otra ad extra. No sólo sirve para enriquecer
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la cultura propia sino que también sirve para afirmarla. La traducción ayuda a delimitar la realidad nacional; contribuye a la construcción del concepto de nación. Y en esta época en la que la política es europea, se nos presenta más necesaria que nunca. Se comparten ideas y como diálogo entre amigos se avanza en la virtud:
Si hablamos, pues, de traducción, nuestra mirada se dirige por supuesto hacia los literatos como grupo social, del que proceden, en su mayor parte, los traductores. Para este grupo cuyo oficio, según su propia opinión, es la realización (estética) de procesos comunicativos en un marco nacional, la actividad de malos traductores, responsables, siempre según la misma opinión, de la enajenación y la decadencia de la sociedad española del siglo XVIII, constituye un importante reparo en cuanto a la imagen pública de los miembros de la República de las Letras in statu nascendi. La exigencia, a menudo fomentada por los literatos, de una profesionalización de la actividad literaria y, en consecuencia, de una mejora del nivel de la traducción, tiene por objeto último la consolidación y autonomía de la República de las Letras; sin embargo, pudo ser presentada asimismo como la contribución de los literatos al proceso de formación de una identidad nacional en el contexto europeo (Gelz, 2001: 90-91).
La traducción, por tanto, ocupa un papel muy importante en la creación de sociabilidad. Ayuda a definir la sociedad; más en una sociedad como la del XVIII en donde todo tenía que acabar en la plaza pública de las tertulias.
Así mismo aporta su importancia y problemática en la formación y significación de la República de las Letras que nos ocupa, la de la segunda mitad del XVIII y principios del XIX. Blanco-White llegó a escribir: “Capmany, probablemente nuestro mejor prosista y filólogo vivo, insiste en adoptar las palabras y los giros de los autores del siglo XVI, la Edad de Oro (…) en tanto que los traductores madrileños parecen empeñados en convertir el idioma español en un dialecto del francés, en una especie de patois ininteligible a las dos naciones” (Casanova, 2000: 32). Echaba la culpa del afrancesamiento de la cultura española a finales de siglo, entre otras cosas, a las traducciones por su importancia en la construcción del pensamiento, también el nacional. Esta denuncia de Blanco pone el acento sobre el peligro que se corría con un ejercicio de la traducción poco discriminado.
Nuestros autores se sirvieron de las traducciones para adquirir su conocimiento de las Bellas Letras, para abrirse a esa cultura nueva, a ese pensamiento que venía de Europa. Blanco White y Alberto Lista, no solo se sirvieron de ella sino que ellos mismos la practicaron. De Reinoso no conocemos ninguna traducción, in sensu litterali, pero podemos considerar su obra más conocida y más importante La Inocencia Perdida un ejercicio de traducción libre, o dicho de forma más sincrónica,
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un ejercicio de traslación, de adaptación. La traducción les ayudó a “traducirse” ellos mismos, les facilitó el paso de un mundo dogmático y mágico a un mundo natural y real. Con sus traducciones enriquecieron su propia República de las Letras. De esta idea participa también Tomás de Iriarte, según nos comenta Gelz en su estudio:
Para que se formen hombres de doctrina y gusto, es menester adoptar lo bueno de los Estrangeros, porque es difícil que de repente adelantemos lo que ellos, sin imitarlos; y para esto seria preciso traducir bien los mejores libros elementales. Esta es nuestra mayor necesidad (2001: 99).
Esta premisa la siguieron nuestros amigos desde el principio. Entendieron la importancia de la traducción.
No nos falta ingenio, si no libros que le guien, le enriquezcan, le rectifiquen, y le abran sendas que él por si solo no puede descubrir sin ayuda del estudio. Esto está casi hecho entre los Estrangeros: solo resta trasladorlo a nuestro suelo, alterando, quitando y añadiendo con libertad lo que convenga; de suerte que unos traductores juiciosos y no serviles, lejos de corromper nuestra lengua y hacernos en todo medio Estrangeros, como sucede con muchos que hoi salen aluz, evitarían la decadencia de nra. Literatura (2001: 99).
Haciendo nuestro este texto se nos hace comprensible la importancia que la traducción de obras extranjeras tuvo en el siglo XVIII como actividad que ayuda en la construcción de la identidad nacional. Ayuda en la comprensión de lo que debe ser una nación y abre las puertas al nacimiento de una conciencia burguesa. Algo natural por su inherente sociabilidad. A nosotros nos interesa para comprender mejor su papel en la restauración de la Republica de las Letras y el papel que desempeñará en la posterior evolución de nuestros autores. La traducción, en el fondo, está detrás de las diferentes ideas poéticas que presentarán nuestros autores.
Ello hace necesario apropiarse de las obras extranjeras.77 Esta apropiación es lógica, ya que el proceso comunicativo que se da entre el texto original y el traductor, y luego entre la traducción y el nuevo lector hace que la obra resultante sea diferente. Fenómeno percibido tanto en la traducción literal, como en aquella que podríamos denominar libre. Toda traducción es una adaptación, la adaptación de una obra singular concebida en un espacio concreto a otro espacio diferente. Si ese proceso de adaptación resulta logrado porque su argumento, estructura y contenido –su coherencia interna- no es estridente, es aceptado dentro de las nuevas coordenadas socioculturales,
77 Idea ésta muy diferente a la que subyace en la idea de traducción-nacionalización de Urzainqui (2001-
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entonces será cimiento patrio en la constitución del Buen Gusto. No en sí mismo, sino en los frutos que produce en el campo de la educación.
A esta apropiación de la obra, en ese ambiente cultural del XVIII, le tendremos que otorgar una finalidad: que sea útil en el cultivo de las Buenas Letras, porque el
Docere delectare horaciano es su máxima. Luego para la traducción en ese tiempo, lo importante es que temática y finalidad sean concordes en las dos lenguas. La forma, el ornato literario, que sea lo más parecido posible, pero sin traicionar la “musicalidad” de la lengua a la que es traducido.
En definitiva, estamos en presencia de lo que era la tendencia –que no norma de obligado cumplimiento- en el siglo XVIII, a la hora de trasladar un TO a una LM, adaptándolo a la realidad sociocultural del recepto, y con un estilo familiar al mismo, realizando todas aquellas modificaciones que sean necesarias para acomodarse a este fin, y que, además de deleitar, sirvan de instrucción al lector (Pajares y Romero, 1993: 139).
Como resultado de lo afirmado, notamos lo difuminados que aparecen los límites de la traducción. Esta característica permite a cada traductor posicionarse de manera diversa ante la obra, dependiendo en gran manera de los criterios que acate y de los objetivos buscados. Esto provoca que convivan diferentes tipos o modelos de traducción. Si esto ha ocurrido a lo largo de los siglos, con más fuerza ocurre en el siglo XVIII.
Urzainqui (2002: 623-637) propuso una tipología78 que ayudara a clasificar las traducciones del XVIII, atendiendo a su finalidad, que podía pasar desde la recreación a la restitución, pasando por la traducción-traducción, y “en este sentido se delinean dos opciones básicas y fundamentales: la de la traducción fiel, exacta y puntual, respetuosa al máximo con el original, y la de la traducción libre, que, acorde con una voluntad de respetar antes que la letra el sentido y "calidad" de las lenguas, y siguiendo
78 La tipología presentada por Urzainqui (2001: 624).
1. traducción-—restitución 2. traducción-—selección 3. traducción-—abreviación 4. traducción-—acumulación 5. traducción-—corrección 6. traducción-—nacionalización 7. traducción-—generalización 8. traducción-—actualización 9. traducción-—recreación 10. traducción-—traducción 11. traducción-—paráfrasis 12. traducción-—continuación
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la teoría y práctica más autorizada entre los clásicos y buena parte de los modernos franceses e ingleses, procede con un margen mucho más generoso de recreación léxica y estilística (637). La mayor parte de los traductores de obras literarias seguían los cauces de la traducción libre, porque de esta manera no dañaban la lengua castellana y mantenían la belleza del original. Baste con recordar aquellas palabras de Blanco White, ya citadas en este trabajo, “los traductores madrileños parecen empeñados en convertir el idioma español en un dialecto del francés, en una especie de patois ininteligible a las dos naciones”(Casanova, 2000: 32).
Lo que queda claro es la importancia que tuvo la traducción, y lo muy valorada que estuvo por aquella sociedad que hizo de su presencia en las tertulias una herramienta útil en la gestación de la República literaria, “es de la tertulia de donde salen los traductores; ella representa el público en cuyo desarrollo influye la traducción, y es el lugar en que se discuten las modalidades de ésta y se valoran sus resultados” (Gelz, 2001: 92)
A esta valoración de la traducción contribuye la prensa periódica que en esos momentos está viviendo un gran auge, y se presenta como medio a través de la que difundirse o comerciarse. No perdamos de vista la profesionalización de los escritores.
La prensa periódica contribuyó a la difusión de algunas de estas obras, obviamente de modo fragmentario por las propias características de la publicación, pero continuo, aunque es cierto que algún periódico, como el Espíritu de los mejores diarios literarios que se publican en Europa, se nutrió básicamente de traducciones, ya sea de obras literarias o científicas, ya de artículos aparecidos en la prensa extranjera (García y Lafarga, 2009: 71).
Tampoco nosotros hacemos olvido de la dedicación periodística de nuestros autores, y su profunda implicación política y literaria en los mismos. A la que unieron su más que meritoria labor de traductores que ya comenzó en su etapa de juventud. Así las Actas nos ofrecen la siguiente información:
De Blanco:
- Alexis. Drama pastoral/ TRADUCCIÓN entregada en la Academia el 31 de enero de 1796
- Canción de la Alborada, TRADUCCIÓN libre de Gessner, leída el 29 de septiembre de 1799.
- Dafnis. Idilio de Gessner, TRADUCCIÓN libre, leída el 20 de octubre de 1799. De Reinoso
- Podemos considerar como TRADUCCIÓN libre su obra La Inocencia Perdida.
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De Alberto Lista
- Oda. TRADUCCIÓN de la de Horacio: Sic te Diva potens Cypri, leída el 11de octubre de 1795
- Sonetos, leídos el 11 de octubre de 1795:
TRADUCCIÓN de uno del Taso.
TRADUCCIÓN de otro del Marqués de Orsi. TRADUCCIÓN del Zappi.
TRADUCCIÓN del Abate Leonio.
TRADUCCIÓN del Marqués Bentivoglio.
- El Imperio de la Estupidez, TRADUCCIÓN libre de la Dunciad de Pope, en 1798.
- Diálogo segundo de La maniére de bien penser, TRADUCCIÓN libre, en 1798 - También convendría señalar su adaptación titulada, La Inocencia Perdida. Otra fuente de información es la magna obra de Menéndez Pelayo Biblioteca de los traductores españoles (1952-53: 336-343) Conviene aclarar que este listado recorre toda su vida y que dejamos fuera las traducciones de los clásicos. En esa fuente de información encontramos las siguientes composiciones traducidas:
Líricas profanas
- La Seguridad, TRADUCCIÓN de Leonard Poesías Filosóficas
- A la Sabiduría, TRADUCCIÓN libre de Richardson.
- Poder de la imaginación en el sueño, TRADUCCIÓN de Delille. - La belleza (soneto 184), TRADUCCIÓN de Petrarca.
- La Timidez (soneto 9), TRADUCCIÓN de Petrarca. - La Querella (soneto 188), TRADUCCIÓN de Petrarca. - La Noche (soneto 131), TRADUCCIÓN de Petrarca. - Regalo a una nueva esposa, TRADUCCIÓN del Bondi. - La necedad, TRADUCCIÓN del italiano.
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- El sol y la vida, TRADUCCIÓN de un soneto inglés de Blanco White. Mysterious night | when our first parent knew.
Poesías amorosas.
- El convite del pescador, TRADUCCIÓN de Metastasio. - La ausencia, TRADUCCIÓN de Leonard.
- Venus buscando al Amor, TRADUCCIÓN del Tasso. Romances.
- El respeto, TRADUCCIÓN del inglés.
- La Primavera, TRADUCCIÓN de Metastasio. Idilios.
- A un árbol, versión del francés. - El sueño, versión del francés
- El primer amor, TRADUCCIÓN de Metastasio.
Epigramas.
- Son traducidos del francés el segundo y tercero (La Despedida. La fácil) y del italiano el séptimo (Al Amor), todos anónimos.
- Piezas escogidas de los poetas rusos, traducidas al inglés por el Sr. Juan Bowring (versión del inglés de varios fragmentos). Los trozos traducidos son dos: el primero, la invocación del traductor inglés; el segundo, un magnífico canto a Dios.
- Geórgicas portuguesas de Luis da Silva Mozinho de Alburquerque (traducción de varios fragmentos). Son seis, a saber:
1.º Dríadas tiernas que del nuevo tronco... 2.º En la cima escarpada de alto monte... 3.º Cantemos ya la ley con que la tierra... 4.º Llega la hermosa y fresca primavera...
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5.º Allá do encorva Cancro ingentes brazos... 6.º Mas al fin siente el buey, perpetuo esclavo...
- El Imperio de la Estupidez, TRADUCCIÓN LIBRE de la Dunciada, de Pope. No hemos señalado las traducciones de los autores clásicos antiguos, por no ser su inclusión pertinente en lo que estamos exponiendo.
En esta obra Menéndez Pelayo no dice nada ni de Reinoso, ni de Blanco White. Llama de manera especial la atención el silencio sobre Blanco-White. No lo considera autor español en su actividad en Londres. No tiene en cuenta la actividad traductora llevada a cabo por nuestro autor en El Mensajero de Londres o Variedades. También llama la atención que no cite la traducción del Enfermo de Aprehensión, que atendiendo a la edición preparada por Gómez Imaz (1891) era de Alberto Lista y fue dedicada al mariscal Soult en el verano de 1812 como confirma Juretschke (1951: 65).
Volviendo a Blanco, según el estudio realizado por Torralbo Caballero (2009: 243), podemos encontrarnos con un traductor del inglés:
- Égloga al Mesías, TRADUCCIÓN de Alexander Pope, en Sevilla.
- Sobre la retirada de los franceses de “Santarem”, publicado en Variedades en 1820 (Londres).
- Las cuatro traducciones de fragmentos de Shakespeare, publicadas en Variedades en 1823.
Parlamento de Mowbray, duque de Norfolk. (Ricardo II).
Dos fragmentos de Hamlet.
Siete versos del Twelfth Night el 7 de febrero de 1840.
Torralbo, a continuación, estudia las traducciones que hace del español al inglés. Son interesantes por ser testigos de su evolución poética y de su competencia como traductor, pero no son pertinentes para nuestro trabajo, en este apartado. Más adelante nos serán de utilidad para comprender su evolución estética.
Una vez conocido su ejercicio traductor, conviene señalar que Alberto Lista, a la hora de traducir se acercará al patrón de la traducción-nacionalismo, según las categorías propuestas por Urzainqui (2002: 633).79 Las modificaciones que realiza son
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para que la obra se entienda mejor, porque su finalidad es moral. El mismo nos lo afirma en su introducción a la oda A la Sabiduría: “a los españoles interesa muy poco