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Gál 1,21-24 “Estar en Cristo” y el Evangelio de la fe: fundamentos de la identidad

3.1. P EDAGOGÍA DE LA FE

3.2.5. Gál 1,21-24 “Estar en Cristo” y el Evangelio de la fe: fundamentos de la identidad

Uno de los problemas inherentes en el planteamiento de hacer hincapié en la continuidad de la totalidad de Biblia es definir el evento Cristo con el fin de subrayar su alteridad radical en el hecho de mantener una comprensión positiva (de continuidad) con lo que precedió, es decir, con la acción y la actividad de Dios en las Escrituras Sagradas42. La cuestión en Pablo, y en

todo el pensamiento cristiano radica, en donde está la continuidad y discontinuidad del evento- Cristo con la fe hebrea y la novedad del Evangelio. En Pablo, es de distinción radical reconocer que él heredó las convicciones de su formación rabínica y farisea, pero en el acontecimiento con el Resucitado, tuvo que revisar y resignificar de manera radical su tradición religiosa y convicciones de fe43.

La pregunta por la identidad de Pablo y todos los aspectos religiosos y culturales que le son inherentes, es, en este contexto y problema, está en el trasfondo de sus cartas y de la teología

41 Ibidem, 19.

42 Campbell, W. T and T Clark Biblical Studies: Paul and the Creation of Christian Identity. (London, GBR: Continuum International Publishing, 2008), 140.

43 Ibidem, 142. “Su identidad se entiende mejor comprendiendo la forma en que él la narra y describe en sus cartas, en relación con los problemas suscitados en comunidades, y sus convicciones revisadas a la luz del Mesías con relación al pueblo de Israel y la incorporación de los gentiles al designio salvador”.

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que trasmite cada una de ellas, y en los asuntos que atañen a la vida de la comunidad. A final de cuentas, es la historia de Israel, la narración de su formación y adhesión a la tradición de sus padres, el reflejo de sus prácticas comunitarias, y sobre todo y fundamentalmente su misión a los gentiles y su visión de Cristo Resucitado cuando es aplicada a los problemas relativos a la identidad de la comunidad, son los elementos que proporcionan a Pablo la materia prima de su teología.

La novedad que le proporciona su identidad en Cristo, de ser un apóstol de él para los gentiles, para toda la humanidad, en libertad que proporciona el Evangelio de la justicia de Dios, y no por las prescripciones de la ley, y la delimitación a través de fronteras étnicas y religiosas, (ruptura/discontinuidad), la creación de una nueva identidad y de una nueva comunidad, no le implicó a Pablo necesariamente una negación completa de su herencia y patrimonio religioso y de fe: “fue su tradición (la que) dio a Pablo el lenguaje para expresar su teofanía, y su visión de Cristo (continuidad), y que proporciona un nueva era en el entramado tradicional de las ideas”44 y en la historia y designio de la salvación de Dios en la vida del pueblo de Dios y de las comunidades cristianas originarias, así como lo hace en las comunidades de fe del aquí y el ahora históricos.

3.2.5.1.Las Iglesias de Judea “están en Cristo” y quehacer teológico (Gál 1, 21-22)

La novedad de la teología de Pablo del “estar en Cristo” es muy diferente a su halakhah judía, pero esto no significa negación de su pasado, sino reactualización y reorientación el mismo, es una reformulación radical a la luz de la nueva perspectiva que tiene su génesis en Jesus Resucitado. Es una reinterpretación de su vida a la luz del acontecimiento del Evangelio en su vida. Desde el punto de vista del quehacer teológico o de la pedagogía de la fe es fundamental reformular y ampliar el lenguaje del quehacer teológico, resignificando el contenido de las categorías tradicionales, pero haciendo emergen un leguaje de fe en concordancia con la persona del Evangelio leída en la densidad de nuestro presente y pensando en las generaciones futuras.

Que el “estar en Cristo” implique el quehacer teológico significa que toda teología cristiana ha

de volver a Cristo resignificando esa experiencia a la luz de los signos de los tiempos, las

44 Ibidem, 141.

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mociones del espíritu y los procesos humanos. Por eso, el desafío crucial para el quehacer teológico es saber qué memoria hacemos de la experiencia del Jesucristo, el Resucitado a partir de los textos de tradición apostólica. Primero. “estar en Cristo”, para la pedagogía de la fe, supone una cristología no de los meros contenidos y de las categorías de la prístina teología “clara y distinta” sino es aquella que implica a la condición humana con los acontecimientos centrales del acontecimiento-Cristo, su muerte y resurrección. Segundo. Para Pablo “Estar en Cristo” no significa hablar de un gran profeta, ni de un gran maestro, y mucho menos de un taumaturgo, sino fundamentalmente es proyecto humano de Dios45 para todos los hombres y

mujeres de ayer, hoy y mañana, y es allí donde ha de converger toda la teología y su quehacer. En este sentido el quehacer teológico es antropo-soteriológico. Tercero. “Estar en Cristo” no es sólo un hecho cristológico, sino un evento liberador, es decir, como Pablo leemos nuestra vida a la luz de Jesús-Cristo para poder “desvivirnos” nosotros por lo demás, sobre todo, por esas identidades y rostros martirizados, discriminados, enfermos, desheredados de la historia; para donar la vida por la sostenibilidad y sustentabilidad humana en su pluralidad, diversidad, ambivalencias y contradicciones. Cuarto. “Estar en Cristo” ha de suponer para la pedagogía de la fe una resignificación del contenido teológico del mesianismo de Jesús. No podemos prescindir de la dimensión martirial del seguimiento que hacemos a la persona del Evangelio, que se hace obediente hasta la muerte de Cruz, y más que un título cristológico, “estar en Cristo”, “es una designación fundamental de la persona del Cristo” que apertura su salvación a las gentes y sus pluralidades de vida con todas las consecuencias que ello implica. Aunado a esto, y como cierre, “estar en Cristo” supone para la pedagogía de la fe no un privilegio sino una manera de relacionalidad, comunicabilidad, educabilidad libre, responsable y no excluyente, ya que supone un diálogo ecuménico e interreligiosos e interidentitario.

3.2.5.2.El Evangelio y la pedagogía de la fe (Gál 1,22-23)

Para Pablo, Evangelio significa: (1) reorientar la vida al Dios de los vivos y verdadero (1Tes 1,9) en el cuál la humanidad es susceptible de salvación. (2) es el Evangelio de Cristo y su carácter profético, universal y universalizable, para los gentiles. (3) El Evangelio de Cristo, es

el Evangelio de la Justicia de Dios (Rm 1,17) como fuerza central de la teología paulina. El insight de esta afirmación “está en la proclamación de un Dios que salva a todos y que esta

iniciativa salvífica nos ha posibilitado nuestra liberación por medio del Evangelio de la justicia

45 Frades, E. “Pablo: el encuentro con Jesús que le cambió la vida”, En Revista de Teología ITER, No. 48- 49 (sep-dic.- 2009), 87.

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y la gracia de Dios llevada a su cumplimiento en Cristo Jesús (en su mesa compartida, pasión,

muerte y resurrección) por medio de su Espíritu”46.

Las consecuencias de esta comprensión para la pedagogía de la fe son las siguientes: (1) Creer en el Evangelio es creer al estilo de Jesús es asumir su fidelidad inserta en la condición humana, que hurgaba la historia y oteaba el horizonte. La experiencia de Pablo de Jesús se dio desde esa perspectiva, Jesús Resucitado le transforma toda la vida, hace que comprenda su nueva identidad y lo lanza a la predicación de Él mismo más allá de sus fronteras étnicas y religiosas. (2) Creer en el Evangelio supone creer en el Dios que se revela en Jesús. Un Dios que inspira, posibilita y capacita la vida para que vivamos de acuerdo con su querer, que no son sino las mismas posibilidades de realización y humanización humana. Dado que Dios no es sin nosotros, sin nuestra realidad en medio de sus búsquedas, fracasos, crisis y horizontes. (3) Creer en el Evangelio no es sino seguir y proseguir y reactualizar su proyecto de humanización en la densidad de nuestro presente y en su consecución prospectiva, por la transmisibilidad de las experiencias de fe a las generaciones venideras que han de hacer su propio camino. (4) Creer en Jesús, es llevar en nuestra vida las marcas de Jesús (Gál 6,17). Esto es, por un lado, leer la propia vida a la luz de la vida de Jesús y desde el decurso de Dios en la historia, y por otro, verificar la fe en el Resucitado con la propia existencia que no excluye las renuncias inherentes a la vida misma. (5) Creer en el Evangelio es creer que Jesús vive y vivifica nuestra vida, dado que Él encarna las aspiraciones más profundas del ser humano: su arrojo por una vida completamente nueva, según el Espíritu47.