• No se han encontrado resultados

HACIA LA ENVOLVENTE TÉCNICA MULTIFUNCIONAL

La emergencia de la arquitectura moderna se manifiesta, entre otros aspectos, por la progresiva diversificación de los componentes de los planos de cerramiento del edificio y los métodos de articulación de sus superficies desde el muro estereotómico hacia la expansión del muro tectónico. En la tradición arquitectónica occidental, los muros edificatorios eran los componentes estructurales de la arquitectura y las fachadas tenían que exteriorizar esa masividad. Las posibilidades proyectuales de las fachadas se concretaban a través de una composición que radicaba en el contraste entre hueco y vacío, así como en la variedad de relieves, la diferencia de espesores del muro y las combinaciones para aparejar las unidades

materiales, todo ello dependiente de la habilidad para prever proyecciones de sombra y luz sobre la textura de los paños. Al muro cortina, al cerramiento por paneles y a la independencia entre estructura y cerramiento no se llega de repente, sino a través de una fase de transición en la que el monolitismo de los muros se irá descomponiendo paulatinamente con operaciones de diseño independientes.

Para hablar de la noción de cerramiento técnico moderno e incluso contemporáneo, hay que volver a remontar la discusión al siglo diecinueve. Con el uso generalizado de las estructuras reticulares en la arquitectura posterior a la revolución industrial, la función estructural se concentrará en líneas de carga en vez de planos, posibilitando que se entendieran los paramentos como cuerpos de relleno ligeros, tanto interiores como exteriores. Este cambio en la concepción de los muros de cerramiento, conllevó a su vez un cambio en la manera de entender la confección material de los planos internamente y en su expresividad exterior. La ligereza propició nuevos sistemas constructivos donde los muros no se conformaban por apilado de unidades, sino por ensamblaje de módulos que permitían flexibilidad y movilidad; conceptos, por otro lado, fácilmente extraíbles de un contexto orientado hacia la producción en serie y la prefabricación. La inercia térmica proporcionada por la masa de los materiales usados tradicionalmente, como la piedra o el ladrillo, tenía que compensarse a través de combinaciones de capas de diversos materiales, donde el cálculo de sus propiedades aislantes es tema de investigación aún en nuestros días [f 1.23].

En los muros concebidos con múltiples capas, el proceso compositivo se reduce a una cuestión de combinatoria: el comportamiento final dependerá de los materiales escogidos, los espesores seleccionados para cada capa y la posición relativa que ocupan entre sí. Hasta la década de 1930, la combinación óptima habría de perseguir el dominio en el manejo de la luz natural, que tendrá como elemento básico de operación la ventana, y en ella el vidrio y la transparencia. A partir de la década de 1940, la máxima

preocupación se dirigirá, sin embargo, hacia el comportamiento térmico del muro, orientando las investigaciones hacia la obtención de una sinergia entre las oportunidades ofrecidas por la pared opaca y las de los sistemas de aclimatación.

Efectivamente, el contar con que muros, suelos y techos se concibieran como elementos constructivos huecos facilitó el que pudieran absorber la integración de las nuevas instalaciones de control ambiental aparecidas a principios del siglo diecinueve. Esta solución resultaba eficaz tanto por ofrecer un soporte adecuado por el que hacer discurrir las conducciones a todos los espacios del edificio, como por el interés en mantener fuera de la vista dicho equipamiento técnico, revelando su existencia tan sólo por la aparición localizada de algunos elementos, como radiadores, rejillas, bocas de registro o característicos retranqueos en los muros.

La evolución que experimenta la doble fachada moderna en la búsqueda por un control técnico del ambiente, se desarrolló a lo largo de una gran diversidad de propuestas tanto en sus versiones opacas, transparentes, pasivas o activas59. Desde las primeras referencias de la aplicación de

59 Entre los primeros ejemplos con sistemas de calentamiento a través de

componentes arquitectónicos como paredes, suelos, techos, chimeneas y plenums se encuentran los de Joshua Jebb para la Prisión de Pentonville de 1841-42; el invento de muro solar de Jacob Forst de 1860, precursor del muro trombe de los años 1960; el de George B. Post para el Hospital de Nueva York de 1875-77; el de Anatole Baudot para el Lyceé Victor Hugo de 1895-96; el de Charles Rennie Mckintosh para la Escuela de Arte de Glasgow de 1897-1909; el de Le Corbusier para la Villa Schwob de 1916 y para su célebre mur neutralisant de 1928, la doble fachada de vidrio con un circuito de aire a temperatura constante de 18˚C. Para más información sobre estos sistemas y sus aplicaciones ver: Bruegmann, R. “Central Heating and Forced Ventilation: Origins and Effects on Architectural Design”, The

Journal of the Society of Architectural Historians, 37, 3, 1978, pp.143-160.

Se menciona por primera vez el mur neutralisant en J. Caron, “Une ville de Le Corbusier, 1916”, L’esprit nouveau, 6 (March 1921), p. 687:

“Une pièce peut être surchauffée, la grande verrière enverra malgré tout des ondes continues d’air refroidi au coeur de la salle, la rendant inhabitable (...). Le Corbusier-ingénieur à fourni lui-même la solution à Sulzer (installateur de chauffage central): il fit passer des tuyaux de chauffe entre les deux parois de la double verrière; d’une surface refroidie, il fit une surface neutre”.

sistemas de ventana multi-hoja (finales del siglo diecisiete60) hasta hoy, el cerramiento de vidrio ha ido incrementando progresivamente su espesor y su complejidad técnica. Al dotar al cerramiento de mecanismos de control técnico del ambiente, éste cobraría su propia autonomía, constituyéndose en un sistema autosuficiente cuya independencia, además, le aportaba carácter universal. Esta autonomía se verá reforzada con el tiempo, cuando la doble fachada esté completamente constituida por componentes prefabricados, móviles, flexibles, estandarizados y universales. Los maestros de la vanguardia adoptaron estrategias personalizadas en su aplicación de las nuevas técnicas, a través de enfoques que lograban integrarlas según sus propios intereses arquitectónicos [f 1.24-25]. El paradigmático “pan de

verre 100%”61 concebido por Le Corbusier y Pierre Jeanneret, le mur

neutralisant62, enunciaba los principios de la universalidad ejemplarmente, como un elemento neutro con carácter autónomo aplicable a cualquier edificio en cualquier región del mundo. Esta noción encajaba perfectamente dentro del universo de elementos que conformaban su arquitectura

maquinista. La contribución fundamental de Le Corbusier radicaba en la

previsión del potencial que iba a tomar la “maquinización” de la fachada

60 En el primer y segundo pisos de la Manor House en Zeist, Holanda, se

encuentran ejemplos de dobles ventanas deslizantes verticales (sash-window), las cuales se estiman son de 1686, ver Louw, H.J., “The Origins of the Sash-Window”. Architectural History, 26, 1983, p.58. También se ha encontrado una referencia de una doble ventana de 1691, tomada de Lietz, S., “Das Fenster des Barock”, Munich, 1982, p. 83., a su vez recogida de D’Aviler, A. C., “Cours d’Architecture” de 1691.

61 Alazard, J. y Hébert, J. P. De la fenêtre au pan de verre dans l’oeuvre de Le

Corbusier. Étude conçue et rédigée avec l’accord de Le Corbusier. Paris: P.V.P.,

1961, p. 19.

62 Urbano Gutiérrez, R. “Pierre, revoir tout le système fenêtres”: Le Corbusier and

the development of glazing and air-conditioning technology with the Mur Neutralisant (1928-1933). International Journal of the Construction History Society, 27, 2012, pp.107-128.

Urbano Gutiérrez, R. “Le pan de verre scientifique: Le Corbusier and the Saint- Gobain glass laboratory experiments (1931-32)”. Architectural Review Quarterly, 17, 1, 2013, pp. 63-72.

como salto de escala: de la ventana corrida mecanizada derivaría la fachada- máquina.

Tras la II Guerra Mundial, los planteamientos acerca del proyecto de vidrio tomarían dos corrientes de actividad arquitectónica que seguirían progresiones independientes, pero ambas asumiendo que la envolvente debía hacerse responsable del control ambiental del espacio, y ambas reinterpretando nuevas opciones desde el modelo del invernadero: el muro solar, como uno de los elementos fundamentales de la casa pasiva, y el muro cortina reflectante, como protagonista de la imagen del edificio terciario.

El muro solar

Con el muro solar, se llevarán a cabo revisiones de las propuestas anteriores que se beneficiaban del aporte térmico del efecto invernadero, en las que el vidrio es considerado como un transformador pasivo de los estímulos que recibe. La idea de controlar la energía solar por medio de combinaciones de vidrio y masa fue arraigándose por sus beneficios tanto de bienestar como económicos, culminando en diferentes versiones del muro Trombe-Michel63.

Este sistema usaba un doble acristalamiento situado en la parte exterior de la fachada, por delante de un muro de mampostería pintado de negro, con una cámara de aire entre ambas paredes. De igual manera que en el de Forst- Morse, los muros deben disponer de rendijas tanto en la parte superior como en la inferior para hacer circular el aire calentado en la cámara, hacia el interior de la casa en invierno y hacia el exterior en verano, gracias a la regulación de la apertura de las rendijas.

63 Sistema desarrollado en Francia por Félix Trombe y Jacques Michel que condujo

Algunas de estas propuestas tomaron grandes repercusiones mediáticas, como en el caso del “zome” diseñado por Steve Baer: primer prototipo de envolvente que incorporaba agua para incrementar la inercia térmica [f1.26]. Sin embargo, en estas estructuras se le niega al vidrio uno de sus principales atractivos: el disfrute del contacto con el exterior a través de la luz y la visión. Por lo que aunque estas soluciones hacen un uso del vidrio coherente con la naturaleza del material (así como comprometido con la conciencia energética que comenzaba a emerger a finales de los años sesenta), carece por otro lado de mensaje arquitectónico.

Los avances en la mejora de las propiedades físicas del vidrio (como la invención del vidrio flotado por Pilkington en 1952, que permitiría mejores cualidades ópticas en grandes superficies planas de vidrio) y otros nuevos materiales, tanto por su manipulación química como por métodos de procesamiento, unidos a la investigación en tecnología ambiental edificatoria, habrían de suponer el caldo de cultivo oportuno para que el concepto detrás del muro cortina, y especialmente la doble fachada de vidrio hiciera, en el ámbito arquitectónico contemporáneo, una reaparición estelar. En la investigación del potencial de nuevas técnicas para el control medioambiental, la búsqueda de aislamiento de las superficies de vidrio seguía siendo uno de los principales caminos, en crecimiento constante durante todo el período de la arquitectura moderna y que no se resolverá de manera satisfactoria hasta la segunda mitad del siglo veinte, cuando paralelamente a la experimentación con otros formatos, la fibra de vidrio comenzó a difundirse como solución generalizada en las paredes opacas (muros, tabiques, techos y suelos). En los cerramientos acristalados, la solución técnica seguía consistiendo en reunir varias hojas de vidrio alojando una cámara de aire entre ellas. Para 1959 existía una oferta variada de estos productos: el Polyglass, un acristalamiento múltiple en el que una masilla plástica aseguraba la estanqueidad entre los vidrios y el perfil tubular de aluminio que funcionaba como separador, cuyo ensamble general se alojaba en un bastidor de acero de sección en U; el Thermopane,

constituido por hojas de vidrio selladas por una junta metálica en todo el contorno; el vidrio Supertriver, compuesto de tres hojas de vidrio formando dos cámaras de aire, donde el intervalo entre vidrios y la estanqueidad se aseguran directamente por una masilla plástica, reforzada por una base de silicona; el vidrio Tége, constituido por dos hojas de vidrio soldadas eléctricamente vidrio sobre vidrio; y el Thermolux, un vidrio translúcido difusor que incorporaba un fieltro de fibra de vidrio entre ambas lunas64.

Parte de la preocupación del comportamiento térmico del vidrio, particularmente el sobrecalentamiento del espacio debido al efecto invernadero, se derivó hacia el desarrollo de protecciones solares. Los arquitectos modernos tuvieron que hacer frente a un dilema: tras la lucha por liberar al edificio de ornamento e idolatrar la transparencia, ahora se encontraban en la tesitura de desfigurarla con artefactos que la resguardaran del sol. Anteriormente, con la exploración de la tipología de los sanatorios surgida a principios del siglo veinte, la captación de la radiación solar como agente curativo se tornó en la fuerza escultora de la sección del edificio. Los forjados en grandes voladizos abocinados situados sobre los acristalamientos, en los que se ha trabajado principalmente la geometría de la superficie interna del techo, ayudaban a canalizar, a modo de embudos, la entrada de rayos ultravioletas, optimizando por lo tanto su profundización en el interior. Los grandes voladizos ofrecían tanto un área protegida en las terrazas para el verano, como esa acción de guía de la luz en el invierno. Fruto de este contexto es, por ejemplo, el Sanatorio de Paimio de Alvar Aalto de 1933, o el de Zurich de Le Corbusier de 1934.

En continuación con ese modo de operar, algunos arquitectos convirtieron la combinación protección solar-programa arquitectónico en una expresión coherente, donde ciertas soluciones arquitectónicas llegaron a ser elementos expresivos principales de la fachada y por lo tanto parte de una actitud

64 Dubuisson, B. (ed.) “Les produits verriers”. Encyclopédie pratique de la

estética específica, muy al estilo de una nueva ornamentación. En el contexto americano, Frank Lloyd Wright proporciona múltiples ejemplos en esta dirección en sus casas de grandes aleros y vidrios mosaico multicolor concebidos como pantallas solares [f 1.27]. Que a Wright la transparencia no es una parte de la modernidad que le interesara lo demuestra sucesivamente con sus vidrios prismáticos para Luxfer, las vidrieras de color, el cerramiento tubular para la sede central de la Johnson Wax, y explícitamente en su artículo “The Meaning of Materials: Glass”: “Aún tenemos que darle al vidrio su reconocimiento. (…) Las sombras han sido [hasta ahora] las pinceladas del arquitecto cuando modelaba sus formas arquitectónicas. Dejémosle trabajar, ahora, con la luz difusa, la luz refractada, la luz reflejada, -usar la luz por sí misma- por separado de las sombras”65.

Le Corbusier sería uno de los máximos exponentes de una arquitectura que no permanecería indiferente a la luz del sol: primero como seguidor de los preceptos del urbanismo heliotérmico de Augustin Rey66, después creando su propia teoría solar recogida en La Ville Radieuse67, y por último por sus intentos por respaldar con rigor científico la funcionalidad de su pan de

verre, lo que le llevará a una contribución fundamental en la evolución del

control medioambiental de la envolvente de vidrio, el brise-soleil. El concepto del brise-soleil implicó una intensa exploración formal de la

65 Wright, F. L. “The Meaning of Materials: Glass”. Gutheim, F. (ed.). In the Cause

of Architecture. Essays by F.L. Wright for Architectural Record 1908-1952 with a Symposium on Architecture with and without Wright by eight who knew him.

Architectural Record Book, julio 1928, pp.197-198:

“We have yet to give glass proper archtiectural recognition. (…) Shadows have been the brush-work of the architect when he modelled his architectural forms. Let him work, now, with light diffused, light refracted, light reflected, -use light for its own sake- shadows aside.”

66 Siret, D. Etude d’Ensoleillement; Tour d’Ombres y Grille Climatique. Artículos

de la edición numérica de las Oeuvres complètes de Le Corbusier, Fondation Le Corbusier, Echelle 1 (16DVD). Etude d’Ensoleillement, 2005-2006, p.1.

67 Le Corbusier. La Ville Radieuse. Éléments d’une doctrine d’Urbanisme pour

l’Equipement de la Civilisation Machinista. París: Editions de l’architecture

relación hueco-masa, tanto en su dimensión en el plano de fachada, como en las oportunidades de habitabilidad que permite la profundidad del hueco. A lo largo de los años este estudio se materializó en una formidable genealogía de brise-soleil, donde queda manifiesta la metamorfosis del elemento desde su concepción primigenia como “recurso técnico”, hacia el elemento iconográfico final, protagonista del repertorio plástico de su arquitectura de los años cincuenta y sesenta [f 1.28-29], que secundarán múltiples arquitectos, entre otros Oscar Niemeyer y Marcel Breuer.

Tanto mur neutralisant como brise-soleil se basan en el mismo principio: el uso de un elemento aislante que envuelva al edificio para absorber el impacto exterior e interactuar activamente con la dinámica ambiental interior, de manera que se constituye en un elemento regulador del espacio habitable. Ambos sistemas fundamentan su eficacia en esta componente neutralizadora, donde la diferencia entre ellos no sólo radica en la especificidad de su comportamiento, sino en las estrategias para alcanzar las condiciones deseadas. En este sentido, uno de los sistemas es activo, mecánico, universal y altamente comprometido con la tecnología más sofisticada del momento; mientras que el otro es pasivo, arquitectónico, tradicional (si bien es una revisión actualizada de acuerdo con el nuevo vocabulario formal), localizado (claramente dependiente de cada lugar) y especializado, siendo necesaria una solución a medida para cada cara del edificio. Los proyectos encomendados para el desierto del Norte de África detonaron esta estrategia, primero en La Villa Baizeau (1928) cerca de Túnez, después la estructura maduraría su concepto final a partir del proyecto para las viviendas de Durand y Ponsich, en Argel en 1932-3368. El

68 Si bien Le Corbusier afirmará haber inventado el brise-soleil en su forma

definitiva en el año 1929, ver carta de Le Corbusier al Senador Warren Austin del 4 de diciembre de 1947, reproducida en Architecture d'Ajurd'hui 1950 Dec.-1951

Jan, Vol. 21, p.IX. Asimismo, en su libro “Precisiones…”, Op. Cit., p.154, de 1929

habla ya de la necesidad de usar diferentes grados de “diafragmas” por delante del cerramiento de vidrio:

“(..) Estas grandes inundaciones de luz, esos paneles de cristales, particularmente, suscitan murmullos en Buenos Aires, en Río, en todas

sistema revisaba valores de la arquitectura vernacular mediterránea, los cuales recurrían a la generación de un espacio intermedio (en este caso habitable, aunque en algunas situaciones de carácter semi-público), que servía de transición, como umbrales espesos antecediendo al verdadero cerramiento. Tradicionalmente, estos espacios creaban su micro-clima particular por medio del uso logístico de sombra, vegetación, agua y ventilación, formando diferentes configuraciones espaciales siendo las figuras del patio o la veranda los referentes más directos.

En este mismo sentido, el brise-soleil consistía en una estructura fija exterior que, dependiendo del diseño de su geometría, permitiera el paso del aire y de la luz difusa del ambiente, a la par que obstruyera la radiación solar directa para ciertos ángulos del sol. Originalmente, la finalidad del sistema era la de cualquier protección solar: ser un filtro independiente antepuesto a la superficie vidriada, para proporcionar sombra en verano y permitir la entrada de sol en invierno. Sin embargo, en sus versiones más avanzadas (a partir de 1934) el dispositivo sumaría a sus objetivos funcionales las características habitacionales de la veranda tradicional. Así, para poder proporcionar mejores vistas, la altura y ancho de las células de las retículas comenzaron a incrementarse hasta una escala en que sus dimensiones podían corresponderse con la altura de un espacio interior o, en algunos casos, con dobles alturas completas [f 1.30], lo que a su vez

partes, donde según dicen, el sol es tan violento. Cuando usted compra un aparato fotográfico, usted está totalmente decidido a tomar fotos e el invierno crepuscular de París, o en las arenas brillantes del oasis; ¿cómo se las arregla usted? Usted diafragma. Su panel de vidrio, sus ventanas