1.2. BASE FUNCIONAL DEL FRASEMA
1.2.4 Frasema, unidad lexemotáctica
Aclarar el problema de qué es un frasema, no es una tarea fácil, ya que habrá que empezar a indicar la esfera de los fenómenos que desde el punto de vista de las delimitaciones del objeto lingüístico pasan al dominio extralingüístico, siendo esta un área de la práctica social y de la conciencia social. En la conciencia social, cuya formación está dirigida por la práctica social, funcionan los vestigios de unos fragmentos discretos generalizados y formados sobre la realidad objetiva. Ellos funcionan reflejando las relaciones respecto al objeto mentalizado de las propiedades procesuales y estáticas de estos objetos, de los contactos y relaciones entre ellos, de los acontecimientos en la naturaleza y sociedad, de los estados psíquicos, etc. Estos vestigios, reflejados en la conciencia, se denominan “nociones” o “conceptos”. El mundo conceptual de la conciencia social refleja ampliamente la actividad humana, su contacto con la sociedad, sus posiciones en ella. Hay que subrayar particularmente que la estabilidad sistémica de estos conceptos es una condición necesaria para la unificación de la comunicación y generalización sobre las cuales habló L.V.Výgotsky, al subrayar que las funciones comunicativa y cognoscitiva (cognitiva) están mutuamente condicionadas. Esta estabilidad antecede a cualesquiera de los cambios que se efectúan, basándose en ella y dentro de las restricciones que ella impone para su propia conservación. Los múltiples conceptos sistematizados de diferentes modos se unifican uno con el otro según los rasgos de identidad o diferenciación en las series, grupos, campos y otro tipo de conjuntos. Junto
con los signos lingüísticos adjuntos a ellos, forman un sistema de significados léxicos. Este sistema se impone a la lengua desde fuera, desde el campo de su supersistema que es la actividad humana. No obstante, esta actividad se configura a través del sistema lingüístico tanto externa, como internamente.
De esta manera, la relación entre el elemento discreto de un “cuadro del mundo” socialmente significativo y el elemento lingüísticamente fijado con él, como un designante, puede ser conocida la función lexemática. La función lexemática se basa en el designante y, en este sentido, se impone a la lengua desde fuera, desde la necesidad social de encontrar un medio denominativo para un concepto nuevo socialmente importante. Sin embargo, la lengua en su uso no se delimita en los objetos y fenómenos, sus cualidades y estados, como elementos discretos, sino refleja lo principal que hay entre estos elementos discretos que son las relaciones, reflejadas de diferentes maneras. La función lexemática refleja la primera parte de la denominación del elemento discreto, pero las cosas y sus cualidades en relaciones se denominan en combinación de los conceptos que ya cumplen una función mutilada que será la lexemotáctica y la unidad que refleja la función indicada es el frasema. Se puede decir que el “cuerpo fónico” del frasema es un componente designante de un conjunto bilateral de signos, dotado en su enteridad con una función lexemática puesta en combinación (lexemotáctica).
En la actividad discursiva los signos léxicos se combinan entre sí, formando unos segmentos lineales que desde el punto de vista de su alcance mental consciente no deben superar una determinada extensión óptima. En cualquier caso estas combinaciones léxicas significan de manera cualitativamente diferente al modo en que lo hacen las unidades léxicas aisladas. No cabe ninguna duda de que entre la función lexemática del lexema y la función lexemotáctica del frasema hay una diferencia, puesto que a pesar de que ambas cumplen la función denominativa, siguen unos principios diferentes: el lexema es el determinante denominativo-fijador y el frasema es determinante denominativo-objetivador, un determinante caracterizante.
La unión contradictoria comprende una independencia relativa de las partes que se combinan en ella. Con ella está relacionada la posibilidad de que en unas condiciones concretas una u otra parte a costa de la debilidad de
la otra, adquiere una posición dominante. Por esta razón en el frasema de plano puede predominar el elemento onomasiológico de independencia relativa que le da la posibilidad de combinarse con otros elementos característicos en su forma frasémica:
sala de lectura, sala de recepciones, sala de reuniones, sala de espera, sala de operaciones, sala de juntas, sala de fumadores, o sala abarrotada, sala abigarrada, sala concurrida, sala diáfana, sala oscura, sala vacía, sala llena, etc.
Si la palabra es un elemento sintáctico con su forma entera que no se sintetiza en el acto de habla, el frasema es una unidad sintáctica combinatoria de elementos léxicos sintetizada en el acto discursivo.
Bajo la combinatoriedad se tiene en cuenta una propiedad muy importante del frasema, la de poder desmembrarse en los constituyentes, y esta cualidad de descomponerse en los componentes es el momento analítico de su estructura. Ello no significa que los frasemas, siendo reproducidos y percibidos de una manera analítico-sintética, sean en este sentido análogos constantes de las uniones libres de lexemas en los actos de habla. La libertad de una formación frasémica que naturalmente tiene diferentes grados de cohesión, tiende al automatismo frasémico y la generalización social, oponiéndose a las individualizaciones semánticas tanto solitarias como en grupo, muy típicas para el material léxico.
En el análisis de las cualidades frasémicas los atributos reúnen los rasgos de “libre”, “estable”, “variable”, “reproductivo” y “ligado”, con unas explicaciones más. Hace falta presentar la diferencia, de alguna manera condicional, pero la que se apoya en la práctica lingüística real, entre los significados de las expresiones, digamos: “tal objeto” y “este objeto” que contienen cierto rasgo de un frasema atributivo. En el primer caso “tal objeto” se tiene en cuenta la existencia en la conciencia de los locutores de una clase de objetos referentemente similares. Dotamos la expresión “tal objeto” de un sentido de conocimiento generalizado y del hecho de tener un orden típico de los fenómenos y rasgos que poseen estos conocimientos. Las generalizaciones debemos entenderlas en doble sentido. En las imaginaciones sobre “tales objetos” están generalizadas las cualidades típicas, comunes en los mismos objetos. De esta manera, se abstrae de todo lo que es individual, ocasional en ellos desde el punto de vista de los parámetros de estos objetos.
Resulta que así se obtiene la parte objetiva de lo que se generaliza. Más la generalización (conocimiento generalizado) tiene la parte subjetiva (el concepto es una imagen subjetiva del fragmento de la realidad objetiva), la que proporciona a la generalización el estatus social, dándole la existencia social. Precisamente en la comunicación humana se revela el contenido generalmente admitido y reconocido de las imaginaciones individuales sobre los objetos de “tal género” y se confirma el contenido de un hecho de importancia social. Refiriendo la generalización al hecho social, testimoniamos que en la conciencia social se distinguen las variedades entre los objetos de género especial y los objetos típicos que cada uno de ellos se percibe como un ejemplar de su clase. La distinción subjetivo-social de los tipos de fenómenos está acompañada por la tendencia a que el volumen de conocimientos sobre los tipos y sus rasgos aumenta constantemente. Por esto los conocimientos sobre los rasgos de los fenómenos de “tal género” sobrepasan con regularidad los marcos que forman el significado de los componentes frasémicos. En el análisis de las causas y consecuencias que llevan a la formación de la cualidad lexemática (onomasiológica) del frasema, no debemos empezar con las conjeturas sobre “la suma de significados” de los componentes y “el significado entero” del frasema, sino partir de la actividad social y psicológico-social, lo que lleva más bien al enfoque cognitivo. Con este hecho se afirma la importancia especial que tiene la clase de fenómenos, definida por el frasema como tal y la cual la sociedad de una lengua determinada la está usando constantemente, por lo que la trata como una clase especial de fenómenos. Este trato de los hablantes hacia los fenómenos de lo típico en la actividad humana forma la base de la objetivación de sentido a que puede reducirse el contenido subjetivo.
¿Qué son las últimas noticias? En el plano objetivo desde el punto de vista de los rasgos privativos de este fenómeno su contenido abarca y transmite completamente el significado del componente nuclear y el del atributo. En el plano subjetivo hay que mencionar el lugar especial que tienen las últimas noticias en los flujos informativos, un interés muy elevado hacia ellas, etc. Sin otras fundamentaciones incluso esto es suficiente para constatar la estabilidad del frasema indicado. Comp. también el carácter muy nítido en el sentido del análisis lingüístico de los momentos análogos en el contenido de los frasemas que intuitivamente se perciben muy estables:
productos alimenticios, día lluvioso, cigarrillos con filtro, etapa final, transportes internacionales, lado derecho/ izquierdo, carga urgente, construcción protectora,
etc.
En todos estos casos y parecidos las bases de la estabilidad se revelan fuera de lo que se puede establecer con una búsqueda de los momentos idiomáticos en la correlación del concepto como un reflejo de los rasgos objetivos de las cosas y la suma de significados componenciales del frasema. Todo esto encuentra su explicación en la práctica tradicional de analizar la combinación de palabras, abstrayéndose del aspecto psicológico-social en la relación entre las cosas designadas por unas formaciones lingüísticas especiales.
Un grupo aparte merecen los frasemas con contenido subjetivo- avaluativo, por ejemplo:
logro superior, tarea principal, encuentro alegre, niño precioso, gran éxito, atmósfera de amistad, en una medida considerable, argumento de peso, etc.
Aquí, en primer lugar, la relación axiológica respecto al fenómeno en determinación, pasando al primer plano, deja inexpresados los rasgos objetivos del fenómeno que sentaron las bases para la evaluación correspondiente. Por esto la percepción evaluativa resulta que está en dependencia de la confianza hacia lo que está detrás de ella y si el sujeto que asigna la evaluación tiene o no autoridad para ello. De esta manera, el mínimo, requerido por los conocimientos sobre los rasgos reales (generalizados en los frasemas correspondientes), no es suficiente para que tal frasema pueda asumir la función clasificadora de los fragmentos de la realidad. Estos frasemas “clasifican” diferentes significados del trato subjetivo-evaluativo del ser humano hacia la realidad. La percepción estable de estos frasemas es menor debido a un amplio abanico de gradaciones entre los atributos axiológicos. Comp., por ej.:
argumento de mayor peso, argumento de peso más grande, argumento de peso más importante, argumento de peso más sólido, argumento de mucho peso, argumento de menor peso, etc.
La percepción de estabilidad es también menor debido a las relaciones del frasema con un microsistema de frasemas con los sinónimos, antónimos, sinónimos de su componente atributivo:
argumento importante, argumento principal, argumento decisivo, argumento
convincente (persuasivo), argumento de importancia primordial, argumento de interés, argumento curioso (de curiosidad), argumento pícaro, argumento indiscutible, argumento discutible, argumento flojo, etc.
La posible clasificación del valor del frasema argumento de peso no se realiza debido a la existencia del “campo”, donde este frasema no se pone en un lugar especial por el grado designativo de la “calidad” del contenido expresado. Su oposición a otras expresiones que en conjunto forman este campo, resulta muy dispersa. Todo lo dicho refuerza el momento analítico de los frasemas axiológicos, unidos por un componente nuclear común, a pesar de su carácter generalmente estereotipado. No obstante, con ello se refuerza el momento de una consciente selección de un elemento del campo frasémico. Los ejemplos de los frasemas, abordados en el párrafo, como regla, no se citan en las investigaciones sobre las combinaciones ligadas y los colocan en la fraseología de todo tipo de locuciones, comprendiendo muy ampliamente los marcos de este sector lingüístico. A pesar de su evidente reproducción en escala social, estos frasemas se refieren más a las combinaciones libres. De tal manera hay que reconocer la existencia de los complejos atributivos, en los cuales el rasgo de la reproductividad se junta con un alto nivel de dinamismo de la correlación sintáctica de sus componentes, pero con una evidente presencia de cierta unión estática de carácter tanto sintáctico, como semántico. Algunos de los frasemas axiológicos están marcados por la relación estable con ciertos tipos de situaciones discursivas (situaciones comunicativas) que prevén entre otras condiciones una estructura característica de “cierto papel” y muy a menudo relacionados con el establecimiento de “etiqueta”. De vez en cuando estas formaciones las llaman “clichés” o “giros estampados”. El concepto de cliché muy a menudo traspasa a la estilística y habrá que mencionar que no está definido con una rigurosidad suficiente.