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PERÚ OCÉANO

A) Hitos en la historia de la ciudad.

Se trató de rescatar de la memoria colectiva aquellos hechos que tenían especial significado por haber ocasionado cambios importantes en el acontecer urbano. Los pobladores que habían residido en la ciudad empresa desde su fundación, pertenecientes al sector social C, en su mayoría declara que el incendio de la iglesia de madera en 1947, fue la causa que hizo decidir a la compañía construir la ciudad de material noble, frente al riesgo de un incendio en el campamento de madera ubicado al lado de la refinería. Se expresa temor y deseo de protección y seguridad por habitar casas de madera cerca de una refinería de petróleo. Entre los habitantes del sector social B predomina acerca del mismo hecho un punto de vista pragmático, que es compartido por miembros del sector social A, en el sentido de que era necesario modernizar el campamento de madera porque sus instalaciones estaban obsoletas y por lo tanto se justificaba construir una nueva ciudad. Los entrevistados del sector social A destacaron aspectos racionales, señalando que la construcción de la ciudad empresa fue una decisión de la compañía en un contexto de auge de la industria petrolera en la postguerra (después de 1945), orientada a modernizar los procesos tecnológicos y mejorar las condiciones de vida en Talara. Si bien no descartan el riesgo de un incendio, consideran que el plan de seguridad industrial de la I.P.C. era eficiente y contaba con la tecnología necesaria para tomar las medidas del caso.

La demolición del barrio de Chorrillos, para los entrevistados de los sectores sociales B y C, representa un acontecimiento que marca el cierre de un ciclo en la historia urbana. Para dichos pobladores el barrio de Chorrillos es un símbolo de la antigua Talara (campamento de madera), es decir, el proceso de cambio de la trama física de la ciudad es una vivencia que la gente experimenta, otorgándole un significado, tal como se expresa en el siguiente testimonio de un poblador que habitó en el barrio de Chorrillos:

"Las cuadrillas de demolición se trajeron Chorrillos abajo. Se utilizaron volquetes carterpillar para desplomar las casas. En las calles veíamos rumas de tablas que fueron las paredes y puertas de los canchones. Esto se hizo poco a poco y mientras veíamos con pena como se desfondaban las calles del barrio, esperábamos elmomento

que la compañía nos avisara para mudarnos a las casas nuevas que estaba construyendo. Tenía la sensación de estar comenzando otra etapa de nuestra vida".

En los relatos de integrantes de los diversos sectores sociales encontramos puntos de vista apocalípticos acerca de la ciudad, para ellos Talara se convertiría en una “ciudad fantasma” cuando se agotara el petróleo o prácticamente la ciudad desaparecería si se producía un incendio de gran magnitud. Asimismo los trabajadores de la I.P.C compartían un sentimiento de incertidumbre a medida que se acercaba la jubilación, porque perderían el derecho a habitar las casas de la ciudad empresa, es decir, tenían que enfrentar la opción de emigrar. Frente a esta situación los trabajadores petroleros adquirían viviendas en ciudades cercanas como Sullana y Piura.

En los testimonios recogidos de trabajadores petroleros migrantes, procedentes de pueblos campesinos de la región norte, existen constantes referencias a creencias relacionados con el curanderismo, hechicería y supersticiones propias de su cultura de origen, nos narran por ejemplo, ritos de curanderismo en las lagunas Las Huaringas ubicadas en Huancabamba (provincia andina de Piura). En los códigos culturales de estos trabajadores se encuentran arraigadas creencias, costumbres que forman parte de su tradición, las que permanecen en su cosmovisión y se entremezclan con pautas culturales modernas que están presentes en la organización del trabajo petrolero y en la prácticas urbanas en la ciudad-empresa.

Si bien nuestros entrevistados fueron consultados en relación a su experiencia urbana en la ciudad empresa (1940- 1970). Sin embargo varios de ellos, particularmente los de mayor edad (sectores sociales B y C), se refieren a hechos que ocurrieron en el campamento de madera, como la huelga de 1931, que ocasionó una fuerte represión policial y militar contra los trabajadores petroleros, provocando la desactivación del movimiento sindical. Dicha huelga es considerada un acontecimiento significativo en el devenir histórico de la ciudad, destacando el recuerdo del dirigente sindical petrolero Alejandro Taboada, quien murió víctima de la represión, siendo desde entonces reconocido como “mártir petrolero”. En la memoria colectiva de los antiguos talareños, la huelga de 1931 es considerada particularmente un hito en la historia sindical de los trabajadores petroleros, desde aquella época reivindicaban

la nacionalización del petróleo. Efectivamente después de este hecho, la organización sindical desaparece, reconstituyéndose los sindicatos petroleros a partir de 1945. Otro de los acontecimientos que se recuerda entre los residentes en la ciudad empresa: es la visita de Víctor Raúl Haya de la Torre a Talara en 1957, regresando del exilio el líder aprista arriba por vía aérea a la ciudad, reencontrándose con los trabajadores petroleros, al respecto presentamos el siguiente testimonio de un dirigente sindical petrolero:

“El entusiasmo de los trabajadores petroleros ante la presencia de Haya de la Torre fue muy grande. Los obreros de Talara lo llevaron a sus viviendas, logradas mediante la lucha sindical, y le manifestaban como había mejorado su vida en el centro petrolero. Algunos de ellos, antiguos obreros petroleros, lo abrazaban emocionados, recordando los momentos iniciales de la lucha sindical”.

Al respecto hay que tener presente la participación del APRA y del Partido Socialista de Luciano Castillo en la asesoría y organización de los primeros sindicatos de trabajadores petroleros a fines de la década de 1920 (J. Aldana, 1972).

En el desierto de la costa norte peruana se distinguen por las características del clima solamente dos estaciones: el verano y el invierno. Sin embargo, en Talara, según narran nuestros informantes, se celebraba con mucho entusiasmo el advenimiento de la primavera el 23 de setiembre, llevándose a cabo dos actividades simbólicas: el concurso de jardines auspiciado por la I.P.C. y el tradicional corso de primavera organizado por el colegio Ignacio Merino con la participación de jóvenes estudiantes luciendo los trajes típicos de la región norte (tejedores de Catacaos, ceramistas de Simbilá), desfilando carros que representaban alegorías de la actividad petrolera, el paisaje del desierto con sus algarrobos y también a personajes de la historia universal.

En el imaginario de los pobladores entrevistados festejar la llegada de la primavera en medio del desierto, era una suerte de reencuentro con la naturaleza, especialmente entre aquellos habitantes de origen campesino. En este tipo de festividades se manifestaban componentes propios de la cultura regional compartidos por la gente del lugar. Como parte de la religiosidad popular destacaban las conmemoraciones del Señor Cautivo de Ayabaca el 12 de

octubre y de la virgen Inmaculada Concepción el 8 de diciembre. También pobladores de diversos sectores sociales consideran como acontecimientos significativos en la trayectoria de la ciudad: los campeonatos nacionales de futbol en 1954, 1958 y el triunfo de Atlético Torino en la Copa Perú de 1970. Estos triunfos deportivos son reconocidos como sucesos destacados en una ciudad con limitadas alternativas para la recreación, donde el tiempo dedicado al trabajo petrolero era el referente central de las otras actividades que se desarrollaban en el medio urbano.

En la evocación de una parte importante de los entrevistados (sectores sociales B y C) se recalca como un hecho relevante en el devenir urbano: las asambleas realizadas, en la década de 1960, en la sede de la Federación Nacional de Trabajadores Petroleros, para informar y debatir acerca de la nacionalización del petróleo, tema de especial importancia en la agenda política del país de aquella época, y que afectaba directamente los intereses de los habitantes de la ciudad empresa. A propósito de esta situación se constituye una comisión de dirigentes sindicales petroleros que va a participar en las negociaciones entre el gobierno y la I.P.C. para resguardar los derechos de la fuerza laboral de la industria petrolera. Mientras se llevaban a cabo dichas negociaciones, los pobladores de Talara compartían sentimientos de incertidumbre y preocupación en relación al futuro de sus condiciones de vida y trabajo, manteniéndose informados de las noticias acerca del avance para solucionar el mencionado problema. Los pobladores que fueron testigos de la expropiación de las instalaciones de la I.P.C. el 9 de octubre de 1968, rememoran como acto simbólico destacado la “toma de la refinería” por miembros del ejército peruano, que expresó, según su criterio, el sentido de la nacionalización cuando se izó la bandera y se cantó el himno nacional en este complejo industrial. El siguiente testimonio obrero de la refinería ilustra lo señalado:

“Cuando Velasco expropió la I.P.C. el 9 de octubre de 1968 fue un acontecimiento histórico para la gente de Talara, nos sentíamos confundidos y preocupados porque los que trabajábamos para la compañía no sabíamos cuál iba a ser nuestra situación, a partir de ese momento. Pero éramos conscientes que ya nada sería igual, que nuestra vida en Talara iba a cambiar (…)”

Precisamente en los relatos de nuestros entrevistados la nacionalización del petróleo implica el fin de una etapa en la historia de Talara, que corresponde a la ciudad empresa y abre un nuevo período en su trayectoria histórica. Esta experiencia aparece en las representaciones sociales de los talareños, como un acontecimiento que instaura en la historia de la ciudad: "un antes y después de la I.P.C.". Desde entonces un sector de la población que había residido en la ciudad empresa, le atribuye a esta compañía extranjera un valor mítico. Cuando estas personas evocan a la I.P.C. expresan un sentimiento de añoranza por lo perdido, existen también aquellos que si bien lamentan no disfrutar de ciertas condiciones de vida, a la vez reconocen que su vida en la ciudad ya no es controlada y tutelada por la compañía, abriéndose la posibilidad de construir ciudadanía participando en los asuntos que conciernen a la vida urbana.