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1º Aquella relacionada con su participación en la política como instancia educativa, al respecto afirma: “el ejercicio de las virtudes cívicas, la sabia dirección y cuidados de la cosa pública; la solidaridad frente al egoísmo la tolerancia y comprensión frente a la fuerza y a la injusticia. privar a la universidad y a los estudiantes que debatan con plena libertad a cerca de los problemas de la nación, constituye un grave error en la educación puesto que se les aniquila la función de pensar y corta toda iniciativa de formar al futuro dirigente de un país.

2º La misión social que debe cumplir la universidad entendida no solo como un proceso de vinculación y de alternativa en la formación de sus profesionales en el desarrollo del país sino también por su espíritu democrático abierta a toda persona que desee estudiar en sus aulas, libre de toda restricción social o ideológica y ello con miras a que estas fuerzas sociales interpreten de manera real las necesidades de la sociedad.

En la Conferencia del Tbilisi (1977) se entendía, que la Universidad como institución debía responder a los problemas ambientales que enfrentaba la sociedad y tener una gran responsabilidad en la gestión y protección del medio ambiente, de esta manera en su calidad de centros de investigación, de enseñanza y de formación de personal calificado, deben dar cada vez mayor cabida a la investigación sobre Educación Ambiental y a la formación de expertos en educación formal y no formal” (UNESCO, 1978).

El Primer Seminario sobre universidad y medio ambiente en América Latina y el Caribe dentro del marco del Programa internacional de educación ambiental (UNESCO/PNUMA), se celebró en Bogotá, Colombia, en octubre de 1985. Como principal resultado de la celebración del mismo se plantea, en que concurrió una amplia representación de las universidades de la región (59 universidades e instituciones ambientales de 22 países) (Soriano, 2006).

Sin embargo, no fue hasta 1992, en la Conferencia de Río de Janeiro, cuando se señaló a la universidad como institución que debía jugar un papel importante en aras de lograr un desarrollo sostenible.

Como respuesta en los últimos años varias universidades han creado estructuras específicas (departamentos, grupos, cátedras, comisiones y órganos) ligadas a los problemas del medio ambiente. Por otro lado, los principales responsables o directivos a diferentes niveles de la Educación Superior manifiestan preocupación sobre la temática, demostrándose en las diferentes conferencias sobre el tema realizadas a nivel mundial, donde se enfatiza la necesidad de instrumentar estrategias y acciones de diversos niveles sobre los problemas e impactos ambientales.

En su compromiso, las universidades han desarrollado una serie de eventos entre los que se destacan Declaración de Tolloiers de rectores de universidades para un futuro sostenible, ratificada en 1991 por rectores de todo el mundo; Declaración de universidades por un desarrollo sostenible, suscrita en 1993, en Barcelona, España; Declaración de Universidades para un Desarrollo Sostenible y el medio ambiente, en San José, Costa Rica, en ella se instó que las Universidades se anticiparan a la sociedad en su actuación ante los problemas del medio ambiente y como en la búsqueda de un modelo sostenible.

La incorporación de la dimensión ambiental en las funciones universitarias problematiza la forma tradicional de producción de conocimientos científicos basados en las disciplinas y la forma de enseñanza tradicional que tiende a la transmisión de un saber fragmentario y "demanda la producción de un cuerpo de conocimientos más amplio, global, complejo e integrado sobre los procesos naturales y sociales que intervienen en su génesis y resolución" (Leff, 1987)

Gutiérrez y González (2005) sostienen que las universidades deben jugar un papel mucho más activo en el proceso de transición hacia las sociedades sostenibles, en razón del peso que poseen en la formación profesional, la investigación científica y la difusión de la cultura en las sociedades contemporáneas. Estamos asistiendo a un rápido crecimiento del número de jóvenes que acceden a los sistemas de Educación Superior, este hecho convierte a las universidades en escenarios privilegiados para la construcción de modelos sociales y económicos cada vez más sostenibles. El lugar que han de ocupar estos nuevos profesionales en los escenarios laborales del futuro constituye una

fuerza de cambio importante para afrontar los retos del desarrollo sostenible a escala planetaria.

Giuffré (2004) indica que en Argentina, según la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Humano, considera que las universidades, en su calidad de centros de investigación de enseñanza y de formación del personal calificado del país, deben dar cada vez mayor cabida a la investigación sobre educación ambiental y a la formación de expertos de Educación formal y no formal.

Como aspecto importante manejan que la Educación Ambiental es necesaria para los estudiantes, cualquiera sea la disciplina que estudien, no sólo las ciencias exactas y naturales, sino también las ciencias sociales y las artes, puesto que la relación que guardan entre sí la naturaleza, la técnica y la sociedad, marcan y determina el desarrollo de una sociedad. Se destaca también en el nivel universitario la importancia de la formación de especialistas, ya que se considera que, una educación entre los profesionales en torno a la solución de problemas concretos, es particularmente pertinente para desarrollar una comprensión del medio ambiente y adquirir capacidades que permitan resolver los problemas que surgen en la gestión del medio ambiente (Secretaría de Ambiente, 2003).

A raíz de la preocupación por integrar la problemática ambiental a los currículos y lograr un proceso formativo eficaz surgen las Redes Universitarias de ámbito internacional, que han posibilitado el intercambio de resultados en el ámbito de la Educación Superior.