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Foucaud, loe c it, pp 222 s.

EL PARÍS DEL SEGUNDO IMPERIO EN BAUDELAIRE

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8 Foucaud, loe c it, pp 222 s.

* Johann Kaspar Lavater ( l7 4 I - l 8 o i ) : escritor, pensador y teólogo suizo de habla ale­ mana. Su vida y su obra son representativas de las contradicciones del pensamiento ale- mán propio de su época, dividido entre el racionalismo de la Ilustración y la exaltación de la sensibilidad que es característica del Sturm und Drang. C o m o teólogo fue un feroz proselitista, lo cual le alejó mucho de su amigo Goethe. Entre sus obras, la más célebre (y criticada) fue su Fisonomía basada en el principio de que el carácter y las facultades mentales de las personas tienen u n efecto constatable en sus rasgos físicos. En un primer momento favorable a la Revolución Francesa, se opondría más tarde al régi­ m en político instaurado en Suiza por los franceses. A su regreso a Zúrich, tras haber sido deportado a Basilea, irá a morir a manos de un soldado francés. [N. del T .] ** Franzjoseph Gall (1758-1828): médico alemán. Profesor en Viena y después en París,

fue el fundador de la frenología, estudio de las funciones del cerebro (y su localización) de acuerdo con la forma exterior del cráneo. Pese a su carácter científicamente discuti­ ble, la frenología, expuesta sobre todo en el libro Funciones del cerebro (1808), contribuyó al desarrollo de la investigación de las localizaciones cerebrales. [N. del T.]

EL FLÂNEUR

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hasta el más ignorante, cuando pasea p or París y se cruza con u n gran artista, enseguida com prende ju n to a quién está» Io\ Delvau*, que era amigo de Baudelaire, y el más interesante entre los pequeños maestros del fo lletín , dice tener capacidad de distin gu ir concretam ente al público de París en sus distintas capas con tanta facilidad com o u n geó­ logo distingue los estratos de una roca. Si esto pudiese hacerse, la vida en la m etrópoli no sería tan inquietante ni de lejos com o quizá parecía a las personas. D e lo contrario, sería u n mero adorno lo que hace pre­ guntarse a Baudelaire: « ¿ Q u é son los peligros del bosque y la pradera com parados con los choques y con flicto s diarios que se dan en el m u n d o civilizado? A u n cuando el h om bre atrape a su víctim a en el bulevar o traspase a su presa en los bosques ignotos, ¿n o sigue siendo el hom bre, aquí y allí, el más perfecto de los animales de rap iñ a?»^ 01

B audelaire utiliza para esta víctim a la expresión dupe; la palabra designa al engañado, al que se guía conform e a su nariz; a él se opone el co n o ced o r de las personas. C u a n to más desasosegante se vuelve la gran ciudad, tanto más conocim iento de las gentes, según se pensaba, hacía falta para operar en ella. E n verdad que la lucha agudizada p or conseguir la supervivencia lleva al in divid uo sobre todo a proclam ar imperiosam ente sus necesidades e intereses. E l buen conocim iento de estos últimos, cuando se trata de evaluar el comportarse de alguna p er­ sona, co n frecu encia será m u cho más ú til que el de su carácter. Ese d o n del que gusta ufanarse alfláneur es más b ien p o r tanto u n o de los ídolos que Bacon** situaba ya en el m ercado. Mas Baudelaire apenas veneraba a este íd o lo . La creencia en el pecado original le hacía in m u n e a la creencia en el co n o cer a las personas. E n esto coin cidía con D e Maistre***, que además com binaba p or su parte el estudio del dogm a con el propio de Bacon.

9 H onoré de Balzac, Le cousin Pons, ed. Conar, París, 19 14. p. 130 [ed. esp.: El primo Pons,

e n La comedia humana, vol. X VIII, Lorenzan, Barcelona, 1968, p. 122].

10 II, p. 637 [ed. esp.: Diarios íntimos, loe. cit., pp. 36 - 1 ■

* Alfred Delvau (18 25-1867): periodista y escritor francés, pasa por uno de los más aca­ bados prototipos del bohem io vividor en el París de Baudelaire, del cual era amigo. Entre sus obras destaca la titulada Las horas parisinas (1966). [N. d elT .]

Francis Bacon (1561-1626): filósofo, escritor y político inglés. En su obra más im por­ tante, el Novum Organum (1620), propuso la sustitución de la lógica deductiva de Aristó­ teles por un método inductivo para la interpretación de la naturaleza. [N. del T .] *** Joseph de Maistre (1753-1821): político, escritor y filósofo francés. Adversario furibundo

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EL PARÍS DEL SEGUNDO IMPERIO EN BAUDELAIRE

Los tranquilizadores pequeños remedios que los fisiólogos vendían al m ejor postor pron to quedarían abolidos. Por el contrario, a la lite­ ratura que no quiso apartarse de los aspectos amenazadores e in q u ie ­ tantes de la vida urbana le estaba reservado u n gran futuro. Pues tam ­ b ié n esta literatura tiene sin duda que ver con la masa; claro que procede de otro m odo a com o lo hacían las fisiologías. La determ ina­ ció n de cada tip o le im porta b ie n p oco, persiguiendo fun cion es que son propias de la masa sumida en la m etrópoli, entre las cuales llamaba la atención una que u n inform e de la policía ya destaca hacia el cambio entre los siglos X V I I I y X I X . « E s casi im p o s ib le » , escribe u n agente secreto de París en el año 1798, «m an ten er u n buen m odo de vida en una población masificada, donde cada u no, por así decir, es descono­ cido para todos, sin que necesite en consecuencia sonrojarse ante n a d ie » 'Jl]. A q u í la masa aparece com o asilo que am para y protege al asocial de los que son sus perseguidores. Entre sus notas más am ena­ zantes ésta fue la que antes se anunció, hallándose sin duda en el o ri­ gen de las narraciones de detectives.

E n tiem pos de terror, en los cuales cualquiera tiene en sí alguna parte de conspirador, cualquiera llegará a la situación de actuar como el detective, y el callejeo proporciona la m ejor expectativa de ello. « E l que observa», dice Baudelaire, «es u n príncipe que se halla en todas partes en posesión de su incógnito » [ia]. Si el flâneur se convierte de este m o d o casi en u n detective a su pesar, socialm ente eso es algo que le viene a p rop ósito : legitim a su ociosidad. Su in dolen cia sólo es apa­ rente, pues tras ella se oculta la vigilancia de u n observador que nunca pierde de vista al malhechor. Así, el observador ve abrirse áreas anchu­ rosas para su autoestim a, desarrollando form as de reacción que se ajustan al tempo de la gran ciudad. Siendo alguien que coge las cosas al vuelo, ya puede soñarse cercano al artista. Y es que todos alaban el lápiz tan veloz del dibujante. Así, Balzac afirma que, en general, la maestría artística se encuentra ligada a la velocidad de captación^. La sagacidad

11 C f r . A dolph e Schmidt, Tableaux de la résolution française. Publiés sur les papiers inédits du d é p a r te -