Por lo general, este tipo de apego está asociado a incompetencias parentales severas; muchas veces estos padres presentan una resis- tencia infranqueable a las intervenciones destinadas a ayudarlos a encontrar formas bientratantes de relación con sus hijos. Este grupo de madres y padres corresponde a adultos que en diferentes estu- dios realizados (para determinar el tipo de apego en los adultos y la relación de éstos con sus historias de vida infantiles) presentaron una desorganización y desorientación en el razonamiento y en los discursos, cuando respondían las preguntas de la Entrevista del apego adulto o EVa (Main y Goldwyn, 1984).
Esto se producía preferentemente en las respuestas que tenían que ver con la existencia de pérdidas o malos tratos y abusos seve- ros vividos en la infancia. Las respuestas desorganizadas y la exis- tencia de contenidos, que los investigadores atribuyeron a traumas no resueltos, condujeron a denominar a este tipo de apego adulto:
no resuelto/desorganizado.
otras investigaciones (Main y hesse, 1990, citados por siegel, 2007) descubrieron que adultos con traumas infantiles severos no resuel-
tos, si tenían hijos o hijas, en la prueba de la situación Extraña, reac- cionaban con las características de un apego desorganizado (D).
El ejemplo siguiente permite ilustrar las características de los re- latos de padres y madres con este modelo de apego adulto. se trata de una madre cuyas competencias marentales fueron evaluadas con la adaptación de la Entrevista del apego adulto (EVa), contenida en nuestra Guía:
a Montse, madre de dos hijos pequeños, se le retiró la custodia por pre- sentar indicadores de negligencia severa. a menudo, en sus respuestas hace referencia a sus padres, a su propia madre, fallecida ya hace varios años a consecuencia de un alcoholismo crónico, como si estuviera viva. Pero, además, se refiere a ella como una madre cuidadora, que la guía y le sirve de ejemplo de cómo tiene que ser una buena madre. La historia real de esta persona contradice su discurso, pues ella fue separada de su madre cuando tenía seis años por una situación de negligencia severa y por la sospecha de que era testigo de las relaciones sexuales que su ma- dre tenía con los hombres que recibía en su casa.
Los padres con apego desorganizado manifiestan sus traumas o pérdidas no resueltas con una disrupción en las representaciones, nece- sarias para un discurso coherente. Es como si sus mentes no desarrolla- ran la habilidad para integrar, en un todo coherente, diferentes aspec- tos de las representaciones existen tes en la memoria. La desorganización de los lóbulos prefrontales, en especial, del córtex orbitofrontal, resulta- do de los malos tratos y las carencias de la primera infancia, desempe- ñan un papel fundamental en los estados de la mente no resueltos tal como se valora en la Entrevista del apego adulto. Estos trastornos de la integración de la experiencia se manifiestan por los cam bios abrup- tos en los estados mentales, la intrusión de sensaciones y emociones pasadas, contenidas en la memoria implícita y explícita como elemen- tos «disociados» o en los bloqueos transitorios o crónicos de la capaci- dad para mostrar una comunicación social colaboradora. a esto se agrega la dificultad para mantener una fluidez de los contenidos cons- cientes de la experiencia. así se puede explicar la dificultad que presen- tan estos padres para reflexionar y aceptar, aunque sea una mínima responsabilidad, en lo que acontece a sus hijos e hijas.
antes de que sean padres, ya en la adolescencia, nos podemos encontrar con jóvenes que presentan una mar cada incapacidad para regular las respuestas emocionales y el flujo de sus estados menta- les, estableciendo una tendencia hacia la disociación, las conductas disruptivas, los deterioros en la atención y en la cogni ción. además de limitaciones importantes en la consciencia moral y las capacida- des de manejo constructivo de las relaciones sociales. En general, presentan, además, una mayor incidencia de trastornos de estrés postraumático (cicchetti y toth, 1995). autores como hesse y Main (1999) han subrayado el papel que desempeña el miedo y a menudo el terror, al revivir en el recuerdo estas experiencias traumáticas de los errores de razonamiento o del discurso obser vados en los adul- tos con esta modalidad de apego, cuando se les pregunta sobre su infancia y, en particular, sobre su relación con sus padres. otro ejemplo puede servir para ilustrar lo ya señalado:
se trata de Óscar P., un padre separado con problemas de impulsivi- dad, adicción al alcohol y antecedentes de conductas violentas con su ex esposa y su hija, cuyas capacidades parentales fueron evaluadas cuando solicitó un cambio del régimen de visitas a su hija de cinco años. Ésta llevaba dos años acogida en un hogar infantil, como medida de protección, debido a las lesiones provocadas por una paliza que el pa- dre le había propinado cuando tenía tres años. La niña tenía un régimen con visitas los fines de semana a la casa de su madre y con visitas super- visadas de dos horas con su padre, cada quince días, en la institución. El padre solicitó tener a su hija en su casa dos fines de semana al mes, ar- gumentando que había hecho todo lo necesario para recuperarse de su alcoholismo y que las visitas de su hija serían un pilar para él en esta fase de rehabilitación. Los profesionales que intervenían en el caso esta- ban divididos entre los que apoyaban la demanda del padre y los que defendían la reticencia de la madre, basada en sus malas experiencias conyugales; ésta fue la razón por la que se propuso una validación de las competencias parentales usando la Guía contenida en este libro. En las respuestas a las preguntas para evaluar la Entrevista del apego adulto, que se refieren a su infancia y a su relación con sus padres, apa- recen una sucesión de incoherencias en su narración que sugieren la existencia de una serie de traumas infantiles no resueltos, que en este
caso influenciaban su modelo de apego adulto en la forma de un apego desorganizado de tipo agresivo y hostil.
La incoherencia de su relato, que denota la existencia de traumas no resueltos, queda de manifiesto en su respuesta a la pregunta: ¿En qué momentos se sentía amenazado por sus progenitores?
Ya sé que no me gustaba que mi madre estuviera siempre deprimida y que, a veces, no se levantara en una semana, pero no creo que me sintie- ra amenazado por ella. Mi madre, a menudo, estaba bien algunas veces; otras, no. creo que la mayoría de las veces yo solía estar decep cionado y triste. sobre mi padre, bueno, esto es un tema diferente. trato de no pensar en ello demasiado. Él era imprevisible e impulsivo siempre, aunque creo que puede controlarse, aunque algunas veces no lo logre, y yo no estaba en condiciones de imaginar si lo haría o no, por eso, no sé, quiero decir que no podía saber cómo manejarlo... (Pausa de treinta se- gundos.) sucedería algo... (Pausa de siete segundos.) Y no eran muy fe- lices, quiero decir que provocaban miedo. sí, siento miedo: él es muy grande y muy temible, sí.
Dentro de las incoherencias más notorias está el uso del tiempo presente para describir el pasado, esto es una señal de desorienta- ción. Las frases incompletas y las pausas prolon gadas en el discurso son otras señales de desorganización cognitiva. Durante esta parte de la entrevista, algo ocurría en la mente de este padre que contami- naba su respuesta, que él no podía reconocer, ni menos relacionarlo con sus terrores infantiles y sus sentimientos de abandono y despro- tección. Esto es un indicador de la existencia de traumas severos no resueltos en su infancia. Estos contenidos disociados bloquean sus capacidades para narrar una historia coherente sobre su infancia, mientras trata de recordar lo sucedido realmente cuando era niño. Narraciones como éstas revelan rupturas e incoherencias en el flujo normal de comunicación que quedan manifiestas, tanto por las ex- tensas pausas sin explicación alguna, como por el contenido incohe- rente del discurso.
Las experiencias traumáticas infantiles no resueltas o los dolores no resueltos, por la pérdida de un ser querido, pueden revelarse a
través de esta desorganización en el flujo narrativo de un padre o una madre gravemente traumatizados en su infancia.
Los mode los mentales de los niños, con apegos desorganizados, y de sus progenitores, con trau mas o dolores por pérdidas no resuel- tas, son incoherentes, conflictivos o inestables. Por esta razón, se pueden producir en ellos cambios abruptos en sus estados mentales, que se expresan, externamente, por conductas desorganizadas e, in- ternamente, por la experiencia de una disociación en la consciencia.
Es importante insistir en que es la falta de resolución de las pér- didas o de los acontecimientos traumáticos severos y crónicos en la infancia y adolescencia lo que afecta directamente las experiencias emocionales de estos padres. Esta misma irresolución, no las agre- siones ni las pérdidas en sí, es la que provoca los patrones de res- puesta desorganiza dos de estos padres a sus hijos.
En general, los traumas y pérdidas crean dolor y sufrimiento en los padres y, por ende, pueden contaminar las relaciones con los hi- jos, aunque no necesariamente crear contextos de negligencia y ma- los tratos severos y crónicos. Es evidente que pueden existir muchos padres y madres que han sido afectados por traumas o pérdidas, pero cuyas narraciones en la Entrevista del apego adulto (EVa) no revelen esta desorganización en su discurso.
como es el caso de una madre, hija de un embarazo no deseado, que habiendo sido rechazada y denigrada crónicamente por su ma- dre, manifiesta en la entrevista dolor y puede llorar al evocar los momentos dolorosos de su infancia. Esto es un indicador de que ha podido resolver o elaborar sus experiencias traumáticas durante su infancia. Esta misma madre, al solicitarle más detalles de sus viven- cias infantiles, responde que le resulta demasiado doloroso hablar de ello y prefiere no contestar. Este último ejemplo revela que el do- lor emo cional de los traumas está aún activo, pero disponi ble para la mente consciente de esta persona y de que en sus respuestas no existen señales de desorientación o desorganización.
Una situación diferente del todo corresponde al caso expuesto antes en que los sufrimientos infantiles y el daño de esa madre, así como el de muchos otros padres encontrados en nuestra práctica, fueron precoces, intensos y duraderos, de tal manera que el apego
desorganizado infantil se transformó en un apego adulto no resuel- to/desorganizado. Esto crea un contexto en el que los hijos y las hi- jas de estos padres corren un riesgo importante de conocer un desti- no análogo al de sus padres.
Desde el punto de vista de la intervención, es importante, en el caso de madres y padres con antecedentes de haber sido maltrata- dos en sus infancias, apoyarlos a fin de que puedan elaborar o resol- ver sus traumas infantiles. Y, de este modo, prevenir la transmisión a las siguientes generaciones de las consecuencias de sus traumas, a saber, el desarrollo de un modelo de apego inseguro o desorganiza- do con sus hijos e hijas.
En el caso de padres y madres que ya manifiesten en EVa indica- dores de traumas infantiles no resueltos severos, y tengan otros in- dicadores de incompetencia parental severa y crónica, es prioritario ofrecer a los hijos e hijos una medida precoz de protección para pre- venir el daño a su desarrollo cerebral y al funcionamiento de sus mentes, al mismo tiempo que ofrecer también una oportunidad te- rapéutica y educativa a los padres. La ausencia o el fracaso de las intervenciones en la primera o segunda situación pueden permitir que la disfunción siga transmitiéndose, o no, a las siguientes gene- raciones con los devastadores efectos del apego desorganizado y de los diferentes tipos de malos tratos, como consecuencia de ellos.