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historia y poblamientos de los barrios lacustres

Parado en el puente del Pindo, si uno fija la vista al horizonte lejano, probablemente verá un paisaje de tarjeta postal. El mar matizado por gamas de azules, potrillos apenas divisibles, el vaivén nostálgico que producen las olas...Una segunda mirada. Las casas ubicadas en las faldas del mar son de madera y parecen flotar en el aire, suspendidas por troncos delgados clavados en la arena. La distribución de estos barrios es laberíntica, entrar por una callejuela no necesariamente implica que tendrá una salida. Muchas veces son los puentes en madera improvisados los que interconectan las partes del barrios, otras veces, se trata simplemente de caminos en arena que remedan calles. Los vehículos no circulan por estos lugares puesto que no tienen vías de acceso, ni calles reticulares que conduzcan de un lugar a otro, más bien se camina por entre, sobre, debajo y alrededor de las casas para desplazarse, en especial, cuando la marea está alta. Todas las casas estarán ubicadas de frente a la calle más grande, habiendo así muchas casas que se dan la espalda una a otra, es decir, el frente de una casa colindará con la zotea de la siguiente. Probablemente esta última compartirá fachada con la del lado opuesto de la calle central. Esto sucede en los casos en donde hay más casas que calles, bastante común en ciertas zonas lacustres en donde no se planifica de antemano el tamaño y las dimensiones que irá adquiriendo un barrio con el paso de los años, de allí que no parezcan existir maneras clara de predecir las dinámicas y proporciones que tomará una nueva “invasión”.

Al perfilarse como asentamientos informales, luego de la primera oleada de pobladores que constituirán el barrio inicial, otras personas irán “invadiendo”

nuevos terrenos, y si el barrio tiene “éxito”,37 los terrenos se irán valorizando hasta costar aproximadamente entre 50 y 500 mil pesos, sin tener en cuenta la posibilidad de que disponga de una casa construida, lo cual incrementara cualitativamente su costo. Lo que allí se cobra no es el espacio en sí mismo, —que es considerado por definición como colectivo— sino la mano de obra invertida en el pedazo de tierra y en general, en la construcción del barrio. En esta medida, el dueño de un lote cobrará por el trabajo invertido en la “limpia” o el “relleno” de la tierra, así como todo lo que tenga que ver con apertura de zanjas, clavado de postes, demarcación de linderos, habilitación de caminos y construcción de puentes, entre otras actividades. Un nuevo barrio será “invadido”, literalmente, de la noche a la mañana. La idea es “parar” los ranchos lo suficientemente rápido, como para que las autoridades municipales no alcancen a impedirlo, ya que esta actividad, por supuesto, es ilegal.

Bueno invasión es donde se organizan diez, quince familias y vienen y dicen este lugar está vacío. Compran su madera y por la noche vienen y paran malparado, hacen su casita y se meten ahí. Al otro día que vienen los soldados ya están, o dos tres días que pasan ya están constituidos, ya eso sin organizar por donde se va a entrar, por donde se va a salir, pero ya están.38

Desde el punto de vista cuantitativo, la mayor parte de Tumaco ha sido de hecho “invadido”. Cuando un lote con dueño particular es “invadido” y éste se entera lo suficientemente rápido, tendrá que negociar con las personas el precio de su mano de obra invertida en actividades de “limpia” del terreno. Al principio un asentamiento de este tipo cobijará a unas cuantas familias dispersas, y con el paso del tiempo, irán llegando otras personas generando redes vecinales y parentales sumamente estrechas y dinámicas. Así, los vecinos (as) lentamente se irán haciendo compadres con la llegada de nuevos infantes, la parentela irá llegando en busca de familiares desde tierras lejanas y otras parejas se irán “uniendo” con el tiempo construyendo su propia morada.39 Incluso podríamos llegar a plantear, sin temor a equivocarnos que dichas redes son una de las estrategias culturales de mayor vigencia en la vida cotidiana de las personas.

37 Utilizamos este término en un sentido amplio refiriéndonos a que en un principio logre sobrevivir a los desalojos de las autoridades municipales, y luego, empiece a introducir conexiones de energía pirata así como pozos de agua colectivos. Según informes del componente empresarial del Proyecto para la Reorientación del Crecimiento Urbano de Tumaco, se plantea que un 65 % de las personas tienen energía eléctrica “legal”, mientras que sólo un 12 % acceden a servicios acueducto y alcantarillado para el caso del barrio de El Bajito. Cifras que a simple vista parecen altas para generalizar en los otros barrios del sector de La Playa.

38 Entrevista pobladora barrio El Diamante, Tumaco, octubre de 1997.

39 Es muy común, aunque obviamente no en la totalidad de las veces, que las nuevas parejas vivan un tiempo con los padres de alguno de los dos partidos, y luego les sea “heredado” un pedazo del lote que les corresponde a los padres. Las dinámicas de la herencia con respecto a las fincas son diferentes.

Los barrios ubicados en las zonas de bajamar de la isla, localmente conocidos como el sector de “La Playa”, fueron poblados casi en su totalidad posterior al terremoto del 79.40

Pues este barrio existe hace 18 años. A raíz de que pasó el terremoto las casas dizque eran más afuera. Entonces como el terremoto se llevó la mayoría de las casas, entonces ya algunas personas que salieron beneficiarias por el ICT en la Ciudadela, otros por allá abajo entonces se fueron la mayoría de la gente y quedaron estos espacios. Entonces ya la gente empezó a invadir de nuevo, empezó a comprar terrenos y a parar casas.41

Cuentan los primeros habitantes que esas playas no existían antes, fue el mar enfurecido el que las puso allí. De modo que la propiedad, en este caso concreto, es justificada desde ese argumento; la mar no es de ningún gobierno, ni de ningún municipio, la mar es de Dios, es decir, de todos (as). Una mujer del barrio Viento Libre, narra su visión del poblamiento.

Eso dizque es de los alcaldes, del gobierno que quieren despojar a la gente de su propiedad y que dicen que dizque la gente que ha ido cogiendo lotes vacíos y eso le pertenece es al municipio. Pero de pertenecerle al municipio no porque sencillamente esto acá no era ningún barrio, eso ahora es que se formado el barrio porque esto acá era puro mar, todo era mar, todo esto era mar. Mejor dicho, que el mar fue el que trajo la arena que quedó aquí y la gente ha construido encima, pero esto no era ni de ningún alcalde, ni de ningún gobierno, simplemente esto era agua...42

En los barrios construidos a partir de urbanizaciones informales no existen, por obvias razones, títulos de propiedad. Esta última se construye por consensos colectivos y se respetan los acuerdos de palabra teniendo prescripciones claras en cuanto a las formas de adquisición, venta y delimitación de la misma. Así pues, para una persona es evidente desde donde hasta dónde va su propiedad, que palos43 ha sembrado (pertenecientes a un individuo así no necesariamente estén dentro de sus linderos), y cuáles son de uso colectivo. Las personas comúnmente reconocen por lo menos tres formas de propiedad diferentes; el título de invasión, el título de posesión, y por último, el título de propiedad. Estas se dan por el tiempo de ocupación de la tierra, siendo la primera “dada” desde los seis meses de vivir en el barrio, la segunda entre los seis meses y los tres años, y el tercero, 40 A continuación nos referiremos, dentro de los múltiples casos de urbanización informal

que hay en Tumaco, específicamente a el del sector de La Playa, y el barrio El Bajito. 41 Entrevista pobladora barrio El Diamante, Tumaco, octubre de 1997.

42 Entrevista pobladora barrio El Bajito, Tumaco, octubre de 1997.

43 En la mayoría de los casos se trata de cocales (árboles de coco), también habiendo almendros y árboles de algodón, entre otros.

posterior a los tres años. Estas categorías son particularmente útiles a la hora de “pelear” con el municipio garantías y derechos territoriales, que de hecho, el Estado no reconoce. La gran mayoría de los pobladores de estos barrios son migrantes de primera o, a lo sumo, segunda generación, proveniente de los campos, o zonas rurales. No sería pertinente generalizar la procedencia, aunque se reconocen ampliamente las áreas de la carretera, y ríos del municipio, como lo son el Mira, el Mejicano y el Rosario.

Es un hecho que los barrios del sector de La Playa fueron poblados en los años posteriores al terremoto del 79, lo que no queda del todo claro es, ¿de dónde salió la gente que pobló estos barrios?, ¿dónde estaba asentada antes? y ¿si estaba en otro sitio, porqué se generan migraciones colectivas hacia éstas áreas de Tumaco? Factores económicos, como la inscripción de capitales exógenos, las representaciones que se han ido tejiendo alrededor de la “ciudad”, y la alta movilidad poblacional asociada a las redes parentales, son sólo algunos de los elementos que habría que entrar a considerar. De esta manera, a partir de la década del 60, el Estado comenzará a hacer investigaciones agrícolas, para establecer la viabilidad de los cultivos de palma africana dentro del municipio de Tumaco, específicamente en las zonas conocidas como “La Carretera” (Angulo 1996). Dado el “éxito” de dichos cultivos, el gobierno emprenderá la tarea, durante la década del setenta, de incentivar el monocultivo de palma, otorgando préstamos y capitales a inversionistas nacionales. Así, rápidamente se generarán colonizaciones empresariales exógenas, que consolidarán, durante los años ochenta, grandes producciones, así como un mercado nacional. Inversionistas de distintas partes del país —Valle del Cauca y Nariño entre otras— irán expandiendo las áreas de frontera agrícola, hasta dejar a los pobladores locales con tierras periféricas, o incluso, sin tierras.

La gente del campo vendió sus fincas porque llegaron ofreciendo unos cuantos dineros para sembrar palma africana, entonces la gente vendía su finca y se venía aquí a Tumaco a vivir. Ya los vecinos que tenían su casa le decían que allá están vendiendo un terreno, algo y se iban metiendo. Sin uno conocer que estos terrenos no eran propiedad de la persona sino que eran terrenos de la Dimar. Así se constituyó el barrio.44

Paralelo a esto, las personas irán entrando en la lógica del trabajo asalariado mediante “jornales” y contratos temporales para la siembra y recolección del fruto. Ya para principios de la década de los noventa, los problemas de orden social comenzarán a hacerse públicos, terminando en un hecho que quizás sintetiza las dinámicas que se venían dando localmente. Un grupo de trabajadores armados dispararán contra uno de los palmicultores con más capital, resultando herido y posteriormente muerto en un accidente automovilístico que tendrá en el camino 44 Entrevista pobladora barrio El Diamante, Tumaco, octubre de 1997.

hacia el hospital de Tumaco. Grupos de “limpieza” conocidos como “La Mano Negra”, representarán los intereses de los palmicultores, “ajusticiando” a cientos de cholos y negros rebeldes de la región. Para 1994, el tema de los derechos humanos en el municipio de Tumaco resonará fuertemente a nivel nacional, y muy agenciado por la Iglesia, se comenzarán a fortalecer organizaciones de base a nivel local. Para este momento, ya miles de personas habrán migrado hacia otras zonas rurales o a Tumaco, expropiadas de sus tierras y acosadas por las fuertes oleadas de violencia. El segundo elemento que consideramos significativo, son las representaciones que las personas han ido tejiendo alrededor de la “ciudad”, en donde parecen asociar mayores posibilidades laborales, salud y en especial, educación secundaria para sus hijos e hijas. Así pues, alguien con un problema de salud delicado —que no pueda ser tratado por los curanderos (as) locales—, así como los jóvenes que quieran continuar estudios secundarios, probablemente tendrán que desplazarse a la cabecera municipal. Por último, el hecho de que existan altos índices de movilidad poblacional asociada a las redes parentales, genera que en la medida en que unas personas se vayan trasladando, otras personas vengan detrás de éstas.

Yo me vine porque yo tenía una tienda allá en Chajal y un bebederito. Entonces ocurrió que supe que mi mamá se había muerto, cuando me di cuenta ya la habían enterrado entonces yo me vine y pensé que de pronto se acaba la familia mía. Una hermana bastarda también se me murió y entonces yo dije no, pues me voy para Tumaco.45

Estas dinámicas son un motivo fuerte de desplazamientos. Si por ejemplo, la madre enferma de alguien se radica en Tumaco para los ciudades médicos, sus hijos (as) asentadas de manera dispersa en varios ríos, podrán ir llegando con sus respectivas familias a acompañar a la enferma. Es probable que lleguen todos a la casa de algún pariente, y paulatinamente cada familia vaya parando su propia casa . Estas nuevas familias, pueden quedarse a vivir en Tumaco según las circunstancias y coyunturas, como irse de nuevo al río donde están viviendo.

Terminaciones y desenlaces: una ciudad habitada

Hemos tratado de demostrar, a lo largo de este artículo, que la ciudad no es una unidad que se materialice en abstracto, sino que más bien, responde a múltiples regímenes de construcción y apropiación, que hacen de ella un espacio singular, como lo es Tumaco. Los andamiajes discursivos y representativos propios del desarrollo, sumados a los discursos de “expertos” urbanistas y planificadores, han codificado un regímen particular de invención y producción de la “ciudad”, que 45 Entrevista poblador barrio Viento Libre, Tumaco, noviembre de 1997.

se ve modificado por los universos culturales, representativos y pragmáticos, de las mujeres y hombres que la habitan. De esta manera, el territorio, visto desde Tumaco, emerge como un espacio privilegiado en donde confluyen múltiples proyectos culturales y discursivos, sujetos a traslapes, reapropiaciones, mezclas, y si se quiere, hibridaciones.

Los regímenes de acción y representación del escenario urbano, vistos a la luz de la introducción de discursos “expertos”, la acción restauradora de las agencias de desarrollo, y por último, el análisis de los discursos propios del “desarrollo”, dan cuenta de configuraciones retóricas particulares que han sido permeadas por el ya lugar común de la modernidad. Consecuentemente, es importante que esas prácticas, representaciones y acciones, que se agencian desde dicho supuesto, sean consideradas como hechos culturales en sí mismos, que de la misma manera que la “cultura” más remota, propone una gramática del mundo particular. En este sentido, Tumaco aparece como un espacio en construcción, que contempla pensar más allá de las calles y carreras que lo modelan, la reflexión alrededor de las prácticas, representaciones y códigos culturales inmersos en ese “deber ser” que caracteriza la planificación del espacio hacia una lógica de lo urbano.

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