1.3 BASE PSICOLINGÜÍSTICA DEL FRASEMA
1.3.3 Informatividad de elementos frasémicos
Desde el punto de vista de la teoría de la información cualquier transmisión de señales como un acto comunicativo disminuye el volumen de la información que contiene, en el caso, cuando la memoria o unas nuevas sensaciones no hayan recuperado el volumen disminuido de la información complementaria. Utilizando la terminología de la teoría de la información, la memoria y las sensaciones se las puede denominar filtros. De esta manera, la información semánticamente importante es la que pasa a través de los canales comunicativos como por unos filtros. Traduciéndolo al lenguaje de los términos y conceptos conocidos para nosotros, un comunicado completo comprende una experiencia acumulada que se revela en unas destrezas y asociaciones correspondientes. La falta de estas destrezas es un tipo de obstáculos en el proceso comunicativo, puesto que no tiene tanta importancia la cantidad de la información emitida, sino la cantidad de la información capaz de penetrar en los aparatos comunicativos y acumulativos para servir de estímulo. Por esto en la lengua tanto la memoria, como las destrezas estéticas son aparatos acumulativos. Si estos aparatos no contienen suficiente energía
acumulada para comprender las señales como estímulo, es natural que la señal venidera puede ser solamente el obstáculo respecto a las señales percibidas como estimulantes.
Por consiguiente, en el proceso comunicativo las señales, como ya se ha dicho, son símbolos lingüísticos. Estos símbolos no son simples en su forma y se componen como mínimo de dos elementos, lo que nos lleva por lo menos formalmente a la unidad estudiada en esta obra que es el frasema. Sin embargo, nadie va a negar la idea de que los elementos frasémicos son palabras.
Descubrir la estructura significativa del ítem léxico se dificulta por las así llamadas relaciones asociativas que agregan más peso al contenido léxico y muchas veces se realizan en el comunicado como una lista de subsignificados reconocidos de una palabra.
En el análisis emprendido en este libro no se toman en consideración los componentes morfológicos de la palabra, sino sólo sus características sintácticas. Por esta razón estudiando la informatividad de las unidades del nivel lexemotáctico, vamos a ver los problemas de combinatoriedad de las palabras.
No hay necesidad de demostrar que el círculo de combinatoriedad entre las palabras es más o menos delimitado. Estas delimitaciones están impuestas en cada una de las palabras por sus propios indicadores funcionales, de otra manera, por su uso general. Se sabe que incluso las palabras de libre combinación no son tan libres como se parece. Las delimitaciones impuestas en la capacidad léxica para entrar con otras palabras en relaciones lógicas, admitidas por la conciencia lingüística, están determinadas por diferentes factores. Los más efectivos entre ellos son los rasgos del concepto contenido en una palabra.
A causa de unas u otras necesidades de la expresividad (notemos a propósito que este proceso está relacionado no sólo con el proceso de creatividad artística, sino con los procesos característicos para un discurso vivo y espontáneo) el poeta puede hacer entrar cada una de las palabras en combinación con otra palabra, con la cual no tuvo anteriormente ninguna relación en su esfera del uso. Entonces, los vínculos de costumbre se alteran y la palabra pierde en algún sentido su aspecto normalizado. La comunicación resulta ser dificultada. Aparecen las interferencias. El receptor que trata de mentalizar las interferencias, surgidas durante su percepción de la señal, ante
todo está buscando las causas que las habían engendrado. Luego viene el proceso de enriquecimiento de la señal con un nuevo significado. Este proceso a veces se limita con las condiciones locales y a veces se esparce en todo el sistema del código. En otras palabras, tales combinaciones de un mismo tipo se reconocen como posibles y por consiguiente se les atribuye un contenido informativo determinado. Son así, por ejemplo, los frasemas oximorónicos:
una bella horrorosa, un cadáver vivo, una dulzura amarga, etc.
que representan por sí las infracciones de las leyes de combinatoriedad lógica de las palabras, aunque no están en contradicción con los medios formales y estructurales de la combinación de los hechos lingüísticos. Siendo percibidos y mentalizados por el receptor de la información en algo admisible por el mismo sistema del código, estas combinaciones se hacen comprensibles, empero con las siguientes explicaciones: uno de los componentes frasémicos debe de cambiar su rasgo motriz en el enunciado concreto. Uno de los elementos frasémicos está realizando el rasgo que no es el motriz, por ejemplo, el cadáver en el frasema el cadáver vivo, es una persona adelgazada, pálida como un muerto o la que ha perdido sus funciones vitales física o moralmente, etc. El elemento horrorosa en el frasema una bella horrorosa no significa lo que tiene que designar, sino expresa la actitud del hablante al objeto de su pensamiento, etc.
La dificultad de entender los frasemas ocasionales hay que comprenderla no como la aplicación de unos medios estilísticos especializados, sino como la consecuencia de la combinatoriedad de palabras que antes no se habían combinado nunca. En efecto, basta sólo pensar un poco más en los posibles matices significativos de las palabras que surgen como resultado de unas nuevas relaciones significativas entre los componentes frasémicos que aparece primeramente poco divisible y posteriormente más y más determinado un nuevo contenido o, mejor dicho, un rasgo de una noción conocida. Las delimitaciones de nociones conocidas empiezan a ensancharse. La palabra empieza a lustrar sus facetas significativas antes desconocidas que posiblemente hayan sido depositadas en la palabra antes o se dan a la palabra debido a su nuevo y extraordinario entorno de uso.
¿En qué está la fuerza de las palabras que lucen sus significados extraordinarios? Se hace evidente que la búsqueda no se limita con la selección de las series sinonímicas dadas en el diccionario. Lo buscado no se encuentra en la superficie de las capas lingüísticas. Está oculto en sus profundidades. Desde el punto de vista lingüístico es muy importante darse cuenta que no se realiza la búsqueda de la palabra como tal, sino de la combinación léxico-semántica, del mismo frasema, el que expresa la idea del poeta con mayor exactitud.
No se sabe por cuanto es verdadera la suposición de que la palabra, cuando entra en contacto con otra palabra adquiere unos significados o matices significativas todavía no fijadas lexicográficamente. Sin embargo, la palabra en su uso poético con mayor frecuencia revela precisamente esta particularidad suya. Esta capacidad es muy característica para la poesía, puesto que en cualquier subestilo del lenguaje literario se manifiesta con mayor evidencia la oposición de lo conocido a lo desconocido, el deseo de dar un soplo con un contenido nuevo a la forma expirante de la palabra.
Esta particularidad no es característica solamente de la poesía. En la prosa literaria estos casos tampoco son tan escasos. En relación con lo dicho es interesante citar las palabras de V.V.Vinográdov, expuestas ya en 1938 en su obra “Lengua rusa”: “...dos palabras corrientes resultarán casi nuevas, si se las acercan por primera vez en un contexto desconocido” (121-122).
De esta manera, cualquier palabra puede obtener un nuevo significado como resultado de su combinación con otras palabras. Claro que esta combinación está provocada por las nuevas condiciones, nuevas circunstancias, nuevos logros sociales, científicos y técnicos. El ser humano está penetrando más y más en las profundidades de los fenómenos que estudia, observa unos nuevos rasgos, reconstruye sus imágenes sobre lo esencial o poco esencial en estos fenómenos. Entre los medios de la designación terminológica de tales fenómenos se utiliza también el medio combinatorio entre los elementos de la estructura lingüística cuya combinación no se consideraba antes posible. Hasta no hace mucho los frasemas de tipo:
leche en polvo, gas líquido, agua pesada, transmisión del órgano, organismo en calidad de señal, lingüística matemática, etc.
parecían imposibles. Estos frasemas a pesar de que se consideraban posibles desde el punto de vista del funcionamiento de los elementos formales, no tenían lugar en el código lingüístico como un sistema que fácil y rápidamente, sin interferencias y posiblemente con menores pérdidas permite la transmisión de la información. En la combinación de los elementos de la estructura lingüística resulta aparecer un proceso lingüístico que ya desde antaño está sometido con éxito al análisis con los medios de la lingüística tradicional que es el proceso de obtener unos nuevos significados de unos de los componentes del frasema o de todo el frasema en su conjunto. Estos nuevos significados obtuvieron incluso unas denominaciones que indican las vías de su aparición: el significado léxicamente vinculado (colocaciones), el significado constructivamente condicionado (coligaciones). Indiquemos que así llamados significados libres en la mayoría de los casos también son léxicamente vinculados y constructivamente condicionados. No obstante, en el estudio sincrónico del problema es de mayor comodidad estudiar precisamente así los variados tipos de significados léxicos.
La vinculación léxica o condicionamiento constructivo de significados son condiciones bastante favorables para economizar la energía necesaria en la transmisión informativa, lo que finalmente puede ofrecer las bases para la espera correspondiente de ciertos elementos frasémicos. Estos, propiamente dicho, serán los fundamentos del problema de la predecibilidad del elemento posterior del frasema. A veces la vinculación léxica es tan evidente que sobra la presencia del segundo componente frasémico que define el carácter del significado. Esto suele suceder en los casos de una combinatoriedad demasiado restringida. Así, por ejemplo, el verbo español fruncir se suele escuchar en combinación con la palabra el entrecejo, aunque se puede fruncir
la boca/ el ceño/ el gesto/ el labio/ la nariz/ la tela. En inglés, por ejemplo, la
palabra shrug puede combinarse sólo con la palabra shoulders (de igual manera que en español - encogerse de hombros), en ruso la palabra
скоропостижно - repentinamente se combina sólo con скончался - feneció
(comparemos la gracia del frasema скоропостижно женился - se casó
repentinamente que, evocando en la memoria una experiencia del uso del
adverbio скоропостижно - repentinamente, lleva a la rementalización del concepto de жениться-casarse), o en ucraniano la palabra закліпати –
pestañear se combina sólo con очима - los ojos. Es natural que tales palabras
frasémicos y a veces pueden actuar sin ellos. En el inglés moderno este proceso todavía no ha acabado, por lo cual los diccionarios admiten ambas normas del uso del verbo shrug: la transitiva (en este caso sólo con el sustantivo shoulders) y la no transitiva, en la cual el significado verbal abarca el significado del sustantivo. El verbo inglés wage tenía muchos significados. En la evolución de la estructura semántica de este vocablo se puede observar una paulatina desaparición de algunos de estos significados, debido a una restricción del número de palabras en combinación con este verbo. Como resultado evolutivo este verbo se usa sólo con las palabras war (hacer guerra) y battle (librar/ dar/ trabar una batalla). Sin embargo, aquí nos encontramos con un fenómeno cualitativamente muy distinto. En este caso no se puede hacer ningún tipo de economía. El sustantivo war no es redundante, puesto que la sensación de su presencia arrastra consigo el resurgimiento de uno de los significados que están en camino de desaparecer.
Claro, debido al problema de la diferenciación estilística entre los mensajes es posible hacer la omisión del sustantivo. Así se puede imaginar que en cualquier enunciado sobre el tema de la guerra, supongamos, se puede omitir el complemento solamente porque este se restablece fácilmente por sus relaciones léxicas. Sin embargo, esta no será la compensación lingüística de los elementos omitidos, sino técnica, parecida a la omisión en telegramas o mensajes por e-mail. Para la compensación lingüística de los elementos omitidos es necesaria su regeneración en uno de los elementos activos del comunicado. La palabra pesadilla como uno de los rasgos de su estructura significativa tiene ‘horrible, horroroso’, por esto la presencia de los epítetos
horrible, horroroso junto con la palabra pesadilla es redundante, tautológica.
La verdad es que estos epítetos pueden desempeñar el papel de reforzadores y en estos casos no se puede devaluar su papel, por ejemplo, cuando se pretende producir un efecto emocional. Son del mismo efecto los frasemas:
hazaña heroica, tenebrosa procesión fúnebre, medalla de honor, etc.
Es interesante también que la palabra calidad empezó a designar ‘bueno’, por ejemplo en el frasema signo de calidad y también en los derivados como calificativo. A pesar de que los sustantivos correspondientes empaparon los rasgos con los que se designan, su presencia en el enunciado se la puede explicar con la faceta subjetivo-axiológica de la información que
pretende provocar cierta reacción en el receptor. Si en la información desperdiciamos este lado de la comunicación, el mismo medio comunicativo deja de ser así, debido a que el objetivo de cualquier medio comunicativo es provocar una reacción de respuesta.
Pero volvamos al problema de la información que potencialmente se contiene en una palabra tomada por separado. Como se ve de los ejemplos citados, cada palabra tiene cierto contenido, es decir una cantidad de rasgos que en su suma componen el concepto. Las palabras de estructura morfológica simple contienen mayor variedad de rasgos que las palabras con la estructura morfológica compleja. Las palabras simples (vamos a nombrarlas condicionalmente así) en el proceso comunicativo se impregnaron de una gran cantidad de rasgos que se necesita un medio lingüístico complementario para que la palabra empiece a ser percibida como un elemento enunciativo. Estos rasgos auxiliares se suelen considerar el contexto y la entonación. El contexto en este caso daría el frasema. Cuando afirmamos que el contexto precisa o realiza uno de sus significados de la palabra polisémica, tenemos en cuenta que se efectúa el proceso de liquidación de las interferencias en el mismo proceso comunicativo. Estas interferencias son resultado de una cantidad de información demasiado grande que contiene una determinada señal del código. En esto se ve la primera diferencia del código lingüístico de cualquier otro código.
Imaginémonos, condicionalmente, que las palabras polisémicas no se precisaran por el contexto, que de los múltiples significados de cierta palabra en una información no se destaca un significado, sino están presentes a la vez todos los significados. Este tipo de mensaje no podría ser percibido por el receptor, debido a que la señal con su energía bloquearía el proceso informativo. En el lenguaje informático se podría decir que la palabra y, en particular, la palabra simple tiende a aumentar la entropía. Lo atestigua indirectamente la creciente cantidad de significados con las cuales la palabra se cubre en su uso. El contexto delimita esta entropía y la reduce a información que es lo contrario de la entropía.
El hechizo que tiene la palabra en los poetas está relacionado principalmente con su calidad de comunicar algo nuevo. Las obras de arte literario tienen valor porque todo el tiempo puede comunicar al “sabio”, es decir a la persona que posee en su tesauro correspondiente una nueva información, descubriendo las partes antes no vistas o rementalizadas de la
obra. La palabra es capaz de dar una nueva imagen sobre el objeto o un fenómeno real. Pero esta capacidad de la palabra existe solamente en potencia y se realiza en la combinación con otras palabras.
A veces los frasemas resultan ser tan inesperados, tan extraordinarios, incluso irreconocibles, lo que hace a los científicos descubrir el propósito del autor y obtener la información depositada en esta combinación léxica. Insinuaremos que la interpretación de unos fragmentos de las obras literarias no es otra cosa que el proceso de descodificación durante el cual se quita todo lo que interfiere en una percepción y transformación adecuadas a la información obtenida. Entonces el mismo proceso interpretativo, si efectivamente es una de las formas de la descodificación, es un proceso lingüístico y no extralingüístico. La verdad es que aquí también se puede conjeturar que el proceso descodificador también ha de ser objetivo y bastante exacto.