3. PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
5.4. Desarrollo rural con rostro humano
5.4.1. Género en el desarrollo rural
La situación que viven las mujeres rurales, requiere analizarse desde la legislación, en el diseño y aplicación de las leyes y las inequidades genéricas. Autores como Sen y Grown, mencionan que la inequidad entre los géneros influye en el desarrollo:
Un proceso de desarrollo que merma y envenena la porción que toca a la gente pobre y además deja a las mujeres peleando por una mayor participación relativa no va en interés de la mujeres. Rechazamos la creencia de que es posible lograr mejoras sustanciales en la posición económica y social de la mujeres bajo condiciones de creciente desigualdad
(…) Tampoco es posible el desarrollo sin una mayor equidad y participación
para las mujeres (Sen y Grown, 1988).
De acuerdo con Sophie Teyssier (1997), al analizar los sistemas financieros, hubo interés creciente por el papel de la mujer en el desarrollo, este interés tomo dos formas distintas:
A favor de la equidad económica. Y la representación de la mujer.
De este análisis se desprende que la mujer, el ser más pobre entre los pobres, ocupa la situación con mayores carencias y menos apoyos. En 1970 Boserup, decía que los gobiernos no habían comprendido que las mujeres tenían un papel productivo además del reproductivo:
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No supieron reconocer la magnitud ni el valor del trabajo no remunerado de la mujer, no se ha valorado el aporte femenino en el desarrollo.
Desestimaron el trabajo remunerado de la mujer fuera del sector moderno, se resto importancia al trabajo y a las necesidades de la mujer.
Se planeaba el desarrollo con base en el hombre, se mide la producción de acuerdo a lo que el hombre genera, sin considerar la participación femenina.
Surge así una brecha de productividad basada en el género, más impactos negativos en el estatus de la mujer en la economía
Boserup (1993), afirmo “el género sigue un patrón geográfico identificable” Hay una agricultura con base femenina restringida a tierras propias.
En la agricultura con base masculina, las mujeres tenían un número limitado de tareas, sus tareas eran en el terreno doméstico, en consecuencia era difícil participar fuera del hogar y se vio poca participación en comercio.
Los programas de apoyo que surgieron encontraron los mismos problemas que aquellos basados en la equidad.
Señaló que las cifras de salud, nutrición, educación y participación de fuerza laboral, demostraban que las mujeres tenían severas desventajas ante los hombres, y que ese enfrenaba a todo tipo de obstáculos culturales, sociales, legales, y económicos que los hombre aun los más pobres no enfrentan.
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Se dio mayor atención al género en cuanto a servicios sociales para los pobres, que incluía desigualdades en educación y alfabetización, alta mortalidad materna y alta fertilidad materna y negativa
En el concepto de género se analiza la posición de la mujer, concluyendo que es una construcción social. Permite el análisis de división del trabajo y tareas dentro de la familia así como los roles enseñados y aprendidos. Éstos en consecuencia, dificultan que las acciones para el desarrollo sean incluyentes y favorezcan la plena participación de las mujeres, considerando las necesidades específicas, que le permitan combinar el trabajo productivo y reproductivo. Por otra parte la participación femenina es invisibilizada y minimizada, el análisis con enfoque de género busca reducir éstos efectos.
En los proyectos de desarrollo rural, dirigidos a la población en general, deben ser sensibles al género. Al medir el desarrollo como el crecimiento en la producción o economía, se está invisibilizando el trabajo de las y los pequeños productores, sin considerar que las mujeres realizan de manera paralela actividades productivas y reproductivas.
Al analizar el bienestar de mujeres y hombres de manera diferenciada, encontraremos desigualdades en el acceso a los medios productivos, para ellas las oportunidades son limitadas y aunque los recursos las tengan como destino, difícilmente pueden acceder a ellos. Es importante reconocer las desventajas que son consecuencia de las diferencias biológicas. Y como influye la situación de opresión a causa de la violencia, en la participación de las mujeres, en toma de decisiones. Esta opresión influye ten que sean las mujeres mismas quienes reconozcan sus necesidades y con base en ellas se generen los apoyos con la garantía de que serán ellas quienes tengan el control sobre los recursos y los beneficios.
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Martínez (2003) hace referencia a los sistemas de género tradicionales como limitantes para las mujeres en desarrollo, aunque la autora no lo define literalmente como veremos a continuación estas limitantes son formas de violencia de género, ya que entre ellas se encuentra el ejercicio de los derechos humanos y la toma de decisiones sobre su propio cuerpo:
La permanencia de esta división inequitativa del trabajo se vincula con la preservación de sistemas de género tradicionales que condicionan la conformación de identidades femeninas y masculinas y limitan a las mujeres en el acceso a información, a alternativas de empleo y recreación, al ejercicio de sus derechos humanos y de género y por lo tanto a la toma de decisiones sobre la propia experiencia vital, el cuerpo y el manejo de recursos (Martínez, 2003:75).
La inequidad entre hombres y mujeres también se puede observar en el acceso a la tecnología, tema que Beatriz Martínez expone y menciona como las actividades femeninas crecen de apoyo en la tecnología por considerarse “naturales” reforzando las diferencias entre el trabajo de hombres y mujeres, la autora refiere:
Las mujeres son o pueden ser usuarias de tecnologías apropiadas y de infraestructura moderna para el desempeño del trabajo reproductivo y productivo. Sin embargo la adquisición o adaptación de tecnologías relacionadas con el trabajo reproductivo no se encuentra dentro de las prioridades familiares, dado que este trabajo no es considerado como tal y es visto como un mandato natural, obligación y/o responsabilidad de las mujeres (Martínez, 2003:78).
El papel de la mujer en el desarrollo rural, en teoría, es preciado por las leyes, sin embargo revisar su aplicación ayudaría a comprender porque tales leyes no aportan beneficios importantes para mejorar la condición de las mujeres. Por ejemplo en el tema de posesión de tierras, no hay especificación escrita en las leyes para mujeres ni para hombres, pues la tierra hasta 1920 en la Ley de ejidos se estipula el reparto equitativo de la tierra dotada entre los jefes de familia sin mencionar a la mujer. En el año de 1927 por primera vez se menciona a las mujeres en art. 97 las dotaciones y restituciones de tierra serán con los requisitos: mexicanos,
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varones mayores de 18 años o en su caso viudas con familia. En 1971 Ley de reforma agraria se menciona: el dotar de tierras a hombre o mujer mayor de 16 o si tiene a su cargo familia. En el artículo 45 de la ley de Reforma Agraria se establece que la mujer puede, poseer ejido, voz y voto y serán elegibles en las asambleas como representantes. También el artículo 78 prohíbe acaparamiento, habiendo matrimonio se da por separación de bienes. En legislación agraria se introdujo la unidad agrícola industrial para la mujer en 1971 misma que estaba destinada para mujeres mayores de 16 y que no fueran ejidatarias.
Vázquez (1996) analiza la tenencia de la tierra desde una perspectiva de género, se refiere a tres factores que impiden la tenencia de la tierra por mujeres:
Estos factores son: 1) la relación indirecta de las mujeres con la tierra dictada por relaciones particulares de propiedad y trabajo al interior de la vivienda. 2) La exclusión de la mujeres de la política local: 3) los criterios legales que definen quien tiene derecho a la tierra (Vázquez, 1996:63).
La teoría del desarrollo rural que incluye el concepto de género es GED (Género en el Desarrollo), sin embargo esta teoría tuvo su origen en MED (Mujeres en el Desarrollo). Ambas han visualizado y valorando la condición, posición y la participación de las mujeres en el desarrollo. Se define a continuación Mujeres en el Desarrollo conocido como MED, sus principales ideas son:
a) La necesidad de incluir a la mujer en el desarrollo dadas las condiciones inferiores que tiene en la sociedad y que la excluyen de los beneficios del
progreso; b) cuestionamiento sobre el papel que “naturalmente” se le asigna
al hombre como jefe de familia y que lo hace, por lo tanto, beneficiario directo de programas de capacitación, tecnología, etcétera (Zapata, 2005:11).
El MED tenía ciertas limitaciones entre ellas las relaciones inequitativas entre los géneros, por ello ante la problemática específica de las mujeres
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surge el GED que analiza desde el género y cuestiona las relaciones entre hombres y mujeres, así lo refiere Zapata (2005):
Esta postura tomo en consideración las relaciones entre hombres y mujeres que constituyen el ámbito socio cultural. Se dice que sobre las diferencias biológicas se constituyen las diferencias sociales entre hombres y mujeres, las cuales se convierten en desigualdades sociales que se manifiestan como subordinación y discriminación de las mujeres y se caracterizan por la desigualdad entre sexos (Zapata, 2005:16).
Alberti (2004) se refiere al proceso de valoración del trabajo de las mujeres que se refleja en mayor participación e intercambio de experiencias, con ello la autora nos ilustra cómo este cambio en las concepciones y roles de las mujeres, es el Género en el Desarrollo pues analiza las condiciones laborales de las mujeres, su aportación al tema:
Actualmente se observa un proceso de valoración y respeto a su trabajo, reflejándose en una participación más activa de las mujeres en los intercambios de su experiencia en el cultivo con gente de su comunidad y de otras comunidades, así como presentaciones de sus proyectos a nivel regional y estatal. Este cambio sobre concepciones de las mujeres y sus nuevos roles se ha dado lentamente a partir de factores externos e internos. Uno de éstos es la crisis económica” (Alberti, 2004:97).
Autoras como Irma Arriagada (2007) refieren que en el desarrollo, la equidad entre géneros y el bienestar al interior de las familias son aspectos relacionados, de su equilibrio depende el desarrollo económico, social y cultural. Arriagada menciona también como desde el diseño de políticas deben considerarse los tres elementos para superar las deficiencias:
Los avances en el desarrollo económico tienden a asociarse con los del desarrollo social, la equidad de género y el bienestar de las familias, sin embargo esta relación no es causal ni automática. Las inconsistencias al respecto sugieren la complejidad de estos procesos y las dificultades asociadas al avance simultáneo del desarrollo económico, social y cultural. Esta discordancia es más notoria cuando se diseñan las políticas orientadas a superar las deficiencias en el avance de los diversos aspectos sociales (Arriagada 2007:40).
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Los movimientos de mujeres comparten la demanda de que sea el estado quien favorezca la equidad entre hombres y mujeres al crear políticas e instituciones transversalizadas por género. El GED plantea también la necesidad de incorporar la categoría de género en la agenda del Estado, Virginia Guzmán lo considera así en su argumento:
Desde los años de 1990 una demanda compartida por los movimientos de mujeres ha sido la creación de los mecanismos de género en el estado, los cuales se han denominado de distintas maneras: secretaria, servicio, instituto, pero la mayoría de ellos se plantea como misión institucional, el coordinar política a favor de la equidad de las mujeres e incorporar la dimensión de género en el conjunto de las políticas (Guzmán, 2002:14).
Entre las políticas que requieren ser analizadas y diseñadas con enfoque de género se encuentran las relativas a oportunidades de trabajo para las mujeres, pues además del “techo de cristal”, el trabajo femenino es poco valorado y una forma de reconocerlo es cuando hay un empleo masivo de mujeres, vistas como una necesidad estratégica de los empleadores, por ejemplo por sus destrezas, o para cumplir con un número de mujeres empleadas a pesar de malas condiciones de trabajo, Barrientos nos menciona:
Los motivos para empelar a las mujeres con frecuencia están relacionados con la idea que tiene los empresarios de que ellas poseen las destrezas necesarias para cumplir con los niveles de equidad impuestos por el comercio internacional. Gran parte de este empleo es estacional, inseguro o mal pagado, con normas laborales higiene y seguros deficientes y su organización es nula o cuentan con representación débil, en general es un trabajo margina a pesar del que las mujeres están vinculadas a la cadena de suministro global de productos frescos (Barrientos, 1999).
Por lo tanto GED busca la equidad en el medio rural y la implementación de programas que atiendan también la violencia contra las mujeres tanto al interior de la familia como fuera de ésta.