2. IDEAS PARA LA AMBIENTALIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN
2.6 FUNDAMENTOS DE LA ETICA – LA ESTÉTICA Y LO AMBIENTAL
Si se entiende y acepta que la ética es ciencia eminentemente humana que fundamenta con sus principios morales la conducta del hombre, se tendrá razón en afirmar que sus fundamentos también tienen mucho de antropológico, psicológico y sociológico, tanto que al intentar fundamentar la bondad o no bondad de las conductas, se convierte la ética en una disciplina eminentemente normativa.
Los fundamentos hacen referencia a lo epistemológico, psicológico, a la antropología o filosofía, a la psicología y a la pedagogía, este último tanto en cuanto se convierte en compromiso de todo docente, por orientar con su labor educativa la formación de los alumnos con el fin de lograr de ellos, en definitiva, un mejor vivir donde reine la verdad, la justicia, el progreso, la paz, como fruto de una conducta según el querer de su propia conciencia y de Dios, autor de todos.
Para Ana Patricia Noguera, “la crisis ambiental que actualmente se ha venido manifestando a nivel global, tiene su origen en el movimiento de la vida misma: desde que existe la vida, existe la muerte, y los momentos de equilibrio que ha tenido el universo, el cosmos, son momentos que anteceden y preceden al desastre, al desequilibrio, al caos. Queremos decir con esto, que la crisis es natural en cuanto que el Universo es movimiento.
Sin embargo, nuestra reflexión sobre las relaciones modernas que el hombre moderno tiene con el medio ecosistémico podemos ubicarlas desde el punto de vista de su origen, en el momento en que nace la ciencia moderna y la forma moderna de pensar al hombre y al mundo: la racionalidad tecnológica. Para encontrar el origen de la crisis ambiental...”20
La conciencia es fundamentalmente razón práctica, ya que descubre y formula los principios que sirven para ordenar la vida. La conciencia es una realidad clave en la vida de todo hombre y en torno a ella gira toda la vida moral de la persona, como el conocimiento reflejo que el hombre puede tener de si mismo de sus actos, de su interioridad, de sus aspiraciones íntimas.
El sentido de la convivencia del hombre se ha ido desarrollando, penetrando cada vez más en el campo de la ciencia. El hombre primitivo tenía una conciencia espontánea, proveniente de la divinidad de las leyes, la conciencia del hombre actual se identifica con el mismo sujeto, pues tiene un carácter mucho más individual. El hombre mediante su labor se dio cuenta que debía reflexionar sobre los logros, reparando los caminos seguidos y así poder obtener una conciencia más clara de su situación como hombre en el mundo.
Se le permitió forjarse una concepción de su propia vida, de tal manera creó la atmósfera necesaria para las más altas manifestaciones espirituales, las cuales les permitieron tener una posición más firme en la lucha por el dominio de la naturaleza, por ser para el hombre conciencia de sí mismo y del mundo.
La conciencia de sí mismo y del mundo que lo rodea sitúa al hombre en una posición de privilegio respecto a todos los seres del universo, puesto que en él se conjugan la conciencia de lo material, de lo afectivo, de lo moral y espiritual. De ahí surge como primera aspiración la de conocer más sobre si mismo, de su mundo interior y exterior, o como se afirma en algunos círculos sociológicos conocer más del microcosmos y del macrocosmos.
Con el conocer le viene al hombre una segunda aspiración: Ser feliz. La felicidad del hombre radica en la bondad del acto humano, en el BIEN y desde el punto de vista cristiano, en obrar según el querer de Dios; en este sentido es válido considerar y reflexionar sobre las ideas de San Agustín en su libro “Las Confesiones”.
La vida en el hombre radica en la conjugación equilibrada de los elementos anteriores. Son los hombres como decía un escritor “seres del mundo con anhelos de infinito”, arraigados en este estado de cosas, el hombre siempre aspira a un mundo mejor. Hace suyas en sus aspiraciones, en sus sueños de grandeza, en su utopía humana.
Sin lugar a dudas uno de los aspectos del hombre que forman en cierto sentido la trama de la vida ética, es el aspecto social. Por todas partes y en todas partes, todo individuo está sostenido por una red de relaciones humanas que constituyen la sociedad. Las actividades que se desarrollan en comunidad, como la de tener el derecho de expresar su inconformidad, sus necesidades e intereses como sociedad, las relaciones que se establecen, la vida de sus individuos por medio de costumbres, mitos y valorizaciones.
Las minucias de la vida diaria, son actividades que tienden a la preservación de un grupo social y por ello ayudan a la satisfacción de las necesidades naturales y a la realización de los valores humanos.
Si el hombre es social por esencia, también es un ser ético por naturaleza, la eticidad le viene dada por ser racional y por ser constructor de relaciones. Aquí entran en juego todos los aspectos que forman la integralidad del ser. La trama de pensamientos razonados frente a lo que es bueno, recto y generador de paz, bienestar; de sentimientos, de actitudes “suponen una serie de principios que normatizan tanto la vida personal (relaciones consigo mismo) como la vida en sociedad (Relaciones con los demás y con Dios)”.
El equilibrio del hombre está dado por el equilibrio de sus relaciones, siendo cuatro los más fundamentales:
− Relación consigo mismo − Relación con los otros − Relación con la naturaleza
− Relación con Dios. Aquí radica la razón de ser de su existencia, la finalidad y destino de su vida, su trascendencia.
Frente al estado actual de crisis que vive el país en todos los campos, le corresponde al hombre, ser relacional, ser social, el buscar el equilibrio de todos los aspectos de su integralidad, lo cual equivale a afirmar, que debe reflexionar sobre todos los tipos de relaciones para poder hacer ajustes conductuales, para bien de sí y de la humanidad.
En el aspecto social, “es necesario cambiar de actitud con respecto a las acciones sociales en su conjunto, de suerte que éstas se puedan coordinar
más por comunicación que estratégicamente, porque la acción comunicativa es por si misma normativa y por ello mismo fundadora de paz.
Cuando se afirma que el hombre es una “persona ética” esto significa “a nuestro modo de entender, tres aspectos sucesivamente complementarios: La consistencia de una realidad que llamamos “hombre”; la comprensión de hombre como “persona” y la valoración de la persona como “realidad ética”. Sin la afirmación de estos tres contenidos es imposible hablar de dimensión ética de la persona” (VIDAL Marciano. Moral de actitudes Tomo II Ed. P.S, Madrid 1975). Cuando aquí se habla del hombre, ser integral, se hace referencia a estas connotaciones.
Esa persona ética que es el hombre es un ser lleno de grandeza y dignidad. “Ha existido y existe actualmente en las diversas formas de pensamiento humanista como una convergencia hacia el reconocimiento de la grandeza y dignidad del hombre” (Op. cit. VIDAL, Marciano p.90).