mal I Las flores del mal, loe cit., pp 264 s.]) Quizás este pasaje de Le crépuscule du soir estuviera
63 Gustave Sim ón , Chez Víctor Hugo Les tables toumantes de Jersey Procés-verbauxdes séances [En
casa de Víctor Hugo. Las mesas giratorias de Jersey. Protocolos de tas sesiones], París, 19^3 - PP- 3 ° 6 - 308, 314.
i
56
EL PARÍS DEL SEGUNDO IMPERIO EN BAUDELAIREtor H ugo. Así, en Les châtiments, lo que es el día de la liberación quedará descrito de este m odo:
Le jo u r o ù nos pillards, o ù nos tyrans sans nom bre
co m pren d ron t que q u elq u 'u n rem ue au fo n d de T o m b re ^ 4^*.
¿Podía corrresponder a la representación de la masa oprim ida en el signo de la m ultitud u n ju icio revolucionario que fuera fiable? ¿N o era aquélla más bien la forma clara de la lim itación, sea ésta debida a lo que sea, que era propia de éste? E n el debate en la Cám ara del 25 de noviem bre de 1848» H ugo había estado echando pestes contra la bár bara represión de la revuelta de ju n io que llevara a cabo Cavaignac**. Pero el anterior 24 de ju n io , en la negociación sobre los ateliers natio
naux***, había acuñado la frase: « L a m onarquía tiene sus holgazanes, la
república tiene sus ga n d u le s» Cnd. E l reflejo, tom ado en el sentido de la o p in ión superficial del día y de la confiada en el futuro, se encuentra
64 Hugo, Oeuvres complètes, loe. cit., Poésie [Poesía],vol. 4 : Les châtiments[Los cûsîîçoî] , Paris, 1882, p. 397 (Le carovane I V [La caravana [ V ] ).
IX Pélin, representante característico de la baja bohemia, dio cuenta de este discurso e n las hojas de su periódico Les boulets rouges. Feuille du club pacifique des droits de l ’homme [Las balas
rojas. Hoja del club pacífico de los derechos del hombre] : « E l citoyenHugo ha debutado en la Asam
blea N acional. Se acreditó, tal com o se esperaba, com o declamador, gesticulador y héroe declarado de la frase; y a tenor de su últim o cartel de propaganda difamador y taimado, habló de los holgazanes, la miseria, los poltrones, los la&fironiy los pretoria- nos de la revuelta y, en fin, de los condottieri; en una palabra, agotó por com pleto la metáfora para term inar con un ataque a los ateliers nationaux^(anón., «Faits divers» [«H echos diversos»], en Les boulets rouges. Feuille du club pacifique des droits de ¡’homme [Rédacteur: Le (? n Pélin],I o año, n ° 1. D el 2 2 al 25de jun io de 1848, p. i). — E n su Histoire parlemen
taire de la Seconde République,escribe Eugène Spuller****: «Victor Hugo fue elegido con los
votos de la reacción». «Siem pre vino a votar con la derecha, salvo en dos o tres co n cretas ocasiones en las que la política no desempeñaba el menor papel» (Eugène Spu lier, Histoire parlementaire de la Seconde République suivi d'une petite histoire du Second Empire [Historia
parlamentaria de la Segunda República, seguida de una pequeña historia del Segundo Imperio], París, 189!-
pp. I I I y 266). [N. de B.]
* « E l día en el que nuestros saqueadores, en que nuestros innúm eros tiranos ! com prendan que alguien se mueve en el fondo de som bra». [N. del T.]
* * Lo u is-E u gèn e Cavaignac ( l8 0 2 - l 8 5 '7)*- general y p olítico francés. Form ado en la Politécnica, en la Restauración fue carbonario. En 1832 fue enviado a Argelia, donde, en 1848, alcanzaría el cargo de gobernador general. Elegido diputado, regresó a París como ministro de la guerra y reprimió con fiereza la insurrección de ju n io de 1848- Elegido jefe del Ejecutivo p or la Asamblea e investido de poderes casi dictatoriales, tom ó medidas sumamente rigurosas en defensa del orden. D errotado p o r Luis- N apoleón en las elecciones presidenciales de diciembre de 1848, de inmediato pasó a
EL FLÂNEUR
157
ju n to a H ugo con el p rofu n d o barrunto de la vida que se form a en el seno de la naturaleza y en el seno del p ueblo. H u go nunca logró una m ediación; y el mismo hecho de que no sintiera en absoluto su nece sidad fue c o n d ició n de las trem endas aspiraciones, del trem endo alcance y del trem endo efecto de su obra en el m edio de sus con tem poráneos. E n el capítulo de Los miserables titu lado El argot chocan con im p on en te brusquedad los dos lados opuestos de su naturaleza. Tras haber lanzado sus miradas audaces al taller lingüístico del pueblo bajo, el escritor concluye: « D esd e 178 9 , todo el pueblo se despliega en el in divid u o p urificad o; no hay pobre que, ten ien d o su derecho, no posea, al tiem po, su rayo de luz; el pobre diablo porta en su interior el h o n o r de Francia; la dignidad del ciudadano es com o tal su armadura in terio r; el que es libre es escrupuloso; y el que posee su derecho al voto, ése tam bién g o b ie r n a » Í65Í. Y es que V ictor H ugo veía las cosas tal como se las planteaban las experiencias de una carrera repleta de éxitos en lo literario, pero tam bién brillante en la política. Fue por lo demás el p rim er escritor que adopta títulos colectivos en su obra, com o Les
miserables y Les travailleurs de la mer. Para él la m ultitud significaba, casi en
sentido antiguo, la m u ltitud de los clientes; esto es, las masas de sus electores y sus lectores. D ich o en una palabra: no era un flaneur.
Para la m u ltitud que iba co n H ugo, y con la que él iba, sin duda que no había u n Baudelaire. Pero para éste sí existía en todo caso esta m ultitud. Su visión motivaba en su conciencia u n sondeo diario de la p rofun didad de su fracaso. Y sin duda que no era ésta la última entre las razones p or las que buscaba esta visión. E l orgullo feroz, desespe rado, que lo asaltaba com o en estallidos lo alimentaba él con la fama de H u go , aguijoneándolo quizá con más violencia el credo p o lítico que era p ro p io de éste, a saber, el del citiyen. La masa que conform aba la m etrópoli no podía en su caso equivocarle. Reconocía en ella a la m u í-
la oposición. Arrestado poco antes del golpe de Estado del 2 de diciembre de 1851» será elegido de nuevo como miembro del cuerpo legislativo en el 1852. Su negativa a la prestación de juram ento hizo que se le considerara dimisionario. [N. del T.] *** «Talleres n acion ales» : sistema de ocupación de los obreros en paro adoptado en
1848 por el gobierno provisional de Francia. Se suprimirá tras el fracaso de la llamada Revolución de Junio. [N. del T.]
•»♦♦♦Eugène Spuller (18 35-1896): político y escritor francés. Desempeñó diversos minis terios, siempre bajo gobiernos republicanos. [N. del T.]
65 Hugo, Oeuvres complètes, loe. cit., Novela, vol. 8: Les misérables, IV, París, 1882, p. 306 [ed. esp. cit.: Los miserables, loe. cit., p. 564] •
158
EL PARÍS DEL SEGUNDO IMPERIO EN BAUDELAIREtitud popular, y quería ser carne de su carne. Laicism o, ju n to a p r o greso y democracia, eran el estandarte que agitaba sobre las cabezas. Y ese estandarte transfiguraba en cuanto tal la existencia concreta de la masa, p o n ie n d o en som bra ese um bral que separa de la m u ltitu d al in d ivid u o. Baudelaire, p o r su parte, custodiaba ese um bral, y eso lo diferenciaba de V íctor H ugo. Se le asemejaba sin embargo en que tam poco calaba la apariencia social que cristaliza en la m ultitud, y le o p o nía p o r lo tanto u n m odelo tan escasamente crítico c o m o l o era la misma concepción que H ugo tenía de ella. Tal modelo es el h éroe. Así, en el instante en que V ícto r H ugo celebraba a la masa com o héroe de u n epos m oderno, Baudelaire buscaba para el héroe u n refugio en la masa de la gran ciudad. E n cuanto citoyen, H ugo se pone en el lugar de la m ultitud; en cuanto héroe, Baudelaire se aparta de ella.
LA MODERNIDAD
159
IIILA MODERNIDAD
Baudelaire conform ó su imagen del artista según una concreta imagen del héroe. Así, desde el comienzo, ya están el uno a favor del otro. « L a fuerza de volu n tad » , se lee en El salón de 18 4 5 , « h a de ser u n don real m ente costoso y, evidentemente, nunca se emplea en vano, pues hasta para darles p or sí misma ... a las obras ... de segundo orden com o algo de originalidad ... E l espectador goza del esfuerzo, e incluso bebe su s u d o r» 1'1. E n los Conseils auxjeunes littérateurs* del siguiente año se encuen tra la bella fórm ula según la cual la « co n te m p la tio n op in iâtre de l ’oeuvre de d e m a in » !il/** es garantía de la inspiración. Por lo demás, Baudelaire conoce la « in d o len ce naturelle des inspirés» Í3,/***¡ cuánto trabajo es preciso para « q u e de u n ensueño surja una obra de a r te » 141 es algo que Musset no com prendió jamás. Pero él en cambio, desde el p rim er instante, ya se aparta del p ú b lico con u n código p ro p io , y preceptos y tabúes propios también. Así, Barrés***** pretendería « rec o nocer en cada uno de los más pequeños vocablos de Baudelaire la h ue lla de los esfuerzos que le ayudaron a ser alguien tan g r a n d e » tsl. «Hasta en sus crisis nerviosas», escribiría Gourmonts******, «conserva Baude-
r<üi
laire algo de sano» . Pero la más feliz form ulación es la del simbolista
1 II, p. 26 [ed. esp.: Baudelaire, « E l salón de 1845^- en Salonesy otros escritos sobre arte,
loe. cit.,p. 45].
2 II, p. 388 [ed. esp.: El arte romántico, loe. cit.,p. 183]. 3 II, p. 531 Eed. esp.: ibid.,p. 213].
4 C it. A lbert Thibaudet, Intérieurs [Interiores],París, 1924* P- *5 • 5 C it. A n dré G id e, «Baudelaire et M . Faguet» [«Baudelaire y M . Faguet>>], en N o u
velle revue française [Nueva revista francesa], tom o 4, I de noviembre de 1910, p. 5I 3 *
6 Rém y de G ou rm on t, Proménades littéraires. Deuxième série [Paseos literarios., Segunda serie],