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C HAMANISMO Y COSMOLOGÍA

Las tres zonas cósmicas y el Pilar del Mundo

La técnica chamánica por excelencia consiste en el paso de una región cósmica a otra: de la Tierra al Cielo, o de la Tierra a los Infiernos. El chamán conoce el misterio de la ruptura de los niveles. Esta comunicación entre las zonas cósmicas se ha hecho posible gracias a la propia estructura del Universo. El Universo, en efecto, y vamos a verlo en seguida, se concibe, grosso modo, como constituido por tres regiones –Cielo, Tierra e Infiernos– unidas entre sí por un eje central. El simbolismo mediante el cual se expresa la solidaridad y la comunicación entre las tres zonas cósmicas, es bastante complejo y no está siempre exento de contradicciones: este simbolismo tiene una "historia" y ha sido muchas veces contaminado y modificado, en el curso del tiempo, por otros simbolismos cosmológicos más recientes. Pero el esquema esencial continúa siendo transparente, incluso después de las muchas influencias sufridas. Existen tres grandes regiones cósmicas, que se pueden atravesar sucesivamente porque están unidas por un eje central. Este eje pasa, desde luego, por una "abertura", por un "agujero", y por este agujero los dioses descienden a la Tierra y los muertos bajan a las regiones subterráneas; asimismo, por él, el alma del chamán en éxtasis puede subir o bajar durante sus viajes al Cielo o a los Infiernos.

Antes de aportar algunos ejemplos de esta topografía cósmica, vaya una advertencia preliminar. El simbolismo del "Centro", no es necesariamente una idea cosmológica. Originariamente es "centro", sede posible de una ruptura de los niveles, todo espacio sagrado, esto es, cualquier espacio sometido a una hierofanía y que manifiesta realidades (o fuerzas, figuras, etc.) que no pertenecen a este mundo, que vienen de otra parte y en primer lugar del Cielo. Se llegó a la idea de un "Centro" porque se tenía la experiencia de un espacio sagrado, lleno de una presencia trans-humana: en este punto exacto se manifestó cualquier cosa de arriba (o de abajo). Más tarde, se creyó que la manifestación de lo sagrado, en sí misma, implicaba una ruptura de los niveles137.

Los Turco-Tátaros, así como otros muchos pueblos, se imaginan el Cielo como una tienda; la Vía Láctea es la "costura"; las estrellas los "agujeros" para la luz. Según los Yakutes, las estrellas son las "ventanas del mundo": aberturas practicadas para la

137 Acerca de este problema del espacio sagrado y del Centro, véanse nuestras obras Traité d'histoire des religions e Images et symboles.

ventilación de las distintas esferas del Cielo (que, por lo común, son nueve, pero en otras ocasiones doce, cinco o siete). De cuando en cuando los dioses abren la tienda para mirar hacia la Tierra, y entonces se producen los meteoros. El Cielo se concibe también como una tapadera; acontece algunas veces que no ajusta perfectamente en los bordes de la Tierra, y así los grandes vientos entran por el intersticio. También a través de este espacio tan angosto los héroes y otros seres privilegiados pueden deslizarse y entrar en el Cielo138.

En la mitad del Cielo brilla la Estrella Polar, que sujeta la tienda celeste como una estaca (clavo de hierro). Los Samoyedos la llaman "El Clavo del Cielo", los Chukchi y los Koryacos, "La Estrella Clavo". Entre los Lapones, los Fineses y los Estonios se encuentran la misma imagen y la misma terminología. Los Turco-Altaicos conciben la Estrella Polar como un pilar: Es "El Pilar de Oro" de los Mongoles, de los Calmucos y los

Buriatos, "El Pilar de Hierro" de los Kirghises, de los Bashkirianos y de los Tátaros

siberianos, "El Pilar Solar" de los Teleutes, etc.139 Una imagen mítica complementaria es la de las estrellas unidas, de manera invisible, a la Estrella Polar. Los Buriatos se figuran las estrellas corno una manada de caballos y la Estrella Polar ("El Pilar del Mundo") es la estaca a la que se les sujeta140.

Como podía esperarse, esta cosmología halló una réplica perfecta en el microcosmo habitado por los humanos. El Eje del Mundo se representó de una manera concreta, ya por los pilares que sostienen la casa, ya bajo la forma de estacas aisladas, que reciben el nombre de "Pilares del Mundo". Para los Esquimales, por ejemplo, el Pilar del Cielo es idéntico al poste que se halla en el centro de sus casas. La estaca de la tienda se identifica por los Tátaros de Altai, por los Buriatos y los Soyotes con el Pilar del Cielo. Entre estos últimos, rebasa la parte superior de la yurte y su extremo está adornado con trapos azules, blancos y amarillos, que representan los colores de las regiones celestes. Esta estaca es sagrada; se le considera casi como un dios. En la parte inferior de la misma hay un altarcito de piedra, en el que se depositan las ofrendas141.

El pilar central es un elemento característico de la habitación de los pueblos primitivos (el "Urkultur" de la escuela de Graebner-Schmidt) árticos y norteamericanos; se encuentra entre los Samoyedos y los Ainus, entre las tribus californianas del norte y del centro (los

Maidus, los Pomo orientales, los Patwin) y entre los Algonkinos. Al pie del pilar se

efectúan los sacrificios y se rezan las plegarias, porque es él el que abre el camino hacia el Ser Supremo celeste. El mismo simbolismo microcósmico se ha conservado también entre los pastores-ganaderos del Asia central, pero como la forma de la habitación es distinta (de la "casa" con techo cónico y un pilar central, se pasa a la yurte), la función mítico-religiosa del pilar se traslada a la abertura superior por donde sale el humo. Entre los Ostiacos, aquella abertura corresponde al orificio similar de la "Casa del Cielo", y los Chukchi lo han identificado con el "agujero" que practica la Estrella Polar en la bóveda celeste. Los Ostiacos hablan también de los "tubos de oro de la Casa del Cielo" o de los

138 Uno Holmberg observa que esta idea mítico-religiosa domina todo el hemisferio Norte. Es, además, una expresión del simbolismo, muy difundido, del acceso al Cielo por una "puerta estrecha"; el intersticio entre los dos niveles cósmicos sólo se ensancha un instante y el héroe (o el iniciado, el chamán, etc.) debe aprovechar ese momento paradójico pata penetrar en el "más allá".

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Al irminsûl de los Sajones Rudolf von Fulda lo llama universalis columna, quasi sustinens omnia. Los Lapones de Escandinavia han recibido esta noción de los antiguos Germanos; llaman a la estrella Polar, "el Pilar del Cielo", o "el Pilar del Mundo". Se ha podido comparar el irminsûl con las columnas de Júpiter. Sobreviven aún ideas similares en el folklore del Sureste europeo: por ejemplo, Coloana Ceriului (La Columna del Cielo) de los Rumanos.

140 La idea es común a los pueblos ugrianos y turco-mongoles.

141 Los trapos de distintos colores utilizados en las ceremonias chamánicas o en los sacrificios, los cuales indican siempre el paso simbólico por las regiones celestes.

"Siete tubos del Dios-Cielo"142. Los Altaicos creen también que a través de esos "tubos" el chamán pasa de una zona cósmica a la otra. También la tienda erigida para la ceremonia de la ascensión del chamán altaico, se identifica con la bóveda celeste y, como ésta, tiene una abertura para el humo. Los Chukchi saben que el "agujero del Cielo" es la Estrella Polar, que los tres mundos están unidos entre sí por agujeros parecidos y que por ellos el chamán y los héroes míticos se comunican con el Cielo. Y entre los Altaicos –como entre los Chukchi–, el camino del Cielo pasa por la Estrella Polar. Los udeshi-burkhan de los Buriatos abren el camino al chamán como se abren las puertas (Harva: Die religiosen vorstellungen der altaischen Volker).

Desde luego, este simbolismo no se limita a las regiones árticas y nor-asiáticas. El pilar sagrado, que se eleva en el centro de la casa, se encuentra también entre los pastores hamitas Galle y Hadiya, los hamitoides Nanda y entre los Khasia. En todas partes se llevan ofrendas con carácter de sacrificio al pie de este pilar; en ocasiones son oblaciones de leche al Dios celeste (como en las tribus aldeanas citadas anteriormente); en ciertos casos se ofrecen incluso sacrificios cruentos (por ejemplo, entre los Galle)143. El "Pilar del Mundo" a veces se representa independientemente de la casa: así, entre los antiguos Germanos (irminsûl, del que Carlomagno destruyó en 772 una imagen), entre los Lapones y entre los pueblos ugrios. Los Ostiacos llaman a estos postes rituales "Las estacas poderosas del Centro de la Ciudad"; los Ostiacos de Tsingala los conocen con el nombre de "Hombre-Pilar de Hierro", los invocan, en sus plegarias, como "Hombre" y "Padre", y les ofrecen cruentos sacrificios144.

El simbolismo del Pilar del Mundo es familiar, asimismo, en las culturas más evolucionadas: Egipto, India (Rig Veda, X, 89, 4), China, Grecia, Mesopotamia, etc. Entre los Babilonios, por ejemplo, el lazo entre el Cielo y la Tierra –lazo simbolizado por una Montaña Cósmica o sus réplicas: ziqqurat, templo, ciudad real, palacio– a veces se imaginaba como una Columna celeste. Veremos en seguida que esta misma idea se expresa también por medio de otras imágenes: Árbol, Puente. Escalera, etc. Todo este

142 Recordemos que la entrada del mundo subterráneo se halla exactamente sobre el "Centro del Mundo (Harva[Holmberg], Der Baum des Lebens: el disco yakuta con un orificio central). Se encuentra el mismo simbolismo en el Oriente antiguo, la India, el mundo greco-latino, etc.

143 La cuestión del "origen" empírico de dichas concepciones (la estructura del Cosmos, por ejemplo, concebida de acuerdo con ciertos elementos materiales de la vivienda, explicables a su vez. por las necesidades de la adaptación al medio, etc.) está mal planteada y es por lo tanto estéril. Porque no existe. Para los primitivos en general una diferencia bien clara entre "natural" y "sobrenatural", entre objeto empírico y símbolo. Un objeto se transforma en "sí mismo" (es decir que connota un valor) en la medida en que participa de un "símbolo"; un acto cobra significado en la medida en que copia un arquetipo, etc. En todo caso, este problema de los orígenes de los valores corresponde más bien a la filosofía que a la historia. Pues, para citar sólo un ejemplo, no se ve muy claro hasta qué punto el hecho de que el descubrimiento de las primeras leyes geométricas se deba a las necesidades empíricas de la irrigación del delta nilótico, pueda tener alguna importancia en la validación o invalidación de esas leyes.

144 Karjalainen: Die Religion der Jugra-Völker, estima, erróneamente, que esa estaca servía para sujetar a la víctima del sacrificio. En realidad, como ha demostrado Holmberg-Harva, ese pilar se llama "Hombre-Padre siete veces dividido", igual que Sänke, el dios celeste, se invoca como "Gran Hombre siete veces dividido, Sänke, mi Padre, mi Hombre-Padre que mira en tres direcciones, etc." (Holmberg: Finno-Ougric mythology). El pilar tenía a veces siete muescas: los Ostiacos de Salym, cuando ofrecen sacrificios cruentos, hacen siete incisiones en una estaca. Esta estaca ritual corresponde a la "Santa Estaca de Plata pura dividida en siete partes" de los cuentos vogules, y al cual los hijos del dios atan sus caballos cuando visitan a su Padre. Los Yurak ofrecen también sacrificios cruentos a los ídolos de madera (sjaadai) que tienen siete caras o siete muescas: estos ídolos, según Lehtisalo están relacionados con los "árboles sagrados" (es decir, con una degeneración del Árbol Cósmico de siete ramas). Asistimos aquí a un proceso de sustitución, bien conocido en la historia de las religiones y que comprueba asimismo en otros casos, en el conjunto religioso siberiano. Así, por ejemplo, el pilar que en un principio servía de altar de sacrificios al dios celeste Num, se convierte entre los Yurak-Samoyedos en un objeto sagrado al cual se ofrecen sacrificios cruentos.

conjunto es parte de lo que nosotros hemos llamado el simbolismo del "Centro", que parece bastante arcaico, porque se le halla en las culturas más "primitivas".

Queremos subrayar ahora mismo el siguiente hecho: aunque la experiencia chamánica propiamente dicha ha podido valorarse como experiencia mística gracias a la concepción cosmológica de las tres zonas comunicantes, esta concepción cosmológica no pertenece exclusivamente a la ideología del chamanismo siberiano y central-asiático, ni, por otra parte, a ningún otro chamanismo. Es una idea universalmente extendida que se une a la creencia en la posibilidad de una comunicación directa con el Cielo. En el plano macrocósmico, esta comunicación se representa por un Eje (Árbol, Montaña, Pilar, etc.); en el plano microcósmico por el pilar central de la casa o por la abertura superior de la misma: lo que quiere decir que toda habitación humana es proyectada hacia el "Centro del Mundo", o que todo altar, tienda o casa hace posible la ruptura de nivel y, por tanto, la ascensión al Cielo.

En las culturas arcaicas se utiliza la comunicación entre el Cielo y la Tierra para enviar las ofrendas a los dioses celestes, y no para emprender una ascensión concreta y personal: ésta continúa siendo el patrimonio de los chamanes. Sólo ellos saben efectuar la ascensión por la "abertura central"; sólo ellos transforman una concepción cosmo- teológica en una experiencia mística concreta. Este punto es importante: hace ver la diferencia que existe, por ejemplo, entre la vida religiosa de un pueblo nor-asiático y la experiencia religiosa de sus chamanes: esta última es una experiencia personal y extática. En otras palabras, lo que para el resto de la comunidad sigue siendo un ideograma cosmológico, es para los chamanes (y los héroes, etc.) un itinerario místico. A los primeros el "Centro del Mundo" les permite dirigir sus plegarias y sus ofrendas a los dioses celestes, mientras que para los segundos es la causa de un vuelo en el sentido estricto de la palabra. Sólo para éstos es posible la comunicación real entre las tres zonas cósmicas.

A este propósito se recordará el mito, muchas veces invocado, de una edad paradisíaca en que los humanos podían subir fácilmente al Cielo y sostenían relaciones familiares con los dioses. El simbolismo cosmológico de la habitación y la experiencia de la ascensión chamánica confirman, aunque en otro aspecto, este mito arcaico. He aquí cómo: tras la interrupción de las comunicaciones fáciles que, en la aurora de los tiempos, existían entre el Cielo y la Tierra, entre los humanos y los dioses, algunos seres privilegiadas (y, en primer lugar, los chamanes) pudieron seguir estableciendo, por su cuenta personal, esta comunicación con las regiones superiores: igualmente –los chamanes– tienen el poder de subir y de llegar al Cielo por la "abertura central", mientras que para el resto de los hombres esta abertura les sirve únicamente para transmitir sus ofrendas. Tanto en un caso como en otro, el régimen privilegiado del chamán se debe a su facultad para realizar experiencias extáticas.

Nos ha sido preciso insistir varias veces en este punto, capital en nuestra opinión, para esclarecer el carácter universal de la ideología que se halla implícita en el chamanismo. No son los chamanes los que han creado, por sí solos, la cosmología, la mitología y la teología de sus tribus respectivas; se han limitado a interiorizar, experimentar y utilizar esas concepciones como el itinerario de sus viajes extáticos.

La montaña cósmica

Otra imagen mítica de este "Centro del Mundo", que hace posible la relación entre la Tierra y el Cielo, es la de la Montaña Cósmica. Los Tátaros de Altai se imaginan a Bai Ulgän en medio del Cielo, sentado en una Montaña de Oro (Radlov: Aus Sibirien II). Los Tátaros Abakán la llaman "La Montaña de Hierro"; los Mongoles, los Buriatos y los Calmucos la conocen con el nombre de Sumbur, Sumur o Sumer, nombres que descubren claramente la influencia hindú (Meru). Los Mongoles y los Calmucos se la

representan como si tuviera tres o cuatro pisos: los Tátaros siberianos creen que la Montaña Cósmica tiene siete: en su viaje místico, el chamán yakuta escala, también, una montaña de siete pisos. Su cima se halla en la Estrella Polar, en el "ombligo del Cielo". Los Buriatos dicen que la Estrella Polar está enganchada en su cumbre.

La idea de una Montaña Cósmica (Centro del Mundo) no es necesariamente de origen oriental, porque, como hemos visto, el simbolismo del "Centro" parece ser anterior a las civilizaciones paleo-orientales Pero las antiguas tradiciones de los pueblos del Asia central y septentrional –que, indudablemente, conocían la imagen de un "Centro del Mundo" y del Eje cósmico– fueron modificadas por la afluencia continua de las ideas religiosas orientales, éstas sí de origen mesopotámico (y difundidas a través del Irán) o

hindú (a través del lamaísmo). En la cosmología de la India, el Monte Meru se yergue

en el centro del mundo y encima de él centellea la Estrella Polar. Del mismo modo que los dioses hindúes empuñaron esta Montaña Cósmica (Eje del Mundo) y agitaron con ella el Océano primordial, dando así nacimiento al Universo, un mito calmuco cuenta que los dioses se sirvieron de Sumer a manera de palo para remover el Océano, y crearon así el sol, la luna y las estrellas (Harva). Otro mito central-asiático muestra la penetración de los elementos hindúes: el dios Otchirvani (Indra) atacó, adoptando la forma del águila

Garide (Garuda) a la serpiente Losun, en el Océano primordial, la enrolló tres veces

alrededor del Monte Sumeru y, por último, le aplastó la cabeza.

Nos parece inútil recordar todos los demás montes cósmicos de las mitologías orientales y europeas: Haraberezaiti de los Iranios, por ejemplo; Himinghjörg de los antiguos Germanos, etc. En las creencias mesopotámicas, una montaña central une el Cielo y la Tierra: es el "Monte de los Países", que enlaza unos territorios con otros. Pero el mismo nombre de las torres y de los templos sagrados babilónicos atestigua su identificación con la Montaña Cósmica: "Monte de la Casa". "Casa del Monte de todas las tierras", "Monte de las tempestades", "Lazo entre el Cielo y la Tierra", etc. La ziqqurat era, propiamente hablando, una Montaña Cósmica, una imagen simbólica del Cosmos; sus 7 pisos representaban los 7 cielos planetarios (como en Borsippa) o tenían los colores del mundo (como en Ur). Ei templo Barabudur, verdadero imago mundi, estaba construido en forma de montaña. Las montañas artificiales se conocen en la India, y se hallan entre los Mongoles y en el Asia sur-oriental. Es probable que las influencias mesopotámicas hayan llegada a la India y al Océano Índico, aunque el simbolismo del "Centro" (Montaña, Pilar, Árbol, Gigante) pertenezca orgánicamente a la más antigua espiritualidad hindú.

El monte Tabor, en Palestina, podría significar tabbûr, esto es, "ombligo", omphalos. El monte Gerizim, que está en el centro de Palestina, hallábase indudablemente investido con el prestigio del Centro, porque se le llamó "ombligo de la tierra" (tabbûr eres, véase Jueces, IX, 37: "Es gente que baja del interior de la tierra..." o "… Es el pueblo, que desciende del ombligo del mundo"). Una tradición recogida por Petrus Comestor dice que, durante el solsticio de verano, el sol no da sombra a la "fuente de Jacob" (cerca de Gerizim). En efecto, precisa Comestor, sunt qui dicunt locum illum esse umbiculum terrae nostrae habitabilis. Como Palestina era el país más alto –ya que esta junto a la cumbre de la Montaña Cósmica– no quedó sumergida por el Diluvio. Un texto rabínico dice: "La tierra de Israel no fue anegada por el diluvio". Según los cristianos, el Gólgota se hallaba en el