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El “Nosotros” como grupo social y como “célula comunitaria”

El tránsito de la esfera intersubjetiva a la esfera social y el problema de la comunidad auténtica

3. Hacia una definición de la comunidad

3.2. El “Nosotros” como grupo social y como “célula comunitaria”

La dificultad de encontrar una alternativa genuina que posibilite la mutualidad en el ámbito de las relaciones sociales comienza a resolverse cuando se considera al “nosotros” como un grupo social, esto es, como la encarnación de una “existencia grupal” (de la que Buber ya había hecho referencia en Elementos de lo interhumano). A su vez, el “nosotros” puede constituirse como “célula comunitaria”, posibilitando el desarrollo de una comunidad auténtica de personas, en la que la tendencia colectivista no opaque ni frustre la posibilidad de establecer relaciones esenciales entre sus miembros.

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Así es, justamente, como lo presenta Dujovne: “Bajo este aspecto es un reformador social. No era hombre que se dejara encasillar en una fórmula políticosocial rígida. Si se dijera que fue socialista, habría que aclarar que su socialismo no es afín al de las tendencias que se inspiraron en el pensamiento de Marx, sino más bien, al de esos teorizadores que Marx criticaba por ser ‘utópicos’. Reformador social preocupado por salvar la ‘persona’, se podría calificarlo de ‘anarquista’ si este vocablo no tuviera ciertas resonancias que alejan su sentido de la preocupación de Buber por el logro del que llama ‘renacimiento espiritual y moral de la humanidad’. Lo menos erróneo sería decir que era un ‘socialista religioso’.” [op. cit., p. 61].

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El concepto de “existencia grupal” –así como el de “grupo social”– es fundamental para comprender la reflexión buberiana sobre el problema de la comunidad. Se trata, justamente, del segundo horizonte de la existencia humana, que no alcanzan a ver las tendencias reduccionistas. Dichas tendencias sólo consideran las “formidables abstracciones” que surgen de una mirada parcial sobre el problema del hombre, a saber, el “individuo” y la “colectividad”. Entre estos dos polos opuestos media el “nosotros”, es decir, la existencia grupal. Cuando se pierde esto de vista, la reflexión sobre el problema social oscila alternativamente entre los extremos, sin encontrar nunca una solución. Así lo explica Dujovne:

“Algunos han argüido que es necesario modificar primero la sociedad y que el cambio de ella produciría por sí mismo un cambio en el individuo. Otros han dicho que se debe comenzar con el individuo y que el cambio en los individuos dará lugar inevitablemente a una nueva forma de sociedad. Se ha de rechazar este dilema porque sus términos, planteados como los de una alternativa entre ‘individualismo’ y ‘colectivismo’, excluyen la creadora ‘relación entre hombre y hombre’. Esta relación ocurre, no solamente en el Yo-Tú del encuentro directo, sino también en el nosotros de la comunidad. Para Buber, así como existe un tú, existe también un ‘nosotros’.”135

Ahora bien, ¿qué entiende Buber por “nosotros”? ¿Cualquier comunidad de personas puede llamarse así? Lo define en estos términos:

“Entiendo por ‘nosotros’ una unión de diversas personas independientes, que han alcanzado ya la altura de la ‘mismidad’ y la responsabilidad propia, unión que descansa, precisamente, sobre la base de esta ‘mismidad’ y responsabilidad propia y se hace posible por ellas.”136

El fundamento del nosotros se encuentra, entonces, en la mutualidad o “mismidad” que surge de la unión y vinculación de las personas. Ahora bien, podríamos

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Dujovne, L., op. cit., p. 62.

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seguir preguntando, y llegaríamos al siguiente interrogante: ¿cómo se puede pensar en una mutualidad o reciprocidad que pueda ser compartida por diversas personas? ¿Acaso la reciprocidad no es exclusiva del Yo y el Tú, cuando se encuentran en el santuario de la palabra primordial? Porque si bien Buber llama “nosotros” a la comunidad esencial que se establece a partir de la relación Yo-Tú, también utiliza ese término para referirse a una comunidad de varias personas. Cuando aquí nos referimos al “nosotros”, lo hacemos en este segundo sentido. Y si el fundamento del nosotros es la mutualidad, nos enfrentamos nuevamente al problema de considerar que para que una comunidad sea auténtica deben establecerse relaciones esenciales entre todos sus miembros, lo cual resulta difícil de pensar137. En efecto, los grupos sociales modernos son complejos, heterogéneos, cambiantes, y sus límites o fronteras no siempre son claros. Estas circunstancias ponen trabas a la posibilidad de que ocurra un encuentro auténtico entre sus participantes; pero, según sostiene Buber, sin la mutualidad entre sus miembros no existe una comunidad auténtica. Por ello, la definición del nosotros requiere un esclarecimiento:

“La índole peculiar del ‘nosotros’ se manifiesta porque, en sus miembros, existe o surge de tiempo en tiempo una relación esencial; es decir, que en el ‘nosotros’ rige la inmediatez óntica que constituye el supuesto decisivo de la relación yo-tú. El ‘nosotros’ encierra el ‘tú’ potencial. Sólo hombres capaces de hablarse realmente de tú pueden decir verdaderamente de sí ‘nosotros’.”138

En el “nosotros” rige la inmediatez óntica que posibilita la relación Yo-Tú, y por ello se establecen en su seno vinculaciones esenciales. Lo fundamental aquí no es lo actual, sino más bien lo potencial; no la relación efectiva entre todos los miembros, sino la posibilidad de actualizar, de tiempo en tiempo, el “Tú innato”. Esta idea aparece expresada de modo similar en Diálogo:

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A esto debería sumarse otra circunstancia propia de la época contemporánea, que tiene que ver con lo que Buber llama la “disolución progresiva de las viejas formas orgánicas de la convivencia humana”. Con esto se refiere al deterioro del elemento personal dentro de las instituciones básicas de la existencia humana, tales como “la familia, el gremio, la comunidad urbana y aldeana”. Este es otro de los factores que contribuyó al desarrollo de la crisis actual, y que acrecienta el sentimiento de soledad que aqueja la hombre moderno [Cf. Buber, M., ¿Qué es el hombre?, op. cit., p. 76].

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“La vida dialógica no es una vida en la que se tiene mucho que ver con los seres humanos, sino en la que se tiene que ver en serio con aquellos con los que se tiene que ver. No hay que decir que es solitario quien vive monológicamente, sino quien es incapaz de realizar en su esencia la sociedad en la que está destinado a moverse.”139

La verdadera comunidad, entonces, no es aquella en la que todos los individuos tienen un trato constante, sino aquella en la que las relaciones que se establecen entre los individuos son “reales” (o, como dice Buber, “en serio”), vale decir, que esas relaciones son verdaderas encarnaciones de la vida dialógica. El principio dialógico, entonces, es la base tanto de la esfera intersubjetiva como de la social.

Aquí reside la diferencia esencial entre la colectividad y la comunidad: en la primera, no hay un “nosotros”, porque tampoco hay un “Tú”. Es esta característica particular del “nosotros” la que nos inclina a considerarlo como la “célula”140 de las comunidades auténticas. A partir de aquí, se puede pensar en una comunidad más abarcadora, formada por diferentes grupos sociales o “nosotros”. Este es, de hecho, el plan intelectual que se trazó Buber a la hora de escribir Caminos de Utopía, su principal escrito sobre la cuestión social.