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CAPÍTULO 1. MARCO CONCEPTUAL Y TEÓ RICO

1.6 GRUPOS SOCIALES

Para comenzar será importante la definición sociológica de grupos. Según Farirchild grupo se define como:

“Cierto número de personas entre las que se da una interacción psíquica, gracias a la cual se destaca para sí y para los demás como una entidad. Para que el grupo exista se requiere: un contacto duradero entre determinadas personas, que permita la formación de interacción necesaria; una conciencia de semejanza o de interés común, que baste para despertar un mínimo de identificación del individuo con

45 Según Pozo, Pérez, Mateos y Delval. El conocimiento es una construcción subjetiva, en la que la realidad deja ser una entidad absoluta, el construccionismo asume que el conocimiento supone una perspectiva relativa sobre la realidad. Y se manifiesta ésta no puede ser conocida en sí misma, si no a través de los mecanismos de que dispone la persona, de modo que sus conductas determinan lo que conoce y cómo lo conoce. (Cubero, R. (2005) Perspectivas Constructivistas, La intersección entre el significado, la interacción y el discurso, España,

Graó)

46 McIntosh citado en 46 Contreras, J.y Gracia, M., (2005) op. cit. 47 Contreras, J.y Gracia, M.,(2005) op. cit. p. 368

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el grupo y una estructura que los miembros reconozcan necesaria para la continuidad del grupo como entidad”.49

Para Hillmann grupo es: “dos o más personas entre las que existe una pauta establecida de interacción psicológica; se reconoce como una entidad por sus propios miembros y, por regla general, por los demás, en razón del tipo particular de conducta colectiva que

representa”.50

Martín Baró51 definirá “un grupo humano como aquella estructura de vínculos y relaciones

entre personas que canalizan en cada circunstancia sus necesidades individuales y/o los

intereses colectivos”. Enfatizando, “un grupo es en primer lugar una estructura social. Una realidad total, un conjunto que no puede ser reducido a la suma de sus constitutivos”. Profundizando manifiesta:

“La definición propuesta señala que el grupo canaliza tanto las necesidades personales como los intereses colectivos. Algunos grupos son primordialmente el resultado de las necesidades peculiares de los individuos que los componen; pero hay también grupos que son la expresión y la materialización de los intereses colectivos, ya sean los intereses conflictivos de unos pueblos contra otros o de unas clases sociales frente a otras”. 52

Avanzando en su caracterización el autor sugiere que los grupos “responden a intereses colectivos pero también materializan y canalizan intereses personales. De este modo, el grupo tiene siempre una dimensión de realidad referente a sus miembros y una dimensión, más estructural, referida a la sociedad en la que se produce”.53

Al querer analizar los principales parámetros de grupos, Martín Baró54 sugiere que “(1) la

identidad de grupo, es decir, la definición de lo que es y le caracteriza como tal frente a otros grupos; (2) el poder de que dispone el grupo en sus relaciones con los demás grupos;

(3) más la significación social de lo que produce esa actividad grupal.”

49 Pratt Farirchild, H. (1949) op. cit. 50 Hillmann, K. (2001) op. cit.

51 Martín Baró, I., (1989) op. cit. p. 206 52 Ibíd., p. 207

53 Ibíd., p. 207 54 Ibíd., p. 208

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Para profundizar en el tema Martín Baró señala,55 “la identidad grupal requiere que exista una totalidad, una unidad de conjunto, y que esa totalidad tenga una peculiaridad que permita diferenciarla de otras totalidades. En otras palabras, la identidad de un grupo como

tal requiere su alteridad respecto a otros grupos.” Es decir, todo grupo, desde la familia o el núcleo de amigos más íntimos hasta el partido político o la asociación gremial, canaliza unos intereses sociales específicos a los que da mediación concreta en una determinada situación y circunstancia histórica.

Con relación al poder como un recurso potencial de un grupo Martín Baró56 señala:

“Puesto que la superioridad en las relaciones sociales se basa en los recursos disponibles, la diversidad e importancia de los recursos que tenga cada grupo irán emparejados con su poder real. Un grupo puede ser poderoso por la capacidad técnica, científica o profesional de sus miembros; otro grupo puede serlo por la ingente cantidad de recursos materiales a su disposición; otro puede serlo por la riqueza moral y humana de sus miembros; y otro puede serlo, finalmente, por la naturaleza misma de los recursos de que dispone”.

En cuanto a la actividad grupal señala, “la existencia y la supervivencia de un grupo humano dependen esencialmente de su capacidad para realizar acciones significativas en una determinada circunstancia y situación históricas”.57

Complementando Martín Baró58 señala,

“Identidad, poder y actividad son tres parámetros esenciales para definir la naturaleza de cualquier grupo. En principio, un grupo surge cuando los intereses de varias personas confluyen y reclaman su canalización en una circunstancia histórica concreta. La conciencia de esta exigencia precipita la cristalización grupal, tanto si esa conciencia corresponde a intereses reales de los propios individuos, como si se trata de una falsa conciencia inducida por un estado de alienación social. En este sentido cabe afirmar que el grupo es la materialización de una conciencia colectiva que refleja, fidedigna o distorsionadamente la demanda de unos intereses personales y/o colectivos. Pero si el surgimiento de los grupos depende de alguna forma de conciencia social, su supervivencia depende del poder que

55 Ibíd., p. 208-211

56 Ibíd., p. 216 57 Ibíd., p. 217 58 Ibíd., p. 219

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obtenga, poder que debe plasmarse en una estructura organizativa que haga posible la satisfacción sistemática de sus intereses a través de una acción eficaz al interior de la sociedad”.

Martín Baró, propone una clasificación de grupos: grupo primario; grupo funcional y grupo estructural.

El grupo primario como “el conjunto de personas que determinan en lo fundamental la

identidad de una persona, y se caracteriza por las relaciones estrechas y afectivas, por una comunicación personal y frecuente, y porque tiende a generar el sentimiento de una unidad

común vivida como “nosotros”. 59

Los grupos funcionales definidos como:

“aquellos que corresponden a la división del trabajo al interior de un determinado sistema social. Se trata, por consiguiente, de personas que cumplen la misma función con respecto a un sistema, personal que tienen unos mismos roles y ocupan una posición equivalente. El poder de los grupos funcionales en cuanto tales depende del valor o importancia que su quehacer laboral tenga en una sociedad, no tanto en términos objetivos como en base a los mecanismos de distribución de bienes establecidos en el sistema”. 60

Y por último, la pertenencia a un grupo estructural es, en definitiva, lo más determinante de lo que cada persona puede llegar a ser; pero ese determinismo se actualiza a través de los grupos funcionales y primarios, que condicionan, orientan y sancionan día tras día el quehacer de los individuos.61

Martin Baró62 manifiesta:

“En principio la dinámica de grupo no se reduce a unos procesos y técnicas, sino que alude a todas aquellas fuerzas que se producen en cualquier grupo, pequeño o grande, y que determinan tanto lo que el grupo puede realizar, como lo que son y realizan los individuos en cuanto miembros de un grupo. Recalcando, “los grupos variarán en el número de funciones que tengan que atender, en el poder de que dispondrán para cumplir su cometido y, por supuesto, en la duración de su existencia”.

59 Martín Baró, I. (1985),

Acción e ideología: psicología social desde Centroamérica. Psicología social desde Centroamérica, 2a ed., San Salvador, UCA. p. 73

60 Martín Baró, I., (1989) op. cit. p. 225 61 Ibíd.

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Teniendo en cuenta que los grupos adquieren su significancia en las acciones que realizan, al hablar específicamente de las que se direccionan a generar un cambio social afirma Martin Baró: 63

“los tipos de acción prosocial pueden ser tantos, cuantas formas de hecho adopte la acción individual o grupal que beneficia a la sociedad. La diversidad de acciones prosociales es todavía mayor si el análisis no se reduce al nivel formal de la acción, sino que se toma en cuenta el bien específico producido. Las necesidades de los grupos y personas varían de una situación a otra, de un medio y periodo a otro y, por consiguiente, cambian aquellas acciones que redundan en su beneficio. Así, por su misma naturaleza, los tipos de acción prosocial deben definirse en relación al grupo o sociedad en que se producen, ya que su sentido sólo puede captarse adecuadamente frente a esa realidad”.

Distinguiendo tres tipos de acción prosocial: (1) los actos de cooperación, que contribuyen a la unidad y desarrollo sociales privilegiando el bien común por encima del bien individual; (2) los actos de solidaridad, que contribuyen al progreso de las estructuras de justicia mediante el apoyo a los sectores o personas más débiles y al fortalecimiento de la responsabilidad colectiva; y (3) los actos de altruismo, que contribuyen a la pervivencia de la sociedad como un todo dando respuesta a situaciones críticas o resolviendo problemas difíciles. Puntualizando, en cada sociedad se da un contexto selectivo, cuya referencia es esencial para comprender las formas concretas de cooperación, solidaridad y altruismo que se hacen posibles en cada uno de los grupos sociales existentes.64

Como aspecto central manifiesta Martín Baró,65 “la aparición de las personas de

comportamientos prosociales va ligada a la formación de sus estructuras morales.”

Puntualizando:

“La ideología, entendida como el conjunto de esquemas personales que traducen a nivel individual los intereses de una clase social, hace ver y analizar las situaciones de determinadas maneras y origina determinados comportamientos. La conciencia que se adquiere así frente a las situaciones inmediatas, ante los hechos mismos, condiciona la aparición o inhibición de la acción prosocial. Que la presencia de otras personas estimule o inhiba una acción, depende tanto del sentido social de la acción como de la relación de significación que vincula a cada individuo con los demás. En este sentido, los

63 Martín Baró, I. (1985) op. cit. p. 318 64 Ibíd., p. 319-353

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condicionantes inmediatos de una acción deben ser analizados y entendidos a la luz de los condicionamientos estructurales y de los intereses de clase que fundan la estructura ideológica de cada persona y que se materializa en cada situación”. 66

Es importante señalar que, “cada sociedad tiende a institucionalizar determinadas formas de

acción prosocial, precisamente como mecanismo de supervivencia, no social, sino del orden establecido. Así, nuestras sociedades institucionalizarán ciertas formas de beneficencia

social o ciertas organizaciones de asistencia pública”.67

Con el fin de esclarecer las formas en que se desarrollan las acciones prosociales es pertinente retomar a Habermas el cual anota: existen tres tipos de acción, la instrumental

“cuando se la considera bajo el aspecto de observancia de reglas técnicas de acción y

evaluamos el grado de eficacia de la intervención en un estado físico”; “a una acción orientada al éxito la denomina estratégica cuando la considera bajo el aspecto de observancia de reglas de elección racional y evalúan el grado de eficiencia cosechado en el

intento de influir sobre las decisiones de un oponente racional”. Señalando que, “las acciones instrumentales pueden ir asociadas a interacciones sociales, las acciones

estratégicas son acciones sociales”. Y por último las “acciones comunicativas cuando las

acciones de los actores participantes no quedan coordinadas a través de cálculos egocéntricos de intereses, sino a través del entendimiento. En la acción comunicativa los

agentes no se orientan primeramente por o a su propio éxito, sino por o al entendimiento”.68

Se puede hablar de acción comunicativa:

“cuando se logra un entendimiento que conduce entre los participantes a un acuerdo. Un acuerdo comunicativamente alcanzado (o presupuesto en común en el contexto de acción) cumple no sólo las condiciones de un acuerdo fácticamente existente. Antes bien, el acuerdo sólo se produce bajo condiciones que remiten a una base racional. El acuerdo descansa sobre una convicción común. La acción comunicativa de uno sólo se logra cuando el otro acepta la forma específica; cuando el otro

66 Ibíd., p. 353-355

67 Ibíd., p. 355

68 Habermas, J., (1989),

Teoría de la acción comunicativa: complementos y estudios previos, Cátedra, Madrid

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(siguiera implícitamente) toma posturas con un “si” o con un “no” frente a una pretensión de validez, que la reconoce o rechaza, apoyan sus decisiones en razones potenciales”.69

Aunque Habermas señala que no toda relación social que se establece con medios lingüísticos, es un ejemplo de acción comunicativa, esto no significa que los sujetos que actúan comunicativamente no puedan orientarse también hacia su propio éxito; más en el marco de la acción comunicativa sólo pueden alcanzar el éxito que apetecen, a través de un entendimiento logrado: el entendimiento es determinante para la coordinación de sus acciones.70

Resaltando que, “la negociación de definiciones comunes de la situación, tiene por meta establecer qué elementos de la situación han de considerarse elementos idénticamente percibidos e interpretados del mundo objetivo, cuáles han de considerarse como elementos normativos del mundo social reconocidos por todos, y cuáles han de considerarse opiniones, intenciones, deseos y sentimientos meramente subjetivos”.71 Resaltando además, “tal relación social puede considerarse racional en la medida en que las posturas de afirmación y negación, que sirven de soporte al consenso de cada caso, surja del proceso de interpretación de los participantes mismos”.72

Al analizar estas posturas de Habermas, se puede encontrar una relación en lo expresado por Martín Baró sobre los grupos, cuando habla de esa identidad que permite el desarrollo de una acción prosocial, y el poder que se requiere para su desarrollo y la acción comunicativa de Habermas, que permite a los participantes llegar a un acuerdo.

Con lo anterior y las teorías desarrolladas por Martín Baró, se puede afirmar que para desarrollar un análisis de la participación social en la política de Seguridad Alimentaria y Nutricional de Bogotá como estudio de caso, es relevante trabajar tres categorías de análisis, las cuales son: la valoración dada a los problemas relacionados con alimentación y nutrición; el poder desarrollado por las comunidades dentro de la política de Seguridad

69 Ibíd. 70 Ibíd., p. 386 71 Ibíd., p. 393 72 Ibíd., p. 393

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Alimentaria y Nutricional de Bogotá; y las acciones desarrolladas por grupos marginados dentro de la política de Seguridad Alimentaria y Nutricional de Bogotá

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