Capítulo XXIX: Continúan las represalias
HISTORIOGRAFÍA MILITAR FUENTES INTERROGANTES.
La guerra fue una constante durante el siglo XVII español. Los reinados de Felipe III (1598-1621), Felipe IV (1621-1665), y Carlos II (1665-1700), los tres últimos monarcas de la Casa de Austria en España abarcan en su principio y fin la centuria. Durante estos cien años, debido a la enorme extensión de sus dominios y a los intereses de las demás naciones europeas, España estuvo en guerra permanente en los campos de Europa, introduciéndose el conflicto bélico, simultáneamente, en la Península durante el reinado de Felipe IV, con las insurrecciones de Cataluña (1640-1652) y la de
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CLARK GEORGE., De la Guerra de Augsburgo a la Guerra de Sucesión española, tomo VI de la Historia del Mundo Moderno, Cambridge University Press, Sopena, Barcelona, 1973, pág.,276.
Portugal (1640-1668). Para terminar el siglo, en el reinado de Carlos II, con las interminables agresiones de Francia (1667-1668), (1673-1678), (1683-1684), (1690- 1697).
Es lógico que en un siglo de signo tan belicoso, los hombres de la época dejaran constancia de sus andaduras por los campos de batalla y de sus pensamientos sobre las calamidades que el encadenamiento de conflictos causaba.
Tomó fuerza una literatura específicamente militar, con la característica de que la mayoría de los que escribieron sobre la guerra y los ejércitos fueron testigos directos de los hechos que narran. De aquí se deduce el interés de estos escritos, no sólo por el valor documental de las batallas narradas, sino también porque constituyen una muestra de la psicología de unos hombres que experimentaron los horrores de la guerra, su excelente formación humana y humanística, y su patriotismo.
Las guerras de Flandes, de Cataluña y de Portugal son tratadas ampliamente por personalidades militares de primer orden. Cepeda Adán cita un abundante repertorio de estos militares historiadores de su circunstancia.51
Entre los más sobresalientes cuenta al general portugués Manuel de Melo (1608-1666), que participa en las guerras de Flandes, Portugal y Cataluña, al mando de soldados españoles, y está presente en la derrota de Rocroi. A Gaspar Sala y Berart, que escribe en 1641 sobre los primeros momentos del levantamiento de Cataluña; a José Pellicer (1602-1679), también narrador de los inicios del levantamiento del Principado.
Sobre todos destaca a Carlos Coloma, que llegó a ser Maestre de Campo en Flandes y su historia constituye “ un excelente ejemplo de esta clase de relatos vividos
y circunscritos al tiempo concreto en que el autor fue protagonista, doce años,
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CEPEDA ADÁN, J., La Historiografía, en la Historia de España de Menéndez Pidal, tomo XXVI, vol.I, Espasa Calpe, Madrid, 1988
narrados paso a paso con la maestría de un experto militar poseedor, además, de una
buena formación humanística”.52
Contamos con una fuente muy importante dentro de la historiografía y de la literatura militar: los relatos de soldados. Son un testimonio directo de la guerra que sobrecoge por su realismo, por sus datos inmediatos, los relatos de las batallas y de las penalidades vividas, frío, hambre, desnudez. Las aventuras contadas se convierten en muchas ocasiones en autobiografías del personaje que las cuenta.
Aunque son muchos los relatos de soldados que nos han llegado, merece especial mención como muestra de este género el capitán Alonso de Contreras quien, además de dejarnos sus Memorias, escribió un Derrotero Universal desde el Cabo de
San Vicente hasta Candía y Creta, en el que deja constancia del conocimiento que los
españoles tenían del Mediterráneo.
Un personaje de gran importancia para los estudios de la historia militar del siglo XVII, incomprensiblemente olvidado por los tratadistas actuales y anteriores, es el insigne militar toledano don Sebastián Fernández de Medrano, fundador y primer director de la Real Academia Militar de Bruselas, y requerido por Carlos II en los últimos años de su reinado para establecer una Academia Militar en Barcelona al modo de la que funcionaba en Flandes bajo su propio método y dirección.
Fue soldado desde los quince años, sirviendo al rey en la Península en los años de 1660 y 1661. Después marchó a Flandes tras conseguir una bandera del Tercio del Maestre de Campo don Francisco de Agurto, marqués de Gaztañaga, gobernador de Flandes, al que acompañaba en sus campañas y visitas de plaza, como cuenta en su
Autobiografía.
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Su figura es digna de un mayor estudio por constituir una excepcional personalidad española dentro del arte y de la disciplina de la guerra. Autodidacta, dejó escritas numerosas obras de matemáticas, física, geografía, ingeniería militar…etc.
Toledo cuenta con otra personalidad dentro de este género de literatura militar y también un tanto olvidada por los historiadores. Se trata de Gerardo Lobo, el Capitán
Coplero, que su actuación entra ya en los inicios del siglo XVIII.
Como Medrano, ingresó muy joven en el ejército. Perteneció a las Guardias reales creadas en 1704, Desde los primeros momentos de la Guerra de Sucesión luchó al lado de Felipe V. Se sabe con certeza que estuvo presente en la defensa de Badajoz, en 1705, gracias a su poema épico Sitio de Badajoz, compuesto por veintinueve octavas que cuentan las vicisitudes del asedio hasta ser levantado por el mariscal Tessé. Su entrada en Toledo en 1710 como Capitán de Caballos, en la retirada de las tropas del Archiduque de la ciudad Imperial, es recogida por el historiador, también toledano, don Rafael Ramírez de Arellano en un interesante relato del valor y la fidelidad de los toledanos.
A la extensa y rica literatura militar de la época, hay que añadir el enorme material de fondos manuscritos o impresos existentes en los archivos nacionales y extranjeros: sobre batallas, paces y treguas, rompimiento de relaciones, cartas entre diplomáticos, levas, ordenanzas, instrucciones, gastos y presupuestos, cartas de los Corregidores a los pueblos relativas a las reclutas de soldados, cartas de soldados a los Corregidores que esperan ser utilizados.
Los memoriales de los arbitristas constituyen una importante fuente para la comprensión del siglo XVII. Abundan en este siglo, cuando los españoles, que estaban acostumbrados a escribir sobre las grandezas de su patria y de sus reyes, se percatan de la pérdida de su poder, de su comercio, de su ejército, de su influencia en el exterior. Es
entonces cuando toman conciencia de la acumulación de males que se van cerniendo sobre España y dirigen sus Memoriales a los políticos, también al rey, proponiendo los remedios para salvar a la Monarquía de su vertiginoso declive.
Dentro de la clasificación de los diversos arbitrismos existentes, elaborada por Juan Ignacio Gutiérrez Nieto 53según las reformas que acometen, la milicia es tratada
específicamente dentro del arbitrismo político, ya que estos son los hombres que quieren contribuir a la conservación y defensa de la Monarquía, proponiendo los medios y las medidas que afectan de modo particular a las relaciones exteriores y a la milicia.
En este sentido, son notables los Memoriales de un político en la Corte y en el gobierno de Felipe III que además es militar; se trata de don Fernando Álvarez de Toledo quien, después de declarar las causas de la decadencia y empobrecimiento de la Monarquía, propone una serie de inteligentes medidas para su conservación y defensa de carácter militar y económico.
Insiste en que lo fundamental para la conservación y fortaleza del reino es la unión entre los componentes de la Monarquía. Pone como modelo de fortaleza en la unidad de las partes a Francia, pues “aunque ha habido diferencias entre ellos sobre la
religión, siempre, para la defensa y conservación de sus límites han estado juntos.”
Es singular la diferenciación que hace sobre dos tipos de guerra: las que se hacen con los ejércitos y las que se hacen con el gobierno. La cuestión está en elegir acertadamente el tipo de guerra apropiado al momento. Álvarez de Toledo se inclina por una guerra de carácter militar, pero defensiva; y, al mismo tiempo, llevar a cabo
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GUTIERREZ NIETO, J. I., El pensamiento económico y social de los arbitristas, en Historia de España de Menéndez Pidal, tomo XXVI, vol.I., Espasa Calpe, Madrid, 1988.
una guerra ofensiva desde el gobierno, que consiste en arruinar al enemigo mediante el acoso a su comercio.54
Gutiérrez Nieto señala otro aspecto del Memorial de Álvarez de Toledo, poco frecuente en otros arbitristas: la importancia que le da al tema de la debilidad interna de la Monarquía debida a las diferencias y falta de unión entre las regiones que la componen. Es un claro precedente del pensamiento de Olivares.55
Los temas de las reformas militares son abordados también, pero de forma tangencial, por los arbitristas económicos y sociales ya que el problema del dinero,
nervio de la guerra. está presente en cualquiera de las denuncias y propuestas de los
arbitristas de otro género, que se ocupan del bienestar del pueblo y del auge del comercio.
En el reinado de Carlos II decae la producción historiográfica y se apaga la historia militar, a pesar de ser tan constante el enfrentamiento con Francia. Para el conocimiento de su reinado son recurrentes las cartas diplomáticas y particulares, las cartas entre las esposas de los embajadores o entre damas de la Corte, como las Lettres de Madame Villars a Madame de Coulanges (1679-1681) y las Memoires de la Court
d’Espagne del marqués de Villars.
A falta de crónicas y memorias del reinado, aparece una gran producción de sátiras, pasquines, denuncias, quejas, cartas de soldados, gacetillas y avisos que llevan y traen noticias de batallas, de acciones heroicas, bandos, libelos….…Titulados con el sustantivo de “panfletos”, hoy se les engloba bajo en nombre de “publicística”, según el criterio expresado por María Victoria López Cordón y José María Jover Zamora.56
54 Ibidem, pág. 272 y siguientes. 55 Ibidem. 56
LÓPEZ CORDÓN, Mª Vª. y JOVER ZAMORA, J.Mª, la imagen de Europa y el pensamiento político
Constituyen un inmenso material, una gran cantidad de escritos, manuscritos o impresos que tratan toda variedad de temas, emplean los más diversos modos de expresión y dejan al descubierto una gran riqueza de sentimientos y de pensamientos.
Son documentos escritos sin intención literaria y por lo tanto sin ajustarse a los cánones y normas establecidas para una literatura clásica humanística dirigida a un público culto. Son los testimonios fidedignos que nos han dejado unos hombres, anónimos las más de las veces, más cercanos al pueblo y a las urgencias de la coyuntura política que les había tocado vivir que al poder político institucionalizado. Pero en algunos casos, se reconocen en estos escritos, nombres como Quevedo, Saavedra Fajardo, o Melo aportando su formación culta humanística.
La mayoría son anónimas, obras clandestinas, hojas volantes que acompañaban muchas veces al ejército, se difundían entre las tropas enemigas o entre las poblaciones y cumplían una misión de propaganda. Relatos de experiencias militares.
Con un lenguaje coloquial nos dejan y transmiten su forma de ver la vida y la problemática de su entorno. Pero que en muchas ocasiones están repletos de voluntarias exageraciones, de fantasías hechas realidad con la pluma y de desconocimientos propios de la cultura de cada uno de sus autores.57
Actualmente nadie discute ya que la publicística constituye una fuente excepcional para el historiador- señalan López Cordón y Jover Zamora- “pero es
también una fuente difícil, tanto por su extraordinaria abundancia como por la
voluntaria deformación a que somete las ideas y los acontecimientos.” Por lo tanto es
necesario e indispensable someterlos a un rígido examen y a una severa crítica, para
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LÓPEZ CORDÓN, Mª Vª y JOVER ZAMORA, J.Mª La imagen de Europa y el pensamiento político-
internacional. en Historia de España de Menéndez Pidal, tomo XXVI, vol I, Introducción. Espasa Calpe,
discernir y separar lo útil de lo superfluo, cuando se quieran utilizar para la construcción de la Historia58
Aún considerando el engaño a que nos puede llevar la lectura y credibilidad de estos documentos, es importante darles el valor de fuente para la historia porque, aplicando el pensamiento de Cepeda Adán, “la historia pocas veces engaña, aunque el
historiador intente engañarnos con ella en ocasiones”, “ya que- apuntilla con palabras
de Jover Zamora- la conciencia histórica de un pueblo se pulsa en su historiografía.
En su trasfondo encontramos siempre una idea madre, una filosofía de la Historia.”59
Las fuentes para el estudio de la historia militar, como he esbozado, son innumerables. Muchas se han utilizado, otras tantas están sin descubrir, y aún las que ya han visto las luces de los investigadores no han dado todo su fruto, porque la Historia es inabarcable y la narración de los hechos siempre ampliable, tanto en cuanto a la aportación de nuevos datos como a la variedad de interpretaciones que admiten los comportamientos humanos. Cuando se tienen entre las manos los documentos que han quedado guardados en los archivos, los datos y los números cobran vida y sentido. Pero aún más las personas.
Los miles de soldados que han pasado por nuestras manos, no eran máquinas ni instrumentos que se cogían de cualquier parte o se compraban para colocarlos en las fronteras y tierras de España. Tenían un nombre, unos padres, procedían de algún lugar y vivían en un hogar. Sin embargo, para los gobernantes de turno no eran más que una sentina de perdidos, facinerosos, crueles, lujuriosos, piratas, robadores, perjuros y blasfemos.
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Ibidem.
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CEPEDA ADAN, J., La Historiografía, en Historia de España de Menéndez Pidal, tomo XXVI, Espasa Calpe, Madrid, 1988, pág. 525
Era necesario cambiar este aspecto y sentir que representaba al ejército del siglo XVII, y fue la tarea que se impuso Felipe V. Las Ordenanzas dadas desde los primeros meses de su reinado darían el fruto propuesto, aunque su reorganización total tardaría años en conseguirse.
Han quedado escritas para siempre sus señales físicas: “moreno”, “de buen cuerpo” o “de cuerpo mediano”; “mellado de la parte de arriba”; “pecoso de viruelas”; “trigueño”; “con arrugas en la frente” o “de nariz larga”…Sus nombres, su edad, el nombre de sus padres y el lugar de dónde procedían…También han quedado escritos los procedimientos empleados por los justicias de los lugares para su búsqueda y reclutamiento, que denigraban a la persona pero también a la Justicia.
Los libros de Historia nos describen los hechos importantes, las personas influyentes, el funcionamiento de los Consejos, el coste de las guerras, las consecuencias políticas…Sin embargo, la aportación humana y de recursos, y, a fin de cuentas, la defensa de la nación, la realizaron los vecinos de las ciudades y de las villas respondiendo al agobiante aumento de los impuestos y a las continuas levas a que se vieron obligados; pero han quedado en el anonimato.
Cabe pensar si esa “soldadesca”, ese ejército de “vagos, malentretenidos y vagamundos” que daban sus exiguas haciendas y sus vidas lejos de sus casas y de sus familias, se preguntarían alguna vez por lo que luchaban: ¿por el Rey?, ¿por la Patria?, ¿por la Fe y la Religión?, ¿por el mísero sueldo que recibían tarde o nunca?, ¿ por el ansia de aventuras?, ¿por huir de la miseria?
No es posible penetrar en el pensamiento de aquellos hombres ni contabilizarlo como se contabilizaron los gastos, sueldos y el número de alistados en cada una de las reclutas. He querido escribir el nombre de cada uno de los que he encontrado en los documentos. Algo nos dicen sus señas, sus edades, su procedencia, y pueden ser objeto
y motivo de estudio las características señaladas, tanto en el plano militar como en el social, así como el estudio de sus nombres y apellidos relacionándolos con la toponimia y con el santoral al uso en la época.
Nada es desaprovechable para la reconstrucción de la historia de los hombres. Siempre nos quedaremos cortos.