1. loc verb Parecerse mucho a él”
4.5. Fotografía, realidad y objetividad
El realismo fotográfico ha sido motivo de posiciones encontradas entre diversos teóricos a lo largo de la historia, enfrentando o ensamblando alternativamente las relaciones entre la fotografía y el mensaje que ésta produce como medio de comunicación, y su referente externo real.
Teniendo en cuenta que estudio pretende proponer una posición crítica respecto de esta cuestión fundamental resulta imprescindible en la actualidad de su génesis técnica y digital reflexionar teóricamente sobre
87 aquella supuesta y automática virtud irreductible de la fotografía que algunos autores han planteado.
Observamos que del mismo modo que ocurre con la verdad informativa, los conceptos de realidad y de fotografía han pasado por varias etapas hasta llegar al estado inestable en el que hoy los encontramos.
Como mencionamos anteriormente, las primeras conceptualizaciones de dichas nociones consideraban a la fotografía como una imitación perfecta de la realidad. Esta postura resulta tan generalizada que basta con recordar los comienzos de la fotografía, más específicamente el año 1859, cuando Charles Baudelaire entendía la imagen fotográfica como un simple instrumento de memoria documental de lo real.
Recordamos también un siglo más tarde cuando John Berger (una de las voces más incisivas, lúcidas y reconocidas del panorama intelectual fotográfico europeo) retoma esta cuestión pretendiendo esclarecer una frontera sólida entre lo visible y la realidad en sí misma:
“Tal vez la realidad, tantas veces confundida con lo visible, exista de forma autónoma, aunque éste ha sido siempre un tema muy controvertido. Lo visible no es más que el conjunto de imágenes que el ojo crea al mirar. La realidad se hace visible al ser percibida (...) Lo visible es un invento. Sin duda, uno de los inventos más formidables de los humanos. De ahí el afán por multiplicar los instrumentos de la visión y ensanchar así, sus límites”.52
Dentro de este debate, el giro más drástico ha sido el que le imprimió la introducción de la tecnología de la imagen digital. Así, en ese contexto ideológico, una reproducción actuaría como reflejo de la realidad, tal como lo expresa Christian Doelker:
“La realidad es una combinación tan compleja de contexturas y acontecimientos, que nunca será posible describirla de forma definitiva. Y, a pesar de ello, a diario nos vemos obligados a enfrentarnos con ella. Y a diario se ocupan también de ella los
88 medios de comunicación, los cuales han acabado siendo, a su vez, elementos constitutivos de nuestra realidad”.53
Por otro lado, tomaremos el punto de vista del autor francés Philippe Dubois, quien en su libro El acto fotográfico concluye que “la fotografía no explica, no interpreta y no comenta, sino que simplemente muestra”54
. Además el autor distingue tres períodos fundamentales en este recorrido histórico de relación entre fotografía y realidad, por la necesidad de confundir el objeto con su fotografía que está instalada en la cultura occidental. La primera de esas etapas coloca a la fotografía como espejo de
lo real, la segunda la plantea como un modo de trasformación de lo real y
por último la tercera la coloca en el lugar de huella de la realidad.
El primero de esos momentos prácticamente coincide con el nacimiento mismo de la fotografía, más específicamente cuando surgieron los primeros discursos teóricos sobre este asunto. La fotografía en sus orígenes era percibida por el ojo natural como un análogo objetivo de lo real. Podemos decir que se consideraba a la fotografía como una imitación perfecta de la realidad, un simple instrumento de memoria documental de lo real.
El discurso que prevalecía en aquella época era el del denominado
efecto mimético, el cual sienta sus bases en el efecto de realidad que
producía la semejanza que existía a simple vista entre la fotografía y su referente real. También teoriza acerca de este contenido el influyente crítico y teórico cinematográfico André Bazin, exponiendo una tesis sobre la supuesta ausencia del sujeto y la presencia omnipresente del objeto en el acto de fotografiar, una supuesta ausencia de subjetividad artística en la realización de la fotografía y la mismísima teoría “barthesiana” de que lo que ésta transmite es la “realidad literal” (la escena misma).
Sin embargo sabemos que no transcurrió mucho tiempo (ya comenzado el siglo XX) hasta que el segundo momento, siempre según
53 (Doelker, 1982, pág. 9) 54 (Dubois, 1986, pág. 20)
89 Dubois, llegó de la mano de los teóricos de la imagen, quienes manifestaron su reacción en contra de ese ilusionismo de espejo fotográfico, esa objetividad esencial. El principio de realidad fue designado entonces como una pura impresión, un simple efecto. En esta postura crítica se colocarán también autores como el filósofo alemán Arnheim, el historiador de medios de comunicación de masas español Gubern, el crítico de cine español Santos Zunzunegui y el destacado sociólogo francés Bourdieu, entre otros.
En esa etapa se lo que se intenta es demostrar que la imagen fotográfica no es un espejo neutro enfrentado a la realidad sino un mensaje fuertemente connotado, una herramienta de transposición, de análisis, de interpretación e incluso de transformación de lo real. Con el objetivo de aplicar este pensamiento al caso concreto de la fotografía de prensa, podemos señalar que la visión que ésta ofrece del mundo es una visión parcial estratégicamente seleccionada y condensada en una representación visual, tomada desde una distancia, con un ángulo, un punto de vista y unas manipulaciones técnicas codificadas.
A este respecto el profesor Manolo Laguillo responde en su ensayo
¿Por qué fotografiar?55 a la cuestión esencial de cómo ve la fotografía la realidad y elabora un listado de las características propias de la fotografía entre las que menciona:
a) La cámara es monocular, la visión humana es binocular, estereoscópica. Las ópticas se basan en las leyes perspectívicas renacentistas.
b) La fotografía permite jugar con la perspectiva. c) La fotografía no es nítida en toda su imagen. d) La cámara no selecciona.
e) La fotografía es capaz de expresar gráficamente el movimiento de traslación del objeto fotografiado.
90 f) La fotografía obvia la intención cultural.
g) La fotografía descontextualiza, fragmentariza.
En un tercer y último momento el autor francés rechaza las dos concepciones anteriores en tanto que plantea y defiende la consideración de la fotografía como huella (a la que también denomina índex) o referencia de lo real. Para el autor “aquello que subsiste a pesar de todo en la imagen fotográfica es lo que la diferencia de otros modos de representación: un sentimiento de realidad ineluctable del que uno no llega a desembarazarse a pesar de la consciencia de todos los códigos que allí están en juego y que han precedido a su elaboración”. De este modo, quedaría la fotografía emparentada con la categoría de signos entre los que encontraríamos al humo como indicio del fuego, la sombra como indicio de la presencia, la cicatriz como indicio de la herida, etc. También quedaría así explicitada la teoría “barthesiana” que implica un referente siempre adherido e inseparable de la imagen fotográfica, y la propuesta “peirciana” de la supuesta conexión física entre el referente y su representación en tanto que el soporte de la fotografía (clasificada ésta como huella luminosa) quedaría afectado de manera real por la presencia del objeto fotografiado.