Meditaciones seráficas
III
Niñitos que queréis entrar en el Sitio del Hijo de Dios, la conciencia donde
Dios es: YO SOY, y como YO SOY Vosotros sois,
Nosotros somos, ellos son –Es. Por lo tanto, Entrad por la puerta abierta del paraíso Venidero
Para concluir las Meditaciones Seráficas, y antes de avanzar en nuestras Actas, os damos los pensamientos del capitán de las Bandas Seráficas, Justinius.
Contemplé la predicación de Dios, la Primera Causa, sin mácula, de brillo monádico, calificando a cada desprendimiento monádico con la similitud intensamente resplandeciente del Divino. Qué delicia de igualdad, sin defraudar a nadie, los celos no habían nacido. El fuego persistía, no diminuto ni finito. Era una espiral creciente de concepto. Desde el punto emergían los círculos y, como las manecillas del reloj, tejían en el espacio un cono que, cual dorada escalera, escalaba las alturas, sondeaba las profundidades y unificaba lo diverso.
¿Dónde se encuentra la división entre nosotros?. No la hay. Todo lo que divide no está entre nosotros. Todo lo que aspira a conquistar no se encuentra entre nosotros, porque Su Amos nos enamora. El rubor del pétalo de una flor es translúcido para nosotros, porque Su Luz fluye a través de la Substancia como la persiana más delicada.
Naturalmente dotados y dotando de naturaleza, Tus rayos ovni- direccionales inundan de superioridad translúcida –transparencia-, revelando como translucidez, ocultando y diversificando el motivo del deleite del ojo de un niño. YO SOY, y como YO SOY vosotros sois, nosotros somos, ellos son -Es. Todo se concentra como una unidad estremecedora y palpitante de propósito en funcionamiento: acción sin cabida para la reacción, porque todo está automatizado de tal manera que exprese individualidad, acción, latido, unidad, propósito ardiente y continuidad. La continuidad y la inmortalidad son una misma cosa, y todo lo que perseverare vale; y todo lo que vale persevera para recuperar su mayor gloria detrás de los velos de la trascendencia siempre en retroceso.
Nada extremo salvo el propósito externo. Ningún fin salvo nuevos comienzos. Ninguna frustración sino revelación sin fin. Juventud y novedad, amistad y expansión de la luz cuando la visión de Dios contempla la manifestación, cuando la manifestación por la visión divina dilata la visión, accesoria a la recreación creadora. Y la limitación se percibe como imitación, adiestrando la manifestación dentro del dominio microcósmico hasta que en virtud del avance del alma, el imitador se convierte en el Imitador ilimitado. El alma es llevada a dimensiones superiores de servicio cuando Dios sale a la acción a graduar a las manifestaciones inferiores de sí mismo para completar la gloria de Su Plan.
“De cierto os digo, que si no os volviereis y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”1. [Mateo 18:3] La conciencia subrepticia
en el reino del hombre, como nube entintada o como deyección de un calamar gigante, opaca la atmósfera y mantiene al hombre hundido. Ahora rompemos estos lazos, y toda su tenacidad, y sentimos cómo el magnetismo del mundo es sustituido por el magnetismo del cielo.
La libertad nace en el alma ...
el hombre no se satisfará más con metas menores. Las chucherías y las baratijas del mundo
ocupan su sitio,
más el sitio del Hijo de Dios es la conciencia donde Dios está. El sitio donde Dios está
o donde abundan inferiores imágenes de Él, iconos inútiles en las paredes,
ya no atrae al alma,
que aspira a escapar de la ilusión mortal, y, bajo la bóveda de la Buena Voluntad, a ver y acoger la realidad de los ángeles, de los Maestros Ascendidos,
de ese reino coronado de nubes donde el alma, con risa candorosa, como corriente burbujeante
desplazándose hacia el Océano de la Identidad, percibe la libertad del viento
y el poder de animar las cítaras de inferior conciencia
con un sentido de belleza y de la sutileza suspendida como brillante burbuja
cuyo velo húmedo, airoso,
envuelve la transparencia de la iridiscencia reflejada por el ojo que espera.
El reino de los ángeles también tiene sus delicias
y la realidad de los Maestros Ascendidos espera el vuelo de las almas que ansían romper los lazos
de la desesperanza que despojan al mundo de los prodigios del radiante designio divino: atrapado penosamente
en la trama de ritos, plegarias y dogmas pero tan hermosamente guardado
en la llama vibrante de triple divino deleite: amor, sabiduría y poder
dentro del corazón y el alma.
Y ahora, mientras espero la expansión del gran mundo Microcósmico
dentro del reino microcósmico del ser, veo que, nacido de mí,
está el poder de la expansión ilimitada en todo momento. ¡Oh, Dios! te agradezco las horas de resplandor
que llegan formadas por minucias, minutos, segundos y micro-pausas,
mientras la mente se vuelve para registrar por siempre Tus inmortales leyes.
¿Qué es esta puerta perlada ante la cual me encuentro?
¿Se trata de un reino de quimera sonde acecha una banda oscura? No, porque el rostro que ahora con claridad veo,
atisbando tras la puerta abierta, en el rostro de un ángel
que conocí mucho tiempo atrás.
Mis pensamientos de deslizaron por el canal de la finitud y toda la luz de la esperanza se desvaneció ...
La soga rompí
y el temor de la gélida desolación me sobrecogió hasta que me vi completamente envuelto
por las cuerdas de la ilusión y las vanidades. Ahora nuevamente me elevo,
vibrando hacia los cielos, donde Dios y el hogar como fuegos de amor relucen
rumbos renovadores que ascienden las divinas fuentes.
Mi alma empieza otra vez a subir por la escalera donde
llega cada significado, delicado, suave, puro ... Y me hace saber
que el plan seguro de Dios me sostendrá cuando el mundo parezca ir al desastre.
Porque después de todo sólo hay un gran Corazón que hace latir el nuestro,
y nosotros hemos de elevarnos a más bellos reinos, donde nos pongamos a tono,
a uno, con lo que en verdad vive, pues el paraíso es la Vida que otorga la nobleza de los esfuerzos justos para contrarrestar el concepto de polvo del que Dios hizo esperanzado
un alma viva
y por entre el vaho fragante revela la meta
del paraíso venidero.
Vuestro en el nombre de la magnificente Llama Divina, el capitán de las Huestes Seráficas
Justinius
Confío en que habéis disfrutado de esta comunicación y de la comunicación a nuestras meditaciones con los serafines. La próxima semana iniciaremos un viaje esencial hacia el Infinito.
Por Su gracias YO SOY, Serapis