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CAPITULO III: REFLEXION SISTEMATICA.

3.1 Hijos De La Educación Superior Pública.

Además del proceso académico formal que se desarrolla en los programas de la

universidad Distrital, existe todo un entorno que tiene que ver con el sentido de lo público, es decir con el carácter de la institución que le da una orientación a la labor que debe desarrollar en la sociedad:

"La misión de la Universidad Distrital “Francisco José de Caldas” es la democratización del acceso al conocimiento para garantizar, a nombre de la sociedad y con participación de Estado, el derecho social a una Educación Superior con criterio de excelencia, equidad y

competitividad mediante la generación y difusión de saberes y conocimientos con autonomía y vocación hacia el desarrollo sociocultural para contribuir fundamentalmente al progreso de la Ciudad – Región de Bogotá y el país."

Se hace evidente en la cita anterior la intencionalidad que rige la universidad desde su configuración como institución educativa al servicio de la sociedad a la que debe su existencia y pervivencia, ya que el centro de este gran propósito ubica la educación superior como derecho, lo cual proyecta una evolución en cuanto al acceso a esta posibilidad de crecimiento individual tanto como a la cualificación del conjunto social; a través de una democratización del conocimiento, es decir, que el proceso educativo llegue a la población que nunca ha podido acceder a este por carencias económicas principalmente.

Hablamos entonces de una responsabilidad social que representa la naturaleza de la

universidad pública, una responsabilidad encaminada hacia el mejoramiento de la calidad de vida de la población, hacia la equidad y la justicia social, entonces se puede entender también como instrumento y posibilidad de construcción de paz, lo cual se ve representado en la misión citada como vocación al desarrollo sociocultural en miras al progreso de su país.

Nos interesa rescatar a continuación lo que consideramos pertinente para un dialogo más profundo en cuanto al sentido de lo público, que expone el profesor Alfonso Tamayo de la siguiente forma:

Lo público tiene dos dimensiones: una material o física como las calles, las plazas, los espacios públicos, que no son del estado aunque los vigile y construya, sino del colectivo, del

público, del común de los ciudadanos…La otra dimensión es intangible, espiritual, son los referentes simbólicos, representaciones, nociones éticas, formas de identidad, el folclor, lo mítico, lo imaginario, los referentes culturales, aquello que compartimos todos como colombianos. Lo público es la dimensión donde se forman las identidades, los sentidos de pertenencia, el lugar de los proyectos sociales, políticos y culturales (Tamayo, 2008, p.172).

Resulta fundamental comprender entonces lo público como un espacio de construcción, como un espacio de participación donde se hace posible la cohesión social, donde se tejen las redes de lo colectivo y de lo común, entonces es un espacio abierto a la diversidad y enriquecido por la pluralidad; es lo público lo que da sentido a una apuesta social que indique una forma general de comprender y de actuar frente a la vida, un espacio de construcción cultural.

Cuando este elemento cohesionador de la sociedad se manifiesta entrelazado con el proceso educativo, entonces cobra fuerza la universidad pública como la conciencia crítica de la nación y como espacio de construcción social:

… la universidad pública se entiende como algo fundamental para el desarrollo de la vida

social en la búsqueda del bienestar común, en este caso la formación en la búsqueda de la

verdad y el ejercicio de la ciudadanía: espacio de saber y ejercicio de la ética civil.

La universidad pública es entendida como un bien social que conviene a todos en la

construcción de un proyecto de nación. En ella, el conocimiento es puesto en función de las

Comprendemos entonces porque la misión de la universidad distrital responde a este ejercicio ético y pone de manifiesto su propósito social de aprovechamiento del conocimiento para la solución de los problemas más sentidos de la sociedad y especialmente sus sectores más vulnerados.

Todo este sentido político de la educación, de empoderamiento social, lo que podríamos establecer como el espíritu de la construcción permanente de una sociedad mejor, se ve truncada por la realidad de los acontecimientos propios del contexto nacional y entra en conflicto,

específicamente por el modelo económico que establece relaciones, perspectivas, intereses y manejos ajenos a la idea de justicia esbozada en los párrafos anteriores.

El neoliberalismo como apuesta económica-política (especialmente concebida para el tercer mundo) conjuga las contradicciones del modelo económico capitalista y la propensión por un modelo político democrático, resultando en un proyecto que despoja al Estado de sus

responsabilidades ya que la mercantilización de todos los aspectos de la vida puede hacer suplir las necesidades básicas y los derechos, por parte del sector privado argumentando que la

competencia genera un mejor servicio.

Entonces la labor del Estado se dirige más hacia el aprovechamiento de las universidades para fines netamente económicos, encaminándolas a su desaparición, ejemplo de ello la ley 30 de 1992 que recorta recursos a las universidades públicas y dirige su rumbo hacia la privatización. Lo cual representa un retroceso en la idea de universidad y su función para la sociedad,

Las universidades han llegado a ser así el fiel reflejo de estas sociedades decadentes, que

se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que la

Ciencia, frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o entra mutilada y

grotesca al servicio burocrático. (Manifiesto de Córdoba, 1918: 2)

Este pequeño párrafo del manifiesto de Córdoba muestra como después de 100 años los avances de muchas de nuestras sociedades son escasos en términos de lo que podemos llamar como un verdadero proyecto de nación, el que esta aun por construir y que no da más espera.

Resaltamos esta como parte de nuestra historia, la forma como concebimos nuestra formación académica al servicio de las necesidades de la sociedad, de la gente que necesita un cambio y un mejor país para vivir una sociedad verdaderamente amplia más allá del desarrollo y enriquecimiento de unos a costa de otros.

Nuestra educación nos permitió tomar conciencia de muchas de las realidades sociales y ser propositivos para buscar las soluciones a los infinitos problemas a que nos enfrentamos en este inicio de siglo tan acelerado. Con la experiencia propia vemos como los intereses

individuales pueden pasar por encima de todo un proyecto social, evidenciado en la privatización de las universidades; y nos duele ver como se reproduce este modelo en diferentes instancias de nuestro país, por lo cual procesos de construcción, de formación, de educación, etc. Que tengan que ver con el empoderamiento social de la gente y de los pueblos, se constituyen como los mejores escenarios para generar aportes tanto como representantes de la educación superior pública como docentes de ciencias sociales.

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