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BLANCA

en el original del Boletín Musical

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Buenos Aires, Octubre 21 de 1837«

M O Z A R T .

Jilo refiero tínicamente & Beelhoren y W eber, porque de

Mozart no debe hablarse. Con quién podremos compararle T Cuál es la ciencia deque pueda considerarse gefe este hombre estraordinario que ae mantiene solo de pié «obre un ptráctdo desierto dondo solamente pueden penetrar las rápida» y bri­ llantes miradas del pensamiento ? E s un italiano el autor de

la Flauta Mágica y de D . Juan? E s un nleman el grande ar-

lista que ha compuesto el Matrimonio de Fígaro y formado 6 Cherubini? Qué resultado« podrán sacarse para el arte de las obras de un hombre que tiene un modo nnevo, original y especial de escribir y de cantar 1 Las producciones de Mozart so respiran deleitosamente como el aroma de una flor, ementan como ana belleza ó se contemplan como un ástro refulgente. Pretender estudiarlas seria imposible! allí no ae percibe refle­ xión ni ciencia, en él todo es él fruto de la mas ingenua inspi- ración. A la naturaleza debemos pedir la espticaeion de estos secretos.

Debo confesarse para honor do aquellos piglost qoc acababan

(Enrique Blanz.)

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de salir do entre la barbarie de la edad media, que nunca se vió un entusiasmo mas ardiente y decidido por cualquiera es. pecíe de progreso. N o se trataba de satisfacer la vanidad per­ sonal ni los placeres; la juventud dominada de cierta inspira­ ción emprendía con ardor y celebraba cuanto tendiese & des­ pertar la inteligencia de su largo y profundo adormecimiento. Las grandes escuelas de literatura clásica, de pintura, arqui­ tectura y música recientemente abiertas en Italia, apenas bas­ taban á contener la multitud de estudiantes que concurrían de casi todas las naciones de Europa. Públicos y universales ho- menages de admiración, se prodigaban diariamente á las prin­ cipales notabilidades de aquellas escuelas. E l pintor y « I gran músico tenían sus sequasi que les tributaban honores á guisa de feudatarios.

No bien se hubo esparcido la voz de que Corelli, dirigía la ópera en Roma, cuando de toda la Italia y de varios pontos de Europa corrieron á recoger sus inspiraciones. E l Cardenal Ottoboni, hombre de gran talento, era uno de los mas íntimos amigos del gran músico, quien presidia los brillantes concier­ tos que se daban todos los lunes en el palacio de aquel prela­ do. Le llamaba á Corelli ü virtuosísimo di vioUno 4 vero

Orfto di notlro letnpore. (1) E l estilo de Corelli era sobre todo

(1) Arcangdo Corelli murió en 1713. F u i enterrado en el

Panteón al lado de Rafael. Se le levantó una estatua en el Va* titano cm esta inscripción: Corelli princeps musioomm.

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gracioso, dulce y natural; brillaba con una simplicidad tas* ¡¡estuosa. Si alguna vez se echa de mónos ese esplendor tan común en los violinistas contemporáneos, su acentuación era delicadísima. £1 violiu de Corelli según la espresion de Ge- mianini, pnrecia tener algo de la dulzura del clarín. Muchos años despues de la muerte del gran maestro, sus discípulo* ejecutaban sobre su sepulcro, una parte escogida de sus «Aras. Libación tierna y espresiva 5 tanto mas halagüeña, cuanto mas exenta estaba de toda adulaciónJ

Francisco Gemianini á quien acabamos de citar, nació en Lúea en 1680. Estudió los primeros rudimentos de la música con ol maestro Scarlatti y puso el complemento á sus estudios bqjo la sábía dirección de Corelli. La grande reputación que «o había grangeedo en Roma y su honorífico titulo de primar discípulo del gran maestro hicieron fScUraeote que la celebri­ dad de su nombre se «atendiese por toda Italia. L a brillantez y el buen gusto de su ejecución fueron estrepitosamente aplau­ didos en Nápoles. Sin embargo no se le juzgó suficientemente propio para la dirección de una orquesta. Dejándose arrastrar con frecuencia de su ardor é impetuosidad natural, se olvidaba de sus músicos. Esto le valió el reproche de olvidar dema­ siado la medida.

E n 1714 Gemianini llegó & Londres en el reinado de Jorge I. Aunque este Príncipe no sea considerado como un grande y exaltado protector de las nobles artes, con todo era alemán y amaba la música. E l Barón Kilmansegge, natural de Hano-

ver, chambelán de S. M., se declaró el Mecenas del jóven violinista italiano. Admitido Gemianini en la cámara del Rey, tuvo el honor de ejecutar varias piezas en presencia del mo­ narca : era acompañado por Handel que tocaba en el clave. Jorge lleno de admiración, declaró públicamente que el violin en semejantes manos ora sin duda el rey de los instrumentos : no se necesitaba mas para hacerle el artista de moda, sobre todo cuando el mérito do Gemianini era tan sobresaliente* £1 reinado de su brillante reputación, fué largo; duró 15 aüos\ Durante un periodo tan dilatado no tuvo igual en la finura de la ejecución, en la elegancia de la concepción, en la origina­ lidad y viveza del estilo. Despues se dedicó á componer al­ gunas obras didácticas, tratados de armonía y fue el primer

inventor de esos magníficos trozos de música imitativa entre los que tiene mas popularidad : la batalla de Praga, Gemianini

habia concebido la estravagante idea de reproducir por medio de los sonidos la mayor parte del 13.° canto de la Jerusalem del Tasso; pero todo el poder prodigioso y la admirable habilidad

del compositor fueron inútiles desde que traspasó los circuns­ critos limites de los onomatqpeyas.

(

Continuará

.)

BLANCA

en el original del Boletín Musical

EL REPUBLICANO.