HOY EXIGIMOS:
LATINOAMERICANO DE REGULACIÓN, MEDIOS Y CONVERGENCIA Yo soy parte del Consejo Consultivo del IFETEL, además, y cuando estaban
10.12 GERARDO ALBARRÁN DEFENSOR DE LA AUDIENCIA DE RADIO EDUCACIÓN
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No creo que los medios públicos estén obligados a ser más eficientes,
porque siendo medios públicos o aspirando a ser medios públicos y como tal parte del Estado mexicano, tendríamos que verlos desde esa misma
dimensión, y el Estado no tiene que ser eficiente, tiene que ser eficaz. Un viejo paradigma, pero creo que todavía no pierde su sentido.
Ciertamente no es la misma radio la de hoy que la de Vasconcelos que creó en 1924, no es el mismo país, siquiera. Pero hay una gran diferencia que deberíamos de considerar para dimensionar a los medios públicos en general y a la radio en particular. En el medio privado, no existe la audiencia, para empezar, existe el rating y existe el rating en función del negocio. En los medios privados el negocio no es informar, no es construir ciudadanía, no es cumplir con el mínimo de función social de explotación de un bien público, que es el espectro radioeléctrico. El objetivo central de los medios privados es muy vulgar: es hacer dinero, punto y aparte. Y nos lo demuestran
permanentemente, no es que yo esté aquí inventando el hilo negro o contando algo que no se supiera.
Eso genera una gran diferencia, mientras en los medios privados no hay audiencia sino rating; en los medios públicos, la audiencia es la nación y con ella me refiero a toda, no sólo a la que sintoniza un medio público, sino a toda la nación. El medio público tiene que hacerse en función de que toda la nación es su audiencia directa y eso implica construir una televisión y una radio públicas que sea plurales, que sea incluyentes y, más que tolerantes (a mi ese concepto me produce cierto resquemor, porque implica un poco el que te doy chance de ser), más que tolerantes, creo que deben ser
respetuosos.
Y eso implica un medio donde quepan absolutamente todas las voces, particularmente las que no nos gustan, particularmente las que van en sentido contrario de lo que pensamos, particularmente aquellas que se
oponen a la idea o al ideal que tenemos de lo que debería ser cualquier cosa. En este sentido, creo que la función del medio público, y en un país como este en particular, tiene que ser la construcción de ciudadanía, y de una ciudadanía política y de una ciudadanía comunicacional, una ciudadanía en la que, recogiendo un concepto de Paulo Freire, sea una voz activa, que se
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rompa, a partir de los medios públicos, la cultura del silencio que en este país en particular, tanto en los medios privados como en los medios públicos, ha sido el eje del secuestro de la vida democrática. Lo que tenemos que pugnar es porque los medios públicos, retomo algo que me parece decía Aleida Calleja en este mismo espacio, lo que tenemos que hacer es vigilar y presionar a los directivos de los medios públicos para que demuestren la pertinencia de estos medios.
Es muy difícil hablar del futuro de los medios públicos en México, y en eso coincido mucho contigo Jorge (Fernando Negrete), con un lenguaje del pasado. Por también lo que señala Hilda (Saray, de Radio Educación) es fundamental. Normalmente pensamos, cuando abordamos el tema y la complejidad de los medios públicos, pensamos en los contenidos, pero rara vez pensamos en los fierros. Pensamos en los acotamientos políticos que tienen los medios en este país, pero no pensamos en los acotamientos administrativos que también se tienen en los medios públicos.
Recién me estreno en la Defensoría de las Audiencias de Radio Educación y me dieron una inmersión de choque en lo que significa la estructura
administrativa y particularmente de transparencia, de rendición de cuentas de Radio Educación y me he quedado pasmado, verdaderamente
asombrado. La cantidad de reportes, informes, todos los estamentos de control que existen en esa institución y, supongo, en el resto de la
administración pública federal, son verdaderamente asombrosos, al punto de, yo me pregunto, cómo le hacen para funcionar, teniendo todos esos candados. Aquí la pregunta es: y cómo le hacen para producir y cómo le hacen para hacer eficaces, no eficientes, con esos recursos tan magros que se tienen.
Un ejemplo, me parece, es la propia defensoría, donde se toma el recurso que se tenía para un defensor o defensora, como es el caso, para poder alimentar la unidad de género, derechos humanos y la defensoría de la audiencia. Esto en el papel, en la intención, es algo que me parece positivo, es bueno, porque sumas saberes, sumas visiones y aportan a esta
construcción de ciudadanía. Allí el reto es, con el mínimo para hacer, el poder realmente ejercer toda la función que debe tener una defensoría que
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no se limita solamente al mero papel de proteger los derechos de las audiencias, sino desde un lado más amplio cumple funciones de
alfabetización mediática y a través de ella de construcción de ciudadanía. Platicaba una vez, en una anterior función que tuve, como el primer ombudsman de MVS. Platicaba en un programa que tenía con Epigmenio Ibarra y él decía: si le cambias a la tele y a la radio, cambias la tele y la radio. En cierto sentido es cierto, pero no basta con cambiarle o apagarle a los medios privados, hay que contraponerlos con los medios públicos, con un verdadero compromiso y visión de Estado, junto con un elemento del que también solemos olvidarnos nosotros mismos, tal vez porque nos interpela, la obligación que tenemos todos y cada uno de nosotros de ser audiencia crítica, audiencia participativa y responder a la obligación que tenemos como ciudadanos de resistir el mensaje enajenante de los medios privados y el mensaje cooptado de los medios de gobierno.
El Estado lo construimos y lo constituimos todos los ciudadanos y en esa labor debemos impulsar, apoyar y presionar, vigilar a los medios públicos para que sean nuestro instrumento de cohesión nacional. Esa es la gran diferencia que hay entre 1924, con José Vasconcelos creando Radio