1. SITUACIÓN ACTUAL DEL SECTOR VACUNO
2.2. INFLUENCIA SOBRE EL CONTENIDO Y TIPO DE ÁCIDOS
2.2.3. FORRAJE Y CONCENTRADO
Numerosos autores, han estudiado el efecto de la alimentación sobre la composición de los ácidos grasos de la carne de los terneros, alimentados con forraje o concentrado. Los animales alimentados con pasto en su periodo final de cebo presentan en el músculo un porcentaje similar de SFA, una menor concentración de MUFA y un porcentaje más alto de PUFA, que los animales engordados en su periodo final con concentrado (Realini et al., 2004).
French et al., (2003), señalan un aumento significativo del CLA cis-9, trans-11 en el músculo de terneros cruzados alimentados con pasto (1,08% del total de ácidos grasos) durante 85 días, comparados con animales que recibieron una dieta a base de concentrado (0,37% del total de ácidos grasos). Igualmente, Dhiman, (2001), y Poulson et al., (2001), observaron un aumento significativo del C18:2 cis-9, trans-11 CLA en el músculo de terneros cruzados alimentados solo con forraje y pasto sin suplemento de grano. French et al., (2000), observaron que en la carne de los terneros alimentados con pasto el porcentaje de CLA es tres veces mas alto, que en animales engordados con dietas altas en concentrado. De la misma manera, Shanta et al., (1997),
también encontraron valores mayores de CLA para los animales alimentados solo con forraje a diferencia de los terneros que recibieron dietas con concentrado y forraje.
Duynisveld et al., (2002), encontraron un mayor porcentaje de CLA (mg/100 mg de carne) en los animales finalizados con pasto que en los terneros alimentados con silo y concentrado (60:40). Esta conclusión coincide con la obtenida por French et al, (2000), que observaron que al suplementar con soja machacada las dietas finalizadas con pasto se aumentaba el contenido de CLA y de la grasa total de la carne.
Nuernberg et al., (2005), observaron un aumento del contenido de CLA cis-9, trans-11 de 0,5% a 0,75% en los terneros de raza German Holstein y German Simmental alimentados con pasto, a diferencia de los que recibieron dietas basadas en concentrado. Steen y Porter, (2003), indican que el contenido de C18:2 cis-9, trans-11 CLA en el músculo de terneros finalizados con pasto es tres veces mayor que los alimentados con concentrado. Shanta et al., (1997), encontraron diferencias en el contenido de CLA en el músculo Semimembranosus entre animales que recibieron pasto (7,7 mg CLA/g de lípido) y otros alimentados con una dieta basada en forraje y concentrado (5,2 mg CLA/g de lípido). Rule et al., (2002), encontraron en el músculo Longissimus dorsi diferentes valores de C18:2 cis-9, trans-11 CLA entre animales que recibieron pasto (4,1 mg de C18:2 cis-9, trans-11 CLA /g de lípidos) y terneros alimentados con un sistema “feedlot” (2,6 mg de C18:2 cis-9, trans-11 CLA /g de lípidos).
Los porcentajes de los ácidos grasos de C8:0 a C12:0 fueron similares en los tejidos adiposos de los músculos Semitendinosus y Longissimus dorsi de los animales alimentados con forraje y los que además de forraje recibieron cereales (Poulson et al., 2004). Sin embargo, Realini et al., (2004), observaron que el contenido de ácidos grasos del Longissimus dorsi de los animales que recibieron concentrado en el periodo final de cebo (3,18 %) fue el doble que el de los alimentados con pasto (1,68%). Los resultados son similares a los obtenidos por Yang et al., (2002), que encontraron un porcentaje de ácidos grasos de 3,63 % para los animales alimentados con concentrado y 1,71% para los que recibieron únicamente pasto.
French, et al., (2000), observaron que la cantidad de CLA del Longissimus dorsi para los animales alimentados con pasto fue de 10,8 mg CLA/g de lípido a diferencia de los terneros que recibieron una dieta basada en forraje-concentrado que presentaron un valor de 3,7 mg CLA/g lípidos. Shantha et al., (1997), señalan que el contenido de CLA en el músculo Semimenbranosus fue mayor para los animales alimentados solo con pasto comparados con los que comieron pasto con cereales. Para animales alimentados con forraje los ácidos grasos predominantes en el músculo Semimembranosus son el C18:3, C20:5, y C22:6 mientras que en el grupo alimentado con concentrado los ácidos grasos con mayores proporciones son el C18:2 y el C20:4 (Scollan et al., 2001; Vatansever et al., 2000).
Los niveles en el tejido adiposo subcutáneo de los ácidos grasos, del C8:0 a C16:0, C18:1 trans, C18:3 cis-9, cis-12, cis-15, C18:2 cis-9, trans-11, C18:2 trans-10, cis-12 fueron mayores en los animales que recibieron solamente heno de alfalfa en todo el periodo de adaptación, que en los terneros alimentados con heno de alfalfa y cereales (Poulson et al., 2004).
Poulson et al., (2004), observaron que los ácidos grasos C14:0, C15:0, C16:0, C16:1, y C17:1 presentaron valores más altos en el músculo de los animales alimentados con forraje y cereales, comparados con los animales que solo recibieron forraje en su dieta, o animales que además de comer forraje y concentrado habían recibido un suplemento de CLA sintético. Los terneros que recibieron concentrado en su periodo final de cebo presentaron en la grasa intramuscular porcentajes más altos de C14:0, C14:1, C16:0, C16:1, C18:1, que los terneros alimentados con pasto (Realini et al., 2004).
Realini et al., (2004), observaron que los terneros que recibieron dietas a base de pasto en su periodo final de cebo presentaron porcentajes más altos de C18:0, C18:2, C18:3, C20:4, C20:5, C22:5 en la grasa intramuscular que los animales alimentados con concentrado. Otros autores señalan que los animales alimentados con pasto en su periodo final presentan porcentajes más altos de C18:0, C18:3, C20:4 en el tejido
En terneros y corderos las concentraciones de C18:3 y C20:5 en los fosfolípidos del músculo son más altas cuando los animales han consumido forraje, que con dietas basadas en concentrado. En dietas con concentrado el ácido graso predominante es el C18:2, ya que el forraje tiene más C18:3 y las semillas más C18:2 (Enser et al., 1998; Fisher et al., 2000; Marmer et al., 1984).
French et al., (2000), no observaron diferencias significativas en la concentración de C18:0 en el tejido intramuscular de animales alimentados con diferentes niveles de forraje y cereales. Por el contrario, Melton et al., (1982a), señalan que los animales alimentados con forraje en su periodo final cebo tienen concentraciones más altas en su tejido intramuscular de C18:0 comparados con terneros que han consumido dietas altas en cereales y bajas en forraje.
En un trabajo realizado por Poulson et al., (2004), observaron un porcentaje más alto en el tejido adiposo subcutáneo de los isómeros trans del C18:1 en animales alimentados solo con forraje que en los engordados con forraje y concentrado, en los que predominaron los isómeros cis del C18:1. En este mismo estudio, los animales alimentados con forraje presentan mayores porcentajes de C18:1 trans y menores de C18:1 cis, en contra de lo que ocurre con animales alimentados con concentrado que tienen niveles más altos de C18:1 cis y más bajos de C18:1 trans. Además, en animales alimentados con forraje y concentrado más un suplemento de una mezcla de isómeros de CLA sintéticos, se obtuvieron niveles más altos de C18:1 trans en el tejido muscular, comparados con los valores de los animales alimentados con solo forraje y concentrado.
Mandell et al., (1998), observaron un aumento en las concentraciones de C18:0 y C18:3 en el tejido adiposo del Longissimus dorsi de animales alimentados con concentrado (95% de dieta MS) respecto a animales de cruce de Limousin alimentados con dietas forrajeras (15% de dieta MS), aunque no observaron diferencias en el contenido de C18:2. Poulson et al., (2004) no encontraron diferencias significativas en el porcentaje de C18:2 en el músculo entre animales que recibieron dietas basadas solo en forraje, forraje y concentrado y animales alimentados con forraje y concentrado más
un suplemento de CLA sintético. Sin embargo, en el mismo trabajo observaron diferencias significativas del porcentaje en el tejido muscular de C18:3 cis-9, cis-12, cis-15, entre las diferentes dietas, correspondiendo el valor más alto para la dieta basada en forraje y el menor para la alimentación con forraje y concentrado más un suplemento de CLA sintético. Este hecho se explica por la mayor cantidad de C18:3 que contiene el forraje (Dhiman et al., 1999a, Ward et al., 2003).
French et al., (2000), en animales alimentados con un mayor porcentaje de forraje en su dieta, observaron un incremento del ácido linolénico (C18:3) en su tejido muscular sin observar cambios en el ácido esteárico. Igualmente, Marmer et al., (1984), encontraron mayor porcentaje de C18:3 en el músculo de animales alimentados con forraje que en terneros que recibieron concentrado, debido al mayor porcentaje de C18:3 encontrado en la analítica del forraje.
Algunos autores han observado un mejor porcentaje en el tejido muscular de C18:0, C18:3 y C18:2 en animales alimentados con forraje respecto a los animales que han recibido concentrado (Marmer et al., 1984; Brown et al., 1979; Melton et al., 1982a).
El tejido adiposo de los animales alimentados con pasto presenta altas concentraciones de PUFA n-3 comparado con el de los animales que han recibido concentrado (Realini et al., 2004). En terneros y corderos, el consumo de raciones basadas exclusivamente en forrajes dan lugar a una mayor deposición de PUFA n-3 en la grasa muscular que las complementadas con concentrados, lo que resulta en una menor relación n-6/n-3 PUFA (Bas y Morand-Fehr, 2000; Bas y Sauvant, 2001). Este hecho refleja en parte las diferencias entre las proporciones de ácido linoleico y ácido linolénico de los lípidos de los forrajes y concentrados (Sauvant y Bas, 2001).
Terneros alimentados hasta el sacrificio con pasto presentan un mayor contenido de PUFA n-3 en la grasa intramuscular (1,36 vs 0,91%) y una relación n-6/n- 3 PUFA más baja (2,33 vs 3,61), que los terneros finalizados con silo de hierba y
disminución de la relación n-6/ n-3 PUFA (1,822 vs 2,845) (Varela et al., 2004). Enser et al., (1998), y Mitchell et al., (1991), señalan que el tejido adiposo de dietas basadas en pasto tiene mayor concentración de PUFA n-3 mientras que el tejido de los animales alimentados solo con concentrado tiene más alta concentración de PUFA n-6.
Cuando se comparan terneros engordados con hierba frente a terneros cebados exclusivamente con concentrado y paja, la diferencia de la relación n-6/n-3 PUFA en el músculo es aún mayor (1,32 vs 9,2) (Enser et al., 1998). Igualmente, Realini et al., (2004), observaron un ratio n-6/n-3 PUFA más favorable para los animales alimentados con pasto (1,4) que para los engordados a base de concentrado (3,0). Rule et al., (2002), señalan también que el ratio n-6/n-3 PUFA es más saludable para los animales que han consumido pasto (1,95) que para los animales alimentados con un sistema feedlot (6,38). De la misma manera que los autores anteriores, French et al., (2000), señalan un ratio n-6/n-3 PUFA más bajo para animales que han consumido pasto (2,33) comparado con el de los terneros que consumieron concentrado (4,15).
El ratio P/S para animales alimentados en su periodo final con pasto es de 0,2 a diferencia de los que consumieron en su periodo final concentrado que tiene un valor de 0,45 (Realini et al., 2004). Por el contrario Duckett et al., (1993), observaron que el ratio P/S en músculo es más alto para animales finalizados con pasto (0,26) que para animales que han consumido concentrado (0,07).
Por el contrario otros autores comparando una alimentación de forraje y silo de hierba, ambos ricos en C18:3 n-3, con una dieta basada en concentrado rico en C18:2 n- 6, observaron que tanto el forraje como el silo aumentan las concentraciones de PUFA en los lípidos del músculo. (Nuernberg et al., 2002). Además de una forma significativa el pasto comparado con el concentrado no solo aumenta el C18:3 n-3 en los fosfolípidos del músculo sino que también aumenta el EPA, DPA (ácido docosapentaenoico), DHA (Dannenberger et al., 2004; Warren et al., 2002).