Es la letra H, tambiŽn llamada Haegl.
En medio de un paisaje blanco y helado el granizo cae co- piosamente, apedreando con su poder el comienzo del octeto de la vida espiritual.
Condiciones externas destruyen la situaci—n con la poten- cia de los elementos. En este caso nos referimos a los gigan- tes de la escarcha, hijos de Ymir, la esencia del hielo.
Hagalaz es fuerte y estable, no toma energ’a ni de la tierra ni del cielo. Se halla instalada all’ hasta que al final del octe- to llegue el sol y la derrita con un calor poderoso que se im- pone. Los gigantes de la escarcha arrojan sus piedras de hielo sin miramientos sobre lo que sucede. El hombre, entonces, cobra conciencia de su propia vulnerabilidad. Resultan vanos los intentos por sostener lo que queda. Igual que la adolescen- cia, que irrumpe en la vida del ni–o dejando arrasadas sus creencias infantiles, as’ Hagalaz nos sorprende dej‡ndonos perplejos y sometiŽndonos a su influencia insobornable.
Hagalaz nos otorga un potencial no elegido, impuesto por las condiciones externas. Se trata del poder de haber pasado
por una situaci—n y saber c—mo es. Capitalizar esta experien- cia es el secreto de Hagalaz. Pero el momento, con toda su di- ficultad, exige entrega y ceder ante lo irremediable, hasta que el propio camino del hŽroe nos conduzca trabajosamente por este octeto.
Situaci—n trabada, es la energ’a que Hagalaz irradia. Pero entonces ÀPor quŽ se la llama el gran despertador? Hagalaz es considerada runa de curaci—n y una de sus versiones se halla dibujada en las ambulancias de terapias complejas. Estos atri- butos de curaci—n y de despertar se refieren a la situaci—n pos- terior a recibir la granizada. DespuŽs de que nuestra tierra fue arrasada y nuestro ego qued— reducido a cero, la vida comien- za a obrar lenta y pacientemente con cuidado de no ahondar las llagas, presentando opciones diferentes, probablemente inesperadas y tal vez inaceptables antes de sufrir los efectos del granizo.
La reconstrucci—n que requiere lo nuevo en nosotros toda- v’a espera agazapada en una semilla que comenzar‡ a germi- nar reciŽn en Jera, la runa de la cosecha.
La respuesta interna que podemos dar frente a Hagalaz es el fortalecimiento, el cual proviene de la confrontaci—n con el conflicto.
As’ como Fehu ofrece abundancia para la comunidad y fuego para todos, a Hagalaz le toca golpear con su granizo a toda una situaci—n. El fuego comunitario de Fehu genera el fuego de la creatividad individual en Uruz, y las piedras de hielo en Hagalaz generan el dolor de la necesidad en Naudhiz. TambiŽn la valent’a de Tiwaz generar‡ la necesidad de echar ra’ces en Berkano.
que encabezan los octetos se refieren a lo externo y crean una respuesta desde lo interno, que se concreta en las segundas ru- nas.
Hagalaz no tiene posici—n invertida, salga como salga su efecto es ineludible.
Siento la dureza de tu acci—n sobre m’
Mis pertenencias, mis creencias, mis ilusiones desaparecen bajo tu golpe seco
Nada puedo hacer
Me entrego, ya sin fuerzas para resistir Haz de m’ lo que quieras
Postura corporal
De pie con pies juntos. Los brazos se abren en cruz, expo- niendo la parte anterior del t—rax.
Observemos la sensaci—n de estar expuestos.
En las manos de Dios
Me he preguntado un mill—n de veces si estoy nutriendo mi camino con las acciones necesarias para contribuir a mi evo- luci—n. Esta pregunta ha sido gu’a de mis bœsquedas y de mis encuentros. Mi estructura de balanza, procurando siempre el equilibrio tan deseado, me conduce constantemente a la inte- rrogaci—n. La tenaza de la exigencia y el martillo de la culpa aparecen amenazando mi estar en m’, aunque cada vez menos
a medida que van pasando los a–os y los aprendizajes. Las visitas peri—dicas de control mŽdico me perturban, me angustian y las siento como un peso, una obligatoria pŽrdida de tiempo y sobre todo de energ’a. Las retaceo buscando ex- cusas.
Con todo, el futuro no deja de preocuparme. ÀY quŽ hacer, entonces, que sea lo mejor para m’?
Siguiendo el hilo de esta inquietud fui tropezando con tra- bajos corporales que reœnen fuerza y conciencia; y desenro- llando ese ovillo acced’ a terapias psicol—gicas y energŽticas; de all’ a la medicina tradicional china; a los remedios florales; a la alimentaci—n macrobi—tica; a diversos talleres de autoco- nocimiento; a la vida en una comunidad hol’stica; a las letras rœnicas, y finalmente a asomarme todas las veces que puedo a la ventana de la unidad y espiarme desde ese lugar maravillo- so, sin bien ni mal.
La presencia presente y comprometida de otras almas com- pa–eras de camino me alentaron y me confortaron. De este modo, fui acompa–‡ndome, lo mejor que he podido, sintiŽn- dome rodeada por todos estos recursos que me han hecho m‡s f‡cil el recorrido.
Sin embargo, con el paso de los a–os percibo la presencia invisible pero estable y cr—nica de la enfermedad. Por Žpocas, su compa–’a inseparable suele abrumarme, y su sombr’a per- sistencia se cierra como un manto alrededor de m’. Es enton- ces cuando esa sensaci—n de opresi—n se mixtura con la exi- gencia de estar sana y se convierte en una pesadilla.
Y fue as’ durante algœn tiempo que parec’a no tener fin ni soluci—n.
punto de hacer erupci—n, hasta que una fuerza transformado- ra que vino de las estrellas ilumin— mi conciencia. Una voz in- terior que lleg— a mi o’do del coraz—n, me susurr— que todo lo que estaba en mis manos lo estaba implementando lo mejor que pod’a, y que estaba bien hacerlo, pero que hab’a una ins- tancia fuera de mi control que conduc’a mi alma y que hasta el momento no lo hab’a hecho tan mal; que confiara en que to- do lo que tendr’a que suceder, suceder’a y que yo estar’a en condiciones de vivirlo.
Cuando esta conciencia lleg— a m’ ilumin‡ndo mi darme cuenta, me sent’ contenida por la Ley con mayœscula. Al am- paro de esa luz infinita sent’ confianza y paz. Algo se alivi— en mi apretado coraz—n, y una nueva comunicaci—n con una dimensi—n c—smica y a la vez celular, se me apareci— como re- velaci—n.
Peque–os quehaceres cotidianos, pero conscientes, me van acompa–ando en el instante infinito y alivian mi tensi—n-pre- gunta acerca del futuro. As’ seguimos andando mis preguntas y yo. A veces con m‡s certezas, a veces con m‡s dudas, pero sabiendo que siempre las respuestas est‡n en un lugar sabio que vive en m’.