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El Gran Arquitecto del Universo, totalmente distinto del creador del Cielo y de la tierra.

LOS SEPHIROT, SUPERIORES A LA SANTÍSIMA TRINIDAD

6. El Gran Arquitecto del Universo, totalmente distinto del creador del Cielo y de la tierra.

La estrecha relación que existe entre la doctrina de la Kabala y el paganismo y, por consiguiente, de la masonería con los antiguos errores panteístas, es una prueba cierta de que el Gran Arquitecto del Universo, adorado por los masones, no es en absoluto el Dios de los cristianos, que creó al mundo de la liada.

No hemos de repetir aquí las innumerables pruebas aportadas por Eckert, Claudio Jannet, Deschamps Pachtler, Léo Taxil y otros valientes campeones del cristianismo; nos limitaremos a demostrar la perfidia con que se ha tratado y, desdichadamente conseguido, de desviar el juicio de gran número de masones, con ocasión de la famosa discusión en el seno de la masonería, sobre la necesidad de la creencia en un Dios personal.

Como se sabe, la gran mayoría de los masones ingleses, pese a su inscripción en la secta, están aún ligados al cristianismo de la Alta Iglesia Anglicana, y creen en un Dios creador del Cielo y de la Tierra.

Una declaración por parte de las autoridades masónicas, decretando no ser de necesidad creer en Dios para pertenecer a la masonería, hubiera llevado el desorden a las logias británicas, y comprometido gravemente la existencia de la masonería en Inglaterra.

Una de las mejores cualidades del carácter inglés, reside en su buen sentido, que no se deja ofuscar fácilmente por ideas metafísicas que puedan transgredir los límites de la razón.

La cuestión de la personalidad de Dios, o, para emplear la jerga masónica, el «Gran Arquitecto del Universo», fué sometida en 1875 al Congreso de Lausanna.

El delegado escocés. F. Mackersey, tras haber asistido a la primera reunión preliminar del Comité, dejó Lausanna, y publicó una circular, en nombre del Consejo escocés, declarando que el Congreso no había expresado en absoluto su creencia en un Dios personal.

Esta declaración ofrecía un gran peligro: podía atemorizar a la gran y sumisa masa de masones ordinarios, que nunca se han tomado la molestia de quitarse la venda de los ojos, y que, sin embargo, tan útiles son a la logia. Era preciso, pues, oponerle otra declaración, que, salvaguardando la verdadera doctrina masónica panteísta, bastara a tranquilizar las conciencias, desviando la inteligencia.

El Consejo Supremo de los Soberanos Grandes Inspectores Generales del Grado 33 del Antiguo y Aceptado Rito de la Masonería para Inglaterra, el País de Gales y dependencias de la Gran Bretaña, envió una circular, con fecha 26 de Mayo de 1876, fechada en el 33 de Golden Square (nótese el número 33 y el significado de Square —cuadrado— y Golden —de oro— que significan el lugar supremo en el mundo rendido a la libertad dorada) a las autoridades que le estaban subordinadas. Esta circular estaba firmada por los dos delegados del mencionado Consejo Supremo en el Congreso de Lausanna. Se decía en tal documento —que

tenemos a la vista—: «Si el delegado escocés se hubiera quedado hasta el final del Congreso, no se hubiera atrevido a emitir la declaración, insostenible, de que el Congreso no había expresado su creencia en un Dios personal.... pues el punto sobre el que más fuertemente ha insistido este Congreso ha sido el de expresar, como principio absoluto y fundamental del Antiguo y Aceptado Rito Escocés de treinta y tres grados, la creencia en

la personalidad de Dios como Autor, Creador, Creador Supremo, Gran Arquitecto del Universo, Ser Supremo».

. Si esta Circular manejaba con habilidad la superstición de los masones cristianos llamando al Ser

Supremo, reconocido por los masones el «Creador», no menos diestramente salvaguardada la verdadera doctrina masónica, explicando este término mediante la adición de las palabras «Creador Supremo», que implican una graduación en el oficio de crear, y la existencia de creadores o arquitectos inferiores, subordinados al Supremo o Gran Arquitecto del Universo. Crear, tiene aquí el significado de organizar.

La Corona, primero de los Sephiroth, no es el único «Arquitecto del Universo»; es únicamente el «Grande», pero bajo su impulso y dirección han laborado para construir y perfeccionar los tres mundos proyectados del Mundo de las emanaciones, la Sabiduría, (masculino) y la Inteligencia (femenino); la

Misericordia (masculino) y la Justicia (femenino), así como la Fuerza (masculino) y la Gloria (femenino), o,

para resumir esta serie de Arquitectos inferiores, el Rey Santo y la Matrona.

Si nuestra deducción no es errónea, y la Corona representa electivamente al Ángel Caído, se trata, en electo, de un Ser personal; es el Creador Supremo, el primer organizador o, más exactamente, el primer desorganizador del mundo.

El documento citado continúa diciendo: «Los miembros (del Congreso) esperan que, con la definición dada, nadie puede hacerse miembro del Antiguo y Aceptado Rito Escocés sin creer en un Dios personal, y que ello alejará a los librepensadores, contrariamente a las prácticas de ciertas otras corporaciones que les reciben en su seno, revelando así tendencias puramente materialistas».

De nuevo se maneja aquí la debilidad de los que creen en un Dios Creador del cielo y de la tierra, y, al mismo tiempo, se salva la doctrina Kabalística de la Logia, haciendo una distinción entre el libre pensamiento,

puramente materialista y el que, junto a la materia eterna, admite un espíritu, como lo admite, efectivamente,

la Kabala.

Siguen las pruebas de la Circular para estas afirmaciones, que, ya se ve, son esencialmente ambiguas y claramente equivocas. La primera es el testimonio de uno de los delegados presentes, quien declaró solemnemente, que «uno de los grandes fines del Congreso, era el de probar al mundo que al Antiguo y Aceptado Rito Escocés, no admitiría jamás en sus filas a nadie que no creyese en Dios como Creador, Autor y Gobernador de todas las cosas, como Dios personal, como Jehovah».

Esta prueba tiene el mismo valor que la afirmación ya citada. Ya hemos visto, y aún volveremos a ver como la Kabala da el nombre de «Jehovah» a su «Gran Arquitecto del Universo», a Lucifer.

La segunda prueba está extraída del párrafo octavo de la Declaración de Principios masónicos. La Masonería establece como principio que el Creador Supremo ha dado al hombre, como su bien más preciado... etc., etc.»

Y concluye con esta exclamación: «Si estas palabras no designan al Dios único, que está por encima de todo, y que es un Dios personal, ninguna otra lengua podría hacerlo».

Esta prueba, confirma la diferencia ya establecida entre el Creador Supremo y los creadores inferiores. Si el Consejo hubiera sido sincero, ¿no habría hecho mejor en decir, sencillamente, «Dios, que ha hecho el Universo de la nada»?. Esta afirmación habría cerrado automáticamente el paso a la ambigua deslealtad. El espíritu de mentira e hipocresía, está tan arraigado en la masonería, que hombres, honorables por todos los demás conceptos, no dudan en recurrir a equívocos que un ojo imparcial descubre a primera vista. Cuanto más avancemos, más frecuentemente veremos ese espíritu falso, y embustero, inspirado a la masonería por aquel que «es Embustero y padre de la mentira»61.

En fin, la mejor prueba que podemos hallar del equívoco contenido en estas declaraciones de las autoridades masónicas, será ésta: después del Congreso de Lausanna, en una tenida verificada en 1887, el Consejo del Gran Oriente de Francia, elimina de su constitución masónica la afirmación de la existencia de Dios, condición hasta entonces necesaria para admisión de candidatos. En 1878, la Gran Logia de Inglaterra, tomó la siguiente resolución en la que se reconoce la misma ambigüedad: «En lo que concierne a la creencia en la existencia del «Gran Arquitecto del Universo», como de los principios sobre los que está basada la masonería, no podemos permitir que se exprese una negación formal de tal principio, ni podemos reconocer a los que lo niegan».

La Gran Logia habría hecho mejor en no decir nada, pues no se trataba de la existencia de un Gran Arquitecto, sino de Dios, que ha hecho el Universo de la nada. Pero el equívoco tuvo buen éxito.

Todavía se ha ido más lejos. Como el Gran Oriente de Francia dirigiese una comunicación a la Gran Logia de Inglaterra, en la que negaba «que el Gran Oriente de Francia, al revisar ciertos términos de los artículos de su constitución haya manifestado deseo de hacer profesión de ateísmo y materialismo», la Gran Logia de Inglaterra hizo intervenir al Príncipe de Gales, su jefe visible, que no comprometía en nada a los

invisibles. Ambos hicieron responder al Secretario de la Gran Logia en estos términos: «La creencia en Dios es

el primer principio de toda verdadera Masonería, este principio no ha sido reconocido por el Gran Oriente de Francia; no puede, pues, pedir a su Gran Logia que revoque su decisión y participe en la destrucción de lo que los masones ingleses consideran, desde tiempo inmemorial, como la condición primera y esencial de su existencia masónica62».

Podríamos multiplicar los testimonios de los adeptos, para demostrar lo que, desde luego, veremos más adelante. Que los Hermanos, se forman gradualmente, primero, en la indiferencia religiosa, en los primeros grados, hasta el anticristianismo de ¡os Rosa-Cruz, del grado 18, al perfecto panteísmo de la filosofía religiosa de los judíos, en los grados más altos, para llegar, por fin, al luciferismo. La luz masónica, prometida a los candidatos a las logias, acaba en las tinieblas de la teosofía kabalística. El delegado escocés en el Congreso de Lausanna el Hermano Mackersey, tenía toda la razón: el Gran Arquitecto de la Masonería, no es el Dios creador adorado por los cristianos y todos los hombres sensatos. La Masonería es culpable del crimen de idolatría y satanismo.