Para el estudiante que desea estar en Relación con el Instructor y con ello Alcanzar una porción del adelanto Progresivo del Instructor: éste es el tiempo
En que debéis girar la llave de la Gran Voluntad
Estar en relación con el Instructor es alcanzar una porción del adelanto progresivo del Instructor. Aún un maestro de escuela común y corriente sabe que un niño que sueña o uno cuya atención divaga no asimilará tan bien como el que está atento. Algunos de vosotros han leído nuestra enseñanza sobre la ascensión con descuido. Otros, sinceramente y con diligencia, han tratado de entender cuanto pudieran. Algunos pasaron por alto Nuestras palabras como si procedieran de una fuente humana ordinaria.
Deseo hacer hincapié en que muchas almas han viajado por el sendero que lleva a Dios en las condiciones más agotadoras y atravesando caminos de lágrimas y tribulaciones para poder llegar y escuchar instrucciones menos formales que las que He ofrecido tan generosamente a todos. Ahora que llegamos al punto en que os comunicaré los Misterios Menores y Mayores de la Ascensión, deseo desligar Mis energías completamente del nivel personal. Para hacer esto, permitidme recordaros que todo los que hasta aquí He dado –esto es, toda esta enseñanza- es conocimiento por el que individualmente tendréis que responder. Quienes no han leído pero a quienes se la ha enviado tienen también una responsabilidad definida. Los que han leído sin detenimiento y sin comprensión tienen igual responsabilidad.
En la medida en que esta ofrenda de los Maestros Ascendidos se da con tanta alegría y tanto amor, es de esperarse que los que la reciben lo hagan igualmente con amor y gracia. Os digo esto al separarme del contacto personal con vosotros, para poder identificarme totalmente con la Gran Emanación Divina de la Vida que está dentro de vosotros y que es la fuente de toda la Vida que se os dado.
Es esencial que vuestra mente no divague, que vuestra conciencia no vacile, que no comprometáis vuestra atención en asuntos menores en los momentos que habéis destinado a tratar de comprender estos asuntos mayores. En Nombre de Dios, amados Míos, si la enseñanza sobre la ascensión fueran tan sencilla, que en cierto sentido lo es, y se dominara con tanta facilidad, que también es factible, ¿por qué hay tan pocos en cada generación que sean capaces de alcanzar este preciosos regalo de Dios destinado a todos los hombres?.
Según el Consejo Kármico, no es culpa ni de la enseñanza ni del instructor. Si la culpa no es del Instructor ni de la instrucción, ¿de quién es entonces?. Estrictamente, del individuo común, que toma tan en serio las cosas trilladas y triviales y que le parecen de tanta importancia que apenas se da cuenta de lo importante que es la gloria invisible del reino de Dios.
Esta gloria invisible, que se os proporciona semanalmente como ofrenda tangible de los Maestros Ascendidos, es el regalo más serio y benévolo de la Vida que los hombres hayan tenido jamás –aparte de los momentum originales de su Gran Yo Divino que yacen durmientes en el seno de cada hijo de Dios.
Estos momentum de gloria personal están a la espera del “beso” del “Príncipe del Reino”1,
[El “Príncipe del reino” es vuestro bienamado Santo Yo Crístico quien, al dársele (por la correcta aplicación de vuestro libre albedrío) el “reino” de la autoridad para que gobierne los dominios de la conciencia inferior, abrirá la puerta a una gran abundancia de bendiciones de lo alto]
que traerá a la “Bella Durmiente” del Yo Divino a la manifestación y acelerará dentro del vosotros toda cosa buena, para que todo lo que había estado durmiendo e inactivo pueda ser elevado al servicio del Rey (la Poderosa Presencia YO SOY) en nombre de vuestra propia liberación.
Os agradezco la atención prestad y por la capacidad de servicio divino que habéis ofrecido. No podemos pedir más, ni lo hacemos. Vuestra Presencia Divina será siempre la que alumbre al ego, y la luz inferior no puede más que reflejar la Luz mayor. Toca a cada individuo, entonces, comprender el gran papel que debe desempeñar la voluntad consciente en su propia liberación de todas las circunstancias externas para ascender a los cielos del reino inmortal.
La disciplina que damos en palabras puede parecer repetitiva a la mente exterior, pero es absolutamente necesaria para contrarrestar los atractivos tremendamente repetitivos y, en definitiva, persuasivos del mundo exterior, que pretenden hundir al hombre, junto con todas sus energías, en un desperdicio de la oportunidad del Ciclo. Los hombres van de aquí para allá y de allá para acá. Luchan por doquier para encontrar un poco de solaz en su conciencia egoísta herida. Sus inseguridades básicas son legión, y no saben para dónde mirar. El camino de lo Divino es el único que lleva al Hogar. Todas las demás puertas y vías son callejones sin salida por los cuales cada corriente de vida deberá entregar cuentas algún día.
En entregarse suavemente a la Presencia de Dios se inicia, para empezar, en la voluntad. La voluntad es la clave, a través de ella tiene algo que decir el ego2. [“No hay arma más mortal que la voluntad”. F. Max Muller, ed. The Sacred
Books of the East (Oxford: Clarendon Press, 1879-1910), vol. 40. “The Writing of Kwang-Tze”, The Texts of Taoism, trad. De james Legge (189), pág. 84] Habéis deseado imágenes
inferiores. Habéis deseado la imperfección. Habéis dado la espalda a las verdades divinas y evidentes, aún para un niño. Habéis reconocido y aceptado que hay más en la vida de lo que el ojo puede ver, admitiendo un propósito infinito aunque desconocido.
Los esquemas de los hombres son todos inútiles. Las vías están, pero ¿y el tren?
Los Hombres dicen “Es, es” pero no escogen bien.
Van hacia atrás, lejos de la luz,
y van chasqueando, inmersos en los sentidos, sin ver la gran dispersión de la Vida.
Las energías, como ciempiés,
se van robando divino tiempo y necesidades a los hombres y mujeres que Dios hizo para que fueran arrojados y temerarios: para erguirse y participar
en el dominio de todo lo que debió haber sido y todos de concierto
aprender a amar al Señor en verdad.
Éste es el tiempo en que la gran llave de la voluntad debe girar en la puerta de la oportunidad cósmica; éste es el tiempo en que lo viejo
debe ser renovado en que todo lo invisible debe volverse a revisar. Porque Dios es uno, Su llama es amor;
ansía llevar al hombre a las alturas donde, al mirar hacia abajo, puede ver la hermosa vereda de los libres
que senderea por las llanuras...
la vida divina está siempre en movimiento. A través de los hombres derrama su sabiduría, el poder de ver y televisar
las alegrías del Cielo a todos los hombres, buscar nuevamente la levadura cósmica y levantar la hogaza de la Eucaristía guardando siempre sagrada cita, vigilia de la Llama de la Comunión que guarda la fe en el nombre de Dios. Su honor es luz sin empañar,
que iluminará la noche más oscura y hará resplandeciente cada hora
donde la luz de la Victoria del Sol Cósmico puede levantar un estandarte para todos.
¡Oh, Paz en la Tierra, Buena Voluntad a los Hombres!3. [Lucas 24]
Comenzad, en mí y en los hombres todos, a desgarrar el velo entre la noche
y al belleza de la luz,
para liberarme de todo lo que ata, extirpad las viseras de mi mente, y dejadme ahora y siempre sentirme arrobado por Su amor por mí.
YO SOY Tu hijo, ¡Oh, divino Señor!
Me encuentro ente los rayos de la ascensión; Tu llama me hará siempre subir
por la escalera de nuestro Dios; me regocija caminar bajo Su cetro y por la instrucción de Su palabra para esgrimir el poder de Su Espada. Una verdad que sólo puede ser adorada hablará a los corazones por todo el mundo sobre la Paz que hoy he encontrado
y verán que nubes de gloria me rodearán, para llevar mi copa. ¡Oh, Paz; aquiétate!4
[Marcos 4:39] y que Tu alegría
fluya en mi corazón,
como desde Tu ser otorgas una mayor medida de Tu poder
para moldear mi victoria a cada momento y ayudarme, cuando el camino es duro, a saber que Dios nunca se jacta;
cumple Su Palabra: “YO SOY EN TODOS” de tener respuesta para toda súplica.
Ven, ¡oh, bienamado Santo!
y teje la vestidura de Tu llama
alrededor de este templo en nombre de Dios; vestido de bodas para Tu fiesta5
[Mateo 22:11-14]
cuando la contienda termine, la guerra cese; el muro ha caído, el camino está libre; me elevo – me aproximo
por la Obediencia crística a Tu ley.