van a dejar de hacer ni les va a dejar de gustar. Y en cuanto a quienes insisten que a las personas se les manipula para que salgan a comprar, es un gusto decirles que “no se puede seducir a una persona a la que no le interese el sexo, [así como] no se puede vender un blanqueador dental a una persona que no dé importancia a su aspecto físico.” (Heath y Potter, 2005: 240)
El origen del problema es el consumo competitivo, no el conformismo. Si los consumidores fueran unos conformistas, saldrían a la calle a comprar todos exactamente lo mismo y serían felices. No habría ningún motivo para salir a comprar nada nuevo. Por tanto, la necesidad de conformarse no explica en absoluto el carácter compulsivo del comportamiento consumista, es decir, el hecho de que la gente gaste más y más dinero estando en números rojos y sabiendo que no van a ser más felices a largo plazo. (…) En resumen, son los inconformistas, no los conformistas, quienes fomentan el consumo. (Heath y Potter, 2005: 121)
Conclusiones
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on el capitalismo de por medio, querer ser feliz pareciera que no es motivo suficiente para lograrlo. Le guste o no al hombre, él es un ser que está arrojado en un escenario que no conoce completamente, que le demanda acciones que son muchas veces contradictoras entre sí y que le impone ciertas condiciones, las cuales o bien lo restringen o bien le facilitan el cumplimiento de sus objetivos. En esa medida, es posible decir que de entrada el hombre que vive en un entorno como el capitalista, es un ser limitado en el ejercicio total de su libertad, que depende necesariamente de la forma en la que está constituido. Pero bueno, ¿qué sistema que funciona adecuadamente no limita al hombre?Que una persona esté ceñida a la forma de organización social, cultural, política y económica de su sociedad, que esté evidentemente restringida por esta, no aplaca de ninguna manera su insistencia en la búsqueda de la felicidad. Es de seres humanos buscar ser felices, independientemente del contexto en el que se encuentren. Y hay quienes afirman que lo son e incluso hay quienes dicen saber exactamente qué les hace falta para serlo. Aunque el escenario no brinda una total libertad para el hombre, este factor no logra exterminar por completo el impulso de los seres humanos por ser felices. “Si no es el paraíso, tampoco parece ya el infierno de carestía y frustración que describieron sus detractores oficiales.” (Lipovetsky, 2007: 13).
Para alcanzar el ideal de vida capitalista el sistema reclama astucia de parte de las personas, quienes deben estar con sus cinco sentidos puestos en sí mismos y en las decisiones y estrategias que aplican a diario. Las personas en esa medida, dirá Foucault, se convierten en empresarios de sí mismos que deberán procurar ser máquinas-productivas la mayor cantidad de tiempo que les sea posible. “Productivas” pues el dinero o la capacidad adquisitiva es un factor crucial para ser exitosas “capitalistamente” hablando, ya que será ella la que permita a una persona consumir y en teoría ser feliz.
Sin embargo, el empeño que una persona le ponga a conseguir y mantener el buen rendimiento de su empresa (de sí mismo), no asegura que lo logre hacer. Su rendimiento depende de muchos componentes que develan la injusticia y el desequilibrio propios del capitalismo: una persona depende de factores como su educación, su posición social, “sus referencias personales”, su apellido, su suerte, su buena alimentación, su apariencia física y hasta de su simpatía y carisma. En el capitalismo es común que no todos tengan las mismas oportunidades, es común que no todos logren ser exitosos. Y para despejar dudas es bueno preguntarse “¿qué pasaría si todos hiciéramos lo mismo?” (Heath y Potter, 2005: 280). No todos pueden ser jefes, porque no habría a quien mandar, no todos pueden ser afortunados porque la fortuna
Conclusiones
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Call Centers porque no habría quién los llamaría a despejar dudas, no todos pueden ser felices… ¿o sí? Sea cual sea la respuesta, la sociedad está construida y acostumbrada a operar a partir de la noción exclusividad, ese es el punto.
A pesar de este tragedia (no es sarcasmo) consumir tiene sentido, pues es una actividad realizada por personas que pueden dar razones válidas para justificarse como consumidores. La noción líquida de la existencia, la angustia, la ausencia de vínculos fuertes, y comprometidos con el entorno, junto a la sensación de seguridad ontológica que esta actividad le brinda al individuo, son argumentos muy fuertes que convierten al consumo en una práctica válida para la búsqueda de la felicidad. El consumidor no es un ser que esté obligado a consumir, es una persona que encuentra en el consumo una forma de expresar quién quiere ser, cómo se quiere sentir y cómo quiere ser visto por los demás y por él mismo.
Ahora bien, el tipo de felicidad que brinda el capitalismo no es un tipo de felicidad humanista, relacionada con el concepto Aristotélico de eudaimonía, el cual envuelve un estilo de vida que está encaminado en la búsqueda de sentido y en la construcción de un alma buena y virtuosa. El consumo no es una actividad que pueda asegurar estas cosas, por el contrario, la felicidad que brinda el consumo es bastante más
terrenal, más relacionada con el placer que con la reflexión, con el instante más que con la paciencia y el ejercicio juicioso de la voluntad. La felicidad consumista es un tipo de felicidad que se compra en un supermercado, no es una felicidad que se merece tras haber realizado grandes esfuerzos o que se gane como premio por haber llevado una buena vida.
Si se pudiera decir que la felicidad del consumo es un producto tangible, sería una droga que como tal, tiene efectos reales en las personas que la consumen. Sin embargo, como cualquier droga, la felicidad consumista (junkie) se agota, perdiendo la capacidad de actuar y dejando la necesidad de conseguir más para volver a sentirse bien (“síndrome de abstinencia”). Las personas quieren sentirse bien todo el tiempo, razón por la cual es comprensible que si el consumo logra hacerlas felices, estas sean adictas a él.
Como cualquier droga, la felicidad junkie tiene dos caras. Si bien brinda una sensación de control y de tranquilidad reales, el precio que tiene que pagar una persona que dedica su vida completa a la actividad de consumir, es igualmente real y además es alto. El capitalismo, si se toma demasiado en serio y al pie de la letra, desgasta pues le puede quitar al ser humano demasiado tiempo y energía que podría invertir en otras actividades propias de una búsqueda de sentido reflexiva y muy interesante. Quien dedica su vida