1. Aproximación al concepto de capacidad
1.2. Funcionamientos y capacidad en la búsqueda de calidad de vida
1.2.1. Funcionamientos
Sen (2004) define como funcionamientos a los quehaceres o actividades que una persona realiza, y a lo que logra ser a lo largo de su vida, es decir, son las diversas
habilidades que tiene la persona, para convertir los recursos disponibles a su alrededor en acciones que contribuyan a que su vida valga la pena ser vivida.
Sen (2005) propone algunos ejemplos que permiten observar con claridad las “capacidades combinadas” como denomina Nussbaum al hecho de utilizar las habilidades internas con los aspectos externos. Un claro ejemplo es tener una bicicleta, considerada como un medio de transporte que puede facilitar el traslado de una persona por motivos de trabajo, educación o esparcimiento. Sin embargo, la bicicleta no representa lo mismo para una persona sana que para una que tiene una discapacidad física que le impida utilizarla. Es necesario distinguir entre “el andar en bicicleta” de “el poseer una bicicleta” (p.7).
Otro ejemplo ilustrativo y real ocurre en instituciones de educación en nuestro país. Es común que las autoridades políticas y educativas comenten como un logro el que diversas escuelas cuenten con computadoras, pues se quiere enfatizar el beneficio que la tecnología puede producir en el aprendizaje, pero resulta desalentador cuando se hace notar que las computadoras no tienen los paquetes computaciones que permitan su utilización, o cuando la escuela carece de las instalaciones apropiadas para su uso real. No es lo mismo “utilizar” una computadora, que “tener” una computadora. Estas diferencias son las que tienen un impacto en el ser y hacer de la persona.
De esta manera se observa que los funcionamientos no son los mismos aunque la persona tenga la misma oportunidad de poseer una bicicleta o una computadora. Las habilidades internas y oportunidades externas se combinan de forma diferente para cada individuo aún viviendo en el mismo lugar y bajo condiciones parecidas.
El caso anterior representa una limitante importante cuando se trata de hacer una evaluación comparativa de lo que las personas pueden hacer o llegar a ser. Lo mismo
ocurre en el siguiente ejemplo que describe Sen (2005): es posible observar que una persona que tiene el pan o cualquier alimento en cantidad suficiente no sufrirá hambre, pero al comparar dos personas no se puede tener mucha información observando sólo las cantidades de alimento que comen, porque no se sabe si alguna de las personas tiene un parásito que le impide la absorción de nutrientes, o si se trata de una mujer embarazada que requiere más vitaminas o proteínas, o de un niño que necesita crecer, o si el pan que llega a la mesa es distribuido de manera desigual entre los miembros de la familia.
Sen (2005, p.17) señala que los logros nutricionales dependen de:1) rangos metabólicos, 2) tamaño del cuerpo, 3) edad, 4) sexo (si se trata de una mujer embarazada o en periodo de lactancia), 5) actividades que realiza, 6) condiciones médicas, 7) acceso a servicios médicos y habilidad de utilizarlos, 8) conocimientos nutricionales y educación, 9) condiciones climáticas.
Entonces resulta que un aspecto aparentemente sencillo como distinguir si la persona tiene el alimento necesario para crecer y desarrollarse no es fácil de medir, y esto suponiendo que fuera el único propósito que cumple el alimento, pero también es necesario distinguir que la comida tiene una función social cuando se trata de las relaciones con otras personas y para las cuales el mismo Sen (2005, p.17-18) señala que habría otros logros que dependerían de: 1) la naturaleza de las convenciones sociales; 2) la posición de la persona en su familia y sociedad; 3) presencia o ausencia de festividades que celebrar; 4) distancia física de familia, amigos y vecinos.
Nuevamente, resulta que es necesario ser más preciso y observar los pequeños detalles que bajo un enfoque económico comparativo pasarían desapercibidos. Si bien podríamos pensar que este funcionamiento de la alimentación es altamente apreciado por
toda la humanidad, en realidad la valoración que se le da varía mucho no sólo de cultura a cultura, sino también de persona a persona.
Tanto Nussbaum como Sen coinciden en que existen algunos funcionamientos elementales como alimentarse o tener salud, pero que no se pueden perder de vista otros más complejos como integrarse en la sociedad, o tener autoestima. En cada uno de estos funcionamientos y sus interrelaciones con otros, influyen una gran cantidad de aspectos que son dignos de tomarse en cuenta. Al igual que con el ejemplo de la alimentación, en los funcionamientos complejos intervienen factores como las tradiciones, la religión, la economía de un país, la política, así como diferencias de género, edad, ocupación, influencias externas o bien una determinación personal. Todos estos factores pueden propiciar que una persona decida realizar una serie de combinaciones de sus funcionamientos para lograr algo.
Sen (2000) comenta que
el “conjunto de capacidades” estaría formado por los distintos vectores de funciones entre los que se puede elegir. Mientras que la combinación de funciones de una persona refleja sus logros reales, el conjunto de capacidades representa la libertad para lograrlos: las distintas combinaciones de funciones entre las que puede elegir esta persona. (p.100)
La postura valorativa de este enfoque de capacidad se basaría en dos tipos de información: por una parte las funciones o lo que la persona puede en realidad hacer; y por otra parte, el conjunto de opciones que tiene disponibles, o sea las oportunidades, lo cual a su vez tiene relación con la libertad para realizar actos valiosos.
Los elementos de esta teoría se entrelazan para proporcionar una perspectiva lógica y consistente, que permite entrar en detalle al espacio y tiempo de cada individuo, sin perder
de vista un panorama general que nos indica que las capacidades humanas centrales pueden ser utilizadas en todas las culturas y países.
Si el término capacidad puede ser definido como aquello que la persona puede hacer en su vida o puede llegar a ser, y para ello realiza actividades y quehaceres (funcionamientos), resulta importante reafirmar que hay ciertas capacidades que son indispensables y que las personas deben tener la habilidad de satisfacer.
Los mínimos considerados aceptables dependerán tanto de características personales como de aspectos del contexto social. Nussbaum (2000, p. 84) habla de tres grupos de capacidades:
1) Básicas. Se refieren a las características con que se nace, como poder ver u oír. 2) Internas. Se refieren a las habilidades desarrolladas por la misma persona, como
aprender a hablar su propia lengua.
3) Combinadas. Éstas se refieren a las capacidades internas combinadas con las condiciones externas que favorecen el ejercicio de la función. En este caso el ambiente debe ser propicio para que se desarrollen las funciones.
Es importante destacar que la autora presenta una clasificación de capacidades que no sólo va de algo muy particular y personal hacia aspectos más amplios que se extienden fuera del ámbito de la propia persona, sino que también implica un desarrollo que puede ser visto cronológicamente, pues mientras que las primeras capacidades denominadas básicas se poseen o se carecen en el momento de nacer; las segundas capacidades internas implican que la persona viva el tiempo suficiente para desarrollarlas y una cierta madurez, puesto que sí requieren esfuerzo y aprendizaje; para finalmente presentar las combinadas que demandan la confluencia de factores externos y para los cuales se necesita un dominio
de los dos tipos de capacidades anteriores, pues supone que con esos insumos podrá cada persona localizar oportunidades, en espacio y tiempo, adecuadas para su desarrollo.
Por otra parte, estos tres grupos de capacidades no deben confundirse con la lista de diez capacidades humanas centrales presentada anteriormente (páginas 21 y 22), más bien esta lista puede ser analizada a través de los tres grupos de capacidades anteriores. Ejemplo de esto es la capacidad básica de tener vida que aparece como primer punto en la lista; capacidades internas como la razón práctica que requiere un tiempo y un aprendizaje para distinguir entre el bien y el mal; así mismo incluye capacidades combinadas como la afiliación que permite interrelacionarse con otros en diversas situaciones sociales y en ambiente de respeto y reconocimiento.
El orden en la lista de diez capacidades centrales no está jerarquizado, es decir, los elementos de la lista no llevan una secuencia forzosa, ni implica obligatoriedad de unos para que existan los otros, sencillamente son aspectos centrales para el autodesarrollo independientemente de la posición en la cual se presenten.
Tanto Nussbaum (1999, 2000, Nussbaum y Glover 1995), como Sen (2005) señalan que este enfoque de la capacidad es diferente a aquellas perspectivas teóricas que se preocupan por indagar las preferencias, la felicidad, los placeres y la satisfacción de las personas, pero no se interesan directamente por la libertad, los derechos, las condiciones de vida. De esta forma afirmamos que la teoría de la capacidad va más allá de la satisfacción, al preguntarse qué es lo que la persona puede hacer o ser, proporciona un valor agregado al replantear cómo es que la gente de cualquier sociedad puede florecer al desarrollar sus capacidades.