Ya mencionamos anteriormente que Higino recoge que Télefo se cuenta entre los que mataron a sus parientes (Fab. 244): cuando llegó a la corte de Áleo, los hijos de éste (Hipótoo y Pereo), por tanto, tíos de Télefo, se burla- ron del joven por su oscura progenie. En la pelea subsiguiente al agravio, el sobrino les dio muerte, ignorando que eran sus parientes, y huyó de Tégea 208. De manera indirecta, provocó la muerte de su abuela Neera, hija de Autó- lico, que se suicidó ante la pérdida de Hipótoo (Fab. 243). A consecuencia de este crimen Télefo quedaría mudo y llegaría así a Misia guiado por un oráculo (Higino, Fab. 244 y Fab.100). El episodio de su mudez lo menciona Aristóteles (Poética 1460 a 32) refiriéndose a Télefo como “el mudo que viene de Tégea a Misia”. En la Fab. 273 se da noticia de la participación de Télefo en unos certámenes deportivos organizados por Príamo: corrieron, entre otros, Néstor, Héleno y Deífobo. También en el género dramático se encuentran referencias a este acontecimiento de su biografía, tal cual atesti- guan Anfis y Alexis (ver nota 124), donde se le presenta como si fuera un pa- rásito.
Dares el Frigio209 introduce algún elemento novelesco más en la vida de Télefo, al que hace huésped de Teutrante en su primera juventud. Pasado el tiempo Télefo, que era un caudillo griego, aparece en Misia con Aquiles para saquearla. El Pelida hiere al rey y Télefo lo salva de la muerte agradecido por la antigua hospitalidad. Teutrante lo designa heredero del trono y Télefo le rinde honras fúnebres cuando muere y se convierte a continuación en rey. Aquiles le aconseja que proporcione víveres a los griegos, en vez de ir con ellos a Troya. Télefo se queda en Misia.
Dictis Cretense210 refiere la llegada de los griegos a Misia, la lucha contra Teléfo y la muerte de su hermano Teutranio. Télefo persigue a Odiseo, se enreda en un viñedo y cae. Aquiles lo hiere con su lanza y Télefo se arranca el arma y consigue huir protegido por los suyos. Después parlamenta con los griegos y les permite partir. Más adelante211 Télefo, agobiado por los dolores de la herida, va a Argos en busca de Aquiles y éste, junto a Macaón y Podalirio, lo curan. Télefo, agradecido, guía a los griegos a Troya y regresa a casa 212.
208 Cf. al respecto de estos hechos los frs. 76, 86, 83 y 84 Nauck.
209Dares Frigio. Historia de la destrucción de Troya.BCG. Trad. Mª F. del Barrio y V. Cristóbal. 210 Diario de la guerra de Troya II 1,7. BCG. Trad. Mª F. del Barrio y V. Cristóbal.
211ibid. II, 1, 10. 212 ibid. II, 1, 12.
La herida
En las Ciprias213 aparece la narración que vincula a Télefo con el ciclo troya- no. El resumen de Proclo recoge que los griegos alcanzan y saquean Neutra- nia, pensando que se trata de Troya. “Télefo llega en ayuda de los atracados, mata a Tersandro, el hijo de Polinices, y él mismo es herido por Aquiles.” El escolio A a Ilíada I. 59 ofrece una versión muy similar, con la llegada de los aqueos a Misia y la toma de la ciudad, lo que lleva a Télefo, que ya reinaba entre los misios a actuar: “al ver su país saqueado armó a los misios y per- siguió a los griegos hasta sus naves… al volverse Aquiles contra él, Télefo se dio a la huida. En su carrera se enredó en unos sarmientos de vid y fue heri- do. Dioniso estaba irritado contra Télefo, que lo había privado de honores. Los griegos dieron media vuelta y volvieron a Argos. Pero Télefo se hallaba aquejado por una herida incurable. Como el dios le había dicho que nada podría curarlo salvo lo que le había herido, fue a Argos. Una vez que pro- metió que no ayudaría a los troyanos, fue sanado por Aquiles. Y Télefo les mostró el camino a Troya.”
Apolodoro (Epítome 3, 17,1) proporciona casi la misma narración de los
hechos, con el ataque de los griegos y la ofensiva de Télefo, que persigue a los atacantes hasta las naves y en la batalla mata a Tersandro. Aquiles hiere a Télefo en el muslo al enredarse éste en un sarmiento. Los griegos se retiran y Télefo se queda con una lesión insanable. Consulta al respecto a Apolo y re- cibe la respuesta que transmite Eurípides (fr. 700 del Télefo): ὁ τρώσας ἰάσε- ται. Se dirige a Argos disfrazado de mendigo. Aquiles interpreta el oráculo y lo cura con la herrumbre de su lanza. Télefo, a cambio, muestra a los griegos el camino a Troya.
Filóstrato (Her. 2, 14) explica que los aqueos querían impedir que Troya recibiera auxilio de los pueblos vecinos y que Télefo es advertido de la inva- sión griega por su hermano natural, Tlepólemo. Télefo tiene tiempo de apres- tar un ejército de caballería e infantería. Más adelante (Her. 2, 18) vemos a Télefo rodeado de héroes, matando a Tersandro y poniendo en fuga a los invasores. Muere también en la batalla un hermanastro de Télefo, Teutranio, hijo de Auge y Teutrante.
El autor sostiene que los griegos no se equivocaron al atacar Misia, sino que lo hicieron porque pensaban que se trataba de un territorio muy rico y, además, temían que sus habitantes pudieran socorrer a los troyanos. En Mi- sia reinaba Télefo, quien les hizo frente auxiliado por un ejército numeroso en el que se incluían, entre otros aliados, los escitas. En una lucha feroz fue inmovilizado por Protesilao y herido por Aquíles en el muslo. “Por culpa de esta herida Télefo perdió el sentido y habría muerto si los misios no se lo
hubieran llevado.” Las misias intervinieron en la batalla, luchando ague- rridamente al mando de Hiera, que murió víctima de Nireo.
Pausanias (I. 4, 6) nos da noticia de que los habitantes de las proxi- midades de Pérgamo se tenían por descendientes de “arcadios que cruzaron con Télefo a Asia.” En VIII. 45, 7 describe los frontones del templo de Atenea Álea en Tégea, en uno de los cuales se representaba la batalla de Télefo y Aquiles. Y en IX. 5, 14 narra cómo Tersandro murió a manos de Télefo cuan- do los griegos se extraviaron camino de Troya y sufrieron el desastre de Mi- sia. La Fábula 101 de Higino refiere que “Télefo hijo de Hércules y de Auge, resulta herido por Aquiles en una pelea con la lanza de Quirón.” Quinto de Esmirna atribuye también a Aquiles la herida de Télefo (IV. 152). Ovidio hace jactarse a Aquiles de haber herido a Télefo dos veces (Met. XI. 112) y de curarlo cuando se lo suplicó (ibid. XIII. 171).
La curación
Ya hemos recogido más arriba las circunstancias en que se produjo la herida de Télefo y la condición establecida para que pudiera restablecerse. Un es- colio a Las nubes 919 hace referencia a un primer viaje de Télefo a Tesalia en busca de curación. Apolodoro (Epít. 3, 20) relata: “En esto Télefo, al que no se le curaba la herida y le había dicho Apolo que sólo obtendría la curación cuando el que lo hizo se convirtiera en su sanador, llegó de Misia a Argos envuelto en harapos; y tras solicitar la ayuda de Aquiles a cambio de la promesa de mostrarles el camino a Troya, fue curado por el moho de la lanza de asta de fresno del Pelión, que Aquiles le raspó sobre la herida. Así pues, ya sano, les mostró el camino…”
Quinto de Esmirna (IV. 174 ss.) dice que Télefo le regaló unos caballos a
Aquiles para agradecerle la curación de la llaga que el propio Pelida le había hecho en el muslo. La cura, según la Fábula 101 de Higino, se produce así:
“Como esta herida le angustiaba día a dia con un horrible sufrimiento, consulta al oráculo de Apolo en busca de remedio. La respuesta le advierte de que nada podría curarle a no ser la misma lanza con que fue herido. Télefo, al oír esto, se presenta ante Agamenón y, siguiendo el consejo de Clitemnestra, saca al niño Orestes de su cama y amenaza con matarlo a no ser que los aqueos lo curen. A su vez los aqueos, como habían recibido un oráculo según el cual no podrían tomar Troya sin la guía de Télefo, llegan fácilmente a un acuerdo con él y piden a Aquiles que lo cure. Pero Aquiles les responde que él desconoce el arte de la medicina. Entonces habla Ulises: “Apolo no se refiere a ti, sino que nombra la lanza causante de la herida”. Ésta quedó sanada en cuanto la rozaron con la lanza. Cuando le pidieron
que marchara con ellos a Troya para conquistarla, no pudieron convencerlo porque tenía por esposa a Laódice, hija de Príamo, pero en agradecimiento a que le habían curado, los guió y les mostró los lugares y los caminos. Desde allí se marchó hacia Misia.”
Filóstrato (Her. 23) dice que “más tarde, en Troya, el propio Aquiles fue el médico que trató la herida.” Luciano (Nigrino 38) también menciona que la herida de Télefo se sanaría acudiendo al agresor y rogándole la curación. Ovidio (Trist.V. 2 15):
“Télefo habría perecido consumido por una gangrena continuada, si la mano que le dañó no le hubiese ofrecido ayuda.”
En los Remedia amoris (47-48) se cuenta que la lanza que lo hirió lo curó. Horacio (Ep. 17. 8 ss.) alude a la capacidad de convicción de Télefo para lograr que Aquiles lo sanase, habida cuenta de que había combatido contra él al frente de los misios. Estacio menciona la curación de Télefo por obra del Pelida 214. “Una variante de la leyenda de Télefo asignaba la curación de la herida a las virtudes de una planta, llamada de “Aquiles” por haber sido éste su descubridor (Plin. Nat. Hist. XXV. 42)”215. También aparece citada en el CH una variedad vegetal con el nombre de telefio, conocida por Galeno cuya virtud curativa consistiría en limpiar y secar, como refiere Rosa Mª Aguilar en un trabajo sobre el héroe 216.
Una vez sanado, tuvo que prometer que ni él ni sus descendientes lucha- rían contra los griegos, aunque la promesa quedó incumplida al entrar en combate su hijo Eurípilo, como hemos señalado anteriormente.
Por otra parte, tras recuperar la salud, Télefo desaparece de los textos. Habría muerto antes de la caída de Troya; no obstante, su recuerdo pervive en los autores que le atribuyen hasta cuatro esposas y, como recoge Rosa Mª Aguilar, no sólo sería el antepasado mítico de Rómulo y Remo, sino que tam- bién la casa real de Pérgamo remontaría su ascendencia hasta nuestro perso- naje217.
214 Estacio. Silvas I 4, 113. BCG. Trad. F. Torrent Rodríguez. 215 Luis Gil. Therapeia 1969, p.117.
216Rosa Mª Aguilar, Ὁ τρώσας ἰάσεται. Actas del Congreso Intenacional con motivo del XXV centenario
del nacimiento de Sófocles. Málaga 29-31 de mayo de 2003. p. 214.
Post mortem
Filóstrato218 aporta noticias sobre el destino de Télefo después de la muerte: un perro rabioso atacó a un muchacho
“y su mordisco había vuelto al joven a todos los comportamientos de los perros, pues ladraba, aullaba y solía em-prender la carrera apoyando ambas manos a cuatro patas.”
El filósofo ordena que le traigan al can y éste
“se echó a los pies de Apolonio llorando como los suplicantes ante el altar. Apolonio lo tranquilizó…y dijo: “ha transmigrado a este mu- chacho el alma de Télefo de Misia, y las Moiras quieren la misma suer- te para él.”
Tras decir lo cual, ordenó que el perro le lamiera el mordisco de forma que el que infirió la herida fuera asimismo su sanador”. Y así el muchacho volvió a sus cabales.
Conclusiones
Télefo debió de enfrentarse a sus primeras dificultades apenas nacer, aún siendo de origen real e hijo de un dios. La exposición “era la norma en el caso de nacimientos anómalos. También se recurría a ella cuando la paternidad era dudosa, ya que la incorporación a la familia exigía expresamente un acto por parte del padre…La exposición siempre se hace en el mar o en la agreste montaña: ambas localizaciones tienen en común el ser lugares de donde es imposible escapar” 219. Ya fuera abandonado en el bosque y criado por una cierva hasta ser recogido por unos pastores, ya llegara hasta las riberas del Caíco después de una travesía, estuvo abocado al albur de convertirse en un desgraciado. En este sentido, la leyenda ejemplificaría en la figura de Télefo la fatalidad de los hijos ilegítimos, rechazados por sus parientes, convertidos en expósitos y entregados al azar de caer en manos salvadoras o en garras enemigas y sufrir la peor suerte. En sus años mozos tuvo que recorrer mundo para averiguar el paradero de su madre e indagar sobre su propia identidad. Lo vemos errar, solo o acompañado por otro “huérfano”, Partenopeo, en busca de sus orígenes. Casi nada conocemos sobre esta etapa de su vida: su paso por Troya y su participación en unos certámenes deportivos; la burla de que fue objeto por lo oscuro de su ascendencia y su respuesta furibunda; la predisposición a guerrear y su habilidad en tal menester, que le lleva a ganarse nada menos que esposa y reino. Una vez encontrada su madre y ya convertido en rey, cuando parece haberse asentado, se produce el suceso que lo marcaría para el futuro y lo llevaría a nuevas aventuras.
Mientras que en el caso de Filoctetes la herida vendría causada de mane-
ra indirecta pero segura por los celos de una divinidad, no ocurre así con Té- lefo, que resulta lesionado cuando defiende a su patria de adopción de un ataque exterior. Solamente el escolio A a Il. 1. 59 atribuye a la irritación de Dioniso la lesión. Pero parece más bien que se trata del destino, de un acci- dente desdichado 220 que le causará múltiples sufrimientos.
Creemos que Télefo puede servir de paradigma como marginado por su
origen. La herida sería la somatización de una culpa adquirida en su naci- miento, la mancha que lleva por ser bastardo y haber sido expuesto. Com- parte con Partenopeo esos años de andar errabundos. Incurre en peleas con quienes le echan en cara su ilegitimidad, que son, además, sus parientes, y
219M. S. Ruipérez, El mito de Edipo: Lingüística, psicoanálisis y folklore. 2006, pp. 91-93. 220 Luis Gil. Therapeia 1969, p. 134.
vuelve a contaminarse al matarlos. Es castigado con la mudez. Está a punto de cometer incesto, como le ocurrirá a Edipo. Hasta alcanzar la curación transcurren ocho años de sufrimiento, casi tantos como los que pasa Filoc- tetes en Lemnos. Es, así, un compendio de males, de riesgos, de combinacio- nes caprichosas del azar.
No hemos encontrado datos sobre cómo vivió Télefo durante esos ocho años de enfermedad. Las referencias a la tortura que la herida le producía y lo incurable de la misma son las únicas noticias ciertas acerca de su desventura. También a diferencia de Filoctetes, la lesión no le supuso la soledad ni el abandono de sus costumbres, aficiones o deberes, ya que, aunque se vista con harapos, no ha perdido su condición real. En este episodio de su vida Télefo añadía a su fingida apariencia mendicante su realidad de enfermo, su herida, que le obligaba a cojear y que le provocaba enormes padecimientos. Si adop- tó las vestiduras de pordiosero fue porque le ofrecían una suerte de pro- tección o salvoconducto ante la presencia de posibles enemigos. Y le fueron útiles, ya que revestido de tal guisa llegó a su destino, le sirvieron para en- frentarse a los aqueos y logró su objetivo. Esto nos podría remitir a las an- tiguas tradiciones y creencias que obligaban a auxiliar a los mendigos, su- plicantes y extranjeros, dándoles asilo y ofreciéndoles protección. Pero como subraya Bolkestein, no aparece un Zeus ptochios 221 en la religión griega, religión que considera a los suplicantes como sujetos preferentes en cuanto a la compasión, no a los mendigos, que quedaban exentos de la misma, para- dójicamente, porque se creía que ya disfrutaban de la ayuda divina. El disfraz le permite citar piedad y evitar la desconfianza de aquellos entre los que se introduce y que lo admiten en su compañía. La acogida debía ser un hecho frecuente o la escenificación de un ideal moral. El mendigo –en este caso el falso mendigo, el disfrazado de mendigo- podía ser menospreciado y hasta insultado, pero era recibido como un enviado de la divinidad que no debía quedarse en la puerta y que debía recibir unos mínimos presentes de hospita- lidad.
No se nos dice tampoco cómo llegaría Télefo hasta sus adversarios. Los diversos autores no se interesaron por esta peripecia de su biografía, ya fuera larga o breve. Quizá se sirvió durante un tiempo prolongado de su aspecto de pordiosero y vivió como tal, con el lastre añadido de su lesión. Quizá sólo se caracterizó en el último momento, antes de emprender el viaje, o cuando llegó ante los griegos. Tampoco hay muchas más noticias del día después, como he- mos apuntado anteriormente.
En todo caso, la llaga de Télefo, producida accidentalmente, le supuso una invalidez duradera y seguros dolores. Para liberarse de éstos debió enfren-
221 H. Bolkestein. Wohltätigkeit und Armenpflege im vorchristlichem Altertum. Groningen. 1967, p.180.
tarse a sus enemigos y, aunque disfrazado de indigente, tuvo que comportarse de manera atípica y ofrecer algo a cambio, no limitarse a pedir. Lo que propo- ne es de gran valor para los aqueos. Pero lo que recibe por ello, lo que Aquiles le proporciona, a más de la salud y el alivio físico, es la incorporación al mun- do de los nobles, de los héroes, al que pertenecía por derecho, como nieto de rey e hijo de dios. Télefo se cura, pues, doblemente, en un nivel físico y tam- bién en el ámbito de lo moral. Deja de ser un excluído y se reintegra a su anti- gua vida.
Pero a diferencia de lo ocurrido con el caso de Filoctetes, tratado con gran exquisitez por los autores de los distintos géneros literarios, y “recom- pensado” por ellos con diferentes logros, sobre Télefo parece pesar una eterna maldición que se traduce en la burla de los cómicos. Esta va a perdurar, y así Filóstrato asegura que ni en el más allá alcanza reposo este guerrero, marcado fatalmente por las parodias de la comedia.
IV. El marginado: Filoctetes
“En el mito afloran distintas maneras de concebir la enfermedad tanto en su realidad vivencial como en su realidad objetiva. Frente a la noción prepon- derante del castigo divino, las dolencias traumáticas del mito –heridas de Fi- loctetes, Télefo y Quirón- son consideradas como accidentes desdichados cu- ya causa tan sólo obedece a los giros del imprevisible azar. En cuanto al pro- ceso que lleva a contraer la enfermedad, la leyenda no suele ser demasiado explícita…” 222
La figura de Filoctetes es una de las que más mueven a compasión en la li teratura griega. Compañero de Heracles, destinado a destacar en la guerra de Troya por sus orígenes y méritos, ve truncado su particular cursus honorum de forma accidental y para mucho tiempo. Abandonado por sus compañeros de armas vive unos diez años en soledad absoluta, reducido a la miseria por una herida cuya causa radica en el odio que Hera sentía contra él por haber tenido tratos amistosos con Heracles y haberle ayudado en el amargo trance del monte Eta. Sólo después de que su presencia y sus armas se hagan im- prescindibles para aquéllos que lo rechazaron conseguirá la curación y volverá a participar en la guerra.
Filoctetes tiene mucha “biografía” y muy completa, ya que se sigue su tra