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La génesis de la conciencia

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17. La conciencia y el ser consciente

17.4. La génesis de la conciencia

Como lo veíamos por los estudios de la Universidad de Navarra, específicamente de Amadeo Mountané, “la activación, a nivel del sistema reticular en el tronco del encéfalo, genera impulsos nerviosos que se transmiten a la corteza cerebral a través del tálamo. Esto nos permite la experiencia consciente. Esta activación puede estar motivada por estímulos sensitivos y sensoriales que originan impulsos en la propia corteza cerebral, así como estímulos que pueden originarse en el cíngulo, el hipocampo, el hipotálamo y los ganglios basales” (ver gráfico). hoy en día se sabe que en las sinapsis

existen movimientos iónicos y flujo de neurotrasmisores, pero no

existe claridad sobre el modo como se desencadena en la célula cerebral la conciencia como tal y el ser consciente. Comentan Silva y Zagmutt que “llegar a formular una teoría explicativa de la conciencia equivaldría a develar el mayor misterio de las ciencias humanas y biológicas. Lamentablemente, aún no estamos en condiciones de llegar a tal formulación teórica” (191).

David Chalmers en «The conscious mind» coincide con Eccles en afirmar que la conciencia depende de las actividades neuronales. Chalmers comenta: “contra el reduccionismo defenderé que las herramientas de la neurología no pueden proporcionar una explicación completa de la experiencia consciente, aunque tengan mucho que ofrecer....Sin embargo, explicar la conciencia subjetiva constituye el «problema duro», pues aunque lleguemos a localizar y describir los grupos de neuronas que reciben o componen las sensaciones, siempre nos seguirá resultando difícil explicar por qué y cómo esa activación llega a producir la experiencia subjetiva que tenemos de los colores, sonidos, gustos, así como de nuestro mundo interior, sentimientos” (180). Chalmers considera que el desarrollo de la ciencia permitirá descubrir los mecanismos íntimos de estas funciones. Será cuestión de tiempo.

Si se realiza la separación quirúrgica de los hemisferios del cerebro, no se afectan muchas de las funciones cerebrales como el aprendizaje o la memoria. El hemisferio derecho se relaciona con funciones como la intuición y algunos eventos emocionales como la imaginación o la creación intelectual. El hemisferio izquierdo tiene que ver con la expresión verbal, el lenguaje, lo simbólico y el análisis matemático (192). La integración de ambos hemisferios se hace a través de las conexiones neurológicas, que le dan al cerebro una función integradora (193). El neurofisiólogo colombiano Rodolfo Llinás (1934), afirma que el tálamo, que está conectado a diferentes regiones de la corteza cerebral, sostiene un «diálogo» continuo entre sus neuronas y las de la corteza cerebral. Del mismo modo lo afirma Amadeo Mustané de la Universidad de Navarra, considerando que en ese diálogo: “se produce una oscilación que se expande y se transmite mediante un «barrido» desde la corteza frontal, hasta la corteza occipital, cada 12,5 milésimas de segundo. Esta dinámica está basada en los potenciales de acción, y en el paso del estado polarizado al despolarizado de millones de neuronas que se ponen en acción en este tiempo”. Esto significa que las experiencias de la realidad se integran en un brevísimo lapso en la corteza frontal, parietal, occipital y temporal. Llinás (ver foto) postula que este barrido es el que nos permite unificar todas estas experiencias polisensoriales, y el que nos da la sensación de continuidad y de unidad del mundo externo. Hoy en día se trabaja sobre medidas hechas con el llamado «magneto-encefalógrafo», que pueden registrar los campos

magnéticos de las células nerviosas, los cuales son muy débiles. Estos equipos tienen la ventaja de hacer registros de mayor profundidad que los que se logran con el electroencefalograma, pues registra fluctuaciones de voltaje, debidas a las corrientes eléctricas, que fluyen a través de las membranas de las neuronas. Este aparato muestra que el intervalo en el cual se pueden percibir dos eventos, llamado cuanto psicofísico, dura 12,5 milésimas de segundo (194).

La conciencia es uno de los temas más complejos y apasionantes en el estudio de la fisiología cerebral. Aún con las teorías expuestas, no se logran explicar los mecanismos neuronales precisos, o los efectos físico-químicos que tienen lugar en el proceso de «ser consciente». Habrá mucho por avanzar en la investigación de éste y muchos otros fenómenos de la mente. Es un hecho comprobable que existe un sustrato anatómico y neuro-biológico para su desarrollo, lo cual se corresponde con el hecho de que lesiones encefálicas, como traumatismos craneo- encefálicos, hemorragias, infartos cerebrales, tumores o sustancias tóxicas, pueden dar lugar a trastornos de la conciencia por afectación de las estructuras neuronales o de las funciones neuro- químicas de transmisión. Sin embargo, aunque es necesaria la concurrencia del tejido nervioso en la elaboración de la conciencia, hay autores que desconocen esa relación. Esto llevaría nuevamente a creer, como ocurre con muchos de los tratadistas que hemos mencionado, a que

se pueden separar las funciones mentales de una base orgánica, lo que sería desconocer que la

conciencia es una forma de expresión de la energía que requiere de la materia evolucionada en

el cerebro, a través de sus células especializadas y de sus intrincadas conexiones, y que

necesita, para expresarse, precisamente de esa base material, cuestión en la que he querido

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