• No se han encontrado resultados

2. Entre música campesina y música carranguera

2.3. El oficio de la hilandería

2.3.1. Hilando el saber

Aprender a hilar la lana hace parte de las labores que niños y niñas tienen que realizar en una familia campesina para ayudar al sustento de la casa, es por ello que tanto hombres como mujeres aprenden a hilar por igual:

60 Doña Bertilda Igua, entrevista personal, 13 de febrero de 2014, Villa de Leyva 61 Doña Lucila Monsalve, entrevista personal, 14 de febrero, Gachantivá

«Si eso en el campo los hombres también hilan lana, los hombres también ordeñan vacas, cocinan, lavan la ropa, colaboran con lo de la casa […]A eso sí lo mismo, el niño hace el mismo oficio que hace la niña, el barre, el lava, el cocina, el ve por su ropa, el lava la loza, el hace el mismo oficio. En un campo del oficio que hace la hija, hace el hijo. O aquí ellos fueron así, ellos ordeñaban las vacas, ellos cocinaban, ellos barrían, ellos lavaban la ropa, ellos ayudaban al papá a trabajar al azadón, a coger maíz, a desyerbar maíz, a coger la mora, a desyerbar la mora, lo mismo, sino que la mujer ya no se pone al azadón, la mujer es más los oficios de la cocina.»63

De la misma manera, es un oficio que se aprende en el núcleo familiar, de tal forma que por lo general, los campesinos que acostumbran a hilar la lana lo han aprendido de sus madres:

«Bendito sea Dios que mi mamá fue una mujer de trabajo y nos enseñó a tejer, a despepar la higuerilla, a hilar la lana, y así poco a poco a ella le llegaban los costalados de lana y ahí nosotras le ayudábamos poco a poco a hilar. Y al principio uno la revienta y todo, eso queda mal hilado, pero mi mamá decía «eso echando a pique se aprende, hágale», y así aprendimos bendito sea Dios.»64

Así mismo doña Bertilda sostiene que:

«la que me aprendió, mejor dicho la que me enseñó fue mi madrecita, ella por las noches, ella me dijo «mire mija así es que si’ hace», eso después de que coge uno y le quita uno el vellón a la oveja, se deja un mes y a lo que ya completa el mes de haberle quitao’, eso pone uno y la echa en… la lava, la echa uno unos tres días en jabón para que le quite todo ese mugre que tiene y después la lava uno. Con jabón Rey sumercé, eso uno la deja tres días y después coge y la saca y eso la golpea uno en esos lavaderos como esa piedra que usted me dijo ahorita, como en un tiempo cogía uno los “bluyines” y dele contra el lavadero, y sí, así. Ya ella nos decía en ese tiempo, ella nos enseñó a hacer clineja, de esas de las que hacen por allá por el lado de Gachantivá por donde va a ir sumercé… Clinejas sumercé de esas de las que se hacen de palmicho, eso se coge una palmita y eso traen de esto y eso se sancocha, después se pone a secar y lo que esté bien seco entonces se pone a hacer la clineja. Con clineja hacen los sobreros madre, los sobreros de palmicho que llaman o hacen petacas, hacen todo eso tan bonito.»65

63 Doña Lucila Monsalve, entrevista personal, 14 de febrero de 2014, Gachantivá 64 Doña Ana Saavedra, entrevista personal, 14 de febrero de 2014, Gachantivá 65 Entrevista personal, 13 de febrero de 2014, Villa de Leyva.

Como se mencionaba anteriormente, no todos los hilanderos son tejedores, sin embargo las personas del campo al ser buenos observadores y muy prácticos también aprenden a tejer fácilmente de quienes ya saben hacerlo, por ejemplo doña Ana Saavedra es hilandera y también teje pañolones, ruanas, bufandas y cuellos.

«Pues en parte mi mamá y también sucedió que cuando estaba yo en la escuela una profesora le tocaba a uno llevar le decían que obras manuales, entonces le tocaba a uno llevar tela o aguja, hilos, tejidos de lana y así, sacos en dos agujas, entonces mi mamá me compró un poco de hilo y me compró una aguja pa tejer, una aguja de croché y me hice una camisa pero hermosa la camisa, en la escuela, ya salí yo de la escuela y eso ya uno con el marido eso ya se olvida todo, ya le toca a uno es a la cocina y a ver cómo se compra el mercado del domingo. Enton’ me fui, una vez me fui pa donde una comadre y ’taba haciendo unos pañolones y le dije «ay comadre yo tengo un poco de lana, yo quiero que me enseñe a hacer un pañolón» y me dijo «eso es fácil comadre eso haga así y haga esto y esto y eso se hace así». Le dije, «pero es que no sé las puntadas» y fui y me quedé mirándola a ella tejer y fui pa la casa y dije guarde tantico que yo la vi a ella hacer así y hacer por aquí y me puse y la arremedé en la puntada y así fue, hasta que dí con la puntada. En después me regalaron un pañolón y de ese pañolón saqué la puntada y poco a poco fui aprendiendo, hacía los pañolones de esos de cuatro esquinas, entonces ya después de eso le dije «ay comadre yo quiero aprender a hacer esos pañolones, que son los que se va poquita lana y son suavecitos» entonces me dijo «haga esto y esto y le va mermando y le va mermando de aquí» y así fue, aprendí y ya hasta pa Bogotá he mandado pañolones».66

Con base en estos relatos se puede observar de qué manera, al igual que la música campesina carranguera, oficios como el de la hilandería también se aprenden en el seno familiar, en medio de las relaciones de compadrazgo y a través de la observación en la práctica de las personas que tienen el conocimiento.

Sin embargo, hoy por hoy, no sólo la introducción de tornos para hilar a la vez que facilita y hace más rápido el trabajo, ha ido acabando con la necesidad de la mano de obra de los hilanderos, sino que también en las escuelas de educación formales se ha desestimado este tipo de oficios manuales, por lo cual ya no se acostumbra a que las niñas y menos los niños, aprendan a tejer en ese ámbito.

Esto a su vez conduce a que los jóvenes consideren estos oficios como informales, y con ello, poco rentables, atrasados, no modernos, y de gran requerimiento físico; lo cual también contribuye a menospreciar los espacios de aprendizaje informal como la familia y los vecinos, al igual que pasa en la música.

Documento similar