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Grabado y fotografía

In document Radios de barro (página 67-85)

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¿Cómo empecé a hacer los grabados?

En las vacaciones de junio, andaba con muchas ganas de aprender a hacer grabado, me dieron unas instrucciones muy sencillas y em- pecé sin saber que se convertiría en una parte fundamental de este proyecto y de mi quehacer. Además, por esos días mi abuela, junto a quien siempre siento una paz inmensa para producir, estaba en el hospital, y mientras la acompañé, me parecía mucho más práctico llevar un linóleo y una gubia que una tabla de madera y unos tubos de óleo.

Mi motivación y el tema para los grabados salió de lo que me pasó con la pérdida del álbum y lo que me estaba pasando en ese momen- to, un bombardeo de sentimientos que se desataron respecto a mi familia, y que estoy segura tenían que ver con el estado de Rebeca. ¿Cómo me transmitieron esas memorias que yo no conocí o viví? Escogí para los grabados las imágenes de los primeros días de na- cimiento porque es ahí cuando se transmitieron a manera de abra- zos, lactancia, construcción del primer apartamento. Y porque para grabarlas, primero las busco, después las dibujo, las grabo, las impri- mo, entonces es un proceso de observación en donde salen a la luz impresiones y detalles que se conectan con los relatos. Porque ra- cionalmente no me acuerdo cómo adecuaron mis papás ese primer lugar donde vivimos, pero esas imágenes me conirman la calidez que siempre creo recordar.

Después fue viendo cada vez mas claro que al estructurar una obra no se puede partir de problemas formales, sino que toda forma debe tener en su base un fuerte sentimiento” (Libro Kathe Kollwitz citar). Leyendo una biografía de Kollwitz, me encontré con esto y pensé que con los grabados lo que hallé era la manera de dar forma a eso que tenía tan adentro y que no sabía como más decir.

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Para los primeros que hice, usé como referentes tres fotografías que pertenecían al álbum que describí páginas atrás y que por alguna buena razón conserve conmigo. Después las otras fueron aparecien- do de a poco en álbumes de algunos familiares y en cajones que hace rato no escarbaba. Tenía muchas ganas de hacer varios grabados, porque estaba disfrutando lo que pasaba y por eso mismo sabía que en su momento aparecerían los referentes fotográicos.

Algunos fueron hechos en una sola sesión de trabajo, pero a los demás me gustaba dejarlos quietos unos días, un par de semanas, mientras trabajaba en otros, y entonces volverlos a mirar, para así encontrarles ausencias y necesidades que antes no veía. Asímismo, el pequeño tamaño de la mayoría hizo posible trastearlos conmigo y trabajar desde la casa de un amigo, desde un restaurante, desde una sala de espera. Este método me permitió observarlos una y otra vez y ser muy consciente de todo lo que estaba pasando. Porque hacer grabado es para mi mirar varias veces, mirar las fotografías, mirar los dibujos, mirar los grabados una y otra vez.

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Durante la carrera en la universidad siempre busqué los temas para mi proyecto en la vida y en las preguntas de todos los días: ¿quién soy?, ¿quién es mi familia?, ¿quiénes son los abuelos? Todas estas preguntas las considero inagotables.

En pintura empecé retratando a las mujeres de mi familia: mi tía Eve- lia, mi abuela Rebeca y mi prima Nathalia fueron las primeras. ¿Por qué empecé pintando a mi familia y que signiicó para mí? Cuando se hace el ejercicio de observar como se acomoda una persona que está a punto de ser pintada, uno la mira y la vuelva a mirar. Mientras se concibe y ejecuta una imagen uno se da cuenta de cosas que proba- blemente antes no notó. Pintar a mi abuela fue darme cuenta de su seguridad, de lo erguido que podía llegar a acomodarse su cuerpo, y al mismo tiempo de la vulnerabilidad de su ser. Retratando a estas mujeres una y otra vez, dibujándolas, fotograiándolas y también gra- cias a las largas conversaciones que siempre hemos tenido, empecé a sentir que mucho de lo que hoy soy es a causa de esas personas y encuentro; entre más revelaciones, más razones tenía para validar quién soy. Por esto mismo las piezas que construí fueron más que ejercicios técnicos, fueron la excusa que encontré para darme cuenta que uno de mis temas era la familia.

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Sin embargo, yo tenía una preocupación y era que el proyec- to se convirtiera en un problema anecdótico. Por un buen tiempo me inquietaba a quién le importaría saber la historia de mi familia.

Esta duda se fue resolviendo cuando fui consciente de que aunque los grabados partían de algo muy personal, más que hablar de mi mamá, mi papá o de mí, los grabados aludían al rol de ser madre, padre o hijo, a los vínculos entre ellos y a momentos como el embarazo. ¿Y que podía ser mas universal?

Desde que los empecé a hacer, supe que quería enfatizar en los personajes y no en los espacios que describían las fotografías, pues de esta manera se siente como si estos personajes estuvieran flotando o sumergidos en un espacio indeinido, en donde la mirada se centra en el contacto, el afecto y los abrazos.

El aguafuerte de Kathe Kollwitz “Madre e hijo muerto” (1903) fue para la artista una pieza premonitoria, pues varios años después de su realización, su hijo mayor Peter muere en guerra y el sentimiento anterior al hecho se vuelve una realidad. A causa de la muerte, Kollwitz cae en una gran depresión de la cual se recuperara lentamente. Lo que llama la atención de esta obra es que aunque parte de su propia experiencia, está haciendo referencia a todas las madres que estuvieron o están en esa condición, más aun, se reie- re al rol de madre y al rol de hijo y a ese desgarrado abrazo de despedida entre los dos.

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Entonces, ¿quiénes son los protagonistas de mis grabados? Mientras los he estado haciendo me pregunto quiénes son esos personajes que salen de ellos. ¿Tienen estos los nom- bres de mi papá, mi mamá, mi nombre? En un principio yo lo creía, y también pensaba que estaba mostrando la mater- nidad de mi mamá, la paternidad de mi papá, mi fragilidad, la ternura de nuestros abrazos y la visceralidad de nuestros encuentros. ¿Pero no son todos estos estados y roles inhe- rentes a la humanidad?

Pensando en esto, llegué a la obra escultórica de Francisco Zúñiga; lo que me impresionó de sus iguras fueron los ta- maños de sus personajes, y cómo estos exaltaban sus roles: una mamá grande, desproporcionada, un niño pequeño y frágil. De hecho la manera en que titula su obra Maternidad (1958) deja ver que uno de sus intereses es la relación entre estas dos iguras. Así se deine el problema de los roles en el libro Francisco Zúñiga, catálogo racionado. Volumen I: “En su preocupación por la semejanza, surge la necesidad de dar paso al arquetipo sobre el retrato, y al moverse entre ambas permite que una Evelia pueda ser todas las mujeres de pie, una Esperanza todas las juchitecas (y su esperanza), una Soledad todas las mujeres de un pueblo (y la soledad de cada una de ellas), la resistencia como forma y tema que va de par con la igura. (Zúñiga, 1999: p. 32).

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Para la realización de los grabados es claro que parto de mi familia, porque es lo que tengo a la mano, lo que me importa y lo que conoz- co. Sin embargo, al pasar de fotografías a grabados, las imágenes en las que me apoyo se transforman y describen a unos personajes sin nombre propio. En esto, tiene mucho que ver la técnica, pues el trazo incontrolable de la gubia sobre el linóleo hace que los personajes se presenten como iguras sin identidad propia, cuyos rostros aparecen deformados. Me interesa esta técnica porque, teniendo en cuenta el blanco y negro y alto contraste, al inal se obtienen imágenes más reales que lo real. “A esos niveles, la abstracción que hay en toda es- cultura, es más real que la realidad misma. Es la clave de la vitalidad del arte y quizás para mí, el móvil profundo que guía mi trabajo. La escultura ha sido siempre la expresión de algo que existe en la rea- lidad de la naturaleza humana” (Zúñiga, 1999: p. 21).

Más adelante, cuando hice el ejercicio de recordar con mis papás y abuelos fue evidente que con el paso del tiempo algunas cosas toma- ban mayor o menor signiicado para ellos. “El olvido es el puriicador de la memoria. Es una criba que retiene lo esencial y deja correr lo que en realidad es accesorio” (Caballero, 2003: p. 22). Y haciendo los grabados me pasó algo muy parecido, desde mi actualidad yo estaba sacando lo más signiicativo que para mi había en esas fotos, tradu- ciendo la esencia de las mismas en una nueva imagen. Escogí las imágenes porque me causaban ternura, afecto, porque viéndolas me sentía y me siento en casa.

Encontré, haciendo los grabados, una relación en la ejecución con la escultura de bulto, con la gubia que saca lo que sobra del linóleo, en otras palabras la matriz se convirtió en lo que la piedra es para el es- cultor. Esta idea me viene del conocido pensamiento de Miguel Ángel diciendo que la obra ya estaba ahí desde el principio de los tiempos y lo que el artista debía hacer era quitarle, puriicarla, raspar hasta que quedara la esencia:

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“El no es sólo la eliminación de supericies aparentes de algún objeto externo, el esta eliminando supericies aparentes del yo, revelando su naturaleza original (...) Volvamos a la idea de Miguel Ángel de la eli- minación de supericies aparentes para revelar la estatua que había sido enterrada en la piedra desde el principio del tiempo. (Nachmano- vitch, 1990: p. 31. Improvisación en la vida y el arte).”7

El grabado tiene algo especial de perdurabilidad. El hecho de tallar se remonta a las cuevas de los hombres que cazaban y dibujaban en las piedras para dejar rastros y huellas de los animales que protago- nizaban las hazañas del día. Desde los tiempos más antiguos el ser humano ha tenido la necesidad de dejar un rastro de su existencia. De esa idea me surgió la necesidad de escribir en una matriz de linó- leo algunas de las frases más relevantes de la correspondencia con mis papás. Pues esas palabras se volvieron una parte fundamental de mis memorias, tan fundamental como los grabados y los archivos de audio de las entrevistas familiares.

7. Traduccion propia de: He is not just removing apparent surfaces from some external object, he is removing apparen surfaces from the self, revealig his original nature (…) Let’s return to Michelangelo’s idea of removing apparent surfaces to reveal or revelate the statue that had been buried in the stone since the beginning of time. (improvisation in life and art)

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— Hablemos de todo el lado artesanal del oicio de escribir. En este largo aprendizage que ha sido el tuyo, ¿podrías decirme quiénes te han sido útiles? — En primer término, mi abuela. Me contaba las cosas más atroces sin conmoverse, como si fuera una cosa que acabara de ver. Descubí que esa manera imperturbable y esa riqueza de imágenes era lo que más contribuía a la verosimilitud de sus historias. Usando el mismo método de mi abuela, escribí Cien años de soledad.

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