DEBATES SOBRE LA NACIÓN Y LOS NACIONALISMOS
Capítulo 1. El comunismo como objeto de estudio: La
2.2. La interpretación del comunismo fuera (y después) del partido
2.2.2. La historiografía profesional entre ex militantes y socialistas disidentes
Si durante el contexto de posguerra crecieron el número de memorias de comunistas en activo o con cierta responsabilidad en el partido, también lo hizo la literatura de la tradición ex comunista. El caso paradigmático de este apartado es el conocido The God that Failed, que incluye los testimonios de ex comunistas europeos, entre los que se incluye Arthur Koestler o Stephen Spender, que desarrollaron parte de sus actividades en el CPGB o que
91Ibid., p. 182.
92Ibid., p. 183. (énfasis añadido)
93 James KLUGMANN, History of the Communist Party of Great Britain: Formation and Early Years, 1919-1924, op.cit., p. 11., p.11
sufrieron ese proceso de ‘conversión’ y ‘desilusión’ con el comunismo94. Otro de los personajes que relató esta conversión al ‘credo’ comunista a modo de religión y la posterior pérdida de la fe en su cosmovisión fue el escritor, periodista y miembro del Daily Worker, Douglas Hyde (muy distinto del homónimo primer presidente de Irlanda en 1938) en su autobiografía I Believed (1950), al convertirse al catolicismo95.
Este fenómeno fue especialmente analizado por la escuela psicosociológica de Gabriel Almond y Sidney Verba a incios de los años cincuenta. En su The Appeals of Communism (1954) los autores compilan un estudio basado en entrevistas a ex miembros de distintos partidos comunistas europeos, incluido Gran Bretaña, con el fin de explicar las motivaciones que intervienen en los procesos de adhesión y rechazo al comunismo en tanto que institución total e ideología totalitaria, que exigía al individuo, alienado de la sociedad y su cultura política (lo que Almond llama ‘neurotic susceptibilty’96), un compromiso militante en todas las facetas de su vida. Su obra se complementaría con la publicación de The Civic Culture (1963) sobre la cultura política nacional y la idea de gobierno hegemónica de las democracias liberales a partir de los casos de Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia, la República Federal Alemana y México. Así, los que en algún momento fueron comunistas dan muestras, según Almond, de una especie de trastorno psicológico, alienación y desafección con las normas, conductas y valores hegemónicos de estas sociedades. No obstante, para el politólogo estadounidense se hace difícil obtener un recurso documental fiable sobre el partido a través de la memoria del ex comunista, por su habitual reacción emocional contra el mismo97.
Aunque no toda la memorialísitca del comunismo realizada por antiguos militantes del período de entreguerras tenía el mismo tono de las autobiografías del desencanto de la posguerra. Precisamente uno de los dirigentes del CPGB de finales de los años veinte, J.T. Murphy, ofrece una reminiscencia sobre su pertenencia al partido muy distinta a las otras obras, en su New Horizons (1941). Su expulsión del partido en 1932 se debió a un conflicto con la dirección del partido y la línea política internacional del Tercer Periodo, sobre las optimistas expectativas puestas sobre el CPGB frente al aparente derrumbamiento del LP. Murphy evolucionó hacia un reformismo de izquierdas y acabó militando en la Socialist League de Stafford Cripps (SL), afilada al LP. Su biografía ofrece reflexiones interesantes sobre la situación política en Gran Bretaña y la Unión Soviética pero, como apunta su biógrafo, ‘is infuriatingly silent on a wide range of important political dilemmas that Murphy
94 Richard CROSSMAN (ed.), The God That Failed: Six Studies in Communism, London, Hamish Hamilton, 1950. 95 Douglas HYDE, I Believed, London, The Reprint Society, 1952.
96 Gabriel ALMOND, The Appeals of Communism, op.cit., p. 258. 97Ibid., p. xv.
had to confront’98. Su adhesión a los principios marxistas hasta bien entrada la década de los cincuenta permitió obtener una impresión sobre la militancia y el liderazgo comunista sin las restricciones del funcionario de partido ni los habituales arrebatos demonológicos del converso.
Por lo que respecta al desarrollo de una historiografía académica sobre el CPGB, al trabajo de Pelling le siguieron un cierto número de trabajos de envergadura que formaban parte de programas de investigación doctoral y que supusieron un avance significativo en la agenda historiográfica del CPGB. El primer ejemplo destacable de esta dinámica es el trabajo del marxista estadounidense Neal Wood y su Communism and British Intellectuals (1959), que ofrecía un perfil sociológico y político de los intelectuales y su relación con el partido, que podía tomar múltiples formas. Su trabajo es útil en la medida que clarifica los orígenes y procedencia familiar de personalidades con un elevado perfil público como los Haldane, Dobb, Strachey, Montagu, Auden, entre otros; el intenso reclutamiento producido intramuros de las Universidades de Oxford y Cambridge (o, más bien ‘Oxbridge’) durante los años treinta; la burocratización y proletarización de los partidos comunistas en tiempos de Stalin; o los distintos caminos de intelectuales como Dutt, que estuvo entre los círculos de poder interno del partido durante décadas, o los Thompson y Saville que renunciaron a seguir formando parte del partido después de los acontecimientos de 1956.
El poso de anti-intelectualismo del partido se corresponde con su composición sociológica que fue desde sus inicios marcadamente obrerista, a diferencia de otros partidos continentales. Wood destaca, por ejemplo, como en el Segundo Congreso de la IC, la única que asistió como representante de la sección británica fue Sylvia Pankhurst, que poco tiempo después abandonó el partido99. Su participación en el partido rara vez se tradujo, con escasas excepciones (como Dutt o Emile Burns, entre los más destacados) en el acceso al Comité Ejecutivo antes de 1930, y luego, los que accedieron a esa posición fue siempre en marcada minoría. Wood usa una alusión casi bicéfala para describir la configuración del CPGB a partir de su reorganización de 1922 por parte de Pollitt y Dutt (aunque puede ser recordada durante los años treinta cuando Pollitt ocupe la secretaría general y Dutt sea una autoridad política en sus análisis de la realidad soviética en las sesiones del Comité Central): ‘Pollitt, an affable boiler-maker from Lancashire, was a great orator and skillful labour organiser. Dutt, honours gradúate of Balliol [College, University of Oxford], was the austere Eurasian theoretician,
98 Ralph DARLINGTON, The Political Trajectory of J. T. Murphy, Liverpool, Liverpool University Press, 1998, p. xxxiii.
completely dedicated to the revolutionary cause’100. La ventaja del estudio de Wood es que amplía el radio de su análisis (más allá de los Dutt y Burns) a una concepción más abierta de lo que se podía considerar ‘intelectual comunista’, es decir, más allá del formalismo de estar en posesión del carnet del partido: miembros declarados, crypto-comunistas y simpatizantes101. Eso ayuda a configurar un panorama en red de la ascendencia del CPGB sobre círculos intelectuales y la propia naturaleza del partido: ‘[t]he CPGB has never become a closed society with distinctive mores isolated from the rest of society. Hatred has not been as significant as it has elsewhere in shaping the relations of communist and non-communist’102.
Aunque se trata de una síntesis breve sobre distintas dimensiones sobre el fenómeno de los ‘intelectuales’ y su relación con el CPGB, el libro se refiere brevemente a episodios que prácticamente definieron al partido durante los años treinta, como la configuración de una red literaria frentepopulista a través del Left Book Club; la defensa de la República española (‘the first and last crusade of the British left-wing intelectual’) y la contribución política (y, en ocasiones, física) de muchos británicos, entre ellos varios intelectuales, en la guerra civil. Un conflicto que truncó la vida de muchos de ellos, y se llevó por delante a prometedoras figuras del campo de la literatura, y de la crítica literaria marxista como John Cornford, Ralph Fox o Christopher Caudwell103.
Otro proyecto académico destacable de la siguiente década fue obra de Kenneth Newton y su The Sociology of British Communism (1969), publicado como resultado de su proyecto de doctorado en University of Cambridge presentado en 1965. En ella Newton reproduce metodológicamente parte del trabajo de Almond en su Appeals a base de cuestionarios y entrevistas, con la diferencia de hacerlo a miembros del CPGB. Su análisis sociológico intenta identificar no sólo las motivaciones que empujan a los individuos hacia la militancia comunista, sino también comprender su entorno, realizando una intersección con los distintos perfiles sociológicos, geográficos y étnicos de los miembros. El autor no se tuvo que enfrentar tanto a las distorsiones de la memoria ex comunista como a la oposición del partido a que sus militantes concedieran entrevistas (de las 100 planificadas, Newton sólo consigue realizar 27 antes de que el partido negara el acceso a más testimonios)104. Por tanto, buena parte de su trabajo ofrece un análisis sobre la naturaleza del partido durante posguerra mundial, hecho que también demuestra unas motivaciones ideológicas y unos impactos
100Ibid., p. 25. 101Ibid., pp. 157-181. 102Ibid., p. 24. 103Ibid., pp. 53-57.
generacionales diferenciados respecto al período de entreguerras. No obstante, sus conclusiones (y sus ricos apéndices documentales sobre militancia, evolución electoral) son útiles para los trabajos que se ocupan del estudio del comunismo en contextos nacionales o locales, y el impacto en los individuos y militantes desde la base.
Pese a que el autor utilice la categoría del totalitarismo para clasificar determinados tipos de radicalismo político (Comunismo y Fascismo), su descubrimiento del individuo militante ofrece un cuadro diferencial respecto a las grandes generalizaciones sobre la ‘adhesión ciega’ al partido y una ‘fe casi religiosa en la causa’:
Most British Communists do not correspond to the picture of Communists drawn by many political sociologists. This picture is to be found in a simple, black and White, caricature form in Hoffer’s often quoted book The True Believer. British Communists are not ‘true believers’. They are not psicologiclly imbalanced revolutionary fanatics, riddled with a hatred and intolerance. They are certainly deeply committed to a cause and an ideology, bt they tend to be pragmatic, tentative, idealistic, humanitarian and sometimes surprisingly cautious in their opinions105
Según Newton, la naturaleza de la militancia y del CPGB en general se conjuga con su particular situación, inmerso en la cultura política de Gran Bretaña: eminentemente no radical y bipartidista. Esto posiciona al partido en los límites de la estructura política del país en los que se ha desarrollado a lo largo de su historia. Newton apunta que el reducido tamaño y debilidad del CPGB para incidir en la política general hubiese condenado al partido, en otras circunstancias, a una gradual desaparición. Sin embargo, su vinculación a una organización mundial de mayor envergadura y poder, hacen de esta expresión de radicalismo político un fenómeno con una naturaleza particular106. La gran ventaja de la obra es que Newton expresa, con metodología académica, una visión bastante compleja y acertada, para algunos destacados comunistas, de las múltiples dimensiones y motivaciones de la militancia comunista107.
Fuera del ámbito de la sociología, la historia general del partido también gozó de primeros avances significativos en esta década. A diferencia de Pelling, los historiadores del partido tuvieron en mayor consideración el trabajo publicado a partir de una tesis doctoral de Leslie Macfarlane, con el título The British Communist Party: Its Origin and Development Until 1929
(1966) que acometía una investigación académica sobre el recorrido del partido hasta la implementación del Tercer Periodo. Su aparición más cercana en el tiempo a la obra de
105Ibid., p. 154. 106Ibid., p. 157.
107 Eric HOBSBAWM, «Radicalism and Revolution in Britain (1969)», en Revolutionaries, 1973 1a., London, Abacus, 2007, pp. 12-17.
Klugmann no es contrastada o sometida a crítica en el primer volumen de este último que, pese a evidentes discrepancias, se le reconoce (a diferencia de la obra de Pelling) cierta importancia108.
La polémica con el libro de Macfarlane se desarrolló, por el contrario, con prominentes cuadros del partido mencionados en su libro que aún estaban en posición de ofrecer una visión contrapuesta a las afirmaciones del autor. Para Andrew Rothstein, el libro orbitaba en torno a la fijación de situar a la IC como el centro de la historia del partido y, en particular, en la promoción de cuadros como Pollitt y Dutt en 1922. Rothstein ofrece la respuesta militante a la conflación de la [rusa] IC con Moscú, explicando cómo la sección británica estaba representada, cómo funcionaba el intercambio de opiniones y de qué manera el peso de la opinión rusa era tenido en consideración, a la par que recomendaba un pequeño libro que publicó el partido (con una introducción suya) para ulteriores referencias, titulado
Orders from Moscow? [de 1926!]109. A esta misma acusación respondió Dutt en las páginas del
Times Literary Supplement (TLS) al aparecer en el libro de Macfarlane con la desafortunada e imprecisa expresión de ‘agente del Comintern’ que ejercía una ‘siniestra influencia’ en el partido110.
Uno de los autores que entró en el debate de las páginas de TLS a propósito de las responsabilidades de Dutt en el partido fue el historiador y miembro de la Socialist Labour League (SLL) Brian Pearce, a propósito del silencio político de Dutt sobre los casos de represión estalinista que afectaron directamente a miembros del partido como Rose Cohen, casada con Petrovsky, el antiguo emisario de la IC en Gran Bretaña. Brian Pearce junto con Michael Woodhouse también tienen su espacio en la configuración de una visión alternativa de la historia del CPGB a finales de los años sesenta, con su A History of Communism in Britain
(1969). Su compilación de artículos configura la interpretación trotskista ortodoxa sobre el CPGB y a su vez una reseña de la obra de Macfarlane.
La premisa de su trabajo es bastante lineal y previsible. Para Woodhouse la evolución histórica de preguerra y la manifestación de tendencias revolucionarias del movimiento obrero durante este periodo evidenciaban la necesidad de crear un partido comunista como instrumento revolucionario. Así, los autores contrastan con otras investigaciones sobre el movimiento obrero durante la gran guerra, como la de Walter Kendall, que expresan la
108James KLUGMANN, History of the Communist Party of Great Britain: Formation and Early Years, 1919-1924, op.cit., p. 11., p.11
109 Andrew ROTHSTEIN, «Book Review: The British Communist Party by Leslie Macfarlane», Labour Monthly, 1966, vol. 48, 7 July, pp. 350-351.
futilidad de la creación de un partido comunista como tal (en tanto que imposición ajena al movimiento obrero británico)111. La mayor crítica a la obra de Macfarlane es la consideración que éste realiza sobre un partido de carácter revolucionario en un contexto no revolucionario, que consideran errónea. El punto clave para entender el desarrollo de la historia del partido es el episodio de la Huelga General de 1926, y el fracaso del partido para capitalizar esa situación potencialmente revolucionaria, para concluir que: ‘[a]fter 1926 the CPGB was never again to be in a position to play any revolutionary role in the British labour movement’112.
Obviamente, el fracaso del partido debe remontarse a los años de 1924 y 1925 cuando en el seno de la IC se desarrolla la campaña contra el trotskismo que finaliza en septiembre de 1927 con la expulsión de Trotsky del CEIC y del PCUS en diciembre del mismo año. La realineación de fuerzas entre Stalin y Bukharin y el desplazamiento de Kamenev a finales de 1926 de la presidencia de la IC demuestran, para los autores, la ‘degeneración’ burocrática y el giro derechista de la institución internacional que permea en el seguidismo y la estrategia política de CPGB. Para los autores, la ascendencia de la línea del bloque estalinista en la IC impide al partido capitalizar ‘la oportunidad revolucionaria’ de los acontecimientos de mayo de 1926 por la alianza comunista con los líderes de izquierda del TUC, derivada de las políticas de Frente Único y la teoría de la ‘estabilización’ del capitalismo113.
Otros autores del campo del ‘socialismo revolucionario’ en la época manifestaron objeciones a esta interpretación. Teniendo en cuenta la nueva bibliografía del partido como el libro de Macfarlane y el estudio de Roderick Martin sobre el National Minority Movement (NMM) ―que representa el cuerpo de la política industrial del partido en los años veinte―, James Hinton y Richard Hyman plantean una reflexión sobre la estos primeros años del partido como una síntesis de las tradiciones revolucionarias sindicalistas de preguerra y la exitosa experiencia revolucionaria rusa que hace converger a las ‘sectas marxistas
111 Walter KENDALL, The revolutionary movement in Britain, 1900-21: the origins of British Communism, London, Weidenfeld and Nicholson, 1969. Para Hobsbawm, Kendall: “sometimes appears to get lost in the intricacies of sectarian history and spends too much time on the argument that the CP grew not out of the past of the British radical left but out of the international requirements of Russian Bolsheviks”, Eric Hobsbawm, “Radicalism and Revolution in Britain”, in Eric HOBSBAWM, Revolutionaries, 2001, p. XX.
112 Michael WOODHOUSE, “Marxism and Stalinism in Britain”, en Brian PEARCE y Michael WOODHOUSE, A
History of Comunism in Britain, 1969 1st., London, Bookmarks, 1995, p. 49.
113 Brian PEARCE, “Early Years of the Communist Party of Great Britain”, in Ibid., pp. 174-183. Las políticas del Frente Único a las que hacen referencia los autores, en referencia al caso británico, es el caso del consejo asesor Anglo-Ruso (Anglo-Russian Joint Advisory Council, ARJAC) establecido con el General Council del TUC británico ―creado en 1924 y disuelto por decisión del TUC en septiembre de 1927―), cf. Matthew WORLEY, «Courting Disaster? The Communist International in the Third Period», op.cit.
revolucionarias’ del país hacia el partido comunista. Por tanto, su creación debe ser considerada a la luz de ‘domestic as well as foreign experiences’114.
En cuanto a la política del partido y su relación con la IC durante los años previos a la Huelga General de 1926, Hinton y Hyman apuntan a las limitaciones estructurales del partido para desarrollar una política independiente en el movimiento sindical respecto a la izquierda del TUC. Dicho de otro modo, el giro derechista de la IC que apunta la interpretación trotskista ortodoxa no arrastra a un partido que, por defecto, estaba tradicionalmente situado a la derecha de las decisiones de la IC: ‘it was the objective difficulty of creating an independent leadership of seizing the initiative from the trade-union lefts, that caused the Party to moderate its criticisms of the left bureaucrats, rather than viceversa’115.
La mencionada obra se integra en una discusión política de los círculos socialistas de los años setenta del mismo modo que el ejemplar de Pearce y Woodhouse. No obstante, sus conclusiones sobre la temprana historia del CPGB de la década de los años veinte ofrecen un cuadro mucho más complejo sobre las relaciones nacional–internacional (CPGB-IC). La obra apunta a que buena parte de las estrategias practicadas en los años veinte vienen como respuesta a dinámicas endógenas, a limitaciones estructurales y a una tendencia estratégica hacia el oportunismo por parte de los comunistas británicos. Para Hinton y Hyman, esta dinámica de ‘degeneración’ de la tradición revolucionaria autóctona ocurre antes de la ascendencia de Stalin y la implantación de dicho oportunismo en la estrategia de la IC a mediados de la década116. El error estratégico del CPGB a ojos de los autores no fue su incapacidad para construir un alternativa de masas al reformismo, pues las condiciones objetivas lo hacían imposible, sino el fracaso de mantener un cuadro de revolucionarios que nutrieran al movimiento obrero de esa tradición revolucionaria en retroceso117.