IV.2.2.1.3.1. Hidrología superficial
No se tiene reporte de cuerpos de agua o corrientes superficiales perenes o periódicas dentro del SA. El Sistema Lagunar Nichupté (SLN) se ubica aproximadamente a 2.3 km. Este cuerpo de agua, que aunque no está dentro del SA propuesto es parte de los elementos de agua superficial que existen en la región y cercanos a la ciudad de Cancún, resultará de importancia para considerar como parte importante en el adecuado manejo de residuos sólidos y líquidos que el proyecto genere y evitar su contaminación. Las medidas propuestas de mitigación de impactos están alineadas con la necesidad de reducir la contaminación de manto freático y evitar impactar la capacidad de recarga de acuífero, entre otras medidas que permitirán reducir riesgos para ese cuerpo de agua.
IV.2.2.1.3.2. Hidrología subterránea
La península carece de corrientes superficiales, principalmente en la porción norte; hacia el sur sólo se manifiesta un drenaje incipiente que desaparece en resumideros o en cuerpos de agua superficiales. Así, gran parte de la precipitación pluvial se evapotranspira y el resto se infiltra a través de fracturas, oquedades y conductos kársticos en las calizas, siendo que el áreas del SA no escapa a esta condición. En el subsuelo el agua sigue diferentes trayectorias de flujo, controladas por el desarrollo o evolución del Karst profundo, de tal manera que para la zona de interés, la ocurrencia del agua subterránea está supeditada a la presencia de la región kárstica de la porción noreste, asociada con las provincias geomórficas II y IV de la Península y como consecuencia, presentando un acuífero regional para la zona norte de la Península dentro del cual se encuentra el SA del proyecto.
Se plantea así, la existencia de dos acuíferos regionales de carácter kárstico distinto, que se denominaron, en función de la edad de las rocas; Miocénico y Eocénico; en el caso del SA, la ubicación está en el primero de ellos.
Cabe resaltar que de acuerdo a INEGI, la infiltración es alta y define que menos del 5% del agua que precipita tiene escurrimiento, valor pues, bastante bajo, debido a las características geológicas y del tipo de suelo que se presenta en la zona, con lo cual, el aporte de agua al subsuelo es bastante alto, como sucede en la Península de Yucatán.
Plano No. 48. Escurrimientos superficiales en el SA
La península de Yucatán forma una de las plataformas de piedra caliza más grandes del mundo, abarca más de 250,000 km² y un espesor de más de 2.5 Km en algunas zonas. La península es el resultado de un proceso de depositación de carbonato de calcio de origen orgánico por millones de años a lo largo de los cuales se presentaron varias eras glaciares que provocaron que los niveles oceánicos aumentaran y disminuyeran, en promedio 120 m, sumergiendo y descubriendo la plataforma continental.
La entidad es uno de los estados de la zona tropical del Sureste del país, en donde las precipitaciones son abundantes, mayores de 1,000 mm anuales, y se caracteriza por la inexistencia de corrientes superficiales relevantes, salvo el río Hondo. Al no poderse desarrollar las corrientes superficiales la porción de agua de precipitación que resta a la evaporación es absorbida por las plantas y suelos y el resto satura el terreno, colma el bajo relieve y se infiltra en el subsuelo, dando origen a las aguas subterráneas en cavernosidades de desarrollo muy complicado, de manera que todos los sitios que reciben la lluvia constituyen zonas de recarga del acuífero, es decir toda la superficie estatal.
Debido a la capacidad de infiltración y escasa pendiente del terreno estatal, se estima que el 80% de la precipitación pluvial se infiltra a través de las fisuras y oquedades de la losa calcárea, pero sólo una parte de ese gran volumen ingresa al acuífero: se estima que el 72.2% del agua
infiltrada, unos 34,650 mm3/año, es retenida por las rocas que se encuentran arriba de la
superficie freática y gradualmente extraída por la transpiración de las plantas; el otro 41.6 %,
unos 13,350 mm3/año, constituye la recarga efectiva del acuífero.
La recarga de agua hacia el Sistema Lagunar Nichupté está reportada por diversos autores como de carácter subterráneo por lo que es indudable que en el subsuelo del sitio del proyecto existe flujo hidrógico hacia la Laguna Nichupté.
El acuífero de la Riviera Maya está formado por calizas de características variadas y depósitos de litoral con un espesor máximo de 400 metros. La porosidad y permeabilidad primarias del acuífero dependen de su litología. Sus valores son altos en los estratos constituidos por conchas
y esqueletos de organismos, así como en lugares donde ha habido bastante disolución de la roca. A escala estatal, se trata de un acuífero libre, heterogéneo y anisotrópico. La figura que se presenta muestra el comportamiento kárstico en acuíferos.
Figura No. 27. Desarrollo de acuíferos en sistemas kársticos
De acuerdo a la CNA, la profundidad al nivel freático para el acuífero que subyace al Estado de Quintana Roo varía desde 20 metros hasta 2 (en zonas cercanas a la costa). Para el área de estudio, la profundidad se estia en 10 m aproximadamente.
La precipitación pluvial, aunada a la gran capacidad de infiltración del terreno y la reducida pendiente topográfica, favorece la renovación del agua subterránea de la península por lo que prácticamente toda el área funciona como zona de recarga.
La figura muestra las direcciones de flujo preferenciales del agua subterránea en un modeo generado Bauer et al. en el 2011.
Marín (1990) estableció para el noroeste de Yucatán una red de monitoreo piezométrica durante casi dos años. Durante este tiempo, las variaciones normales entre la época de estiaje y lluvias fueron del orden de 0.50 m. Beddows (2003) describe el acuífero costero de Quintana Roo como un acuífero de porosidad triple y comenta que es necesario considerar el flujo del agua subterránea a través de la matriz, fracturas y sistema de cavernas interconectadas.
A escala regional, no se han provocado cambios apreciables en las direcciones principales de flujo ni en la elevación de los niveles del agua, lo cual se debe, por una parte, a que el volumen de agua extraído del subsuelo es depreciable en comparación con la recarga y, por otra parte, a que los efectos del bombeo se propagan rápidamente (Granel E., Gález L., 2002).