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Grammer (1992) Las cifras se han actualizado a los niveles de renta de 2009.

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Se busca: Relación positiva de una noche — Sexo de una noche

Imagine la siguiente escena. Usted va caminando por la calle y de pronto una persona atractiva se le acerca y le pregunta si le gustaría hacer el amor en su microbús, aparcado en un garaje privado cercano. Si usted actúa como el 99,2% de las mujeres, su respuesta sería un «No» inmediato, pero si es usted como tres de cada cuatro hombres, su respuesta sería «Sí». Este capítulo trata sobre los motivos por los que la gente mantiene relaciones de una sola noche.

En 1982, justo antes del estallido de la crisis del SIDA, los investigadores doctor Clark y doctor Hatfield llevaron a cabo un experimento en un campus universitario norteamericano. Una persona razonablemente atractiva del sexo opuesto debía acercarse a un miembro del alumnado y decirle que le había llamado la atención y que le gustaba mucho. A continuación, le formulaba una de las siguientes tres preguntas:

¿Quieres salir conmigo? ¿Quieres venir a mi casa? ¿Quieres hacer el amor?

Mientras el 76% de los hombres aceptaron hacer el amor con la mujer atractiva, prácticamente ninguna de las mujeres accedió a hacerlo con el hombre, aunque aproximadamente la mitad de ellas sí aceptó una cita con él. El doctor Clark repitió el estudio en 1989 para comprobar el impacto de la crisis del SIDA sobre la disposición de la gente a mantener relaciones de una sola noche. En el mundo posterior al surgimiento del SIDA, los hombres mostraban exactamente el mismo entusiasmo ante el sexo recreativo con completas desconocidas, mientras que las mujeres eran idénticamente reacias, pese a que más o menos la mitad de ellas continuaban dispuestas a aceptar una cita con el hombre.

Podemos considerar que estas mujeres —universitarias del estado de Florida en el momento álgido de la revolución sexual— no tenían ningún tipo de prejuicios respecto al sexo recreativo; pese a ello, un completo desconocido, por muy atractivo que fuera, sencillamente no superaba la primera

criba necesaria para que una mujer le considerara un amante válido. El experimento también hizo patente que, para la mayoría de los hombres, una completa desconocida resulta una opción perfectamente válida según su criterio a la hora de elegir pareja para una relación de una sola noche —el 76% de los hombres dijo «Sí» a la oferta de una mujer atractiva a la que no conocían de nada. Esta situación es perfectamente razonable, puesto que los hombres en cuestión operaban desde su patrón de búsqueda de compañera a corto plazo y las hormonas los devoraban inmediatamente.

Este experimento se ha repetido en múltiples ocasiones desde 1989 con unos resultados prácticamente idénticos. Cuanto más atractivo es el hombre que realiza la oferta, más mujeres aceptan una cita, pero continúan oponiéndose a mantener relaciones sexuales con él. Por su parte, cuanto más atractiva es la mujer, más hombres acceden a hacer el amor con ella. Mientras que por lo general las mujeres se mostraron desconcertadas, sorprendidas o incluso ofendidas por esta proposición espontánea, la mayoría de los hombres se mostraron contentos y halagados.

En otro experimento, noventa y nueve universitarios de una universidad norteamericana rellenaron una encuesta confidencial relativa a su actitud frente al sexo. Entre otros descubrimientos, se percibió que los hombres eran significativamente más propensos que las mujeres a manifestar su disposición a:

1. Hacer el amor con alguien a quien han conocido tres horas antes. 2. Hacer el amor con dos personas distintas en un período de seis horas. 3. Hacer el amor con una persona a la que no quieren.

4. Hacer el amor con una persona con la que no mantienen buena relación.

Esta encuesta resalta que nuestras reacciones inmediatas ante las oportunidades de índole sexual aparentemente no han cambiado en miles de años.

“Kinsey constató que el 69% de los hombres norteamericanos habían contratado una prostituta y que el 15% de éstos eran clientes habituales, mientras que el porcentaje correspondiente a las mujeres en este campo era menor del 1%.”

¿Qué es el sexo de una noche?

Hay muchas definiciones relativas al sexo de una noche. Puede que haya escuchado alguno de los siguientes términos: sexo recreativo, sexo esporádico, sexo anónimo, amistad con derecho a roce o polvo de una noche. Se puede llamar de mil maneras, pero siempre se trata de tener relaciones sexuales puntuales con desconocidos. También puede ser un acuerdo entre dos personas para mantener relaciones de forma regular.

En principio, el sexo ocasional parece involucrar a personas que se centran más específicamente en la satisfacción física que proporciona el sexo que en su vertiente emocional. La mayoría de personas opinan que el sexo ocasional carece de los lazos emocionales que acompañan a las relaciones. La idea del sexo sin compromiso ni ataduras resulta muy atractiva para los hombres aunque, como comprobaremos, la historia es muy distinta en el caso de las mujeres. El comportamiento de algunas mujeres de hoy en día crea la impresión de que su predisposición al sexo ocasional es igual a la masculina, pero no es cierto. Una mujer sólo siente inclinación a mantener relaciones sexuales ocasionales si sus niveles de testosterona son elevados (cosa que ocurre en menos del 20% de las mujeres), o si está ovulando y su cuerpo busca el macho correcto con los

mejores genes. Incluso en estas dos circunstancias, una mujer siempre conserva unos criterios mínimos a la hora de mantener relaciones con un desconocido. El deseo de mantener relaciones por puro placer físico está provocado por unos índices elevados de testosterona, circunstancia poco frecuente en la mayoría de mujeres. En el caso de los hombres es una constante. Las mujeres tienen una motivación más profunda. Un poco más adelante examinaremos esta motivación más detalladamente.

En el año 2008, el doctor David Schmitt, de la Bradley University de Illinois, realizó una encuesta a catorce mil personas de 48 países que rellenaron cuestionarios sobre el sexo ocasional indicando con cuántas personas esperaban acostarse en los cinco años siguientes y su inclinación hacia el sexo esporádico. Los resultados se transformaron en un índice de «sociosexualidad», un indicador sobre los niveles de liberalismo sexual a escala de pensamiento y conducta de los pueblos. No se incluyeron las tribus africanas pese a que se cree que se trata del colectivo más promiscuo del mundo. Según un indicador relativo a las relaciones de una noche, el número de amantes y la actitud de la población respecto al sexo, Finlandia ocupaba el primer puesto entre los países más promiscuos, seguido de cerca por Suecia.

Entre los países de más de diez millones de habitantes, Inglaterra ocupaba el primer puesto en materia de sexo ocasional, y también el primer lugar en la clasificación de ETS (enfermedades de transmisión sexual). Se cree que esto se debe a la decadencia de la religión, el impacto de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres y la aparición de una cultura obsesionada con el sexo, factores que hacen que el péndulo moral británico oscile en sentido opuesto a sus valores victorianos.

Los países más promiscuos (2008 OECD)

Inglaterra Alemania Holanda República Checa Australia EE.UU. Francia Turquía México Canadá Italia Polonia España Grecia Portugal

Una definición de «relación sexual»

A la hora de decidir el significado real de «relación sexual» y si alguien ha engañado o no a su pareja, hombres y mujeres usan definiciones distintas. Analizamos seis estudios principales relativos a esta cuestión para tratar de alcanzar una definición de «relación sexual». Esta cuestión fue de candente actualidad cuando el presidente de EE.UU. Bill Clinton realizó su famosa declaración sobre Monica Le winsky: «No mantuve relaciones sexuales con esa mujer.» Desde un punto de vista legal, tenía razón, porque el sexo oral no se considera legalmente una relación sexual, pero para cualquiera de nosotros no cabe duda de que mantuvo una relación sexual con ella. Esta es la definición colectiva que redactamos para combinar la percepción masculina y femenina de lo que es en realidad una «relación sexual»:

“Definición masculina: cualquier actividad sexual física, incluidos el sexo oral y el sexo convencional.

Definición femenina: cualquier actividad sexual física o emocional con una persona con la que se tiene una conexión.”

Desde el punto de vista masculino, una «relación sexual» es cualquier acto que incluya una actividad física, desde el contacto íntimo al sexo convencional. Para una mujer, sin embargo, es una actividad, física o no, en la cual una persona establece un lazo emocional con otra. Esta definición incluye tanto los juegos previos como las caricias sexuales, los bailes sensuales, los encuentros secretos para tomar café o para comer, los correos electrónicos íntimos o los chats por Internet, aunque el acto sexual no llegue a producirse. Todos los estudios muestran que los hombres definen el contacto sexual como una actividad física sexual de cualquier tipo, mientras que las mujeres lo contemplan basándose en sus connotaciones emocionales y de compromiso. Este punto enlaza con lo que hemos constatado previamente en este libro: los hombres pueden ver el sexo como puro sexo, mientras que las mujeres lo interpretan como una expresión de amor.

Casi todos los investigadores documentan que los hombres se muestran más entusiasmados que las mujeres a la hora de mantener relaciones sexuales sin emociones ni sentimientos. En 1990, los antropólogos John Townsend y Gary Levy, de la Syracuse University, estudiaron una muestra de 382 personas y descubrieron que los hombres deciden si quieren mantener relaciones sexuales con una persona en concreto basándose exclusivamente en el atractivo físico. También observaron que las mujeres tienen en cuenta un abanico de factores antes de decidir si desean mantener una relación sexual, entre los que se cuentan el afecto, el compromiso y los recursos —«¿Me quiere?», «¿Está interesado en una relación estable conmigo?», «¿Hay otra mujer?» o «¿Tiene dinero o potencial?».

En otro estudio, los sociobiólogos Ellis y Symons descubrieron que las mujeres jóvenes se sienten más inclinadas al sexo con un hombre si da muestras de potencial e interés en los hijos que ella ya tenga o en los que pueda tener. Pese a que las mujeres mayores se muestran menos interesadas en el potencial de un hombre para los hijos, siguen usando los recursos del varón como criterio determinante a la hora de decidir si desean mantener relaciones sexuales con él.

El tiempo que hace que una mujer conoce a un hombre también afecta a su decisión de mantener relaciones con él. El estudio revelaba, por ejemplo, que la mayoría de mujeres se plantearían mantener relaciones sexuales con un hombre atractivo al que conociesen desde hacía al menos cinco años, pero la mayoría no sentiría la misma inclinación si tan sólo hiciera seis meses que lo conocía. En el caso de los hombres, el tiempo no implicaba cambio alguno y estaban listos para la acción

tanto si conocían a la mujer desde hacía cinco años como si sólo habían pasado cinco minutos.

Por qué mantenemos relaciones sexuales esporádicas

Los aspectos negativos del sexo esporádico para los hombres son obvios: pueden ganar reputación de mujeriegos, contraer una enfermedad grave, ser atacados por un marido celoso, perder una importante cantidad de activos en un divorcio caro o acabar viéndose obligados a pagar los gastos derivados de unos hijos que podrían no ser suyos. Las mujeres se arriesgan a ganarse reputación de ser fáciles, ligeras de cascos o «zorras», algo muy apreciado por los hombres para el sexo a corto plazo, pero detestable en cualquier pareja a largo plazo por tema obvio de demostración de paternidad. Al mantener relaciones esporádicas, las mujeres también se arriesgan a acabar siendo madres solteras, lo cual reduce su valor de mercado y les plantea dificultades como el rechazo de su pareja y la pérdida de los recursos que ésta le reporta. En términos evolutivos, los beneficios que conlleva para los hombres son bastante claros: la reproducción. Para lograr este objetivo, los hombres desean mantener relaciones sexuales con muchas mujeres atractivas. Esto no implica que lo vaya a hacer; simplemente significa que está predeterminado a querer hacerlo. Si tiene cincuenta novias, podría producir cincuenta o más hijos por año, algo muy sensato desde la perspectiva de la supervivencia de la especie. Desde el prisma evolutivo, para una mujer no tendría mucho sentido tener cincuenta novios, ya que en cualquier caso no podría producir más de un hijo por año. Esta circunstancia supone que nuestras antepasadas debían tener otros motivos para aceptar el sexo de una sola noche. El comportamiento de algunas mujeres de hoy en día crea la ilusión de que las mujeres que buscan relaciones de una sola noche lo hacen por el mismo motivo que los hombres. Este tipo de mujeres se emborrachan, actúan con agresividad y de un modo ofensivo, emplean un lenguaje vulgar, provocan a los hombres y tienen relaciones de una sola noche. Sus actos parecen idénticos a los de ellos, pero su motivación es muy diferente.

Hay cuatro razones principales por las cuales las mujeres, tanto del pasado como del presente, participan en relaciones sexuales ocasionales:

Por problemas de autoestima.

Para evaluar a un hombre sobre su potencial a largo plazo. Para obtener algún beneficio.

Para encontrar mejores genes.