IV. IMAGINARIOS DE GÉNERO EN EL PLAN DE IGUALDAD DE
4.2 Imaginarios sobre la dimensión laboral en la formulación y negociación
4.2.1 Hacia un reconocimiento de la economía del cuidado
Una de las problemáticas laborales asociadas al tema de la economía del cuidado es precisamente, como ya se ha mencionado, el reconocimiento de las labores domésticas que las mujeres hacen en el hogar y comunitariamente, según lo menciona una de las entrevistadas:
“la manera en cómo se generan las estadísticas sobre empleo y desempleo
generalmente incluyen un grupo significativo de mujeres como población económicamente inactiva, que son las mujeres que están en el hogar o lo que se
denominan amas de casa” (Entrevista a funcionaria, Bogotá D.C, Abril 2014).
Este aspecto mantiene aquel imaginario en el que se asocia lo productivo con lo público y lo reproductivo con el ámbito privado, con lo cual se genera una baja valoración de las labores domésticas no productivas. En relación a esta problemática, una de las acciones pensadas, en este tema, fue el reconocer el aporte de esta labor al bienestar social de la ciudad y tal como lo afirma una de las entrevistadas:
“que el Estado, dentro del Producto Interno Bruto, reconozca y le de valor al trabajo
de las mujeres, que se reconozcan esas estadísticas” (Entrevista a líder de FUNDAC, Bogotá D.C, Mayo 2014).
Como se pudo ver, la economía del cuidado se configura como una respuesta para reconocer y contabilizar el trabajo doméstico, rompiendo con aquel paradigma que divide lo productivo y lo reproductivo. En este sentido, se puede decir que en el
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marco de este proceso se hicieron visibles las labores del hogar como un trabajo que merece una remuneración económica, es decir que, se acepta que al igual en los demás trabajos, existe un esfuerzo, una inversión del tiempo y que a través de ello se generan bienes y servicios, tal como lo refiere una de las entrevistadas:
“[…] es decir, cuando un mamá cocina para su familia está generando un bien concreto que es la comida y está generando un bienestar para la salud, o una mujer que hace cuidado de niños y niñas en un jardín comunitario pues está generando un
bien y un servicio para los niños y las niñas” (Entrevista a funcionaria, Bogotá D.C, Abril 2014)
Además con la propuesta de la economía del cuidado se logró incluir y reconocer por un lado la labor de las educadoras comunitarias como un trabajo que merece todas las garantías al respecto; y, por otro la labor que hacen las mujeres en el hogar. Es decir que se visibilizan el trabajo doméstico y los cuidados como parte fundamental de la economía, en términos de producción y reproducción.
Ahora bien, sin negar que la economía del cuidado se ha constituido como un aporte por parte de la economía feminista y claramente por parte de las mujeres participantes en el Plan de Igualdad, para visibilizar y poner de relieve el trabajo doméstico y la labor del cuidado, se identifica una persistencia en la división sexual del trabajo, ahora con un reconocimiento a esta pero aun así, siendo este el ámbito de acción especialmente de las mujeres.
Al parecer el tema se traslapa a reconocer la labor de las mujeres en el hogar y todo lo referente al cuidado y los trabajos domésticos como un aspecto público, que si bien se constituye como un avance para el reconocimiento de esta labor en específico, aquellos imaginarios persisten en que son las mujeres las principales encargadas de esta labor.
En general lo que se hace es mejorar el ámbito en las que las mujeres típicamente trabajan, es decir en el hogar o en lo comunitario. Se es consciente que los roles en el ámbito laboral son construcciones culturales, pero aun así las medidas están orientadas a reconocer y mejorar la condiciones de esa laborar más que en
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cambiar aquella distribución genérica del trabajo doméstico y del cuidado y entonces la posición de la mujer sigue siendo la misma.
Bien lo expone Robledo cuando afirma que “dicho modelo busca combinar el empleo formal con el trabajo de cuidado, sin embargo cómo lo demuestra Frase, en esta propuesta el rol del proveedor, continua siendo fundamentalmente masculino y el del cuidado prioritariamente femenino, la diferencia económica entre estos dos roles, sigue siendo significativa” (2003, p. 4). Así al tratarse la economía del cuidado desde las mujeres, es decir desde el Plan de Igualdad de Oportunidades dirigido principalmente a las mujeres, se fortalecen esos ámbitos y roles tradicionalmente establecidos y de alguna manera se siguen naturalizando estas labores, ahora no excluidas sino por el contrario reconocidas simbólica, social y económicamente.
Así las cosas y teniendo en cuenta las acciones referentes a la economía del cuidado, que están ligadas especialmente a la problemática del reconocimiento de las labores domésticas y del cuidado, se identifica la manera en como este modelo a pesar de sacar a la luz la importancia de esta labor en el desarrollo social y económico del Distrito, sigue manteniendo aquel imaginario que ubica principalmente a las mujeres en el ámbito privado, ahora reconociéndose como ciudadanas y garantizando sus derechos como tal, un modelo que no logra generar una transformación respecto a la división sexual del trabajo y su consecuente especialización.
4.2.2 Los Proyectos de Generación de Ingresos, entre el emprendimiento